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El anillo de Kobe

El 26 de enero de 2020 el mundo del baloncesto recibía una de esas noticias que jamás piensa que pueda suceder. Fallecía Kobe Bryant en un accidente de helicóptero. Se marchaba para siempre el mito, el último laker capaz de ganar 5 anillos, el ídolo de una generación que llegó a compararlo con Michael Jordan. La noticia cayó como una bomba en la NBA, especialmente en Los Lakers y particularmente en LeBron James, que ironías del destino le había superado sólo unos días antes como tercer máximo anotador de la historia. Las últimas palabras de Kobe fueron a través de twitter para precisamente felicitar a LeBron por este hecho y ofrecer todo el respeto a su «hermano».

Para siempre esas imágenes de un James entre lágrimas nada más bajar de un avión al enterarse de que su hermano se había ido para no volver. Sin embargo, en la tragedia se empezó a gestar el anillo más difícil de la historia de la franquicia angelina. Difícil por la complejidad de la «misión», Kobe desde el cielo mandaba el mensaje para recuperar el trono de la NBA para el equipo de toda su vida. Debía ser su legado. Era aún más complejo porque una maldita pandemia paraba la NBA en mitad de temporada por primera en la historia. Después de más de 4 meses de parón se reanudaba una competición en una burbuja en Orlando llena de incógnitas.

Sus vecinos, Los Angeles Clippers, además, habían hecho el mejor equipo de siempre en la franquicia y los Bucks de Giannis Antetokounmpo parecían arrasar. Era muy difícil. Ya en el primer duelo directo ante los Clippers, y con el primer puesto del oeste en juego, Los Lakers demostraron que iban en serio, que estaban dispuestos a cumplir su misión. A partir de ahí fueron pasando el rodillo por encima de Portland, Houston y Denver para ser campeones del oeste y plantarse en las finales 10 años después.

El primer objetivo de la misión ya estaba cumplido, pero en las finales LeBron se iba a enfrentar no sólo a la gran revelación, sino al equipo con el que consiguió sus 2 primeros anillos: los Miami Heat del mago Erik Spoelstra. Sería injusto decir que en esta misión su estrella estaba sola: como en sus anteriores títulos volvía a estar bien rodeado. Anthony Davis también llegó en busca del anillo que nunca tuvo. Iba a ser su mejor escudero. Tanto que en muchos partidos fue el hombre clave del equipo (para la historia ese game winner en la eliminatoria ante Denver) tanto en ataque, como especialmente en defensa. Franck Vogel, asimismo, iba a conseguir un extra de cada jugador.

También hay que mencionar las enormes finales de KCP, de Caruso o de Rondo. Todo esto unido a que los Heat llegaron casi sin gasolina y perdieron ya el primer dia a Adebayo y Dragic para las primeras batallas. Sin embargo un sobrenatural Jimmy Butler, con 2 triples dobles monstruosos, iba a darle emoción a las finales con un 3-2 en la eliminatoria Aunque en el 6º partido , ya con Adebayo y Dragic recuperados, Miami iba a doblar la rodilla ante los mejores Lakers de toda la temporada: el partido con menos emoción de toda la serie. Al descanso dejaron a su rival en unos 36 puntos, que no se veía en una final desde hacía 6 años y una diferencia de 28 de desventaja, que era la 2ª más grande de siempre en partidos por el anillo.

Con diferencias de casi 40 puntos se desarrolló buena parte del tercer y último cuarto, hasta que los Heat lo maquillaron para el 106-93 final. La misión se había cumplido. Era el momento de dar rienda suelta a las emociones, de liberar toda la tensión acumulada en la temporada más larga y extraña de siempre. De la alegría, del champán y de también de las lágrimas de emoción. Los angelinos ganaban el ansiado anillo 10 años después; aquel de Kobe y Pau ante Boston, e igualaban en la carrera histórica a sus archienemigos Celtics con 17. LeBron cumplía su misión y se ponía su cuarto anillo, el tercero con equipos distintos, el único en la historia en acompañarlos además con 3 MVP. Un James que recogía el legado de Kobe, haciendo realidad su sueño y llevando a sus Lakers de nuevo hasta el cielo. Allí desde donde «la mamba» les ha ido guiando y donde ahora les espera para recibir un anillo para la eternidad.

