_Fútbol

El bombardero paraguayo

Todo el mundo grita mi nombre
Es porque soy muy guapo, hombre
A lo mejor soy un goleador
¿O no tiene nada que ver, señor?
No sé porque mi nombre es tan relevante
En los estadios siempre doy el cante
Debería sentirme bien ahora
¿O no tiene nada que ver, señora?

“(Ich Roque”

Sportfreunde Stiller)

Existen personas que nacieron tocadas por una varita mágica. Gente que nace con una inteligencia sobrenatural, otras que dibujan como si tuvieran una cámara fotográfica en las manos o incluso aquellas que diseñan edificaciones como si fueran la encarnación de Miguel Ángel. Y luego están los mitos como Roque Luis Santa Cruz Cantero, que nacen con el gol en sus pies. Este tipo de delanteros tienen la capacidad de frenar el tiempo por cortos instantes, pero suficientes para adelantarse al resto de los mortales sabiendo dónde caerá el balón para mandarlo mansito a la portería rival. Uno no comprende como lo hacen, pero siempre están ahí, en el momento justo y en lugar indicado para hacer explotar la garganta de los fanáticos. Es verdad que existen los líricos, aquellos magos que se encargan de embellecer este noble deporte, pero de nada serviría su esfuerzo sin delanteros voraces como el paraguayo.

Santa Cruz nació en Asunción un 16 de agosto de 1981, aunque ya se encargaba de patear balones imaginarios en el vientre de su madre, toda una premonición de su futuro. Ya desde muy temprana edad demostró su enorme talento, al punto tal de que entraría a la academia del Olimpia a los 9 años y, a los 15, comenzaría a entrenarse con el primer equipo bajo las órdenes del uruguayo Luis Cubilla, quién fue, a su vez, el que lo hizo debutar en Primera en 1997, en un campeonato que se llevaría el propio conjunto Decano. Su progresión fue tan espectacular que ya en 1999 era elegido como el Futbolista Paraguayo del Año, honor que volvió a recibir 20 años después.

Tanto llamaba la atención que sería finalmente el Bayern Munich el que logró llevarse al serial killer por 5 millones de euros, antes de que el YK2 comenzara a generar paranoia en las personas. Ocho fueron las temporadas que pasó en Alemania, muchas de ellas teniendo que jugar poco por las malditas lesiones que iban apareciendo (por caso, en la 2004-2005 solo pudo jugar siete cotejos, aunque le bastaría para marcarse unos cinco tantos), pero eso no le impidió ser una parte importante de una verdadera máquina de ganar: cinco Bundesligas, cuatro Copas germanas, dos Copas de la Liga más la Champions y la Intercontinental en el 2001 reposan en las vitrinas de todo un campeón, las cuales se sumaron a las tres ligas ganadas en ese tiempo con su Olimpia del alma. Roque, a pesar de sus intermitencias, se había metido al público en el bolsillo. Era un jugador sumamente querido, aunque también sentía que necesitaba un cambio de aires, por lo que pidió ser transferido.

El Blackburn Rovers se llevó al goleador al mismo precio que lo había hecho el Bayern hacía 8 años atrás y Roque dejaría en claro, en su primera temporada, que seguía siendo el mismo bombardero letal de siempre, erigiéndose en el máximo goleador de su equipo y ayudándolos a finalizar en la séptima posición, la última gran temporada del histórico equipo de Lancashire antes de descender algunas campañas más adelante. Pero, desde entonces, el paraguayo comenzó a vivir una vida nómada, saltando de club en club.

El Manchester City lo contrató (30 millones de dólares) en la 2009-2010 como parte fundacional de la revolución que querían generar los jeques del Abu Dhabi United Group, compartiendo plantilla con grandes nombres como lo eran Carlos Tévez, Kolo Touré o Emmanuel Adebayor, curiosamente con quién volvería a encontrarse varios años después, pero en Paraguay. Pero el gran goleador, pese a sus esfuerzos y profesionalidad, volvería a caer bajo el yugo de las lesiones, ese enemigo invisible que se la había jurado. Mancini no lo tuvo en sus planes y fue por ello que comenzó a pasearse de un club a otro, recalando nuevamente en el Blackburn o jugando en LaLiga, con pasos por el Betis o el Málaga (aunque Sudamérica también reclamaba con fuerza a uno de sus hijos pródigos), siendo con los andaluces donde volvió a renacer, ya que los ayudó en aquella mágica temporada de Champions donde alcanzaron los cuartos de final. Quizás ya no se llenaba la boca del sagrado grito de gol, pero los pocos que convertía eran en momentos importantes. Su intuición innata seguía intacta.

