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El arte de la gimnasia española

Si juntamos España, gimnasia y Juegos Olímpicos, el resultado casi siempre es sinónimo de éxito. Nuestro país siempre se ha diferenciado por ser uno de los mejores de Europa en un deporte que, al igual que el atletismo o la natación, es evento estrella en la cita deportiva más importante del mundo. No es fácil competir con los medios y la disciplina de la que presumen en Estados Unidos, Rusia o China, pero a lo largo de la historia hemos demostrado estar más que a la altura, regalando notorias sorpresas.

Solo en gimnasia rítmica, nuestro país figura en segunda posición en el medallero, solo por detrás de la imbatible Rusia (16 preseas, 10 de oro). Esta vertiente viene más acompañada por la valoración subjetiva. Al igual que la natación artística, lo que más premian los jueces es la sincronización y la armonía del grupo, que representa una coreografía acompañada de música, con accesorios tales como aros, cintas, mazas o pelotas. Priman la creatividad y la imaginación.

Sin embargo, España estrenó su casillero en la prueba individual, en Barcelona 1992. “El público hacía tanto ruido que no pude oír el aviso de la música”, recuerda la oriolana Carolina Pascual, la tercera deportista más joven de la historia en conquistar una medalla olímpica. Una plata que supo a oro, porque la gran favorita era la soviética Oleksandra Tymoshenko. Al empezar más tarde el último ejercicio (mazas) por no haber escuchado bien la música (West Side Story), Pascual tuvo que subir la velocidad y aumentar la concentración. El resultado, una ejecución prácticamente perfecta. La plata indignó a una de sus rivales, la campeona mundial Oksana Skaldina: le había superado una mujer que había acabado en undécima posición en los Europeos celebrados un mes antes. “Me llamó cerda, me enganchó del moño y me tiró al suelo”, recuerda la alicantina en una entrevista con EFE. La también española Carmen Acedo rozó el podio al finalizar en cuarta posición.

Cuatro años después, en Atlanta, el equipo español hizo historia al proclamarse campeón olímpico por delante de Bulgaria y Rusia, estrenando el palmarés de la gimnasia rítmica por conjuntos, que entraba en el programa ese mismo año. Las llamadas ‘Niñas de Oro’, (Marta Baldó, Nuria Cabanillas, Estela Giménez, Lorena Guréndez, Tania Lamarca y Estíbaliz Martínez) ganaron el oro con una dificultad añadida, la de no haber podido entrenar juntas durante gran parte de ciclo olímpico ya que cada una pertenecía a un club distinto y vivían en ciudades diferentes. Dos años antes ni siquiera se conocían. Tuvieron que dejar temporalmente los estudios, someterse a duros entrenamientos diarios y dietas exigentes. La presión fue tal que María Pardo, una de las integrantes del equipo, abandonó la concentración a dos meses de los Juegos. Marta y Estela también estuvieron a punto de dejarlo. Otra de las complicaciones fue la lesión de menisco de Estíbaliz, que aplazó el quirófano hasta después de los Juegos. Los irregulares entrenamientos previos a la competición y el nerviosismo latente podían haber pasado factura, incluso rozaron lo que pudo haber sido un fallo terrible en el momento clave de ejercicio final, con Estíbaliz agarrando la pelota en el aire, cual portero de fútbol. “Al ver la pelota como unos veinte centímetros más lejos de lo normal, pensé un instante que nos quedábamos sin medalla; no sé cómo lo hice, pero me estiré más larga de lo que soy y conseguí atraparla; nunca estuve más rápida en mi vida”, reveló Estíbaliz en el libro ‘Españoles de oro’, de Fernando Olmeda.

20 años después llegaría la plata conseguida por el equipo de gimnasia liderado por Alejandra Quereda (hoy entrenadora absoluta) junto a Elena López, Lourdes Mohedano, Sandra Aguilar y Artemi Gavezou. Cuatro de ellas fueron cuartas en Londres por una polémica valoración de los jueces. En Rio estuvieron a punto de arrebatar el oro a un país, Rusia, que era dominador indiscutible desde principios de siglo. Si cada medalla ha costado el triple de su peso en sacrificio, esta última lo ejemplifica sobre todo por el tremendo desgaste físico de las gimnastas, que volvieron a casa completamente destrozadas. Quereda y López tuvieron que ser operadas (Elena ha pasado cuatro veces por el quirófano y disputó el Mundial de 2013 con el menisco roto). Todas se retiraron poco después de los Juegos, y el equipo ha sufrido una profunda restructuración que derrocha juventud ( Alba Polo, Clara Esquerdo, Ana Gayán, Victoria Cuadrillero, Sara Salarrullana y Emma Reyes). Desgraciadamente, no han podido sacar billete para Tokio.

