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Detroit y la búsqueda de la gloria perdida

Detroit tocó fondo el 18 de julio de 2013. Ese día, la ciudad más poblada de Michigan se convirtió en la urbe más grande los Estados Unidos en declararse en bancarrota. Fue la guinda a un amargo pastel que llevaba cocinándose durante décadas.

General Motors, Chrysler y Ford hicieron de Detroit la Motor City, la capital mundial del automóvil. Una ciudad a la que llegaba gente de todas partes para trabajar en la potente industria automovilística. En su época de esplendor, a mediados del siglo XX, su downtown llegó a tener cerca de dos millones de habitantes. O lo que es lo mismo, la cuarta ciudad más poblada de los Estados Unidos, solamente por detrás de Nueva York, Los Ángeles y Chicago. Pero llegó la desindustrialización y con ella un declive que se tradujo en pobreza, despoblación, deterioro urbanístico, violencia y racismo. 

Detroit está renaciendo poco a poco. Quienes no lo hacen son sus equipos deportivos: Pistons (NBA), Tigers (MLB), Red Wings (NHL) y Lions (NFL). Todos juegan en el centro de la ciudad, algo de lo que solo la Motown puede presumir en el país, y todos son históricos del deporte norteamericano. Pero ninguno de ellos está en su mejor momento.

Detroit Tigers, siempre fieles

El equipo más antiguo de la ciudad, cómo no, es el de béisbol. Los Detroit Tigers fueron fundados en la Western League (predecesora de la Liga Americana) en 1894 y vivieron sus mejores años a principios del siglo XX de la mano del legendario Ty Cobb. Sin embargo, el Melocotón de Georgia nunca pudo ganar la Serie Mundial. Los cuatro títulos mundiales ganados por los Tigers son de 1935, 1945, 1968 y 1984. Los últimos viajes de los Tigers a las World Series se produjeron en 2006 y 2012, perdiendo ante los St. Louis Cardinals y los San Francisco Giants respectivamente.

El inicio de la década de 2010 (cuatro presencias consecutivas en playoffs) fue un oasis en la mediocre historia de la franquicia: solo dieciséis presencias en postemporada en 118 años. A eso hay que añadirle que el siglo XXI han protagonizado dos de las peores campañas de la historia de la MLB: 2019 (47-114) y 2003 (43-119). Al menos pueden presumir de haber jugado siempre dentro de los límites Detroit. Primero en el barrio de Corktown en el que estaba el mítico Tiger Stadium y actualmente en el downtown donde se construyó el Comerica Park.

Detroit Lions, reconstruyéndose desde 1957

Los otros felinos de la ciudad también son un clásico del deporte estadounidense con un historial más bien triste. Los Detroit Lions, el equipo de fútbol americano, tiene en su haber cuatro campeonatos de la NFL, pero el último data de 1957. Siguen siendo uno de los cuatro equipos que jamás ha jugado una Super Bowl. Los otros son los Cleveland Browns, los Jacksonville Jaguars y los Houston Texans.

Los Lions son en cierto sentido un reflejo de la ciudad. Llegaron a Detroit procedentes de la pequeña Portsmouth (Ohio) porque ahí era imposible sostener un equipo de la NFL. Jugaron casi cuarenta años en el estadio de los Tigers pero en la década de los setenta, al igual que gran parte de la población de Detroit, se mudaron a las afueras. Pontiac, a unos 19 kilómetros de la Gran D, inauguró su Silverdome en 1975. Allí se lució en los noventa el mejor jugador de la historia de los Lions: el running back Barry Sanders.

El Ford Field, construido al lado del Comerica Park, trajo de vuelta a los Lions al centro de Detroit en 2002. Más allá de la importancia simbólica del acontecimiento, lo cierto es que el equipo no ha abandonado la mediocridad. En lo que llevamos de siglo sólo han jugado tres veces los playoffs, todas ellas esta década. En total acumulan diecisiete apariciones en la última fase de la temporada y no ganan un partido de postemporada desde 1991. Sin embargo, el momento más bajo de la franquicia fue la temporada de 2008, cuando se convirtieron en el primer equipo de la historia de la NFL en firmar un 0-16.

