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Diario de una ‘minera’ en el Santiago Bernabéu

María Candelario @MariaCandela7io 20-03-2014

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María CANDELARIO

María CANDELARIOLa Champions League es una competición mágica, de sueños e ilusión, donde la pasión por el fútbol enloquece, y eso mismo si eres Schalker, lo duplicas.

Hay una frase genial que me gustaría rescatar, ya que describe perfectamente esta vuelta de octavos de final. “Lo difícil se consigue, lo imposible se intenta”. Con la eliminatoria sentenciada en contra, el FC Schalke 04 llegó al Santiago Bernabéu con 4.500 fans dispuestos a dejarse las gargantas animando. Esto, a muchos les impresionó, pero a los conocedores del fútbol alemán, seguro que no.

Alemania es diferente para el fútbol, todo se vive con mayor intensidad, rigor y plasticidad. Una eliminatoria de Champions de 180 minutos se disfruta hasta el final por el aficionado. El Santiago Bernabéu en dos días ha protagonizado eso. Y una servidora también. El cuerpo técnico del Schalke sabio a su potencial, quiso hacer que el equipo se sintiera arropado por su afición y lo consiguió.

500 aficionados, entre los que me incluyo, acudieron al entrenamiento del equipo. Lo normal siempre es hacerlo a puerta cerrada, pero el club pidió permiso a la UEFA  y esta aceptó. La prensa y el personal de seguridad que allí se encontraban, disfrutaron de un ambiente fantástico, los hinchas de la Nordkurve no dejaron de cantar y vibrar en todo el entreno. Un entrenamiento de los que están acostumbrados a ver en el Parkstadion, recuerdo que en Alemania son a puerta abierta y con absoluto respeto. La atmósfera de un partido de Champions acababa de comenzar, un encuentro sin trascendencia por la diferencia de la ida pero en resumidas cuentas, un partido de fútbol. Después del entrenamiento y hasta la hora del partido, las calles de Madrid se tiñeron de azul y blanco, los colores mineros, acompañados de tonos verdes en la camiseta como visitante en honor a la ciudad de Gelsenkirchen.


La hinchada del Schalke 04 es una de las mejores de Alemania | Getty

Las horas previas al partido fueron iguales a la que se viven en todos los partidos del Schalke, cánticos y alegría en todos los aficionados. El resultado no importaba, importaba ver fútbol, disfrutar del fútbol y sobre todo animar y darlo todo (en el sentido bueno de la expresión) por tu equipo. Aquí, es donde uno se siente orgulloso de su club y afición. Los alrededores del Santiago Bernabéu estaban plagados de alemanes, el paseo de la hinchada minera desde el hotel  al estadio por la Castellana de Madrid fue épico, precioso e impresionante. Y digo desde el hotel, porque como otros clubes alemanes, el Schalke es familiar y le da la oportunidad a sus fans de viajar y hospedarse con ellos en el mismo lugar. Otra cultura, otra mentalidad, maravillosa y bonita sin más.

Con un marcador en contra tan abultado, por un mal partido en la ida, la posibilidad de remontar era nula. Pero eso no importaba, al menos no entra en nuestra mentalidad como mineros y quedó más que demostrado. Los jugadores saltaron al campo con vistas en sus próximos compromisos, tanto Real Madrid como Schalke reservaron jugadores, además de los lesionados. Aun así, la diferencia entre plantillas es abismal en cuanto a calidad y nombre. El señorío del Santiago Bernabéu tardaba en ocupar sus asientos, empezó el encuentro y se veían multitud de asientos vacíos, el por qué, es un tema en el que no voy a profundizar. Dentro del estadio los cánticos mineros continuaban y al menos desde mi posición, eran mucho más altos que los merengues. El Real Madrid se adelantó en el marcador como estaba previsto, pero el Schalke reaccionó a los diez minutos y empató para reanimar a la afición, que desató la locura con el gol de Hoogland, y que a partir de ahí solo dejó de cantar en el descanso. El equipo, como es costumbre, tras el pitido final se acercó a su afición para darle las gracias. Realmente el balance del partido estuvo más tiempo igualado que en contra del Schalke, 25 minutos estuvo el Real Madrid por delante y 65 minutos empatados.

Finalmente el Real Madrid ganó el encuentro y la eliminatoria con un global de 9-2. Pero hubo algo en lo que no ganó el Real Madrid, y ese algo es en afición, en la manera de sentir el fútbol y sobre todo de disfrutarlo. Como aficionada de este club, la experiencia fue magnífica y el respeto entre ambas aficiones también. Quedó evidenciado quién es el Schalke… un equipo mediano con corazón de gigante. 

