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Echegoyen y Barceló, a París con amor… y revancha

Llegaron a Tokio 2020 con la vitola de favoritas, dispuestas a conquistar una medalla olímpica de ensueño. Las condiciones no fueron favorables desde el principio, pero la pareja llegó con serias opciones a la última manga, la Medal Race. Al acabar, se habían quedado a un solo punto del tercer puesto. 

“Cuando empiezas a salir en las quinielas es porque has logrado buenos resultados y te has ganado el derecho de estar ahí. Nadie está ahí por casualidad. Paula y yo llevábamos un año y medio con resultados excepcionales. Estábamos consolidadas en el podio y éramos conscientes de nuestras condiciones, pero también sabíamos que íbamos a tener que luchar. En nuestra clase (49erFX) hay 6-7 tripulaciones que pueden conseguir medalla. Y tú lo sabes. Y cada error cuenta muchísimo. Pero sabíamos que podíamos conseguirlo porque ya lo habíamos demostrado durante mucho tiempo”.

Las palabras son de Támara Echegoyen (Orense, 1984), campeona olímpica en 2012 junto a Sofía Toro y Ángela Pumariega (clase de Elliott 6m) y que ha vivido la cara más amarga de los Juegos en las dos últimas ediciones que ha participado, quedando a las puertas del podio tanto en Río (con Berta Betanzos) como en Tokio, ya de la mano de su actual compañera, Paula Barceló (1996, Palma de Mallorca). “Yo a todo el mundo le digo que en Tokio fui mucho mejor regatista que en Londres. Pero es verdad que la medalla de Londres me permitió llegar a los otros Juegos con las mismas opciones. Ganar un oro te da reconocimiento, patrocinio y becas. Si lo inviertes bien y encuentras a las compañeras perfectas (Berta en Río y Paula en Tokio), te permite volver a luchar. Siempre la tengo muy presente, por lo grande que es (se la regalé a mis padres) y por las puertas que me abrió. Estoy muy orgullosa de llegar en tres Juegos distintos a pelear hasta el final, no es nada fácil. Los deportistas tenemos que dar luz a la dificultad que es ir a unos Juegos, y tener opciones de ganar”.

En aguas niponas, Támara y Paula sufrieron el varapalo el primer día: lograron un primer puesto en la primera manga, pero quedaron décimas en la segunda tras sufrir un vuelco, y fueron sancionadas en la tercera por un fuera de línea. Eso implicaba no poder volver a fallar en los días siguientes, bajo riesgo de ser descartadas.

“Sabíamos que eso significaba depender de que nuestras adversarias fallasen. Gestionamos la presión como nadie lo hubiese hecho. Las dos estamos muy orgullosas del papel, nos enfrentamos a unos Juegos que no eran nuestras condiciones y luchamos de forma excepcional. El metal nos habría hecho volver a casa con una sonrisa en lugar de con lágrimas, pero lo que aprendimos con este cuarto puesto nos va a dar más potencial para el futuro”, remarca Támara. Para Paula Barceló eran sus primeros Juegos, pero los afrontaba con la máxima ambición. “Al final el hecho de ir con una compañera con tanta experiencia se te olvida que eres una novata (risas). Lo enfocamos con mucha ambición desde el primer momento, habíamos trabajado mucho para esta cita. Supimos estar a la altura a pesar de todas las adversidades que nos encontramos durante los Juegos. La única decepción habría sido no seguir adelante en los momentos más complicados. La medalla tiene que seguir increíble, te lo puede contar Támara (risas), pero quién sabe que si la hubiéramos ganado estaríamos ahora planteándonos si ir o no a París. Hay que ver la parte positiva (risas)”.

El sabor amargo que dejó ese cuarto puesto abrió un periodo de reflexión, sobre todo en el caso de Echegoyen, que de competir en París lo haría con 40 años. “La realidad es que, para ser sinceras, las dos tenemos situaciones distintas. Yo tengo una experiencia olímpica de muchos años, París serían mis cuartos Juegos Olímpicos. Y Paula llegó a sus primeros Juegos directa a darlo todo, y es normal que esa motivación sea mucho mayor que la mía, sobre todo para tomar esa decisión. Yo necesité un poco más de tiempo, porque la experiencia es un grado pero ya se tiene un cansancio después de tantas campañas. Para París solo quedan dos años, encima está en Marsella, cerca de nuestros familiares y amigos, esperemos que no haya ninguna restricción por pandemia y puedan estar ahí. Es una oportunidad para poder vivir la experiencia de despedirme rodeada de la gente que nos ha seguido y apoyado”.

