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Earl Morrall, el mejor suplente de la historia

Veintiún años de carrera, tres títulos de Super Bowl, dos veces en el primer equipo All-Pro y un MVP de la liga es un palmarés por el que suspiraría el 90% de los quarterbacks estrella de la NFL. Pues este currículum lleva la firma de Earl Morrall, un tipo que vio el 40% de su trayectoria profesional viviendo los partidos desde la banda.

Los quarterbacks suplentes viven a la sombra de las grandes estrellas de la NFL, lo cual siempre supone una menor presión sobre sus hombros, pero también tienen que estar listos en cualquier momento por si el titular sufre una lesión de gravedad o un bajón importante de rendimiento. Algunos sucumben, otros cumplen sin más. Y a veces se producen historias tan bonitas como la de Nick Foles en los Philadelphia Eagles en 2017, la de Tom Brady con los New England Patriots en 2001 o la del protagonista de este artículo.

Un trotamundos de la NFL

Earl Morrall aterrizó en la NFL en 1956 procedente de Michigan State. Venía de ser una estrella universitaria, así que no fue extraño que saliese elegido como número dos de ese Draft. Su destino fueron los San Francisco 49ers, pero sólo estuvo un año en la Bahía tras jugar únicamente cuatro partidos en su posición. Tenía delante a Y.A. Tittle, uno de los mejores quarterbacks de la época. Además, los Niners habían elegido en el Draft de 1957 a John Brodie, quien acabaría siendo el QB más importante de la historia de la franquicia hasta la aparición de Joe Montana.

Morrall acabó traspasado a los Pittsburgh Steelers, un equipo todavía muy, muy lejos de forjar la mística de equipo duro de la que goza actualmente. Fue titular en once de los doce partidos que jugó y fue elegido para el Pro Bowl por primera vez, pero tras los dos primeros partidos de 1958 fue enviado a los Detroit Lions. Su estancia en Michigan fue la más larga de su carrera como profesional (siete temporadas), si bien nunca llegó a establecerse del todo como starting QB.

En 1965 Morrall acabó en unos New York Giants que buscaban un reemplazo al recién retirado Y.A. Tittle, su excompañero en los 49ers. En la Gran Manzana al fin gozó de un estatus real de titular indiscutible hasta que una grave lesión en 1966 dio al traste con una campaña en la que, todo sea dicho, los neoyorquinos iban camino de ser el peor equipo de la NFL. En 1967 los Giants ficharon a Fran Tarkenton, futuro miembro del Salón de la Fama y ya en ese momento uno de los mejores quarterbacks de la liga. Morrall volvió a ver los partidos desde la banda y en el verano de 1968, cuando su carrera parecía estar acabada, fue traspasado a los Baltimore Colts.

Un final de carrera épico

Morrall llegó a Baltimore gracias al entrenador Don Shula, con quien había coincidido en los Lions. Su papel no iba a ser otro que el de backup del legendario Johnny Unitas, pero unos días antes del inicio de la temporada este sufrió una grave lesión de codo que le dejó en el dique seco una larga temporada. Así que por primera vez en su vida, Morrall era el eje del ataque de un equipo top. Y acabó 1968 con 2909 yardas de pase, 26 touchdowns y un 13-1 de balance de los Colts que le dieron al eterno suplente el premio al MVP de la temporada.

Los Colts confirmaron que eran el mejor equipo de la NFL en los Playoffs y se hicieron con el título de liga, lo que les dio el billete para la tercera edición de la Super Bowl. Allí esperaban los New York Jets de la molesta pero en teoría mucho más débil AFL. Los Colts no tenían que ganar, tenían que arrasar. Eso no entraba en los planes de Joe Namath y tras garantizarlo, los neoyorquinos dieron una de las mayores sorpresas de la historia de la Super Bowl venciendo 16-7 a los de Maryland. Morrall jugó tan mal (6 de 17 en pases para 71 yardas y tres intercepciones) que el entrenador le mandó al banquillo para dar entrada a un todavía lesionado Unitas. Un triste final a un año casi de película. La redención llegó un par de años después.

A pesar del nivel mostrado en 1968, en 1969 Morrall volvió a su rol original de suplente de Unitas. En 1970 Johnny U llevó a los Colts a la Super Bowl V en una temporada en la que Morrall tuvo que conformarse con una única titularidad. Sin embargo, en el Super Sunday Unitas se lesionó poco antes del descanso y Morrall ingresó en el campo para intentar darle la vuelta al marcador. En un partido muy poco vistoso, Morrall se limitó a molestar lo menos posible y los Colts levantaron el primer Trofeo Vince Lombardi de su historia ante los Dallas Cowboys en el mismo escenario de la derrota ante los Jets.