[Sigue toda la actuadidad del Schalke en @SchalkeSphera]

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María CANDELARIOLa Champions League es una competición mágica, de sueños e ilusión, donde la pasión por el fútbol enloquece, y eso mismo si eres Schalker, lo duplicas.

Hay una frase genial que me gustaría rescatar, ya que describe perfectamente esta vuelta de octavos de final. “Lo difícil se consigue, lo imposible se intenta”. Con la eliminatoria sentenciada en contra, el FC Schalke 04 llegó al Santiago Bernabéu con 4.500 fans dispuestos a dejarse las gargantas animando. Esto, a muchos les impresionó, pero a los conocedores del fútbol alemán, seguro que no.

Alemania es diferente para el fútbol, todo se vive con mayor intensidad, rigor y plasticidad. Una eliminatoria de Champions de 180 minutos se disfruta hasta el final por el aficionado. El Santiago Bernabéu en dos días ha protagonizado eso. Y una servidora también. El cuerpo técnico del Schalke sabio a su potencial, quiso hacer que el equipo se sintiera arropado por su afición y lo consiguió.

500 aficionados, entre los que me incluyo, acudieron al entrenamiento del equipo. Lo normal siempre es hacerlo a puerta cerrada, pero el club pidió permiso a la UEFA  y esta aceptó. La prensa y el personal de seguridad que allí se encontraban, disfrutaron de un ambiente fantástico, los hinchas de la Nordkurve no dejaron de cantar y vibrar en todo el entreno. Un entrenamiento de los que están acostumbrados a ver en el Parkstadion, recuerdo que en Alemania son a puerta abierta y con absoluto respeto. La atmósfera de un partido de Champions acababa de comenzar, un encuentro sin trascendencia por la diferencia de la ida pero en resumidas cuentas, un partido de fútbol. Después del entrenamiento y hasta la hora del partido, las calles de Madrid se tiñeron de azul y blanco, los colores mineros, acompañados de tonos verdes en la camiseta como visitante en honor a la ciudad de Gelsenkirchen.


La hinchada del Schalke 04 es una de las mejores de Alemania | Getty

Las horas previas al partido fueron iguales a la que se viven en todos los partidos del Schalke, cánticos y alegría en todos los aficionados. El resultado no importaba, importaba ver fútbol, disfrutar del fútbol y sobre todo animar y darlo todo (en el sentido bueno de la expresión) por tu equipo. Aquí, es donde uno se siente orgulloso de su club y afición. Los alrededores del Santiago Bernabéu estaban plagados de alemanes, el paseo de la hinchada minera desde el hotel  al estadio por la Castellana de Madrid fue épico, precioso e impresionante. Y digo desde el hotel, porque como otros clubes alemanes, el Schalke es familiar y le da la oportunidad a sus fans de viajar y hospedarse con ellos en el mismo lugar. Otra cultura, otra mentalidad, maravillosa y bonita sin más.

Con un marcador en contra tan abultado, por un mal partido en la ida, la posibilidad de remontar era nula. Pero eso no importaba, al menos no entra en nuestra mentalidad como mineros y quedó más que demostrado. Los jugadores saltaron al campo con vistas en sus próximos compromisos, tanto Real Madrid como Schalke reservaron jugadores, además de los lesionados. Aun así, la diferencia entre plantillas es abismal en cuanto a calidad y nombre. El señorío del Santiago Bernabéu tardaba en ocupar sus asientos, empezó el encuentro y se veían multitud de asientos vacíos, el por qué, es un tema en el que no voy a profundizar. Dentro del estadio los cánticos mineros continuaban y al menos desde mi posición, eran mucho más altos que los merengues. El Real Madrid se adelantó en el marcador como estaba previsto, pero el Schalke reaccionó a los diez minutos y empató para reanimar a la afición, que desató la locura con el gol de Hoogland, y que a partir de ahí solo dejó de cantar en el descanso. El equipo, como es costumbre, tras el pitido final se acercó a su afición para darle las gracias. Realmente el balance del partido estuvo más tiempo igualado que en contra del Schalke, 25 minutos estuvo el Real Madrid por delante y 65 minutos empatados.

Finalmente el Real Madrid ganó el encuentro y la eliminatoria con un global de 9-2. Pero hubo algo en lo que no ganó el Real Madrid, y ese algo es en afición, en la manera de sentir el fútbol y sobre todo de disfrutarlo. Como aficionada de este club, la experiencia fue magnífica y el respeto entre ambas aficiones también. Quedó evidenciado quién es el Schalke… un equipo mediano con corazón de gigante. 

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