Allí si estará el equipo de gimnasia artística, la otra gran modalidad de los Juegos Olímpicos. España nunca ha conseguido un metal por conjuntos, pero sí en el apartado individual con la madrileña Patricia Moreno, que logró el bronce en Atenas 2004 pese a no estar en las quinielas. Su mayor ambición era figurar entre las cinco mejores. “Recuerdo cuando gané la medalla y todavía me pongo hasta nerviosa; me quedé paralizada», contó en una entrevista en MARCA. Se inspiró en las gimnastas de Barcelona 92 y cambió la rítmica por la artística, donde se requieren mayores capacidades físicas por la velocidad con la que hay que realizar los movimientos corporales. Patricia subió al podio en suelo, donde tuvo que llevar a cabo elementos acrobáticos, flexibilidad, de danza, saltos y giros con cambios de dirección. En los Juegos han alcanzado la posterioridad en gimnasia artística leyendas de la talla de Larisa Latýnina (mujer con más medallas de la historia), Nadia Comaneci (primera en lograr una puntuación perfecta) o Simone Biles, que aspira a ser la primera en ganar cinco oros en unos Juegos. En Rio se quedó a dos peldaños del podio en Viga de equilibrio de conseguirlo.

En la capital nipona, las miradas se centran en el equipo femenino, ausente en Pekín 2008, Londres 2012 y Rio 2016. Hasta entonces la participación había sido muy positiva, con dos quintos puestos, un cuarto y un séptimo desde Barcelona 92. La racha de ausencias se terminó en octubre de 2019, en un preolímpico donde acabaron duodécimas, sacando el último billete disponible por delante de Brasil. Las integrantes entonces fueron Ana Pérez, Roxana Popa, Cintia Rodríguez, Marina González y Alba Petisco. La primera, campeona de España entre 2015 y 2019  y olímpica en Rio en el apartado individual, se cayó del grupo por un accidente a principios de año en una cama elástica. Se rompió dos ligamentos del tobillo derecho y el cuarto metatarsiano del pie izquierdo. La lesión de rodilla sufrida por Cintia en el preolímpico se complicó con una rotura de menisco mientras hacía una sesión de ballet telemática durante el confinamiento obligado por la pandemia. Había sido la mejor española de las que disputaron el Mundial en 2019 con un 21º puesto.

La selección final de cuatro gimnastas lo conforman Roxana Popa, Marina González, Alba Petisco y Laura Bechdejú. «Las chicas que van a estar en los Juegos Olímpicos han sabido superar todos los obstáculos y trabajar al máximo para llegar a su objetivo. Son, como ya he dicho otras veces, unas guerreras muy valientes y que van a salir a la pista a darlo todo. Son un gran equipo», declaró la seleccionadora española, una Lucía Guisado que participa en sus séptimos Juegos Olímpicos como técnica. Pese a la dificultad de pelear por las medallas, las gimnastas españolas se están haciendo notar en la Villa Olímpica, mostrando cada movimiento a través de redes sociales y enganchando al público con bailes de todo tipo y en cualquier lugar: en el aeropuerto, en los pasillos del hotel… ¡donde sea!

La carismática líder en este sentido, que está posicionando al equipo y sus compañeras en el escaparate, es la catalana Marina González, que ya causó sensación con la original presentación de las equipaciones para Tokio en su TikTok, donde cuenta con casi 400.000 seguidores. En todas sus redes comparte el día a día en la Villa Olímpica, así como los bailes con su compañera de fatigas, Roxana Popa. Si a eso le añadimos la increíble puesta en escena de la Federación de Gimnasia, con su vídeo ‘la conquista de Tokio’, el resultado es el esperado: máxima visibilidad en el mejor escenario posible. Están aprovechando la cita olímpica a la perfección, y la guinda será firmar una gran actuación a partir del próximo domingo sobre las diez de la mañana, hora española. Lo harán de fábula.

