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El Andrés Iniesta de la pizarra

José Gavilán @futbol_internac 18-10-2018

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Sereno. Tranquilo. Prudente. La personalidad de Pablo Machín nos transporta a la meseta de España con rasgos norteños. Si fuera actor de película podría ser perfectamente un vaquero del lejano oeste. Duro. Contenido. Reposado.

Su tono de voz es sosegado, no cambia. No dice una palabra más alta que otra, no se llena la boca de tecnicismos para aparentar ser un erudito en su profesión. No intenta llamar la atención con gritos o extravagancias. Es normal y ésa es su mayor virtud. Se declara una persona de pocos excesos, poco dramático en la derrota y comedido en la victoria. El trabajo es la palabra que más aparece en sus discursos, quizás por tratarse de un hombre de pueblo que creció en una familia de agricultores entre tractores y campo. No necesita inventarse un máster o representar una figura que no es. Presume de tener el carnet de autobús, de ambulancia y de camión, de ser monitor de natación y haberse formado como maestro. Como él mismo dice, “no todos salimos de casa de los Austrias”. No mea colonia. Pablo Machín no siente que es un referente, no le importa estar considerado entre los entrenadores con más talento de España. Siente orgullo de ver el nombre de su pueblo escrito en uno de los azulejos de la Plaza de España. Tiene los pies en el suelo y no olvida de dónde viene para poder encarar el futuro con mayor ilusión. Es el Andrés Iniesta de la pizarra. Lo que más extraña de su personalidad es que es excesivamente normal.

Su destino era estar en los banquillos. Dejó de jugar porque veía que no era un fenómeno sobre el terreno de juego. Sí, se lesionó a los 23 años pero no fue el motivo de su adiós como futbolista. Sentía que no estaba predestinado para ello y asegura que nunca lo echó de menos. Porque Machín nació para entrenar. Sus cimientos como técnico es fomentar la cultura del esfuerzo a su plantilla. El talento es innato de cada jugador.

El trabajo del técnico del Sevilla es encomiable. Los focos señalan a Banega, André Silva o Franco Vázquez. Pero detrás de ellos está el soriano y su filosofía. Capaz de sacar el lado positivo del momento más complicado. Sin tantas bajas asegura que nunca se hubiese atrevido, ni siquiera planteado, poner a Banega de pivote acompañado de dos mediapuntas con vocación ofensiva. “¿Son buenos?: pues búscate la vida para ponerlos”, se preguntaba y se respondía Pablo Machín en la fantástica charla que mantuvo con Antoñito en la televisión del club. Algo tan fácil como difícil de ver en el fútbol. Los entrenadores suelen ser inflexibles a sus ideas iniciales y ante los problemas intentan cubrirse las espaldas antes que arriesgar. “Me tengo que buscar la vida para que los mejores jugadores encuentren un contexto adecuado para poder rendir”, afirmó el entrenador del Sevilla Fútbol club.  

Como entrenador asegura que prefiere quedar 1-0 que 5-4. Su explicación es sencilla. Su trabajo está más enfocado en mejorar el aspecto táctico defensivo grupal que el ofensivo. Lo segundo es más dependiente del talento de cada futbolista. Sin embargo, su etapa junto a Juan Carlos Unzué le sirvió para aprender que desde su posición también podía ayudar a los jugadores a crear muchas más ocasiones de gol trabajando ciertos automatismos durante los entrenamientos. En constante aprendizaje.

Pero el mérito siempre es para el futbolista. El propio Machín así lo afirma. Desde su posición intenta darle un entorno favorecedor, cuidándolo más en el aspecto humano que en el aspecto técnico. “Primero entreno personas y luego jugadores”, afirmó el técnico que tiene a su equipo líder en La Liga.  El mejor ejemplo fue la forma de gestionar lo sucedido con Thomas Vaclik. La hija del guardameta checo se cayó desde el balcón y tuvo que ser ingresada (afortunadamente quedó en un susto) el día antes del partido que el Sevilla FC debía disputar ante el Real Madrid. Machín tranquilizó al portero y dejó la decisión de jugar o no recayera en su persona. “Lo que realmente importa es tu familia, tu entorno y tu salud. Cuando tu hija esté bien y tu estés tranquilo, vuelves. Descansa. El fútbol es lo más importante de los menos importante”. Vaclik acudió incluso al entrenamiento matutino, jugó y cuajó una brillante actuación. El entrenador lo puso de ejemplo ante sus compañeros, que a su vez le mostraron su apoyo fortificando el grupo dentro del vestuario. 

Pablo Machín es normal. Nunca se excederá en sus palabras ni adornará las frases para ser un influencer del fútbol. No lo necesita. Tampoco precisa exaltar su entusiasmo o mostrar sus venas llenas de sangre para conectar con el aficionado. No intentará ser lo que no es. Íntegro, honrado y honesto consigo mismo. Un ejemplo. 

