_Alemania

Drama a orillas del Weser y el Ruhr

Juanma Perera @juanmaHumilAfic 22-09-2020

Han sido campeones en su país y, además, consiguieron levantar algún título europeo a lo largo de su historia. Sin embargo, los tiempos cambian y ambos clubes se encuentran ahora en una situación crítica, tanto económica como deportiva, que les ha llevado al momento actual, en el que se han visto superados por otros clubes teóricamente más pequeños. Tanto Bremen como Gelsenkirchen viven ahora el peor momento de su historia de amor relacionada con el fútbol o, al menos, uno de los peores.

Esa negatividad, la cabeza bajada, la sensación de «hay clubes que nos pasan a toda velocidad mientras nosotros nos volvemos cada vez más mediocres» existe en estos dos casos y, lo peor de todo, es que más que solucionarse, se estira demasiado en el tiempo. Y la culpa no es siempre tuya, aunque haciendo un análisis en el interior siempre ves que, aunque no se quiera, algo se ha hecho mal y no se encuentra el remedio para solucionarlo.

Schaaf en la memoria

En el caso de Bremen siempre sale el mismo nombre a la palestra, el de Thomas Schaaf. ¿Él es el culpable de todos los males del Werder? No, todo lo contrario. El último gran Werder Bremen llegó de su mano, respaldado por Klaus Allofs en la dirección deportiva, haciéndoles campeones de la Bundesliga en la temporada 2003-04 con Micoud, Aílton, Borowski, Haedo Valdez, Klasnic y compañía. Y eso que aún no habían llegado los Özil, Klose, DiegoDespués de aquel doblete de Bundesliga y DFB Pokal de 2004 fueron llegando más jugadores interesantes, pero el proyecto no consiguió repetir aquella hazaña. Eso desgastó las figuras del Director Deportivo, que tras varias ‘amenazas’ finalmente marchó a otro club; y la del entrenador, al que todos alaban allí y nadie entiende cómo no ha sido capaz de volver, o por qué no han contado con él de nuevo. ¿Orgullo, quizás? Puede ser. O demostrar que ambas partes, club y entrenador, pueden convivir en armonía por separado, aunque la vida ha demostrado lo contrario.

Thomas Schaaf es una leyenda del Werder Bremen.

Tras cerrarse la etapa del ‘Schaafismo’, el Werder Bremen intentó repetir la fórmula con otros técnicos, algunos de ellos ‘de la casa’, pero nada ha salido bien. Tanto, que la frase ‘no juegues con fuego o te acabarás quemando’ la han tenido muy cerca. Gracias a un pequeño estirón de la plantilla de Florian Kohfeldt tras el confinamiento, los inquilinos del Weserstadion se libraron del descenso y se jugaron la permanencia con la carta de la Relegation, ante el humilde FC Heidenheim. Esa la salvaron, pero ahí está, por ejemplo, la situación del Hamburgo, que pasó por lo mismo y ahora le está costando la vida salir de la 2.Bundesliga.

Lo que muchos no entienden en Bremen es que siga el entrenador, Kohfeldt, pero es que en él hay confianza ciega. Ya ha salvado al club de dos situaciones críticas y eso se valora. El problema no es el técnico, sino los recursos. La plantilla del Werder Bremen no tiene malos jugadores: Pavlenka, Veljkovic, Moisander, Klaassen, Eggestein… No obstante, no han podido reforzarse como sí lo hubieran hecho años atrás y, como ya sucediera con aquellas caras visibles del doblete, se acaban desgastando y acabas tocando fondo. Si a esto le unes el tema de la pandemia y que en el fútbol alemán la ausencia de público ha sido muy dolorosa para los clubes, pues más aún. En Bremen se entró en una crisis de la que solo la vuelta de la competición les podía salvar.