La etapa de Morrall en Baltimore llegó a su fin en 1972, pero Shula volvió a aparecer en su camino y lo llevó a los Miami Dolphins. Y sí, en Florida sólo iba a jugar si a Bob Griese le pasase algo. Ese algo fue una rotura de pierna y un tobillo dislocado en el quinto partido de la temporada cuando los Dolphins habían comenzado el año con un 4-0 de balance. Morrall aseguró el 5-0 y con él como titular los Fins ganaron los nueve partidos restantes y los Miami Dolphins firmaron el primer invicto con el calendario a catorce encuentros.

Morrall mantuvo el puesto de titular en los Playoffs y metió a su equipo en la final de conferencia, pero ahí la carroza se volvió a convertir en calabaza y Shula le sustituyó al descanso. Griese clasificó a los Dolphins para la Super Bowl VII, en la que vencieron a los Washington Redskins para certificar la primera y hasta el momento única temporada perfecta de la historia de la NFL. Morrall no remató la faena, pero gran parte del mérito es suyo sin lugar a dudas. Al año siguiente los Dolphins lograron el back-to-back y Morrall sumó su tercer y último anillo de campeón, aunque su papel fue ya claramente de suplente.

Earl Morrall se retiró del football en 1976, con 42 años y 21 de ellos en la NFL. Vivió en Florida el resto de su vida. Siguió vinculado al deporte del ovoide como entrenador de quarterbacks de los Hurricanes de la Universidad de Miami, en la que tuteló a futuras estrellas de la NFL como Vinny Testaverde, Bernie Kosar y Jim Kelly. También hizo carrera en la política: fue alcalde del pueblo de Davie e intentó, sin éxito, ser miembro de la Cámara de Representantes de Florida por parte del Partido Republicano. Falleció en Fort Lauderdale en abril de 2014. Tenía 79 años.

En el noble arte del quarterback suplente, Morrall cubrió las espaldas de Y.A. Tittle, Fran Tarkenton, Johnny Unitas y Bob Griese. Todos miembros del Salón de la Fama del Football Profesional. Sin duda, Earl Edwin Morral es el mejor backup de la historia.

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Veintiún años de carrera, tres títulos de Super Bowl, dos veces en el primer equipo All-Pro y un MVP de la liga es un palmarés por el que suspiraría el 90% de los quarterbacks estrella de la NFL. Pues este currículum lleva la firma de Earl Morrall, un tipo que vio el 40% de su trayectoria profesional viviendo los partidos desde la banda.

Los quarterbacks suplentes viven a la sombra de las grandes estrellas de la NFL, lo cual siempre supone una menor presión sobre sus hombros, pero también tienen que estar listos en cualquier momento por si el titular sufre una lesión de gravedad o un bajón importante de rendimiento. Algunos sucumben, otros cumplen sin más. Y a veces se producen historias tan bonitas como la de Nick Foles en los Philadelphia Eagles en 2017, la de Tom Brady con los New England Patriots en 2001 o la del protagonista de este artículo.

Un trotamundos de la NFL

Earl Morrall aterrizó en la NFL en 1956 procedente de Michigan State. Venía de ser una estrella universitaria, así que no fue extraño que saliese elegido como número dos de ese Draft. Su destino fueron los San Francisco 49ers, pero sólo estuvo un año en la Bahía tras jugar únicamente cuatro partidos en su posición. Tenía delante a Y.A. Tittle, uno de los mejores quarterbacks de la época. Además, los Niners habían elegido en el Draft de 1957 a John Brodie, quien acabaría siendo el QB más importante de la historia de la franquicia hasta la aparición de Joe Montana.

Morrall acabó traspasado a los Pittsburgh Steelers, un equipo todavía muy, muy lejos de forjar la mística de equipo duro de la que goza actualmente. Fue titular en once de los doce partidos que jugó y fue elegido para el Pro Bowl por primera vez, pero tras los dos primeros partidos de 1958 fue enviado a los Detroit Lions. Su estancia en Michigan fue la más larga de su carrera como profesional (siete temporadas), si bien nunca llegó a establecerse del todo como starting QB.