Compartir división con Green Bay Packers, Chicago Bears y Minnesota Vikings no es fácil, pero los Lions nunca han sabido aprovechar los distintos momentos de bajón de sus rivales. Por eso son uno de los patitos feos de la National Football League.

Detroit Pistons, algo más que chicos malos

Los Lions compartieron casa durante una década con el equipo de baloncesto, los Detroit Pistons. Su nombre es el más representativo de la ciudad, y al contrario que Lions y Tigers, los Pistons siempre han estado en la pomada. Fueron competitivos en sus inicios en Fort Wayne (Indiana) y fueron competitivos tras su llegada a la Motor City. Los sesenta fueron malos años para los Pistons, pero repuntaron brevemente en los setenta gracias a Bob Lanier y Dave Bing, quien acabó siendo el alcalde que declaró de forma oficial la quiebra de la ciudad. 

En los ochenta nació uno de los conjuntos más famosos de la historia del baloncesto. Dos palabras que hacen que más de uno tiemble: los Bad Boys. Los embajadores de Detroit en el mundo. El único equipo que puede presumir de hacer morder el polvo a los Lakers del Showtime, a los Celtics de Larry Bird y a los Bulls de Michael Jordan. Dirigidos por Chuck Daly, los Isaiah Thomas, Joe Dumars, Bill Laimbeer, Rick Mahorn, Vinnie Johnson, Dennis Rodman y compañía practicaron un baloncesto al límite de lo reglamentario en defensa, pero que al fin y al cabo funcionó. 

En 1988, los Pistons se mudaron a The Palace of Auburn Hills, el lugar donde los Bad Boys fueron bicampeones (1989 y 1990) y donde se fraguó el equipo de Rasheed y Ben Wallace, Richard Hamilton, Tayshaun Prince y Chauncey Billups. Siete Finales del Este seguidas, un anillo en 2004 ante los últimos Lakers de Shaq y Kobe y un subcampeonato en 2005 ante los Spurs de Gregg Popovich y Tim Duncan en su prime.

Los Pistons cayeron al pozo del Este debido al poco acierto de la directiva a la hora de fichar (Ben Gordon, Charlie Villanueva, Allen Iverson, Tracy McGrady, Josh Smith) y de draftear (Stanley Johnson, Kentavious Caldwell-Pope, Henry Ellenson, Austin Daye…). Las dos clasificaciones para playoffs (2016 y 2019, barridos en ambas) en los últimos diez años sólo son islotes en el mar de dudas que sigue siendo la franquicia. Ni siquiera la vuelta al centro de Detroit en el flamante Little Caesars Arena parece mitigar la depresión de uno de los históricos del basket estadounidense.

Detroit Red Wings, honor a Hockeytown

Pero el orgullo deportivo de la ‘Ciudad del Motor’ es el equipo de hockey sobre hielo, los Detroit Red Wings. Son uno de los Original Six de la NHL y son el equipo con base en los Estados Unidos que más veces ha ganado la Stanley Cup: once. Su edad dorada hay que situarla en los años cincuenta (Gordie Howe), pero eso no quiere decir que los años posteriores no estuvieran a la altura. Ni mucho menos.

El bache vivido en los setenta dio paso a una presencia casi perenne en playoffs: entre 1984 y 2016, solo se perdieron la última fase en dos ocasiones. Además, encadenaron veinticinco presencias consecutivas en postemporada (una de las mejores marcas de la historia del deporte norteamericano) que trajeron consigo cuatro Stanley Cups y dos subcampeonatos. Dentro de los Estados Unidos, Detroit es Hockeytown gracias a los Reds Wings. La racha llegó a su fin en la temporada 2016-17.

El apego al equipo, además de por los éxitos sobre el hielo, viene porque, al igual que los Tigers (ambas franquicias pertenecen a la familia Ilitch), siempre han jugado dentro de Detroit. Primero en el Olympia Stadium, luego en el Joe Louis Arena y ahora en el Little Caesars Arena. Los éxitos deportivos están dándole la espalda a los equipos de Detroit. Históricos en horas bajas que, al igual que su ciudad, buscan resurgir. Porque al final, los equipos acaban siendo el reflejo del lugar al que pertencen.