Imagen de cabecera: Sphera Sports

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Si juntamos España, gimnasia y Juegos Olímpicos, el resultado casi siempre es sinónimo de éxito. Nuestro país siempre se ha diferenciado por ser uno de los mejores de Europa en un deporte que, al igual que el atletismo o la natación, es evento estrella en la cita deportiva más importante del mundo. No es fácil competir con los medios y la disciplina de la que presumen en Estados Unidos, Rusia o China, pero a lo largo de la historia hemos demostrado estar más que a la altura, regalando notorias sorpresas.

Solo en gimnasia rítmica, nuestro país figura en segunda posición en el medallero, solo por detrás de la imbatible Rusia (16 preseas, 10 de oro). Esta vertiente viene más acompañada por la valoración subjetiva. Al igual que la natación artística, lo que más premian los jueces es la sincronización y la armonía del grupo, que representa una coreografía acompañada de música, con accesorios tales como aros, cintas, mazas o pelotas. Priman la creatividad y la imaginación.

Sin embargo, España estrenó su casillero en la prueba individual, en Barcelona 1992. “El público hacía tanto ruido que no pude oír el aviso de la música”, recuerda la oriolana Carolina Pascual, la tercera deportista más joven de la historia en conquistar una medalla olímpica. Una plata que supo a oro, porque la gran favorita era la soviética Oleksandra Tymoshenko. Al empezar más tarde el último ejercicio (mazas) por no haber escuchado bien la música (West Side Story), Pascual tuvo que subir la velocidad y aumentar la concentración. El resultado, una ejecución prácticamente perfecta. La plata indignó a una de sus rivales, la campeona mundial Oksana Skaldina: le había superado una mujer que había acabado en undécima posición en los Europeos celebrados un mes antes. “Me llamó cerda, me enganchó del moño y me tiró al suelo”, recuerda la alicantina en una entrevista con EFE. La también española Carmen Acedo rozó el podio al finalizar en cuarta posición.

Cuatro años después, en Atlanta, el equipo español hizo historia al proclamarse campeón olímpico por delante de Bulgaria y Rusia, estrenando el palmarés de la gimnasia rítmica por conjuntos, que entraba en el programa ese mismo año. Las llamadas ‘Niñas de Oro’, (Marta Baldó, Nuria Cabanillas, Estela Giménez, Lorena Guréndez, Tania Lamarca y Estíbaliz Martínez) ganaron el oro con una dificultad añadida, la de no haber podido entrenar juntas durante gran parte de ciclo olímpico ya que cada una pertenecía a un club distinto y vivían en ciudades diferentes. Dos años antes ni siquiera se conocían. Tuvieron que dejar temporalmente los estudios, someterse a duros entrenamientos diarios y dietas exigentes. La presión fue tal que María Pardo, una de las integrantes del equipo, abandonó la concentración a dos meses de los Juegos. Marta y Estela también estuvieron a punto de dejarlo. Otra de las complicaciones fue la lesión de menisco de Estíbaliz, que aplazó el quirófano hasta después de los Juegos. Los irregulares entrenamientos previos a la competición y el nerviosismo latente podían haber pasado factura, incluso rozaron lo que pudo haber sido un fallo terrible en el momento clave de ejercicio final, con Estíbaliz agarrando la pelota en el aire, cual portero de fútbol. “Al ver la pelota como unos veinte centímetros más lejos de lo normal, pensé un instante que nos quedábamos sin medalla; no sé cómo lo hice, pero me estiré más larga de lo que soy y conseguí atraparla; nunca estuve más rápida en mi vida”, reveló Estíbaliz en el libro ‘Españoles de oro’, de Fernando Olmeda.

20 años después llegaría la plata conseguida por el equipo de gimnasia liderado por Alejandra Quereda (hoy entrenadora absoluta) junto a Elena López, Lourdes Mohedano, Sandra Aguilar y Artemi Gavezou. Cuatro de ellas fueron cuartas en Londres por una polémica valoración de los jueces. En Rio estuvieron a punto de arrebatar el oro a un país, Rusia, que era dominador indiscutible desde principios de siglo. Si cada medalla ha costado el triple de su peso en sacrificio, esta última lo ejemplifica sobre todo por el tremendo desgaste físico de las gimnastas, que volvieron a casa completamente destrozadas. Quereda y López tuvieron que ser operadas (Elena ha pasado cuatro veces por el quirófano y disputó el Mundial de 2013 con el menisco roto). Todas se retiraron poco después de los Juegos, y el equipo ha sufrido una profunda restructuración que derrocha juventud ( Alba Polo, Clara Esquerdo, Ana Gayán, Victoria Cuadrillero, Sara Salarrullana y Emma Reyes). Desgraciadamente, no han podido sacar billete para Tokio.

