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El campeón que supo esperar

Rubén Gómez @rubengp26 02-10-2018

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Si algo caracterizaba especialmente al Mundial de Superbikes era la gran variedad de pilotos y marcas que aspiraban a ganar el título cada temporada. Sólo hay que comprobar que, hasta 2016, ningún piloto había logrado dos campeonatos seguidos en el siglo XXI. Todo ello hasta la llegada de Jonathan Rea, un norirlandés que ha tiranizado la categoría desde su fichaje por Kawasaki, convirtiéndose en el mejor piloto de la historia del campeonato. Ahora bien, ¿de dónde ha venido este increíble dominio? ¿Alguien lo preveía?

La historia de Rea era la de un piloto de un gran talento que siempre estaba en el lugar inadecuado. Fue subcampeón del BSB en 2007 y de Supersport en 2008 antes de hacerse con un manillar permanente en la Honda oficial del Mundial de SBK. Un puesto, por entonces, de privilegio, y que le convertía, a sus 21 años, en un potencial campeón del mundo de la categoría. Pero el camino no sería tan fácil.

Jonny mostró sus virtudes desde su año de rookie: excelente piloto en mojado, especialista en algunas pistas como Assen o Imola y valiente, muy valiente. Pero la moto no terminaba de acompañar. Estaba lejos de las Yamaha, las Ducati o incluso las Aprilia, las marcas que se repartían los títulos en aquella etapa. Rea debía conformarse con algunas victorias cada temporada, siendo 2014 su mejor curso en el equipo -acabó tercero en la general, con cuatro triunfos-.

En todo este tiempo, Honda le hizo promesas de todo tipo para mantenerle en el equipo: mejoras en la moto que nunca llegaban, sustituciones en MotoGP -fue compañero de Dani Pedrosa durante dos carreras por la lesión de Stoner en 2012- y, sobre todo, un eventual paso a la máxima categoría. Pero MotoGP nunca fue una opción real para Rea en este tiempo, y el norirlandés se cansó de esperar. A finales de 2014, decidió cambiar de aires: dejaba su casa, Honda, y se iba a Kawasaki, afrontando el reto de ser compañero de equipo del por entonces considerado el mejor piloto de la categoría, Tom Sykes, que había ganado el campeonato en 2013 y había perdido los de 2012 y 2014 por muy pocos puntos. Además, Tom era el dueño y señor del equipo Kawasaki.

Pero ese fichaje, esa decisión, cambió el destino de Rea, de Sykes y de la historia del campeonato. Desde que debutara con la marca ninja en Phillip Island’2015, Rea ha ganado los cuatro títulos, ha conseguido 53 de las 100 victorias en juego y ha subido al podio en un 89% de las ocasiones. Un dominio aplastante con un hambre competitiva pocas veces vista pero con una explicación: el tiempo de espera en Honda, siendo incapaz de ganar un Mundial hasta los 28 años por falta de armas mecánicas.

¿Y ahora qué? Con cuatro Mundiales, la próxima estación de Rea es lograr el quinto, superar a Carl Fogarty y ser considerado ya de forma unánime como el mejor de la historia del Mundial. Y no hay atisbos del final de su dominio. Porque por encima de todo, Rea es un hombre feliz. Tiene un entorno agradable, familiar y ha creado en su equipo, en el Provec Racing de origen catalán un ecosistema favorable en el que tanto él, como su mujer y sus hijos disfrutan de las carreras, de pasar tantos y tantos días fuera de su hogar. 

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Si algo caracterizaba especialmente al Mundial de Superbikes era la gran variedad de pilotos y marcas que aspiraban a ganar el título cada temporada. Sólo hay que comprobar que, hasta 2016, ningún piloto había logrado dos campeonatos seguidos en el siglo XXI. Todo ello hasta la llegada de Jonathan Rea, un norirlandés que ha tiranizado la categoría desde su fichaje por Kawasaki, convirtiéndose en el mejor piloto de la historia del campeonato. Ahora bien, ¿de dónde ha venido este increíble dominio? ¿Alguien lo preveía?

La historia de Rea era la de un piloto de un gran talento que siempre estaba en el lugar inadecuado. Fue subcampeón del BSB en 2007 y de Supersport en 2008 antes de hacerse con un manillar permanente en la Honda oficial del Mundial de SBK. Un puesto, por entonces, de privilegio, y que le convertía, a sus 21 años, en un potencial campeón del mundo de la categoría. Pero el camino no sería tan fácil.

Jonny mostró sus virtudes desde su año de rookie: excelente piloto en mojado, especialista en algunas pistas como Assen o Imola y valiente, muy valiente. Pero la moto no terminaba de acompañar. Estaba lejos de las Yamaha, las Ducati o incluso las Aprilia, las marcas que se repartían los títulos en aquella etapa. Rea debía conformarse con algunas victorias cada temporada, siendo 2014 su mejor curso en el equipo -acabó tercero en la general, con cuatro triunfos-.

En todo este tiempo, Honda le hizo promesas de todo tipo para mantenerle en el equipo: mejoras en la moto que nunca llegaban, sustituciones en MotoGP -fue compañero de Dani Pedrosa durante dos carreras por la lesión de Stoner en 2012- y, sobre todo, un eventual paso a la máxima categoría. Pero MotoGP nunca fue una opción real para Rea en este tiempo, y el norirlandés se cansó de esperar. A finales de 2014, decidió cambiar de aires: dejaba su casa, Honda, y se iba a Kawasaki, afrontando el reto de ser compañero de equipo del por entonces considerado el mejor piloto de la categoría, Tom Sykes, que había ganado el campeonato en 2013 y había perdido los de 2012 y 2014 por muy pocos puntos. Además, Tom era el dueño y señor del equipo Kawasaki.

Pero ese fichaje, esa decisión, cambió el destino de Rea, de Sykes y de la historia del campeonato. Desde que debutara con la marca ninja en Phillip Island’2015, Rea ha ganado los cuatro títulos, ha conseguido 53 de las 100 victorias en juego y ha subido al podio en un 89% de las ocasiones. Un dominio aplastante con un hambre competitiva pocas veces vista pero con una explicación: el tiempo de espera en Honda, siendo incapaz de ganar un Mundial hasta los 28 años por falta de armas mecánicas.

¿Y ahora qué? Con cuatro Mundiales, la próxima estación de Rea es lograr el quinto, superar a Carl Fogarty y ser considerado ya de forma unánime como el mejor de la historia del Mundial. Y no hay atisbos del final de su dominio. Porque por encima de todo, Rea es un hombre feliz. Tiene un entorno agradable, familiar y ha creado en su equipo, en el Provec Racing de origen catalán un ecosistema favorable en el que tanto él, como su mujer y sus hijos disfrutan de las carreras, de pasar tantos y tantos días fuera de su hogar. 

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