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Detroit tocó fondo el 18 de julio de 2013. Ese día, la ciudad más poblada de Michigan se convirtió en la urbe más grande los Estados Unidos en declararse en bancarrota. Fue la guinda a un amargo pastel que llevaba cocinándose durante décadas.

General Motors, Chrysler y Ford hicieron de Detroit la Motor City, la capital mundial del automóvil. Una ciudad a la que llegaba gente de todas partes para trabajar en la potente industria automovilística. En su época de esplendor, a mediados del siglo XX, su downtown llegó a tener cerca de dos millones de habitantes. O lo que es lo mismo, la cuarta ciudad más poblada de los Estados Unidos, solamente por detrás de Nueva York, Los Ángeles y Chicago. Pero llegó la desindustrialización y con ella un declive que se tradujo en pobreza, despoblación, deterioro urbanístico, violencia y racismo. 

Detroit está renaciendo poco a poco. Quienes no lo hacen son sus equipos deportivos: Pistons (NBA), Tigers (MLB), Red Wings (NHL) y Lions (NFL). Todos juegan en el centro de la ciudad, algo de lo que solo la Motown puede presumir en el país, y todos son históricos del deporte norteamericano. Pero ninguno de ellos está en su mejor momento.

Detroit Tigers, siempre fieles

El equipo más antiguo de la ciudad, cómo no, es el de béisbol. Los Detroit Tigers fueron fundados en la Western League (predecesora de la Liga Americana) en 1894 y vivieron sus mejores años a principios del siglo XX de la mano del legendario Ty Cobb. Sin embargo, el Melocotón de Georgia nunca pudo ganar la Serie Mundial. Los cuatro títulos mundiales ganados por los Tigers son de 1935, 1945, 1968 y 1984. Los últimos viajes de los Tigers a las World Series se produjeron en 2006 y 2012, perdiendo ante los St. Louis Cardinals y los San Francisco Giants respectivamente.

El inicio de la década de 2010 (cuatro presencias consecutivas en playoffs) fue un oasis en la mediocre historia de la franquicia: solo dieciséis presencias en postemporada en 118 años. A eso hay que añadirle que el siglo XXI han protagonizado dos de las peores campañas de la historia de la MLB: 2019 (47-114) y 2003 (43-119). Al menos pueden presumir de haber jugado siempre dentro de los límites Detroit. Primero en el barrio de Corktown en el que estaba el mítico Tiger Stadium y actualmente en el downtown donde se construyó el Comerica Park.

Detroit Lions, reconstruyéndose desde 1957

Los otros felinos de la ciudad también son un clásico del deporte estadounidense con un historial más bien triste. Los Detroit Lions, el equipo de fútbol americano, tiene en su haber cuatro campeonatos de la NFL, pero el último data de 1957. Siguen siendo uno de los cuatro equipos que jamás ha jugado una Super Bowl. Los otros son los Cleveland Browns, los Jacksonville Jaguars y los Houston Texans.

Los Lions son en cierto sentido un reflejo de la ciudad. Llegaron a Detroit procedentes de la pequeña Portsmouth (Ohio) porque ahí era imposible sostener un equipo de la NFL. Jugaron casi cuarenta años en el estadio de los Tigers pero en la década de los setenta, al igual que gran parte de la población de Detroit, se mudaron a las afueras. Pontiac, a unos 19 kilómetros de la Gran D, inauguró su Silverdome en 1975. Allí se lució en los noventa el mejor jugador de la historia de los Lions: el running back Barry Sanders.

El Ford Field, construido al lado del Comerica Park, trajo de vuelta a los Lions al centro de Detroit en 2002. Más allá de la importancia simbólica del acontecimiento, lo cierto es que el equipo no ha abandonado la mediocridad. En lo que llevamos de siglo sólo han jugado tres veces los playoffs, todas ellas esta década. En total acumulan diecisiete apariciones en la última fase de la temporada y no ganan un partido de postemporada desde 1991. Sin embargo, el momento más bajo de la franquicia fue la temporada de 2008, cuando se convirtieron en el primer equipo de la historia de la NFL en firmar un 0-16.