Pasados los años (y tras un breve paso por el Cruz Azul), Santa Cruz decidiría que era momento de volver a su hogar para volver a sentirse pleno. Olimpia lo recibió con los brazos abiertos en el 2016 y, desde entonces, el de Asunción vivió una segunda adolescencia, siendo un Benjamin Button sudamericano. Y es que, a cada año que pasaba, él no solo jugaba más, sino que hacía más y más anotaciones, llegando a meter nada menos que 28 en 41 partidos en el 2019, justamente lo que lo ayudaría a convertirse, nuevamente, en el mejor jugador de su patria. El Decano se cansaría de ganar títulos locales y puso la mira en la Copa Libertadores, torneo en el que le ha costado avanzar en los últimos años, aunque ahora poseen una plantilla para soñar. Si Santa Cruz está bien, ¿por qué quitarles el sueño a creer?

¿El relevo para un arquero de leyenda? Un goleador histórico

Roque, siendo la joven promesa que era, no tardó en debutar con la Albirroja, en este caso en la Sub-20, que se jugaba el pase al Mundial de Nigeria. Ya en su primer partido, ante Bolivia, dejó en claro que lo suyo iba en serio, anotando el primer tanto de su selección en aquellos clasificatorios. Acabó, finalmente, con tres tantos, siendo el máximo anotador de su selección, la cual se clasificó para el máximo torneo de la categoría. En tierras africanas compartió equipo con Paulo da Silva, Nelson Cuevas, Rubén Maldonado o Salvador Cabañas. RoqueGol ayudaría a los suyos a finalizar en el primer lugar del grupo, aunque luego no podrían en unos tortuosos penales con la Uruguay de Carini, Chevantón, Sorondo, Canobbio y Forlán. Santa Cruz metió el primer tanto de la tanda, pero erró el último, por lo que los juniors paraguayos terminarían perdiendo por 10-9.

Sin embargo, el pequeño Roque no tendría tiempo para lamentarse, ya que Ever Hugo Almeida lo llamó para que fuera parte de la Copa América a disputarse en su patria unos meses después. El ser el más chico del plantel no le impidió ser parte importante de él, a tal punto de anotar tres veces en la fase de grupos, dos en el 4-0 a Japón y otra más en el agónico triunfo ante Perú. Pero otra vez Uruguay –y otra vez en los penales- se interpuso en el camino del todavía hombre de Olimpia cual si fuera una cruel broma del destino. El sueño de campeonar en casa quedaba trunco.

Llegó el turno del italiano Cesare Maldini en el banquillo. Roque siguió jugando y convirtiendo goles, lo que le permitió ser parte del plantel que buscó la gloria en el Mundial de Corea y Japón en el 2002. Aquella selección paraguaya contaba con muchos jugadores de primer nivel, empezando por el mítico José Luis Félix Chilavert y prosiguiendo por otros de la talla de Celso Ayala, Francisco Arce, Carlos Gamarra, José Cardozo, Carlos Paredes o Roberto Acuña. Sin dudas, uno de los mejores planteles con los que Paraguay contaría jamás. El torneo comenzó por todo lo alto para Santa Cruz, que tras un centro de cabeza de Arce lograría convertir el 1-0 ante la selección de Sudáfrica. Sin embargo, y tras ir ganando 2-0, los Bafana Bafana lograron un insólito empate sobre la hora, perdiendo dos unidades valiosas. Lo mismo les ocurrió ante la España de Casillas, Puyol, Hierro o Raúl, ya que comenzaron ganando 1-0 con un tanto en contra del defensor del Barcelona, pero nuevamente en la segunda mitad vieron como el marcador se les puso en contra hasta el 1-3 final. Debían jugarse el todo por el todo ante Eslovenia y aquí la historia sería diferente, ya que, si bien comenzaron perdiendo, Cuevas (x2) y Campos lograron darle un pase el pase a octavos de final a la Albirroja con muchísimo sufrimiento, siendo salvados por un tanto de Raúl en el 3-2 de España sobre Sudáfrica. Ante Alemania lucharon con mucha valentía –y alguna que otra patada-, pero finalmente Oliver Neuville, a los 88′, cortaría otra vez el sueño de grandeza.