Una despedida a lo grande, para vengar los dos cuartos puestos y volver a subir al podio, aunque Támara tiene claro que no va a volver a hacer esa cábala. “Yo ya no voy a hacer ese tipo de apuestas porque me salen muy mal Vamos a inventarnos otra cosa. Porque de Río a Tokio fue así, vamos a inventarnos otra para París”, pide entre carcajadas. 

Para Barceló, la decisión fue más fácil. “Desde que terminamos los Juegos tenía claro que era una experiencia que quería volver a vivir. Fue increíble a pesar de ser descafeinados, porque por la pandemia no pudimos disfrutar de unos Juegos como tocaban. Y encima el resultado te deja con la miel en los labios. Tenía bastante claro que quería intentarlo otra vez. No sabía cómo iba a hacer para seguir con los estudios, pero ha salido todo bien, y hemos convencido a Támara (risas) que era lo más importante y difícil”.

De vuelta al agua

La pareja tenía claro que, antes de abordar el ciclo olímpico, los estudios eran lo primero. Támara ha entregado su trabajo de fin de máster y Paula ha acabado los exámenes que le quedaban esta misma semana. En los últimos meses, sin embargo, han conseguido compaginarlo con algunos entrenamientos preparatorios en Santander antes del Europeo que arranca el próximo 5 de julio. “Estamos sorprendidas con el nivel que estamos teniendo después de 7 meses paradas, eso es que lo tenemos bien interiorizado. El Europeo es una buena prueba para saber dónde estamos y ser conscientes de que no entrenamos para tener los resultados que lograremos más adelante, pero sí para hacer un buen papel, recuperar sensaciones y disfrutar”, explica Támara. ¿Expectativas? No debemos llevar ninguna.. Hay que ser realistas con la preparación que se hizo. Tenemos que ver a nivel técnico y estratégico cuáles son los grandes puntos a trabajar. Lo importante es quitarse la presión del resultado y utilizarlo para saber qué tenemos que hacer para llegar preparadas al Mundial (a finales de agosto en Canadá)”. 

La unión de Támara Echegoyen y Paula Barceló esconde una historia curiosa. “Fue un amor a primera vista”, dice la más joven de las dos. Ella había formado pareja desde 2015 con Silvia Mas en la clase 470, pero sus caminos se separaron por diferencias en los objetivos. Por su parte, la pareja de Támara, Berta Betanzos, anunció su retirada en 2018. “Y Támara tenía ganas de más, es incansable”, cuenta Paula. Así que el equipo se lanzó en busca de una tripulante que le acompañara en el 49er mientras la gallega hacía la vuelta al mundo en la Ocean Race. Fue entonces cuando Paula fue a Santander a entrenar con Víctor Payà, que acabó convirtiéndose en su entrenador. “Yo nunca me había subido a un 49er”. Támara hizo un parón con la Ocean Race para probar con ella, le gustó, y se decantó por Paula. “Lo importante es rodearse de buen equipo, que te conozca bien y que sepan elegir”, dice la balear entre risas.

La compenetración fue tal que en 2020 se proclamaron campeonas del mundo contra todo pronóstico para sus rivales. ¿Cuál fue el secreto de aquella gran victoria? “Es lo que no se ve. Paula era nueva en la clase pero se unió a un equipo ya formado desde 2016. Cuando estaba haciendo la vuelta al mundo, la líder era Berta. Al final Berta depositó toda la experiencia y aprendizajes en Paula cuando yo estaba fuera, y Víctor, que se convirtió en nuestro entrenador, entrenó con ella. Patri, nuestra psicóloga, también nos ayudó. El trabajo se hace con tanta calidad que se reducen los tiempos. No creo que nadie pueda decir que un año y medio haya ganado un Mundial. Para conseguir eso, los primeros años son duros. Mucho trabajo y poco resultado. Y lo importante es la confianza y el respeto que hay entre los tripulantes cuando te caes, que te caes mucho (risas). Ganamos el Mundial de 2020 cuando tres meses antes nos habíamos retirado del de 2019. Sabíamos que teníamos que trabajar más que nuestras adversarias, cuando ellas descansaban nosotras íbamos al agua. Y eramos conscientes de que necesitábamos tiempo, aunque quizá menos que otras porque tenemos un método de trabajo que sigue marcando la diferencia”, explica Echegoyen.

