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El año de la pantera

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 20-09-2018

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Hay vientos de cambio en Bilbao.
También generacional. Aritz Aduriz y Raúl García, los dos futbolistas que han
representado mejor el estilo del Athletic Club en los últimos años, con un
juego más directo, repleto de centros exteriores, encaminado a explotar la
pegada en el área y a exprimir su poderío aéreo están entregando, paulatina y necesariamente, la herencia de su
ascendencia dentro del equipo en manos de los dos nuevos adalides del ataque
rojiblanco, del futuro inmediato y ya presente del club, mientras todavía
coexisten con ellos. Un Iker Muniain como epicentro y director de ataques desde
su paso definitivo a la mediapunta y un Iñaki Williams como
percutor-finalizador de jugadas, aunque aún por definir específicamente a nivel
posicional, que conforman un dúo radicalmente distinto, que está tomando las
riendas de forma cada vez más lógica y evidente y que debe, al mismo tiempo,
buscarse dentro del terreno de juego para crecer de la mano y de la mano hacer
crecer al club.

El aterrizaje de Eduardo Berizzo,
en ese sentido y en el caso concreto de Iñaki Williams, es tremendamente
estimulante para que el punta de la Txantrea pase a ser una de las columnas
principales del proyecto ya sin ambages, después de tantas idas y venidas y
debates sobre su posición ideal. Con el entrenador argentino, un hecho parece
ya ser cristalino: su escenario ha dejado de ser, de base, el que había sido
mayoritariamente hasta ahora, es decir, la banda derecha; para pasar a ser
cualquiera de las otras dos posiciones de punta, con sus evidentes matices y
peculiaridades. Y todo ello dentro de un estilo en el que impera la intensidad
en la primera presión, el elevado tono físico a nivel colectivo, la voluntad de
ser protagonista, de imponer ritmos altos de partido y las intenciones siempre
verticales y veloces una vez se recupera la pelota lo más adelante posible. Un
estilo que casa muy bien a priori con las virtudes de un Williams que siempre
pone en liza un coraje y un corazón contagiosos.

Iñaki Williams necesita enfocar
su carrera al carril central, a finalizar en el área o sus inmediaciones y así
lo lleva pidiendo desde hace tiempo. El cambio de dorsal del 11 al 9 que ha
llevado a cabo este verano ya es una circunstancia totalmente simbólica. Mucho
se ha hablado y se ha escrito sobre sus todavía escasas dotes para ser una
referencia en cuanto definición ante el arco rival, pero si continuaba como
hasta ahora, sin poder medirse cada fin de semana como referencia numérica,
plenamente potenciado a terminar jugadas y lejos de los límites que suponía
para su dinámico e incisivo juego la banda derecha, ni íbamos a poder
comprobarlo con todos los elementos de juicio suficientes y necesarios y ni
siquiera él mismo iba a poder crecer en el apartado puramente goleador. Algo
que por otro lado tampoco ha sido traumático, aunque evidentemente este nuevo
Athletic necesite que eleve sus cifras para compensar la pérdida de la pegada
que definió sus últimos años.

El curso pasado, sin ir más
lejos, ejerciendo generalmente de extremo derecho, Williams realizó siete
dianas en Liga, que no son en absoluto unos malos números para dicha
demarcación. Y ya en este inicio de temporada, aunque todavía no haya abierto
la lata y su olfato no sea, al menos todavía, el de un killer, no puede
decirse que el ariete navarro no esté generando ocasiones manifiestas de gol.
Un remate con el exterior franco que se le marcha a la derecha ante el Leganés,
dos palos en dos grandes disparos cruzados desde el perfil derecho ante el
Huesca o el gol que marca su compinche Muniain al Real Madrid tras un envío
raso desde el costado, en el que en circunstancias normales hubiese sido él
quien hubiese sumado el gol a su estadística tras tocar el cuero en dirección a
la portería en el primer palo, son un bagaje más que suficiente para que al
menos contase ya con dos o tres tantos en su haber. Además, su cuota productiva
ya ha empezado a funcionar, con dos asistencias que ponen sobre la mesa que
también su fútbol es muy valioso para sus compañeros, más allá de ejercer de
rematador. Sus guarismos, por tanto, ya medianamente positivos el año pasado, a
buen seguro no harán otra cosa que mejorar desde su renovado contexto táctico.