La cada vez más oscura mina

Si bien en Bremen la crisis se alarga desde hace mucho tiempo, lo que sucede cerca del Ruhr es ya de traca. Hasta hace nada, el club minero competía con los grandes en Champions y de allí salían muy buenos futbolistas hacia otros equipos. Ahora, la cantera minera es una necesidad, puesto que no hay dinero para construir un proyecto que les devuelva a la zona alta. Un club cuyos refuerzos más importantes son un delantero de 36 años que andaba sin equipo y no cobrará más de 100.000 euros en el año que jugará en Gelsenkirchen; y otro que llegó un par de días antes del debut liguero, que saben que no volverá cuando acabe la pesadilla.

La plantilla del Schalke 04 está a medias, pero no parece que vaya a mejorar; al menos, a corto plazo. El cuerpo técnico que esté va a tener que tirar de la cantera, como ya hiciera David Wagner tras el confinamiento. Sacar a los nuevos Neuer, Kutucu y demás. No queda otra cuando no hay dinero y tienes que ir mendigando jugadores. Y ojo, que quedan días de mercado y la plantilla se puede ver aún más mermada de lo que ya está. Pero Wagner no es Schaaf, ni siquiera es Kohfeldt. Wagner no tiene la culpa de la situación del Schalke 04, pero ha ayudado a que esa crisis galopante en la que se ha visto envuelto el club, lo sea cada vez más. Porque no hay ideas. El Schalke 04 actual es un equipo sin alma. No son los del 97 que ganaron la Copa UEFA (en la que David Wagner era jugador, por cierto); ni los que fueron múltiples veces campeones alemanes en la etapa anterior a la Bundesliga; ni siquiera, aquellos a los que Raúl González volvió a hacer levantar un título. El actual no se parece a ninguno de esos.

David Wagner en su etapa como futbolista.

No es normal que a un club con tanto renombre llegue el Bayern con dos semanas de entrenamientos y les meta ocho goles. Tampoco era normal que se los hiciera al Barça, pero en Barcelona también hay crisis y los bávaros son una apisonadora. Eso explica muchas cosas. Pero es que el Schalke 04, en ese partido no compitió. Si no llega a ser por Ralf Fährmann, un repescado al que las apariciones de Nübel y Schubert habían enviado fuera, ese 8-0 podía haber sido aún más escandaloso. Algo que ya ha hecho al club tocar fondo.

El destino les une

Los dos clubes iniciaron la Bundesliga 2020-21 con una derrota sonrojante. Por una parte el 8-0 y, por otra, un 1-4 ante el Hertha BSC, otro buen proyecto que está arrancando y les ha adelantado por la derecha. A eso hay que sumarle el partido fantasma de DFB Pokal que los mineros aún no saben ni cuando, ni contra quién jugarán, con el Schweinfurt o el Türkgücü München. Si ya tenían bastante, este detalle se encargó de agrandar aún más la bola que envuelve el pesimismo minero.  Porque no hay que olvidarlo: el Schalke 04 no gana un partido desde enero en la liga.

La historia de estos dos clubes tendrá un nuevo capítulo en la segunda jornada, con el enfrentamiento en el Veltins Arena. Ahí no quedará otra. David Wagner debe ganar sí o sí para mantener el puesto. Todo lo que no sea sacar los tres puntos no le vale a Tönnies y compañía. Y no, no sería una decisión precipitada, sino todo lo contrario. Wagner puede ser un buen entrenador, pero no tiene carácter para llevar un banquillo en una situación tan dramática. Suya no es la culpa de la situación, pero él tampoco es parte de la situación y de eso no se habían dado cuenta hasta ahora, aunque en realidad, que haya iniciado el norteamericano la temporada es consecuencia del agujero económico, más que de un tema deportivo o de confianza, pero la situación no puede durar para siempre.

Así está la situación de ambos clubes, dos grandes de Alemania. Dos equipos con mucha historia. Uno de los grandes de la etapa anterior, con siete campeonatos alemanes conseguidos y el club que más partidos ha disputado en la propia Bundesliga. La situación es tan oscura que, en ambos casos, no tiene solución a corto plazo o, al menos, no se le espera. Son dos auténticos dramas a orillas del Weser y el Ruhr.