¿Y cómo se lleva la diferencia de 12 años entre una y otra? “No soy tan buena como Paula en redes sociales. Ella nació en otro milenio. Ahí lo noto bastante. No sé si tiene genética (risas). Pero la realidad es que no tenemos ningún problema, desde el principio afianzamos una amistad muy sana. En ciertos momentos se ve la diferencia de edad pero siempre para mejor.  Yo puedo aportar experiencia y ella batería para empujar al equipo en los momentos difíciles. En el día a día no lo notamos, seguramente porque Paula será más madura (risas). Al ser así de heterogéneo, el potencial es mayor”.

Mirando al futuro

Ambas saben lo que es vivir un ciclo olímpico excepcionalmente corto. Solo tenían dos años y medio para planificar los Juegos de Tokio, y ahora que han vuelto a los entrenamientos tan solo quedan dos años para los de París. “Las dos somos conscientes que los estudios son esenciales, nos forman también como regatistas”, remarca Támara Echegoyen para justificar los siete meses de parón. Barceló, que estudia medicina, se ve obligada a sacarse la carrera poco a poco, aplazando la especialización hasta que sus piernas digan “basta”. “No sé cuando la terminaré, pero tengo claro que cuando haga el MIR, lo de navegar se me acabará. Así que en ese sentido no tengo mucha prisa. Durante el periodo universitario se puede compaginar, pero una vez que haces el MIR y entras en la residencia, ya no hay deportista de alto nivel ni nada”. París parece que serán los últimos Juegos de Echegoyen, pero Barceló aspira a otros sueños además de esa ansiada medalla olímpica. “Una Volvo no es algo que me llame la atención porque creo que no estoy hecha para eso (risas), pero una Copa América si que me parecería súper bonito”. En ese sentido, la mallorquina denuncia las dificultades de las mujeres para acceder a esas competiciones, dominadas por los hombres.  “Es verdad que a nivel olímpico hay pocas diferencias, pero cuando tenemos que acceder al mundo profesional sigue habiendo muchas desigualdades. A nivel Volvo, Copa América u otros circuitos profesionales en los que es difícil y raro ver una mujer ahí dentro. Es por lo que se está luchando, Támara ya lo ha hecho en la Volvo. Todavía quedan barreras por destruir”.

Imagen de cabecera: @paula.barcelo

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Llegaron a Tokio 2020 con la vitola de favoritas, dispuestas a conquistar una medalla olímpica de ensueño. Las condiciones no fueron favorables desde el principio, pero la pareja llegó con serias opciones a la última manga, la Medal Race. Al acabar, se habían quedado a un solo punto del tercer puesto. 

“Cuando empiezas a salir en las quinielas es porque has logrado buenos resultados y te has ganado el derecho de estar ahí. Nadie está ahí por casualidad. Paula y yo llevábamos un año y medio con resultados excepcionales. Estábamos consolidadas en el podio y éramos conscientes de nuestras condiciones, pero también sabíamos que íbamos a tener que luchar. En nuestra clase (49erFX) hay 6-7 tripulaciones que pueden conseguir medalla. Y tú lo sabes. Y cada error cuenta muchísimo. Pero sabíamos que podíamos conseguirlo porque ya lo habíamos demostrado durante mucho tiempo”.

Las palabras son de Támara Echegoyen (Orense, 1984), campeona olímpica en 2012 junto a Sofía Toro y Ángela Pumariega (clase de Elliott 6m) y que ha vivido la cara más amarga de los Juegos en las dos últimas ediciones que ha participado, quedando a las puertas del podio tanto en Río (con Berta Betanzos) como en Tokio, ya de la mano de su actual compañera, Paula Barceló (1996, Palma de Mallorca). “Yo a todo el mundo le digo que en Tokio fui mucho mejor regatista que en Londres. Pero es verdad que la medalla de Londres me permitió llegar a los otros Juegos con las mismas opciones. Ganar un oro te da reconocimiento, patrocinio y becas. Si lo inviertes bien y encuentras a las compañeras perfectas (Berta en Río y Paula en Tokio), te permite volver a luchar. Siempre la tengo muy presente, por lo grande que es (se la regalé a mis padres) y por las puertas que me abrió. Estoy muy orgullosa de llegar en tres Juegos distintos a pelear hasta el final, no es nada fácil. Los deportistas tenemos que dar luz a la dificultad que es ir a unos Juegos, y tener opciones de ganar”.