Y lo harán a través de las dos
nuevas vías consolidadas que Berizzo parece haber construido para él. La
primera de ellas, como relevo de Aduriz en la posición de nueve, estirando con
mucha profundidad al equipo, inyectando una movilidad al frente del ataque que
empezaba a echarse en falta en San Mamés, devorando metros a campo abierto y a
base de su enorme potencia innata cuando el equipo pueda transitar con más
espacios, erigiéndose en un perseguidor muy molesto para los centrales en los
primeros pases del rival, tirando desmarques y rupturas a la espalda de la zaga
que abran un mayor abanico vertical a Muniain… De hecho, su mejor encuentro
hasta la fecha fue ahí, ante el Huesca. Y siendo cierto que todavía sufre mucho
-incluso para aparecer, no ya para brillar- cuando tiene que enfrentar bloques
y repliegues más bajos para imponerse en el área, Berizzo cuenta con una baza
compensatoria ideal como es Raúl García, al que puede situar como segunda punta
de facto por detrás de Williams cuando este ejerza de referencia, para así
rellenar la zona de gol con llegada y con un punch superior para el juego
lateral o frontal más directo.

El otro escenario que puede
alternar y que a buen seguro seguirá haciendo, es el que hoy día parece encajar
mejor con sus virtudes. Con Iker Muniain tocando muchas veces el balón en tres
cuartos gracias al flujo que le proporciona un importante Dani García desde la
medular, Williams, partiendo desde la izquierda, pero sobre todo amenazando el
pico de área con un mejor ángulo para que su cantidad de disparos a portería
aumente sensiblemente, ya que también tiene potencial para ser una amenaza
considerable desde la media distancia; puede empezar a ser un delantero mucho
más determinante, que aproveche mucho mejor esos envíos filtrados del número
diez rojiblanco. Con un lateral zurdo como Yuri, que es plenamente capaz de
ocuparse de toda la banda y que le va a permitir afianzarse en
el carril intermedio, el canterano del Athletic puede trazar dañinas
diagonales, adentrarse en el área con y sin balón, juntarse y alejarse de
Muniain a través de paredes y compartir la escena y también el área con un
Aduriz que, en el punto de penalti, sigue siendo un nueve temible y un factor
que por obligación atrae la atención de los centrales para despejarle un poco
el camino al gol.

De este dual e intercambiable modo, en función de
los jugadores disponibles para cada partido y del adversario al que deberá
enfrentar, el Athletic no solo puede ganar un futbolista que vaya aumentando su
determinación en los resultados y la productividad más directa del equipo sin
perder un estilete ofensivo con la velocidad, la explosividad y la potencia de
muy pocos en La Liga; sino que puede ganar su propio presente y su futuro más
cercano. Sus medios, su estructura, su sistema, su juego. El año de la pantera ni siquiera
existe en el célebre calendario chino, pero eso poco importa en Bilbao. Este
año tiene que ser el suyo. El año de Iñaki Williams.

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Hay vientos de cambio en Bilbao.
También generacional. Aritz Aduriz y Raúl García, los dos futbolistas que han
representado mejor el estilo del Athletic Club en los últimos años, con un
juego más directo, repleto de centros exteriores, encaminado a explotar la
pegada en el área y a exprimir su poderío aéreo están entregando, paulatina y necesariamente, la herencia de su
ascendencia dentro del equipo en manos de los dos nuevos adalides del ataque
rojiblanco, del futuro inmediato y ya presente del club, mientras todavía
coexisten con ellos. Un Iker Muniain como epicentro y director de ataques desde
su paso definitivo a la mediapunta y un Iñaki Williams como
percutor-finalizador de jugadas, aunque aún por definir específicamente a nivel
posicional, que conforman un dúo radicalmente distinto, que está tomando las
riendas de forma cada vez más lógica y evidente y que debe, al mismo tiempo,
buscarse dentro del terreno de juego para crecer de la mano y de la mano hacer
crecer al club.

El aterrizaje de Eduardo Berizzo,
en ese sentido y en el caso concreto de Iñaki Williams, es tremendamente
estimulante para que el punta de la Txantrea pase a ser una de las columnas
principales del proyecto ya sin ambages, después de tantas idas y venidas y
debates sobre su posición ideal. Con el entrenador argentino, un hecho parece
ya ser cristalino: su escenario ha dejado de ser, de base, el que había sido
mayoritariamente hasta ahora, es decir, la banda derecha; para pasar a ser
cualquiera de las otras dos posiciones de punta, con sus evidentes matices y
peculiaridades. Y todo ello dentro de un estilo en el que impera la intensidad
en la primera presión, el elevado tono físico a nivel colectivo, la voluntad de
ser protagonista, de imponer ritmos altos de partido y las intenciones siempre
verticales y veloces una vez se recupera la pelota lo más adelante posible. Un
estilo que casa muy bien a priori con las virtudes de un Williams que siempre
pone en liza un coraje y un corazón contagiosos.

