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El Atleti, otra vez en cuartos

Sin pasar mayores sobresaltos, el Atlético de Madrid se clasificó hoy por cuarta vez consecutiva para los cuartos de final de la Champions League al empatar sin goles ante el Bayer Leverkusen tras su triunfo por 4-2 en la ida.

Fue un encuentro muy plácido para el equipo de Diego Simeone y lo mejor lo brindó su arquero, el esloveno Jan Oblak, quien ofreció en la segunda parte un auténtico recital.

«Son sensaciones muy buenas. Nos clasificamos para los cuartos de final por cuarto año consecutivo y eso es muy positivo para el club», manifestó Oblak a «Bein Sports».

«Estamos muy contentos por el club, los futbolistas y los aficionados. Un año más hemos logrado el pase en una eliminatoria compleja y otra vez podemos estar en cuartos», celebró, por su parte, Simeone.

La primera parte trajo muy poco fútbol. El Atlético, amparado en el resultado de la ida, eligió ser pragmático y no arriesgar nada. El Bayer Leverkusen estaba obligado, pero realmente no lo pareció. Expuso muy poco mientras los minutos volaban. Dio la impresión de que había dado la eliminatoria por perdida desde hace ya días.

«Nos vamos con buenas sensaciones porque hemos hecho unos buenos 90 minutos», sintetizó Tayfun Korkut, entrenador del Leverkusen.

«Hemos estado en el partido, hemos tratado de marcar para cambiar la eliminatoria y hemos tenido ocasiones para hacerlo. Está claro que el Atlético tuvo sus ocasiones pero estoy contento con lo que ha hecho el equipo. Hemos dado un paso adelante y eso es importante», añadió Korkut, que todavía no estaba en el banquillo del conjunto alemán cuando se disputó el partido de ida.

El técnico atlético, Diego Simeone, puso a Ángel Correa por detrás de Antoine Griezmann y el argentino se mostró dentro de una primera mitad en la que no ocurrió prácticamente nada hasta el minuto 38. Fue entonces cuando el equipo local encadenó dos ocasiones claras y con el mismo protagonista final: el arquero alemán Bernd Leno.

En la primera oportunidad, Correa entró en velocidad dentro del área y obligó a Leno a estirarse hacia su izquierda para sacar un balón muy difícil. Tampoco fue nada fácil lo que hizo en la siguiente acción, cuando un disparo de Koke lo obligó a viajar al palo derecho para desviar otro lanzamiento de enorme dificultad.

En tiempos en los que se rumorea un presunto interés del Real Madrid por ficharlo para la próxima temporada, el alemán dejó sello de gran arquero. Fue de lo poco destacado de una primera parte que no hizo honor a un torneo como la Liga de Campeones.

La segunda mitad fue más interesante. No tanto por la eliminatoria, ya decidida, sino por ver quién se llevaba el triunfo. Y no lo hizo el Bayer Leverkusen porque se estrelló contra Oblak. El conjunto alemán decidió arriesgar más y dio más libertad al centrocampista Kevin Kampl, brillante en la media punta. Por su parte, el Atlético enseñó peligro en los contraataques, siempre con Antoine Griezmann bien perfilado.

Lo más memorable del encuentro llegó a los 69 minutos, cuando Oblak dejó una de esas jugadas distintas que se recuerdan durante mucho tiempo. En tres ocasiones consecutivas el balón quedó a bocajarro para los delanteros alemanes, quienes por tres veces se tropezaron con la inmensa figura del arquero atlético. Fueron cuatro segundos para la memoria, tres paradas antológicas.

«Ha sido un partido abierto, ellos nos han llegado en el segundo tiempo y ha estado muy bien Oblak. En el primer tiempo tuvimos nosotros las ocasiones», resumió Simeone.

«Estoy feliz, quiero entrenar y quiero ayudar al equipo», resumió Oblak, que ya había tenido un partido mágico ante el Leverkusen hace dos temporadas. «Hace dos años debuté aquí en Champions por mala suerte de Miguel (Moyá), que se lesionó», recordó Oblak. «Claro que tengo buenos recuerdos de ese partido de hace dos años. Mi vida aquí en el Atlético cambió un poco desde entonces«.

Los minutos se fueron marchando con la seguridad de que el Atlético estaría en cuartos de final, lo realmente valioso de la noche. Y así ocurrió sin demasiados motivos para la preocupación. El equipo de Simeone convirtió en rutina estar entre los ocho mejores equipos de Europa, un auténtico hito.

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