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El auténtico infierno

José Miguel Capel @JCapCar 20-04-2018

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“GIL: NOS VEMOS EN EL INFIERNO”. Aquello rezaba la famosa
pancarta mostrada por los aficionados del Poli Ejido aquel 24 de junio de 2001
tras consultar el club celeste su ascenso a Segunda División, con un golazo de
Patri. El verde del césped había desaparecido, invadido por la multitud que
celebraba tal logro. Así descrita, la categoría de plata parece acercarse más
al confort que al sufrimiento. Quizá porque efectivamente es más un privilegio
que un castigo.

Se acaba de consumar el descenso del Málaga CF al ‘pozo’ de
la Segunda División. Tras una de las épocas más doradas del club, en Primera
División e incluso paseando el nombre de ‘La Costa del Sol’ por Europa, la
sensación repentina es la de sumirse en un pozo sin fondo, sin salida. Aquello
que se representa en una portada de forma gráfica. La caída es dura, claro. Sin
embargo, el retorno es posible. Incluso el *inmediato”. Ejemplo cercano el del
Getafe CF. El Sporting lo persigue y lo tiene cerca en la presente campaña. Es
un pozo, sí. Pero desde ahí abajo se ve la luz.

Con Sevilla Atlético y Lorca FC cerca de consumar el
descenso, otros siete equipos luchan por evitar el auténtico infierno. Córdoba,
Barcelona B, Cultural Leonesa, Almería, Nàstic, Alcorcón y Reus están concentrados
en 7 puntos a falta de idéntico número de jornadas para finalizar el
campeonato. Un tramo final de temporada que puede marcar el futuro de 4 clubes
que dejarán la Liga de Fútbol Profesional. De cuatro ciudades que llorarán por
el club al que aman y que lo harán a sabiendas de la enorme dificultad de
volver. De la profundidad de un pozo con 80 equipos de los que tan solo cuatro
pueden sacar billete hacia el escalón previo al cielo.

‘Oro parece, plata no es’. Es la Liga 1|2|3, la Segunda
División española. Un infierno desde el que el cielo está muy cerca. Un lugar
en el que la luz se ve de cerca, aunque también el fuego que más quema amenaza.
Una competición de máxima igualdad, máximo sufrimiento, enorme tensión, emoción
y diversión. Apasionante, vibrante y de calidad. No es el infierno, desde luego
que no. La verdadera quema está justo debajo, en Segunda B. Esa que intentar
evitar los implicados en la lucha final por escapar de él. Por sobrevivir.
Suerte a todos y que sobreviva el mejor.

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“GIL: NOS VEMOS EN EL INFIERNO”. Aquello rezaba la famosa
pancarta mostrada por los aficionados del Poli Ejido aquel 24 de junio de 2001
tras consultar el club celeste su ascenso a Segunda División, con un golazo de
Patri. El verde del césped había desaparecido, invadido por la multitud que
celebraba tal logro. Así descrita, la categoría de plata parece acercarse más
al confort que al sufrimiento. Quizá porque efectivamente es más un privilegio
que un castigo.

Se acaba de consumar el descenso del Málaga CF al ‘pozo’ de
la Segunda División. Tras una de las épocas más doradas del club, en Primera
División e incluso paseando el nombre de ‘La Costa del Sol’ por Europa, la
sensación repentina es la de sumirse en un pozo sin fondo, sin salida. Aquello
que se representa en una portada de forma gráfica. La caída es dura, claro. Sin
embargo, el retorno es posible. Incluso el *inmediato”. Ejemplo cercano el del
Getafe CF. El Sporting lo persigue y lo tiene cerca en la presente campaña. Es
un pozo, sí. Pero desde ahí abajo se ve la luz.

Con Sevilla Atlético y Lorca FC cerca de consumar el
descenso, otros siete equipos luchan por evitar el auténtico infierno. Córdoba,
Barcelona B, Cultural Leonesa, Almería, Nàstic, Alcorcón y Reus están concentrados
en 7 puntos a falta de idéntico número de jornadas para finalizar el
campeonato. Un tramo final de temporada que puede marcar el futuro de 4 clubes
que dejarán la Liga de Fútbol Profesional. De cuatro ciudades que llorarán por
el club al que aman y que lo harán a sabiendas de la enorme dificultad de
volver. De la profundidad de un pozo con 80 equipos de los que tan solo cuatro
pueden sacar billete hacia el escalón previo al cielo.

‘Oro parece, plata no es’. Es la Liga 1|2|3, la Segunda
División española. Un infierno desde el que el cielo está muy cerca. Un lugar
en el que la luz se ve de cerca, aunque también el fuego que más quema amenaza.
Una competición de máxima igualdad, máximo sufrimiento, enorme tensión, emoción
y diversión. Apasionante, vibrante y de calidad. No es el infierno, desde luego
que no. La verdadera quema está justo debajo, en Segunda B. Esa que intentar
evitar los implicados en la lucha final por escapar de él. Por sobrevivir.
Suerte a todos y que sobreviva el mejor.

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