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Don Budge: 80 años del histórico Grand Slam del tenis

David Sánchez @dasanchez__ 25-06-2018

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Hay nombres en la historia
del tenis que, por más que pasen los años, jamás deben olvidarse. En 2018 se
cumplen ochenta. Ochenta de aquel maravilloso 1938 para un hombre como Don
Budge. Fue el pionero en alzar los cuatro Grand Slams del tenis mundial
(Abierto de Australia, Roland Garros, Wimbledon y US Open) en un mismo año hasta
la llegada, en la década de los 1960, del australiano Rod Laver, quien eclipsó
su marca por partida doble (1962 y 1969).

El tenis de los años 1930
tenía otro
color tras la particular
‘dictadura’ del norteamericano Bill Tilden, un
todoterreno considerado número uno mundial durante siete años. Era
el momento el que emergían nombres como Crawford, Vines o Fred Perry pero ninguno
de ellos sonó tan fuerte como el del estadounidense John Donald Budge.

Él y Von Cramm, el mejor
tenista alemán hasta la llegada de Boris Becker, mantuvieron una bonita
rivalidad en las canchas con la final de la Copa Davis de 1937 como mejor exponente.
Fue uno de esos duelos, en boca de expertos, que marcaron un antes y un
después. Pero el arresto de Cramm contribuyó, sin duda, a que Budge pudiera
ganar los cuatro
Grandes en 1938.

Y es que, pese a que Cramm
nunca quiso ser parte del aparato de propaganda nazi, Hitler ensalzó sus
victorias hasta que el régimen lo encarceló por mantener una relación
sentimental con un actor judío. Estuvo un año entre rejas y tuvo prohibido
participar en ninguna competición oficial. Cuentan los libros de historia que
Budge llegó a recoger firmas, que envió a Hitler, a quien le pidió, de forma
deliberada, que le dejara en libertad.

Este hecho ayudó a que Don
Budge pudiera coronarse en todas y cada una de las citas de Grand Slam un año
después. Ya rondaba esa hazaña por su cabeza después de observar, en 1933, como
Crawford estuvo a punto de hacerlo.

Cinco años más tarde, aquel
tenista pelirrojo nacido en Oakland, planificó de manera exhaustiva su calendario
y arrasó en las finales de los tres primeros
majors del curso. No cedió ni un solo parcial en las tres. El checo
Menzel, Bunny Austin y Bromwich fueron sus víctimas en Roland Garros, Wimbledon
y Australia, respectivamente, antes de su aparición por Nueva York.

En la ciudad de los
rascacielos, sí tuvo mayor resistencia. La raqueta de su compatriota Gene Mako
fue un duro escollo hasta que, finalmente, pudo doblegarla (6-3 6-8 6-2 6-1)
para abrir una brecha histórica en el libro de los récords. Budge había ganado
los cuatro
Grandes dos días antes de
cumplir los 23 años.

Él, que había llegado al
tenis sin querer ser tenista, se convirtió en leyenda. Fue un competidor nato y
dominante en el circuito profesional con su revés como mejor golpe hasta que un
accidente de coche, en las montañas de Pensilvania, lo envió al hospital
plagado de heridas internas y con una pierna rota. Allí, un fallo cardíaco, a
la edad de 84 años, acabó con la vida de uno de los mejores jugadores de tenis
del siglo XX. 

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Hay nombres en la historia
del tenis que, por más que pasen los años, jamás deben olvidarse. En 2018 se
cumplen ochenta. Ochenta de aquel maravilloso 1938 para un hombre como Don
Budge. Fue el pionero en alzar los cuatro Grand Slams del tenis mundial
(Abierto de Australia, Roland Garros, Wimbledon y US Open) en un mismo año hasta
la llegada, en la década de los 1960, del australiano Rod Laver, quien eclipsó
su marca por partida doble (1962 y 1969).

El tenis de los años 1930
tenía otro
color tras la particular
‘dictadura’ del norteamericano Bill Tilden, un
todoterreno considerado número uno mundial durante siete años. Era
el momento el que emergían nombres como Crawford, Vines o Fred Perry pero ninguno
de ellos sonó tan fuerte como el del estadounidense John Donald Budge.

Él y Von Cramm, el mejor
tenista alemán hasta la llegada de Boris Becker, mantuvieron una bonita
rivalidad en las canchas con la final de la Copa Davis de 1937 como mejor exponente.
Fue uno de esos duelos, en boca de expertos, que marcaron un antes y un
después. Pero el arresto de Cramm contribuyó, sin duda, a que Budge pudiera
ganar los cuatro
Grandes en 1938.

Y es que, pese a que Cramm
nunca quiso ser parte del aparato de propaganda nazi, Hitler ensalzó sus
victorias hasta que el régimen lo encarceló por mantener una relación
sentimental con un actor judío. Estuvo un año entre rejas y tuvo prohibido
participar en ninguna competición oficial. Cuentan los libros de historia que
Budge llegó a recoger firmas, que envió a Hitler, a quien le pidió, de forma
deliberada, que le dejara en libertad.

Este hecho ayudó a que Don
Budge pudiera coronarse en todas y cada una de las citas de Grand Slam un año
después. Ya rondaba esa hazaña por su cabeza después de observar, en 1933, como
Crawford estuvo a punto de hacerlo.

Cinco años más tarde, aquel
tenista pelirrojo nacido en Oakland, planificó de manera exhaustiva su calendario
y arrasó en las finales de los tres primeros
majors del curso. No cedió ni un solo parcial en las tres. El checo
Menzel, Bunny Austin y Bromwich fueron sus víctimas en Roland Garros, Wimbledon
y Australia, respectivamente, antes de su aparición por Nueva York.

En la ciudad de los
rascacielos, sí tuvo mayor resistencia. La raqueta de su compatriota Gene Mako
fue un duro escollo hasta que, finalmente, pudo doblegarla (6-3 6-8 6-2 6-1)
para abrir una brecha histórica en el libro de los récords. Budge había ganado
los cuatro
Grandes dos días antes de
cumplir los 23 años.

Él, que había llegado al
tenis sin querer ser tenista, se convirtió en leyenda. Fue un competidor nato y
dominante en el circuito profesional con su revés como mejor golpe hasta que un
accidente de coche, en las montañas de Pensilvania, lo envió al hospital
plagado de heridas internas y con una pierna rota. Allí, un fallo cardíaco, a
la edad de 84 años, acabó con la vida de uno de los mejores jugadores de tenis
del siglo XX. 

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