Allí si estará el equipo de gimnasia artística, la otra gran modalidad de los Juegos Olímpicos. España nunca ha conseguido un metal por conjuntos, pero sí en el apartado individual con la madrileña Patricia Moreno, que logró el bronce en Atenas 2004 pese a no estar en las quinielas. Su mayor ambición era figurar entre las cinco mejores. “Recuerdo cuando gané la medalla y todavía me pongo hasta nerviosa; me quedé paralizada», contó en una entrevista en MARCA. Se inspiró en las gimnastas de Barcelona 92 y cambió la rítmica por la artística, donde se requieren mayores capacidades físicas por la velocidad con la que hay que realizar los movimientos corporales. Patricia subió al podio en suelo, donde tuvo que llevar a cabo elementos acrobáticos, flexibilidad, de danza, saltos y giros con cambios de dirección. En los Juegos han alcanzado la posterioridad en gimnasia artística leyendas de la talla de Larisa Latýnina (mujer con más medallas de la historia), Nadia Comaneci (primera en lograr una puntuación perfecta) o Simone Biles, que aspira a ser la primera en ganar cinco oros en unos Juegos. En Rio se quedó a dos peldaños del podio en Viga de equilibrio de conseguirlo.

En la capital nipona, las miradas se centran en el equipo femenino, ausente en Pekín 2008, Londres 2012 y Rio 2016. Hasta entonces la participación había sido muy positiva, con dos quintos puestos, un cuarto y un séptimo desde Barcelona 92. La racha de ausencias se terminó en octubre de 2019, en un preolímpico donde acabaron duodécimas, sacando el último billete disponible por delante de Brasil. Las integrantes entonces fueron Ana Pérez, Roxana Popa, Cintia Rodríguez, Marina González y Alba Petisco. La primera, campeona de España entre 2015 y 2019  y olímpica en Rio en el apartado individual, se cayó del grupo por un accidente a principios de año en una cama elástica. Se rompió dos ligamentos del tobillo derecho y el cuarto metatarsiano del pie izquierdo. La lesión de rodilla sufrida por Cintia en el preolímpico se complicó con una rotura de menisco mientras hacía una sesión de ballet telemática durante el confinamiento obligado por la pandemia. Había sido la mejor española de las que disputaron el Mundial en 2019 con un 21º puesto.

La selección final de cuatro gimnastas lo conforman Roxana Popa, Marina González, Alba Petisco y Laura Bechdejú. «Las chicas que van a estar en los Juegos Olímpicos han sabido superar todos los obstáculos y trabajar al máximo para llegar a su objetivo. Son, como ya he dicho otras veces, unas guerreras muy valientes y que van a salir a la pista a darlo todo. Son un gran equipo», declaró la seleccionadora española, una Lucía Guisado que participa en sus séptimos Juegos Olímpicos como técnica. Pese a la dificultad de pelear por las medallas, las gimnastas españolas se están haciendo notar en la Villa Olímpica, mostrando cada movimiento a través de redes sociales y enganchando al público con bailes de todo tipo y en cualquier lugar: en el aeropuerto, en los pasillos del hotel… ¡donde sea!

La carismática líder en este sentido, que está posicionando al equipo y sus compañeras en el escaparate, es la catalana Marina González, que ya causó sensación con la original presentación de las equipaciones para Tokio en su TikTok, donde cuenta con casi 400.000 seguidores. En todas sus redes comparte el día a día en la Villa Olímpica, así como los bailes con su compañera de fatigas, Roxana Popa. Si a eso le añadimos la increíble puesta en escena de la Federación de Gimnasia, con su vídeo ‘la conquista de Tokio’, el resultado es el esperado: máxima visibilidad en el mejor escenario posible. Están aprovechando la cita olímpica a la perfección, y la guinda será firmar una gran actuación a partir del próximo domingo sobre las diez de la mañana, hora española. Lo harán de fábula.

Imagen de cabecera: Sphera Sports