Los siguientes años fueron complejos para Roque, ya que las lesiones comenzaron a mermar su presencia en la selección, aunque también debería vivir las críticas de uno de sus ex compañeros, Chilavert, quién lo acusó de haberse lesionado falsamente ante los alemanes (curiosamente, en aquel torneo, a Juan Sebastián Verón de la Argentina se lo culpó también por “ir a menos” ante la patria que le estaba dando de comer), algo que sin dudas no fue así, ya que Santa Cruz, lamentablemente, tuvo que convivir con estas desgracias en casi todas las temporadas que disputó.

Indistintamente, esto no le impidió llegar a Alemania 2006 (donde lo haría con lo justo, otra vez por las dolencias), siendo uno de los enlaces entre la vieja guardia (los Gamarra o Acuña) y la nueva generación (Nelson Haedo Valdéz, Julio dos Santos, Cristian Riveros o Édgar Barreto). Santa Cruz hizo dupla con Haedo Valdéz en el once dispuesto por el uruguayo Aníbal Ruiz, pero no pudieron conseguir el pase a la siguiente instancia, cayendo ante Inglaterra y Suecia por 1-0.

El argentino Gerardo Martino tomaría las riendas de Paraguay y Santa Cruz, como siempre, volvió a ser tenido en cuenta. Se convirtió en héroe en el 5-0 ante Colombia en la Copa América del 2007, anotando un hattrick, pero luego se secó y México se aprovecharía de esto en cuartos, encestando un letal 6-0. Paraguay siempre llegaba con esperanza, pero terminaba muriendo en la orilla.

Pero Santa Cruz era un guerrero que no se iba a dejar intimidar por las malas circunstancias. Pese a las lesiones, pese a no ser tan tenido en cuenta, pese a que muchas veces pasaba largos diques secos, él iba e intentaba. Una y otra vez. Y así llegó a Sudáfrica 2010, donde Paraguay pasó de ronda tras vencer a Eslovaquia (2-0) e igualar con Italia y Nueva Zelanda. El premio finalmente llegó ante Japón. Si bien el goleador eterno fue sustituido en el minuto 94′ por Óscar Cardozo, pudo vivir, por fin, el primer triunfo en una fase de playoffs de su selección en un gran torneo. Todos sus compañeros anotaron su pena máxima para vencer a los asiáticos por 5-3. Ante España la Albirroja disputó un encuentro de gran nivel, poniendo en apuros a uno de los mejores equipos de todos los tiempos. Y si bien Santa Cruz ingresó a los 72′ (por Haedo Valdez), no pudo evitar el gol de Villa.

Todavía le quedaría una bala al delantero nómada. En la Copa América del 2011 sería titular junto a Lucas Barrios y lograron una hazaña muy curiosa: llegar a la final empatando todos los partidos. Roque convirtió un solo gol (en el 2-2 ante Brasil) durante aquel certamen, pero Paraguay eliminó a los propios brasileños en cuartos (2-0 en penales tras un 0-0 en el tiempo regular) y 5-3, también por la vía de los doce pasos, a Venezuela, antes de llegar a la gran final ante Uruguay, aquel viejo verdugo de los primigenios tiempos de Roque. Y, cual déjà vu , los Cavani, Suárez y Forlán volvieron a ser la bestia negra, ganando por 3-0 en el Monumental de Núñez. Aunque aquel día Santa Cruz no jugaría ni un minuto, por lo que siempre quedará la duda de que hubiera sucedido si Martino le daba alguna oportunidad. Lo cierto es que Roque seguiría un tiempo más en el seleccionado, marcando sus últimos tantos en el 2015 (en un 2-2 ante Honduras), y ayudando a su equipo a llegar hasta las semifinales de la Copa América en ese mismo año (cayendo ante la Argentina por 6-1) pero se despidió sin la gloria necesaria, siendo que, a día de hoy, es el máximo anotador histórico de Paraguay con 32 tantos.

Multicampeón con el Bayern y Olimpia, mejor jugador de su país, luchador eterno con Paraguay y vencedor de decenas de lesiones. Así fue y sigue siendo la carrera de un hombre que se niega a colgar sus botines y que vive una segunda juventud en el club de sus amores. Así es Roque Santa Cruz, el goleador inmortal. 