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Han sido campeones en su país y, además, consiguieron levantar algún título europeo a lo largo de su historia. Sin embargo, los tiempos cambian y ambos clubes se encuentran ahora en una situación crítica, tanto económica como deportiva, que les ha llevado al momento actual, en el que se han visto superados por otros clubes teóricamente más pequeños. Tanto Bremen como Gelsenkirchen viven ahora el peor momento de su historia de amor relacionada con el fútbol o, al menos, uno de los peores.

Esa negatividad, la cabeza bajada, la sensación de «hay clubes que nos pasan a toda velocidad mientras nosotros nos volvemos cada vez más mediocres» existe en estos dos casos y, lo peor de todo, es que más que solucionarse, se estira demasiado en el tiempo. Y la culpa no es siempre tuya, aunque haciendo un análisis en el interior siempre ves que, aunque no se quiera, algo se ha hecho mal y no se encuentra el remedio para solucionarlo.

Schaaf en la memoria

En el caso de Bremen siempre sale el mismo nombre a la palestra, el de Thomas Schaaf. ¿Él es el culpable de todos los males del Werder? No, todo lo contrario. El último gran Werder Bremen llegó de su mano, respaldado por Klaus Allofs en la dirección deportiva, haciéndoles campeones de la Bundesliga en la temporada 2003-04 con Micoud, Aílton, Borowski, Haedo Valdez, Klasnic y compañía. Y eso que aún no habían llegado los Özil, Klose, DiegoDespués de aquel doblete de Bundesliga y DFB Pokal de 2004 fueron llegando más jugadores interesantes, pero el proyecto no consiguió repetir aquella hazaña. Eso desgastó las figuras del Director Deportivo, que tras varias ‘amenazas’ finalmente marchó a otro club; y la del entrenador, al que todos alaban allí y nadie entiende cómo no ha sido capaz de volver, o por qué no han contado con él de nuevo. ¿Orgullo, quizás? Puede ser. O demostrar que ambas partes, club y entrenador, pueden convivir en armonía por separado, aunque la vida ha demostrado lo contrario.

Thomas Schaaf es una leyenda del Werder Bremen.

Tras cerrarse la etapa del ‘Schaafismo’, el Werder Bremen intentó repetir la fórmula con otros técnicos, algunos de ellos ‘de la casa’, pero nada ha salido bien. Tanto, que la frase ‘no juegues con fuego o te acabarás quemando’ la han tenido muy cerca. Gracias a un pequeño estirón de la plantilla de Florian Kohfeldt tras el confinamiento, los inquilinos del Weserstadion se libraron del descenso y se jugaron la permanencia con la carta de la Relegation, ante el humilde FC Heidenheim. Esa la salvaron, pero ahí está, por ejemplo, la situación del Hamburgo, que pasó por lo mismo y ahora le está costando la vida salir de la 2.Bundesliga.

Lo que muchos no entienden en Bremen es que siga el entrenador, Kohfeldt, pero es que en él hay confianza ciega. Ya ha salvado al club de dos situaciones críticas y eso se valora. El problema no es el técnico, sino los recursos. La plantilla del Werder Bremen no tiene malos jugadores: Pavlenka, Veljkovic, Moisander, Klaassen, Eggestein… No obstante, no han podido reforzarse como sí lo hubieran hecho años atrás y, como ya sucediera con aquellas caras visibles del doblete, se acaban desgastando y acabas tocando fondo. Si a esto le unes el tema de la pandemia y que en el fútbol alemán la ausencia de público ha sido muy dolorosa para los clubes, pues más aún. En Bremen se entró en una crisis de la que solo la vuelta de la competición les podía salvar.