Iñaki Williams necesita enfocar
su carrera al carril central, a finalizar en el área o sus inmediaciones y así
lo lleva pidiendo desde hace tiempo. El cambio de dorsal del 11 al 9 que ha
llevado a cabo este verano ya es una circunstancia totalmente simbólica. Mucho
se ha hablado y se ha escrito sobre sus todavía escasas dotes para ser una
referencia en cuanto definición ante el arco rival, pero si continuaba como
hasta ahora, sin poder medirse cada fin de semana como referencia numérica,
plenamente potenciado a terminar jugadas y lejos de los límites que suponía
para su dinámico e incisivo juego la banda derecha, ni íbamos a poder
comprobarlo con todos los elementos de juicio suficientes y necesarios y ni
siquiera él mismo iba a poder crecer en el apartado puramente goleador. Algo
que por otro lado tampoco ha sido traumático, aunque evidentemente este nuevo
Athletic necesite que eleve sus cifras para compensar la pérdida de la pegada
que definió sus últimos años.

El curso pasado, sin ir más
lejos, ejerciendo generalmente de extremo derecho, Williams realizó siete
dianas en Liga, que no son en absoluto unos malos números para dicha
demarcación. Y ya en este inicio de temporada, aunque todavía no haya abierto
la lata y su olfato no sea, al menos todavía, el de un killer, no puede
decirse que el ariete navarro no esté generando ocasiones manifiestas de gol.
Un remate con el exterior franco que se le marcha a la derecha ante el Leganés,
dos palos en dos grandes disparos cruzados desde el perfil derecho ante el
Huesca o el gol que marca su compinche Muniain al Real Madrid tras un envío
raso desde el costado, en el que en circunstancias normales hubiese sido él
quien hubiese sumado el gol a su estadística tras tocar el cuero en dirección a
la portería en el primer palo, son un bagaje más que suficiente para que al
menos contase ya con dos o tres tantos en su haber. Además, su cuota productiva
ya ha empezado a funcionar, con dos asistencias que ponen sobre la mesa que
también su fútbol es muy valioso para sus compañeros, más allá de ejercer de
rematador. Sus guarismos, por tanto, ya medianamente positivos el año pasado, a
buen seguro no harán otra cosa que mejorar desde su renovado contexto táctico.

Y lo harán a través de las dos
nuevas vías consolidadas que Berizzo parece haber construido para él. La
primera de ellas, como relevo de Aduriz en la posición de nueve, estirando con
mucha profundidad al equipo, inyectando una movilidad al frente del ataque que
empezaba a echarse en falta en San Mamés, devorando metros a campo abierto y a
base de su enorme potencia innata cuando el equipo pueda transitar con más
espacios, erigiéndose en un perseguidor muy molesto para los centrales en los
primeros pases del rival, tirando desmarques y rupturas a la espalda de la zaga
que abran un mayor abanico vertical a Muniain… De hecho, su mejor encuentro
hasta la fecha fue ahí, ante el Huesca. Y siendo cierto que todavía sufre mucho
-incluso para aparecer, no ya para brillar- cuando tiene que enfrentar bloques
y repliegues más bajos para imponerse en el área, Berizzo cuenta con una baza
compensatoria ideal como es Raúl García, al que puede situar como segunda punta
de facto por detrás de Williams cuando este ejerza de referencia, para así
rellenar la zona de gol con llegada y con un punch superior para el juego
lateral o frontal más directo.

El otro escenario que puede
alternar y que a buen seguro seguirá haciendo, es el que hoy día parece encajar
mejor con sus virtudes. Con Iker Muniain tocando muchas veces el balón en tres
cuartos gracias al flujo que le proporciona un importante Dani García desde la
medular, Williams, partiendo desde la izquierda, pero sobre todo amenazando el
pico de área con un mejor ángulo para que su cantidad de disparos a portería
aumente sensiblemente, ya que también tiene potencial para ser una amenaza
considerable desde la media distancia; puede empezar a ser un delantero mucho
más determinante, que aproveche mucho mejor esos envíos filtrados del número
diez rojiblanco. Con un lateral zurdo como Yuri, que es plenamente capaz de
ocuparse de toda la banda y que le va a permitir afianzarse en
el carril intermedio, el canterano del Athletic puede trazar dañinas
diagonales, adentrarse en el área con y sin balón, juntarse y alejarse de
Muniain a través de paredes y compartir la escena y también el área con un
Aduriz que, en el punto de penalti, sigue siendo un nueve temible y un factor
que por obligación atrae la atención de los centrales para despejarle un poco
el camino al gol.

De este dual e intercambiable modo, en función de
los jugadores disponibles para cada partido y del adversario al que deberá
enfrentar, el Athletic no solo puede ganar un futbolista que vaya aumentando su
determinación en los resultados y la productividad más directa del equipo sin
perder un estilete ofensivo con la velocidad, la explosividad y la potencia de
muy pocos en La Liga; sino que puede ganar su propio presente y su futuro más
cercano. Sus medios, su estructura, su sistema, su juego. El año de la pantera ni siquiera
existe en el célebre calendario chino, pero eso poco importa en Bilbao. Este
año tiene que ser el suyo. El año de Iñaki Williams.

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