En aguas niponas, Támara y Paula sufrieron el varapalo el primer día: lograron un primer puesto en la primera manga, pero quedaron décimas en la segunda tras sufrir un vuelco, y fueron sancionadas en la tercera por un fuera de línea. Eso implicaba no poder volver a fallar en los días siguientes, bajo riesgo de ser descartadas.

“Sabíamos que eso significaba depender de que nuestras adversarias fallasen. Gestionamos la presión como nadie lo hubiese hecho. Las dos estamos muy orgullosas del papel, nos enfrentamos a unos Juegos que no eran nuestras condiciones y luchamos de forma excepcional. El metal nos habría hecho volver a casa con una sonrisa en lugar de con lágrimas, pero lo que aprendimos con este cuarto puesto nos va a dar más potencial para el futuro”, remarca Támara. Para Paula Barceló eran sus primeros Juegos, pero los afrontaba con la máxima ambición. “Al final el hecho de ir con una compañera con tanta experiencia se te olvida que eres una novata (risas). Lo enfocamos con mucha ambición desde el primer momento, habíamos trabajado mucho para esta cita. Supimos estar a la altura a pesar de todas las adversidades que nos encontramos durante los Juegos. La única decepción habría sido no seguir adelante en los momentos más complicados. La medalla tiene que seguir increíble, te lo puede contar Támara (risas), pero quién sabe que si la hubiéramos ganado estaríamos ahora planteándonos si ir o no a París. Hay que ver la parte positiva (risas)”.

El sabor amargo que dejó ese cuarto puesto abrió un periodo de reflexión, sobre todo en el caso de Echegoyen, que de competir en París lo haría con 40 años. “La realidad es que, para ser sinceras, las dos tenemos situaciones distintas. Yo tengo una experiencia olímpica de muchos años, París serían mis cuartos Juegos Olímpicos. Y Paula llegó a sus primeros Juegos directa a darlo todo, y es normal que esa motivación sea mucho mayor que la mía, sobre todo para tomar esa decisión. Yo necesité un poco más de tiempo, porque la experiencia es un grado pero ya se tiene un cansancio después de tantas campañas. Para París solo quedan dos años, encima está en Marsella, cerca de nuestros familiares y amigos, esperemos que no haya ninguna restricción por pandemia y puedan estar ahí. Es una oportunidad para poder vivir la experiencia de despedirme rodeada de la gente que nos ha seguido y apoyado”.

Una despedida a lo grande, para vengar los dos cuartos puestos y volver a subir al podio, aunque Támara tiene claro que no va a volver a hacer esa cábala. “Yo ya no voy a hacer ese tipo de apuestas porque me salen muy mal Vamos a inventarnos otra cosa. Porque de Río a Tokio fue así, vamos a inventarnos otra para París”, pide entre carcajadas. 

Para Barceló, la decisión fue más fácil. “Desde que terminamos los Juegos tenía claro que era una experiencia que quería volver a vivir. Fue increíble a pesar de ser descafeinados, porque por la pandemia no pudimos disfrutar de unos Juegos como tocaban. Y encima el resultado te deja con la miel en los labios. Tenía bastante claro que quería intentarlo otra vez. No sabía cómo iba a hacer para seguir con los estudios, pero ha salido todo bien, y hemos convencido a Támara (risas) que era lo más importante y difícil”.

De vuelta al agua

La pareja tenía claro que, antes de abordar el ciclo olímpico, los estudios eran lo primero. Támara ha entregado su trabajo de fin de máster y Paula ha acabado los exámenes que le quedaban esta misma semana. En los últimos meses, sin embargo, han conseguido compaginarlo con algunos entrenamientos preparatorios en Santander antes del Europeo que arranca el próximo 5 de julio. “Estamos sorprendidas con el nivel que estamos teniendo después de 7 meses paradas, eso es que lo tenemos bien interiorizado. El Europeo es una buena prueba para saber dónde estamos y ser conscientes de que no entrenamos para tener los resultados que lograremos más adelante, pero sí para hacer un buen papel, recuperar sensaciones y disfrutar”, explica Támara. ¿Expectativas? No debemos llevar ninguna.. Hay que ser realistas con la preparación que se hizo. Tenemos que ver a nivel técnico y estratégico cuáles son los grandes puntos a trabajar. Lo importante es quitarse la presión del resultado y utilizarlo para saber qué tenemos que hacer para llegar preparadas al Mundial (a finales de agosto en Canadá)”. 

