_Alemania

El armario de Flick

Juanma Perera @juanmaHumilAfic 21-01-2020

Aterrizar en un equipo como el Bayern con la temporada ya avanzada no es algo habitual. Los grandes no suelen cambiar de técnico así, de buenas a primeras, pero en el conjunto bávaro ha ocurrido eso en dos de las tres últimas temporadas. Primero fue la llamada urgente a un jubilado Jupp Heynckes para sustituir a Ancelotti. En esta ocasión, y de manera sorprendente, “Hansi” Flick para relevar a Niko Kovac. Flick apareció como interino, pero tras varias especulaciones sobre posibles técnicos, al final se decidió que el ex miembro del cuerpo técnico de Die Mannschaft se hiciera cargo del banquillo hasta verano y luego ya se hablaría sobre su futuro.

Con Flick, el Bayern no es que haya cambiado considerablemente con respecto a lo visto anteriormente, porque en ocasiones sigue cometiendo errores de bulto. Sin embargo, mantiene algo que le ha caracterizado siempre: la contundencia. Si te enfrentas al Bayern, tienes tus ocasiones y fallas, es muy probable que, a la mínima ocasión que tenga el conjunto muniqués, se acabe llevando el partido. Ese espíritu, sumado al factor Lewandowski y a otros, hacen del Bayern un equipo siempre temible.

El problema que tiene Flick es el de un término muy viciado, el del “fondo de armario”. Los equipos grandes suelen jugar una media de 60 encuentros oficiales por temporada y, en muchas ocasiones, llegan lesiones, a veces de larga duración. Si ese fondo de armario estuviera lleno, las opciones del técnico para reemplazar las piezas “defectuosas” serían infinitas, pero no es el caso del club de Múnich.

Sin jugadores como Süle o Coman, hay otros como Javi Martínez o Serge Gnabry que han estado tiempo de baja. ¿Qué hacer ante eso? Si no llegan refuerzos, pues toca mirar hacia abajo y, de esta manera, el técnico ha dado oportunidad a jugadores de categorías inferiores, como Joshua Zirkzee, que ya acumula minutos y goles en el primer equipo. El neerlandés es uno de los protagonistas de la mejor participación bávara en la UEFA Youth League y por ese buen rendimiento abajo, algunos de esos chavales llegan a la élite por sus méritos, pero, además, porque no hay más donde mirar.

En clubes como estos, la cantera se mira de reojo y con recelo, esperando al chico adecuado, metiéndolo con pinzas, cruzando los dedos para que las bajas importantes se vayan recuperando y el entrenador disponga de más cartas para crear su particular castillo de naipes. Esta falta de recursos, la escasez del fondo de armario, puede llevar al Bayern a no cumplir los objetivos, puesto que va a remolque en la Bundesliga y en Champions y DFB Pokal cada vez van quedando rivales más complicados.

Zirkzee es sólo un ejemplo, como Dajaku, Lukas Mai, Singh, etc. Chicos que intentan derribar la puerta desde abajo. Sin embargo, el Bayern Múnich necesita más. La aparición de todos ellos en algún momento en las convocatorias obedece a que ese fondo está más bien vacío, sin efectivos. Y si a eso se le suma que a los que tienes y son jóvenes que llegan de otros clubes, no les das continuidad, como pueden ser Arp y Cuisance, pues peor aún. El club está viviendo un momento de transición, tanto a nivel directivo, como deportivo. Aunque no va a dejar de luchar por los títulos porque es el Bayern, ese pequeño “fondo de armario” puede desgastar a los jugadores y, tarde o temprano, puede que lo acaben pagando. En las manos de “Hansi” Flick está el gestionar bien esa situación y saber sacar el máximo de los que vienen de abajo, o de aquellos que cuentan poco, cuando la enfermería se llene o las sanciones se acumulen.

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Aterrizar en un equipo como el Bayern con la temporada ya avanzada no es algo habitual. Los grandes no suelen cambiar de técnico así, de buenas a primeras, pero en el conjunto bávaro ha ocurrido eso en dos de las tres últimas temporadas. Primero fue la llamada urgente a un jubilado Jupp Heynckes para sustituir a Ancelotti. En esta ocasión, y de manera sorprendente, “Hansi” Flick para relevar a Niko Kovac. Flick apareció como interino, pero tras varias especulaciones sobre posibles técnicos, al final se decidió que el ex miembro del cuerpo técnico de Die Mannschaft se hiciera cargo del banquillo hasta verano y luego ya se hablaría sobre su futuro.

Con Flick, el Bayern no es que haya cambiado considerablemente con respecto a lo visto anteriormente, porque en ocasiones sigue cometiendo errores de bulto. Sin embargo, mantiene algo que le ha caracterizado siempre: la contundencia. Si te enfrentas al Bayern, tienes tus ocasiones y fallas, es muy probable que, a la mínima ocasión que tenga el conjunto muniqués, se acabe llevando el partido. Ese espíritu, sumado al factor Lewandowski y a otros, hacen del Bayern un equipo siempre temible.

El problema que tiene Flick es el de un término muy viciado, el del “fondo de armario”. Los equipos grandes suelen jugar una media de 60 encuentros oficiales por temporada y, en muchas ocasiones, llegan lesiones, a veces de larga duración. Si ese fondo de armario estuviera lleno, las opciones del técnico para reemplazar las piezas “defectuosas” serían infinitas, pero no es el caso del club de Múnich.

Sin jugadores como Süle o Coman, hay otros como Javi Martínez o Serge Gnabry que han estado tiempo de baja. ¿Qué hacer ante eso? Si no llegan refuerzos, pues toca mirar hacia abajo y, de esta manera, el técnico ha dado oportunidad a jugadores de categorías inferiores, como Joshua Zirkzee, que ya acumula minutos y goles en el primer equipo. El neerlandés es uno de los protagonistas de la mejor participación bávara en la UEFA Youth League y por ese buen rendimiento abajo, algunos de esos chavales llegan a la élite por sus méritos, pero, además, porque no hay más donde mirar.

En clubes como estos, la cantera se mira de reojo y con recelo, esperando al chico adecuado, metiéndolo con pinzas, cruzando los dedos para que las bajas importantes se vayan recuperando y el entrenador disponga de más cartas para crear su particular castillo de naipes. Esta falta de recursos, la escasez del fondo de armario, puede llevar al Bayern a no cumplir los objetivos, puesto que va a remolque en la Bundesliga y en Champions y DFB Pokal cada vez van quedando rivales más complicados.

Zirkzee es sólo un ejemplo, como Dajaku, Lukas Mai, Singh, etc. Chicos que intentan derribar la puerta desde abajo. Sin embargo, el Bayern Múnich necesita más. La aparición de todos ellos en algún momento en las convocatorias obedece a que ese fondo está más bien vacío, sin efectivos. Y si a eso se le suma que a los que tienes y son jóvenes que llegan de otros clubes, no les das continuidad, como pueden ser Arp y Cuisance, pues peor aún. El club está viviendo un momento de transición, tanto a nivel directivo, como deportivo. Aunque no va a dejar de luchar por los títulos porque es el Bayern, ese pequeño “fondo de armario” puede desgastar a los jugadores y, tarde o temprano, puede que lo acaben pagando. En las manos de “Hansi” Flick está el gestionar bien esa situación y saber sacar el máximo de los que vienen de abajo, o de aquellos que cuentan poco, cuando la enfermería se llene o las sanciones se acumulen.

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