Compartir división con Green Bay Packers, Chicago Bears y Minnesota Vikings no es fácil, pero los Lions nunca han sabido aprovechar los distintos momentos de bajón de sus rivales. Por eso son uno de los patitos feos de la National Football League.

Detroit Pistons, algo más que chicos malos

Los Lions compartieron casa durante una década con el equipo de baloncesto, los Detroit Pistons. Su nombre es el más representativo de la ciudad, y al contrario que Lions y Tigers, los Pistons siempre han estado en la pomada. Fueron competitivos en sus inicios en Fort Wayne (Indiana) y fueron competitivos tras su llegada a la Motor City. Los sesenta fueron malos años para los Pistons, pero repuntaron brevemente en los setenta gracias a Bob Lanier y Dave Bing, quien acabó siendo el alcalde que declaró de forma oficial la quiebra de la ciudad. 

En los ochenta nació uno de los conjuntos más famosos de la historia del baloncesto. Dos palabras que hacen que más de uno tiemble: los Bad Boys. Los embajadores de Detroit en el mundo. El único equipo que puede presumir de hacer morder el polvo a los Lakers del Showtime, a los Celtics de Larry Bird y a los Bulls de Michael Jordan. Dirigidos por Chuck Daly, los Isaiah Thomas, Joe Dumars, Bill Laimbeer, Rick Mahorn, Vinnie Johnson, Dennis Rodman y compañía practicaron un baloncesto al límite de lo reglamentario en defensa, pero que al fin y al cabo funcionó. 

En 1988, los Pistons se mudaron a The Palace of Auburn Hills, el lugar donde los Bad Boys fueron bicampeones (1989 y 1990) y donde se fraguó el equipo de Rasheed y Ben Wallace, Richard Hamilton, Tayshaun Prince y Chauncey Billups. Siete Finales del Este seguidas, un anillo en 2004 ante los últimos Lakers de Shaq y Kobe y un subcampeonato en 2005 ante los Spurs de Gregg Popovich y Tim Duncan en su prime.

Los Pistons cayeron al pozo del Este debido al poco acierto de la directiva a la hora de fichar (Ben Gordon, Charlie Villanueva, Allen Iverson, Tracy McGrady, Josh Smith) y de draftear (Stanley Johnson, Kentavious Caldwell-Pope, Henry Ellenson, Austin Daye…). Las dos clasificaciones para playoffs (2016 y 2019, barridos en ambas) en los últimos diez años sólo son islotes en el mar de dudas que sigue siendo la franquicia. Ni siquiera la vuelta al centro de Detroit en el flamante Little Caesars Arena parece mitigar la depresión de uno de los históricos del basket estadounidense.

Detroit Red Wings, honor a Hockeytown

Pero el orgullo deportivo de la ‘Ciudad del Motor’ es el equipo de hockey sobre hielo, los Detroit Red Wings. Son uno de los Original Six de la NHL y son el equipo con base en los Estados Unidos que más veces ha ganado la Stanley Cup: once. Su edad dorada hay que situarla en los años cincuenta (Gordie Howe), pero eso no quiere decir que los años posteriores no estuvieran a la altura. Ni mucho menos.

El bache vivido en los setenta dio paso a una presencia casi perenne en playoffs: entre 1984 y 2016, solo se perdieron la última fase en dos ocasiones. Además, encadenaron veinticinco presencias consecutivas en postemporada (una de las mejores marcas de la historia del deporte norteamericano) que trajeron consigo cuatro Stanley Cups y dos subcampeonatos. Dentro de los Estados Unidos, Detroit es Hockeytown gracias a los Reds Wings. La racha llegó a su fin en la temporada 2016-17.

El apego al equipo, además de por los éxitos sobre el hielo, viene porque, al igual que los Tigers (ambas franquicias pertenecen a la familia Ilitch), siempre han jugado dentro de Detroit. Primero en el Olympia Stadium, luego en el Joe Louis Arena y ahora en el Little Caesars Arena. Los éxitos deportivos están dándole la espalda a los equipos de Detroit. Históricos en horas bajas que, al igual que su ciudad, buscan resurgir. Porque al final, los equipos acaban siendo el reflejo del lugar al que pertencen.

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