En 1965 Morrall acabó en unos New York Giants que buscaban un reemplazo al recién retirado Y.A. Tittle, su excompañero en los 49ers. En la Gran Manzana al fin gozó de un estatus real de titular indiscutible hasta que una grave lesión en 1966 dio al traste con una campaña en la que, todo sea dicho, los neoyorquinos iban camino de ser el peor equipo de la NFL. En 1967 los Giants ficharon a Fran Tarkenton, futuro miembro del Salón de la Fama y ya en ese momento uno de los mejores quarterbacks de la liga. Morrall volvió a ver los partidos desde la banda y en el verano de 1968, cuando su carrera parecía estar acabada, fue traspasado a los Baltimore Colts.

Un final de carrera épico

Morrall llegó a Baltimore gracias al entrenador Don Shula, con quien había coincidido en los Lions. Su papel no iba a ser otro que el de backup del legendario Johnny Unitas, pero unos días antes del inicio de la temporada este sufrió una grave lesión de codo que le dejó en el dique seco una larga temporada. Así que por primera vez en su vida, Morrall era el eje del ataque de un equipo top. Y acabó 1968 con 2909 yardas de pase, 26 touchdowns y un 13-1 de balance de los Colts que le dieron al eterno suplente el premio al MVP de la temporada.

Los Colts confirmaron que eran el mejor equipo de la NFL en los Playoffs y se hicieron con el título de liga, lo que les dio el billete para la tercera edición de la Super Bowl. Allí esperaban los New York Jets de la molesta pero en teoría mucho más débil AFL. Los Colts no tenían que ganar, tenían que arrasar. Eso no entraba en los planes de Joe Namath y tras garantizarlo, los neoyorquinos dieron una de las mayores sorpresas de la historia de la Super Bowl venciendo 16-7 a los de Maryland. Morrall jugó tan mal (6 de 17 en pases para 71 yardas y tres intercepciones) que el entrenador le mandó al banquillo para dar entrada a un todavía lesionado Unitas. Un triste final a un año casi de película. La redención llegó un par de años después.

A pesar del nivel mostrado en 1968, en 1969 Morrall volvió a su rol original de suplente de Unitas. En 1970 Johnny U llevó a los Colts a la Super Bowl V en una temporada en la que Morrall tuvo que conformarse con una única titularidad. Sin embargo, en el Super Sunday Unitas se lesionó poco antes del descanso y Morrall ingresó en el campo para intentar darle la vuelta al marcador. En un partido muy poco vistoso, Morrall se limitó a molestar lo menos posible y los Colts levantaron el primer Trofeo Vince Lombardi de su historia ante los Dallas Cowboys en el mismo escenario de la derrota ante los Jets.

La etapa de Morrall en Baltimore llegó a su fin en 1972, pero Shula volvió a aparecer en su camino y lo llevó a los Miami Dolphins. Y sí, en Florida sólo iba a jugar si a Bob Griese le pasase algo. Ese algo fue una rotura de pierna y un tobillo dislocado en el quinto partido de la temporada cuando los Dolphins habían comenzado el año con un 4-0 de balance. Morrall aseguró el 5-0 y con él como titular los Fins ganaron los nueve partidos restantes y los Miami Dolphins firmaron el primer invicto con el calendario a catorce encuentros.

Morrall mantuvo el puesto de titular en los Playoffs y metió a su equipo en la final de conferencia, pero ahí la carroza se volvió a convertir en calabaza y Shula le sustituyó al descanso. Griese clasificó a los Dolphins para la Super Bowl VII, en la que vencieron a los Washington Redskins para certificar la primera y hasta el momento única temporada perfecta de la historia de la NFL. Morrall no remató la faena, pero gran parte del mérito es suyo sin lugar a dudas. Al año siguiente los Dolphins lograron el back-to-back y Morrall sumó su tercer y último anillo de campeón, aunque su papel fue ya claramente de suplente.

Earl Morrall se retiró del football en 1976, con 42 años y 21 de ellos en la NFL. Vivió en Florida el resto de su vida. Siguió vinculado al deporte del ovoide como entrenador de quarterbacks de los Hurricanes de la Universidad de Miami, en la que tuteló a futuras estrellas de la NFL como Vinny Testaverde, Bernie Kosar y Jim Kelly. También hizo carrera en la política: fue alcalde del pueblo de Davie e intentó, sin éxito, ser miembro de la Cámara de Representantes de Florida por parte del Partido Republicano. Falleció en Fort Lauderdale en abril de 2014. Tenía 79 años.

En el noble arte del quarterback suplente, Morrall cubrió las espaldas de Y.A. Tittle, Fran Tarkenton, Johnny Unitas y Bob Griese. Todos miembros del Salón de la Fama del Football Profesional. Sin duda, Earl Edwin Morral es el mejor backup de la historia.

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