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El Clásico y el porqué del fútbol

Una vez más, otro Clásico y una noche inolvidable. Real Madrid y FC Barcelona nos han vuelto a deparar un partido de esos que, como se dice coloquialmente, “quitan el hipo”. Y es que lo vivido en el Santiago Bernabéu resume a la perfección el significado de este deporte.

Todos los escenarios posibles fueron dibujados por los jugadores de ambos conjuntos a lo largo y ancho de todo el encuentro. Dicha circunstancia le imprimió al partido un ritmo vertiginoso en el que el parpadeo del espectador no tenía cabida.

Los aficionados madridistas saltaban eufóricos con el tanto inicial de Casemiro. La Liga parecía tener ya un claro dueño. El guion soñado para los blancos comenzaba a imponerse. Sin embargo, y como solía suceder años atrás, surgió la figura de Leo Messi.

El astro argentino decidió que era el momento de reivindicarse, romper su sequía ante el eterno rival y volver a demostrar que, cuando quiere, este juego baila al compás que a él más le gusta. El 10 fue el protagonista, el salvador y héroe del barcelonismo, algo que es una constante desde hace mucho tiempo. El campeonato cobra una nueva dimensión, de hecho los papeles en el liderato se han invertido y, aunque disponga de una oportunidad única ante el Celta en su partido aplazado, el Madrid ha de volver a remar contra corriente para conseguir el objetivo de conquistar su trigésimo tercer título liguero.

Pero no todo ha sido negativo en este duelo para los pupilos de Zidane. Ellos supieron rehacerse, incluso con un hombre menos por la expulsión de su capitán Sergio Ramos. Es más, en sus manos tuvieron la oportunidad de poner punto y final a este cuento, demostrando así que son totales merecedores de los éxitos cosechados. No obstante, ese gen ganador les llevó a jugar más con el corazón que con la cabeza y no supieron controlar los tiempos y, por ende, la situación.

¿Qué quiero decir con todo esto? Pues algo tan sencillo como que este Clásico ha sido la radiografía más clara de los que es el fútbol: un espectáculo puro y duro. Pulso descontrolado que hizo vibrar y entristecer a seguidores de un lado y otro, el cual tuvo un desenlace épico. Por cosas así, no es de extrañar que este deporte se haya convertido en un fenómeno social y universal, capaz de movilizar a grandes masas aunando bajo un mismo sentimiento a personas muy diferentes.


Detrás de cada gol, de cada pase, de cada regate y parada, siempre hay una historia que contar.

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