Imagen de cabecera: Douglas P. DeFelice/Getty Images

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El 26 de enero de 2020 el mundo del baloncesto recibía una de esas noticias que jamás piensa que pueda suceder. Fallecía Kobe Bryant en un accidente de helicóptero. Se marchaba para siempre el mito, el último laker capaz de ganar 5 anillos, el ídolo de una generación que llegó a compararlo con Michael Jordan. La noticia cayó como una bomba en la NBA, especialmente en Los Lakers y particularmente en LeBron James, que ironías del destino le había superado sólo unos días antes como tercer máximo anotador de la historia. Las últimas palabras de Kobe fueron a través de twitter para precisamente felicitar a LeBron por este hecho y ofrecer todo el respeto a su «hermano».

Para siempre esas imágenes de un James entre lágrimas nada más bajar de un avión al enterarse de que su hermano se había ido para no volver. Sin embargo, en la tragedia se empezó a gestar el anillo más difícil de la historia de la franquicia angelina. Difícil por la complejidad de la «misión», Kobe desde el cielo mandaba el mensaje para recuperar el trono de la NBA para el equipo de toda su vida. Debía ser su legado. Era aún más complejo porque una maldita pandemia paraba la NBA en mitad de temporada por primera en la historia. Después de más de 4 meses de parón se reanudaba una competición en una burbuja en Orlando llena de incógnitas.

Sus vecinos, Los Angeles Clippers, además, habían hecho el mejor equipo de siempre en la franquicia y los Bucks de Giannis Antetokounmpo parecían arrasar. Era muy difícil. Ya en el primer duelo directo ante los Clippers, y con el primer puesto del oeste en juego, Los Lakers demostraron que iban en serio, que estaban dispuestos a cumplir su misión. A partir de ahí fueron pasando el rodillo por encima de Portland, Houston y Denver para ser campeones del oeste y plantarse en las finales 10 años después.

El primer objetivo de la misión ya estaba cumplido, pero en las finales LeBron se iba a enfrentar no sólo a la gran revelación, sino al equipo con el que consiguió sus 2 primeros anillos: los Miami Heat del mago Erik Spoelstra. Sería injusto decir que en esta misión su estrella estaba sola: como en sus anteriores títulos volvía a estar bien rodeado. Anthony Davis también llegó en busca del anillo que nunca tuvo. Iba a ser su mejor escudero. Tanto que en muchos partidos fue el hombre clave del equipo (para la historia ese game winner en la eliminatoria ante Denver) tanto en ataque, como especialmente en defensa. Franck Vogel, asimismo, iba a conseguir un extra de cada jugador.

También hay que mencionar las enormes finales de KCP, de Caruso o de Rondo. Todo esto unido a que los Heat llegaron casi sin gasolina y perdieron ya el primer dia a Adebayo y Dragic para las primeras batallas. Sin embargo un sobrenatural Jimmy Butler, con 2 triples dobles monstruosos, iba a darle emoción a las finales con un 3-2 en la eliminatoria Aunque en el 6º partido , ya con Adebayo y Dragic recuperados, Miami iba a doblar la rodilla ante los mejores Lakers de toda la temporada: el partido con menos emoción de toda la serie. Al descanso dejaron a su rival en unos 36 puntos, que no se veía en una final desde hacía 6 años y una diferencia de 28 de desventaja, que era la 2ª más grande de siempre en partidos por el anillo.

Con diferencias de casi 40 puntos se desarrolló buena parte del tercer y último cuarto, hasta que los Heat lo maquillaron para el 106-93 final. La misión se había cumplido. Era el momento de dar rienda suelta a las emociones, de liberar toda la tensión acumulada en la temporada más larga y extraña de siempre. De la alegría, del champán y de también de las lágrimas de emoción. Los angelinos ganaban el ansiado anillo 10 años después; aquel de Kobe y Pau ante Boston, e igualaban en la carrera histórica a sus archienemigos Celtics con 17. LeBron cumplía su misión y se ponía su cuarto anillo, el tercero con equipos distintos, el único en la historia en acompañarlos además con 3 MVP. Un James que recogía el legado de Kobe, haciendo realidad su sueño y llevando a sus Lakers de nuevo hasta el cielo. Allí desde donde «la mamba» les ha ido guiando y donde ahora les espera para recibir un anillo para la eternidad.

Imagen de cabecera: Douglas P. DeFelice/Getty Images

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Marcos Pimentel @PimenMarcos77
18-01-2022