La cada vez más oscura mina

Si bien en Bremen la crisis se alarga desde hace mucho tiempo, lo que sucede cerca del Ruhr es ya de traca. Hasta hace nada, el club minero competía con los grandes en Champions y de allí salían muy buenos futbolistas hacia otros equipos. Ahora, la cantera minera es una necesidad, puesto que no hay dinero para construir un proyecto que les devuelva a la zona alta. Un club cuyos refuerzos más importantes son un delantero de 36 años que andaba sin equipo y no cobrará más de 100.000 euros en el año que jugará en Gelsenkirchen; y otro que llegó un par de días antes del debut liguero, que saben que no volverá cuando acabe la pesadilla.

La plantilla del Schalke 04 está a medias, pero no parece que vaya a mejorar; al menos, a corto plazo. El cuerpo técnico que esté va a tener que tirar de la cantera, como ya hiciera David Wagner tras el confinamiento. Sacar a los nuevos Neuer, Kutucu y demás. No queda otra cuando no hay dinero y tienes que ir mendigando jugadores. Y ojo, que quedan días de mercado y la plantilla se puede ver aún más mermada de lo que ya está. Pero Wagner no es Schaaf, ni siquiera es Kohfeldt. Wagner no tiene la culpa de la situación del Schalke 04, pero ha ayudado a que esa crisis galopante en la que se ha visto envuelto el club, lo sea cada vez más. Porque no hay ideas. El Schalke 04 actual es un equipo sin alma. No son los del 97 que ganaron la Copa UEFA (en la que David Wagner era jugador, por cierto); ni los que fueron múltiples veces campeones alemanes en la etapa anterior a la Bundesliga; ni siquiera, aquellos a los que Raúl González volvió a hacer levantar un título. El actual no se parece a ninguno de esos.

David Wagner en su etapa como futbolista.

No es normal que a un club con tanto renombre llegue el Bayern con dos semanas de entrenamientos y les meta ocho goles. Tampoco era normal que se los hiciera al Barça, pero en Barcelona también hay crisis y los bávaros son una apisonadora. Eso explica muchas cosas. Pero es que el Schalke 04, en ese partido no compitió. Si no llega a ser por Ralf Fährmann, un repescado al que las apariciones de Nübel y Schubert habían enviado fuera, ese 8-0 podía haber sido aún más escandaloso. Algo que ya ha hecho al club tocar fondo.

El destino les une

Los dos clubes iniciaron la Bundesliga 2020-21 con una derrota sonrojante. Por una parte el 8-0 y, por otra, un 1-4 ante el Hertha BSC, otro buen proyecto que está arrancando y les ha adelantado por la derecha. A eso hay que sumarle el partido fantasma de DFB Pokal que los mineros aún no saben ni cuando, ni contra quién jugarán, con el Schweinfurt o el Türkgücü München. Si ya tenían bastante, este detalle se encargó de agrandar aún más la bola que envuelve el pesimismo minero.  Porque no hay que olvidarlo: el Schalke 04 no gana un partido desde enero en la liga.

La historia de estos dos clubes tendrá un nuevo capítulo en la segunda jornada, con el enfrentamiento en el Veltins Arena. Ahí no quedará otra. David Wagner debe ganar sí o sí para mantener el puesto. Todo lo que no sea sacar los tres puntos no le vale a Tönnies y compañía. Y no, no sería una decisión precipitada, sino todo lo contrario. Wagner puede ser un buen entrenador, pero no tiene carácter para llevar un banquillo en una situación tan dramática. Suya no es la culpa de la situación, pero él tampoco es parte de la situación y de eso no se habían dado cuenta hasta ahora, aunque en realidad, que haya iniciado el norteamericano la temporada es consecuencia del agujero económico, más que de un tema deportivo o de confianza, pero la situación no puede durar para siempre.

Así está la situación de ambos clubes, dos grandes de Alemania. Dos equipos con mucha historia. Uno de los grandes de la etapa anterior, con siete campeonatos alemanes conseguidos y el club que más partidos ha disputado en la propia Bundesliga. La situación es tan oscura que, en ambos casos, no tiene solución a corto plazo o, al menos, no se le espera. Son dos auténticos dramas a orillas del Weser y el Ruhr.