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Todo el mundo grita mi nombre
Es porque soy muy guapo, hombre
A lo mejor soy un goleador
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No sé porque mi nombre es tan relevante
En los estadios siempre doy el cante
Debería sentirme bien ahora
¿O no tiene nada que ver, señora?

“(Ich Roque”

Sportfreunde Stiller)

Existen personas que nacieron tocadas por una varita mágica. Gente que nace con una inteligencia sobrenatural, otras que dibujan como si tuvieran una cámara fotográfica en las manos o incluso aquellas que diseñan edificaciones como si fueran la encarnación de Miguel Ángel. Y luego están los mitos como Roque Luis Santa Cruz Cantero, que nacen con el gol en sus pies. Este tipo de delanteros tienen la capacidad de frenar el tiempo por cortos instantes, pero suficientes para adelantarse al resto de los mortales sabiendo dónde caerá el balón para mandarlo mansito a la portería rival. Uno no comprende como lo hacen, pero siempre están ahí, en el momento justo y en lugar indicado para hacer explotar la garganta de los fanáticos. Es verdad que existen los líricos, aquellos magos que se encargan de embellecer este noble deporte, pero de nada serviría su esfuerzo sin delanteros voraces como el paraguayo.

Santa Cruz nació en Asunción un 16 de agosto de 1981, aunque ya se encargaba de patear balones imaginarios en el vientre de su madre, toda una premonición de su futuro. Ya desde muy temprana edad demostró su enorme talento, al punto tal de que entraría a la academia del Olimpia a los 9 años y, a los 15, comenzaría a entrenarse con el primer equipo bajo las órdenes del uruguayo Luis Cubilla, quién fue, a su vez, el que lo hizo debutar en Primera en 1997, en un campeonato que se llevaría el propio conjunto Decano. Su progresión fue tan espectacular que ya en 1999 era elegido como el Futbolista Paraguayo del Año, honor que volvió a recibir 20 años después.

Tanto llamaba la atención que sería finalmente el Bayern Munich el que logró llevarse al serial killer por 5 millones de euros, antes de que el YK2 comenzara a generar paranoia en las personas. Ocho fueron las temporadas que pasó en Alemania, muchas de ellas teniendo que jugar poco por las malditas lesiones que iban apareciendo (por caso, en la 2004-2005 solo pudo jugar siete cotejos, aunque le bastaría para marcarse unos cinco tantos), pero eso no le impidió ser una parte importante de una verdadera máquina de ganar: cinco Bundesligas, cuatro Copas germanas, dos Copas de la Liga más la Champions y la Intercontinental en el 2001 reposan en las vitrinas de todo un campeón, las cuales se sumaron a las tres ligas ganadas en ese tiempo con su Olimpia del alma. Roque, a pesar de sus intermitencias, se había metido al público en el bolsillo. Era un jugador sumamente querido, aunque también sentía que necesitaba un cambio de aires, por lo que pidió ser transferido.

El Blackburn Rovers se llevó al goleador al mismo precio que lo había hecho el Bayern hacía 8 años atrás y Roque dejaría en claro, en su primera temporada, que seguía siendo el mismo bombardero letal de siempre, erigiéndose en el máximo goleador de su equipo y ayudándolos a finalizar en la séptima posición, la última gran temporada del histórico equipo de Lancashire antes de descender algunas campañas más adelante. Pero, desde entonces, el paraguayo comenzó a vivir una vida nómada, saltando de club en club.

El Manchester City lo contrató (30 millones de dólares) en la 2009-2010 como parte fundacional de la revolución que querían generar los jeques del Abu Dhabi United Group, compartiendo plantilla con grandes nombres como lo eran Carlos Tévez, Kolo Touré o Emmanuel Adebayor, curiosamente con quién volvería a encontrarse varios años después, pero en Paraguay. Pero el gran goleador, pese a sus esfuerzos y profesionalidad, volvería a caer bajo el yugo de las lesiones, ese enemigo invisible que se la había jurado. Mancini no lo tuvo en sus planes y fue por ello que comenzó a pasearse de un club a otro, recalando nuevamente en el Blackburn o jugando en LaLiga, con pasos por el Betis o el Málaga (aunque Sudamérica también reclamaba con fuerza a uno de sus hijos pródigos), siendo con los andaluces donde volvió a renacer, ya que los ayudó en aquella mágica temporada de Champions donde alcanzaron los cuartos de final. Quizás ya no se llenaba la boca del sagrado grito de gol, pero los pocos que convertía eran en momentos importantes. Su intuición innata seguía intacta.