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Sereno. Tranquilo. Prudente. La personalidad de Pablo Machín nos transporta a la meseta de España con rasgos norteños. Si fuera actor de película podría ser perfectamente un vaquero del lejano oeste. Duro. Contenido. Reposado.

Su tono de voz es sosegado, no cambia. No dice una palabra más alta que otra, no se llena la boca de tecnicismos para aparentar ser un erudito en su profesión. No intenta llamar la atención con gritos o extravagancias. Es normal y ésa es su mayor virtud. Se declara una persona de pocos excesos, poco dramático en la derrota y comedido en la victoria. El trabajo es la palabra que más aparece en sus discursos, quizás por tratarse de un hombre de pueblo que creció en una familia de agricultores entre tractores y campo. No necesita inventarse un máster o representar una figura que no es. Presume de tener el carnet de autobús, de ambulancia y de camión, de ser monitor de natación y haberse formado como maestro. Como él mismo dice, “no todos salimos de casa de los Austrias”. No mea colonia. Pablo Machín no siente que es un referente, no le importa estar considerado entre los entrenadores con más talento de España. Siente orgullo de ver el nombre de su pueblo escrito en uno de los azulejos de la Plaza de España. Tiene los pies en el suelo y no olvida de dónde viene para poder encarar el futuro con mayor ilusión. Es el Andrés Iniesta de la pizarra. Lo que más extraña de su personalidad es que es excesivamente normal.

Su destino era estar en los banquillos. Dejó de jugar porque veía que no era un fenómeno sobre el terreno de juego. Sí, se lesionó a los 23 años pero no fue el motivo de su adiós como futbolista. Sentía que no estaba predestinado para ello y asegura que nunca lo echó de menos. Porque Machín nació para entrenar. Sus cimientos como técnico es fomentar la cultura del esfuerzo a su plantilla. El talento es innato de cada jugador.

El trabajo del técnico del Sevilla es encomiable. Los focos señalan a Banega, André Silva o Franco Vázquez. Pero detrás de ellos está el soriano y su filosofía. Capaz de sacar el lado positivo del momento más complicado. Sin tantas bajas asegura que nunca se hubiese atrevido, ni siquiera planteado, poner a Banega de pivote acompañado de dos mediapuntas con vocación ofensiva. “¿Son buenos?: pues búscate la vida para ponerlos”, se preguntaba y se respondía Pablo Machín en la fantástica charla que mantuvo con Antoñito en la televisión del club. Algo tan fácil como difícil de ver en el fútbol. Los entrenadores suelen ser inflexibles a sus ideas iniciales y ante los problemas intentan cubrirse las espaldas antes que arriesgar. “Me tengo que buscar la vida para que los mejores jugadores encuentren un contexto adecuado para poder rendir”, afirmó el entrenador del Sevilla Fútbol club.  

Como entrenador asegura que prefiere quedar 1-0 que 5-4. Su explicación es sencilla. Su trabajo está más enfocado en mejorar el aspecto táctico defensivo grupal que el ofensivo. Lo segundo es más dependiente del talento de cada futbolista. Sin embargo, su etapa junto a Juan Carlos Unzué le sirvió para aprender que desde su posición también podía ayudar a los jugadores a crear muchas más ocasiones de gol trabajando ciertos automatismos durante los entrenamientos. En constante aprendizaje.

Pero el mérito siempre es para el futbolista. El propio Machín así lo afirma. Desde su posición intenta darle un entorno favorecedor, cuidándolo más en el aspecto humano que en el aspecto técnico. “Primero entreno personas y luego jugadores”, afirmó el técnico que tiene a su equipo líder en La Liga.  El mejor ejemplo fue la forma de gestionar lo sucedido con Thomas Vaclik. La hija del guardameta checo se cayó desde el balcón y tuvo que ser ingresada (afortunadamente quedó en un susto) el día antes del partido que el Sevilla FC debía disputar ante el Real Madrid. Machín tranquilizó al portero y dejó la decisión de jugar o no recayera en su persona. “Lo que realmente importa es tu familia, tu entorno y tu salud. Cuando tu hija esté bien y tu estés tranquilo, vuelves. Descansa. El fútbol es lo más importante de los menos importante”. Vaclik acudió incluso al entrenamiento matutino, jugó y cuajó una brillante actuación. El entrenador lo puso de ejemplo ante sus compañeros, que a su vez le mostraron su apoyo fortificando el grupo dentro del vestuario. 

Pablo Machín es normal. Nunca se excederá en sus palabras ni adornará las frases para ser un influencer del fútbol. No lo necesita. Tampoco precisa exaltar su entusiasmo o mostrar sus venas llenas de sangre para conectar con el aficionado. No intentará ser lo que no es. Íntegro, honrado y honesto consigo mismo. Un ejemplo. 

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