La unión de Támara Echegoyen y Paula Barceló esconde una historia curiosa. “Fue un amor a primera vista”, dice la más joven de las dos. Ella había formado pareja desde 2015 con Silvia Mas en la clase 470, pero sus caminos se separaron por diferencias en los objetivos. Por su parte, la pareja de Támara, Berta Betanzos, anunció su retirada en 2018. “Y Támara tenía ganas de más, es incansable”, cuenta Paula. Así que el equipo se lanzó en busca de una tripulante que le acompañara en el 49er mientras la gallega hacía la vuelta al mundo en la Ocean Race. Fue entonces cuando Paula fue a Santander a entrenar con Víctor Payà, que acabó convirtiéndose en su entrenador. “Yo nunca me había subido a un 49er”. Támara hizo un parón con la Ocean Race para probar con ella, le gustó, y se decantó por Paula. “Lo importante es rodearse de buen equipo, que te conozca bien y que sepan elegir”, dice la balear entre risas.

La compenetración fue tal que en 2020 se proclamaron campeonas del mundo contra todo pronóstico para sus rivales. ¿Cuál fue el secreto de aquella gran victoria? “Es lo que no se ve. Paula era nueva en la clase pero se unió a un equipo ya formado desde 2016. Cuando estaba haciendo la vuelta al mundo, la líder era Berta. Al final Berta depositó toda la experiencia y aprendizajes en Paula cuando yo estaba fuera, y Víctor, que se convirtió en nuestro entrenador, entrenó con ella. Patri, nuestra psicóloga, también nos ayudó. El trabajo se hace con tanta calidad que se reducen los tiempos. No creo que nadie pueda decir que un año y medio haya ganado un Mundial. Para conseguir eso, los primeros años son duros. Mucho trabajo y poco resultado. Y lo importante es la confianza y el respeto que hay entre los tripulantes cuando te caes, que te caes mucho (risas). Ganamos el Mundial de 2020 cuando tres meses antes nos habíamos retirado del de 2019. Sabíamos que teníamos que trabajar más que nuestras adversarias, cuando ellas descansaban nosotras íbamos al agua. Y eramos conscientes de que necesitábamos tiempo, aunque quizá menos que otras porque tenemos un método de trabajo que sigue marcando la diferencia”, explica Echegoyen.

¿Y cómo se lleva la diferencia de 12 años entre una y otra? “No soy tan buena como Paula en redes sociales. Ella nació en otro milenio. Ahí lo noto bastante. No sé si tiene genética (risas). Pero la realidad es que no tenemos ningún problema, desde el principio afianzamos una amistad muy sana. En ciertos momentos se ve la diferencia de edad pero siempre para mejor.  Yo puedo aportar experiencia y ella batería para empujar al equipo en los momentos difíciles. En el día a día no lo notamos, seguramente porque Paula será más madura (risas). Al ser así de heterogéneo, el potencial es mayor”.

Mirando al futuro

Ambas saben lo que es vivir un ciclo olímpico excepcionalmente corto. Solo tenían dos años y medio para planificar los Juegos de Tokio, y ahora que han vuelto a los entrenamientos tan solo quedan dos años para los de París. “Las dos somos conscientes que los estudios son esenciales, nos forman también como regatistas”, remarca Támara Echegoyen para justificar los siete meses de parón. Barceló, que estudia medicina, se ve obligada a sacarse la carrera poco a poco, aplazando la especialización hasta que sus piernas digan “basta”. “No sé cuando la terminaré, pero tengo claro que cuando haga el MIR, lo de navegar se me acabará. Así que en ese sentido no tengo mucha prisa. Durante el periodo universitario se puede compaginar, pero una vez que haces el MIR y entras en la residencia, ya no hay deportista de alto nivel ni nada”. París parece que serán los últimos Juegos de Echegoyen, pero Barceló aspira a otros sueños además de esa ansiada medalla olímpica. “Una Volvo no es algo que me llame la atención porque creo que no estoy hecha para eso (risas), pero una Copa América si que me parecería súper bonito”. En ese sentido, la mallorquina denuncia las dificultades de las mujeres para acceder a esas competiciones, dominadas por los hombres.  “Es verdad que a nivel olímpico hay pocas diferencias, pero cuando tenemos que acceder al mundo profesional sigue habiendo muchas desigualdades. A nivel Volvo, Copa América u otros circuitos profesionales en los que es difícil y raro ver una mujer ahí dentro. Es por lo que se está luchando, Támara ya lo ha hecho en la Volvo. Todavía quedan barreras por destruir”.

Imagen de cabecera: @paula.barcelo