Pasados los años (y tras un breve paso por el Cruz Azul), Santa Cruz decidiría que era momento de volver a su hogar para volver a sentirse pleno. Olimpia lo recibió con los brazos abiertos en el 2016 y, desde entonces, el de Asunción vivió una segunda adolescencia, siendo un Benjamin Button sudamericano. Y es que, a cada año que pasaba, él no solo jugaba más, sino que hacía más y más anotaciones, llegando a meter nada menos que 28 en 41 partidos en el 2019, justamente lo que lo ayudaría a convertirse, nuevamente, en el mejor jugador de su patria. El Decano se cansaría de ganar títulos locales y puso la mira en la Copa Libertadores, torneo en el que le ha costado avanzar en los últimos años, aunque ahora poseen una plantilla para soñar. Si Santa Cruz está bien, ¿por qué quitarles el sueño a creer?

¿El relevo para un arquero de leyenda? Un goleador histórico

Roque, siendo la joven promesa que era, no tardó en debutar con la Albirroja, en este caso en la Sub-20, que se jugaba el pase al Mundial de Nigeria. Ya en su primer partido, ante Bolivia, dejó en claro que lo suyo iba en serio, anotando el primer tanto de su selección en aquellos clasificatorios. Acabó, finalmente, con tres tantos, siendo el máximo anotador de su selección, la cual se clasificó para el máximo torneo de la categoría. En tierras africanas compartió equipo con Paulo da Silva, Nelson Cuevas, Rubén Maldonado o Salvador Cabañas. RoqueGol ayudaría a los suyos a finalizar en el primer lugar del grupo, aunque luego no podrían en unos tortuosos penales con la Uruguay de Carini, Chevantón, Sorondo, Canobbio y Forlán. Santa Cruz metió el primer tanto de la tanda, pero erró el último, por lo que los juniors paraguayos terminarían perdiendo por 10-9.

Sin embargo, el pequeño Roque no tendría tiempo para lamentarse, ya que Ever Hugo Almeida lo llamó para que fuera parte de la Copa América a disputarse en su patria unos meses después. El ser el más chico del plantel no le impidió ser parte importante de él, a tal punto de anotar tres veces en la fase de grupos, dos en el 4-0 a Japón y otra más en el agónico triunfo ante Perú. Pero otra vez Uruguay –y otra vez en los penales- se interpuso en el camino del todavía hombre de Olimpia cual si fuera una cruel broma del destino. El sueño de campeonar en casa quedaba trunco.

Llegó el turno del italiano Cesare Maldini en el banquillo. Roque siguió jugando y convirtiendo goles, lo que le permitió ser parte del plantel que buscó la gloria en el Mundial de Corea y Japón en el 2002. Aquella selección paraguaya contaba con muchos jugadores de primer nivel, empezando por el mítico José Luis Félix Chilavert y prosiguiendo por otros de la talla de Celso Ayala, Francisco Arce, Carlos Gamarra, José Cardozo, Carlos Paredes o Roberto Acuña. Sin dudas, uno de los mejores planteles con los que Paraguay contaría jamás. El torneo comenzó por todo lo alto para Santa Cruz, que tras un centro de cabeza de Arce lograría convertir el 1-0 ante la selección de Sudáfrica. Sin embargo, y tras ir ganando 2-0, los Bafana Bafana lograron un insólito empate sobre la hora, perdiendo dos unidades valiosas. Lo mismo les ocurrió ante la España de Casillas, Puyol, Hierro o Raúl, ya que comenzaron ganando 1-0 con un tanto en contra del defensor del Barcelona, pero nuevamente en la segunda mitad vieron como el marcador se les puso en contra hasta el 1-3 final. Debían jugarse el todo por el todo ante Eslovenia y aquí la historia sería diferente, ya que, si bien comenzaron perdiendo, Cuevas (x2) y Campos lograron darle un pase el pase a octavos de final a la Albirroja con muchísimo sufrimiento, siendo salvados por un tanto de Raúl en el 3-2 de España sobre Sudáfrica. Ante Alemania lucharon con mucha valentía –y alguna que otra patada-, pero finalmente Oliver Neuville, a los 88′, cortaría otra vez el sueño de grandeza.

Los siguientes años fueron complejos para Roque, ya que las lesiones comenzaron a mermar su presencia en la selección, aunque también debería vivir las críticas de uno de sus ex compañeros, Chilavert, quién lo acusó de haberse lesionado falsamente ante los alemanes (curiosamente, en aquel torneo, a Juan Sebastián Verón de la Argentina se lo culpó también por “ir a menos” ante la patria que le estaba dando de comer), algo que sin dudas no fue así, ya que Santa Cruz, lamentablemente, tuvo que convivir con estas desgracias en casi todas las temporadas que disputó.

Indistintamente, esto no le impidió llegar a Alemania 2006 (donde lo haría con lo justo, otra vez por las dolencias), siendo uno de los enlaces entre la vieja guardia (los Gamarra o Acuña) y la nueva generación (Nelson Haedo Valdéz, Julio dos Santos, Cristian Riveros o Édgar Barreto). Santa Cruz hizo dupla con Haedo Valdéz en el once dispuesto por el uruguayo Aníbal Ruiz, pero no pudieron conseguir el pase a la siguiente instancia, cayendo ante Inglaterra y Suecia por 1-0.

El argentino Gerardo Martino tomaría las riendas de Paraguay y Santa Cruz, como siempre, volvió a ser tenido en cuenta. Se convirtió en héroe en el 5-0 ante Colombia en la Copa América del 2007, anotando un hattrick, pero luego se secó y México se aprovecharía de esto en cuartos, encestando un letal 6-0. Paraguay siempre llegaba con esperanza, pero terminaba muriendo en la orilla.

Pero Santa Cruz era un guerrero que no se iba a dejar intimidar por las malas circunstancias. Pese a las lesiones, pese a no ser tan tenido en cuenta, pese a que muchas veces pasaba largos diques secos, él iba e intentaba. Una y otra vez. Y así llegó a Sudáfrica 2010, donde Paraguay pasó de ronda tras vencer a Eslovaquia (2-0) e igualar con Italia y Nueva Zelanda. El premio finalmente llegó ante Japón. Si bien el goleador eterno fue sustituido en el minuto 94′ por Óscar Cardozo, pudo vivir, por fin, el primer triunfo en una fase de playoffs de su selección en un gran torneo. Todos sus compañeros anotaron su pena máxima para vencer a los asiáticos por 5-3. Ante España la Albirroja disputó un encuentro de gran nivel, poniendo en apuros a uno de los mejores equipos de todos los tiempos. Y si bien Santa Cruz ingresó a los 72′ (por Haedo Valdez), no pudo evitar el gol de Villa.

Todavía le quedaría una bala al delantero nómada. En la Copa América del 2011 sería titular junto a Lucas Barrios y lograron una hazaña muy curiosa: llegar a la final empatando todos los partidos. Roque convirtió un solo gol (en el 2-2 ante Brasil) durante aquel certamen, pero Paraguay eliminó a los propios brasileños en cuartos (2-0 en penales tras un 0-0 en el tiempo regular) y 5-3, también por la vía de los doce pasos, a Venezuela, antes de llegar a la gran final ante Uruguay, aquel viejo verdugo de los primigenios tiempos de Roque. Y, cual déjà vu , los Cavani, Suárez y Forlán volvieron a ser la bestia negra, ganando por 3-0 en el Monumental de Núñez. Aunque aquel día Santa Cruz no jugaría ni un minuto, por lo que siempre quedará la duda de que hubiera sucedido si Martino le daba alguna oportunidad. Lo cierto es que Roque seguiría un tiempo más en el seleccionado, marcando sus últimos tantos en el 2015 (en un 2-2 ante Honduras), y ayudando a su equipo a llegar hasta las semifinales de la Copa América en ese mismo año (cayendo ante la Argentina por 6-1) pero se despidió sin la gloria necesaria, siendo que, a día de hoy, es el máximo anotador histórico de Paraguay con 32 tantos.

Multicampeón con el Bayern y Olimpia, mejor jugador de su país, luchador eterno con Paraguay y vencedor de decenas de lesiones. Así fue y sigue siendo la carrera de un hombre que se niega a colgar sus botines y que vive una segunda juventud en el club de sus amores. Así es Roque Santa Cruz, el goleador inmortal.