_Sudamérica

Desde casa

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 04-07-2019

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En Brasil cada día importa menos la liga nacional. Ante la ingente cantidad de partidos europeos que se lanzan al mundo día tras día, ataviados entre luces de colores que auguran que esto es lo único bueno que hay, cuesta imaginar al aficionado brasileño viendo su liga nacional. El balompié verdeamarelho se pierde en una enorme cantidad de torneos que esconden elementos malolientes. Más de una vez el futbolista carioca se ha plantado ante la federación. Allí, a veces, parece que no saben ya lo que están disputando. En uno de esos conjuntos, en el Gremio, habita Éverton, que hoy, a horas del partido más importante de su vida, habita con todos aquellos jugadores que se marcharon siendo niños. Él ya tiene 23. No le importa.

Su descaro ha sido su seña de identidad desde la lesión de Neymar, la puerta que se le abrió para disputar la Copa América. Cuajó buenos encuentros de preparación haciendo gala de su insolencia y de una virtud que perece en el balompié: el regate. Los futbolistas con esa habilidad están llamados a dominar el futuro de este deporte. Aquellos que no se esconden, que encaran, que amenazan y que atemorizan a colectivos que precisamente juegan con esa arma: el miedo, tendrán siempre llamadas de otros técnicos. Su soltura le sirvió para ser un revulsivo al inicio, cuando Richarlison y David Neres ocupaban los flancos. Sin embargo, las paperas del primero y el flojo nivel del segundo le han hecho a Tite preguntarse lo siguiente: ¿y si ponemos a este tío?

El esquema de la canarinha le viene que ni pintado. Aquellos pitos del inicio de competición, cuando Brasil vencía sin convencer, tienen un disuasorio sencillo y práctico, llamado victoria. Tite impregna a sus equipos la colonia del pragmatismo. Es barata y se nota en el olor que no es ostentosa, pero da temple y convicción a Brasil, cada día más cómoda en ese contexto. El seleccionador ya no se pasa con sus dosis antes de salir a los encuentros, como hacía en Corinthians, donde llegaba a ser objeto de mofa por su fundamentalismo. Su 4-2-3-1, que se convierte en 4-4-1-1 en defensa, tiene unos matices que muchas veces dibujan los propios actores del verde. Dentro de su improvisación, Philippe Coutinho cae mucho a banda de Éverton para no colisionar con Roberto Firmino, que viene siempre a recibir. Por ello el perfil del futbolista del Gremio es tan necesario. Si se le llenan las botas de cal es buena señal. No ocupará zonas de influencia de ningún compañero y allí, en las mejores condiciones, podrá hacer la jugada que más le gusta. 

Aunque su duelo frente Argentina no fue el mejor -fue sustituido al descanso- sus características le colocan en la mente de Tite, del que ya no se pueden reír tanto. Fue ultraofensivo en cuartos de final, ante Paraguay, cuando su combinado no rompía la tela de araña guaraní. Pase lo que pase, su futuro parece lejos de casa. El aficionado del balompié doméstico en Brasil tiene, en principio, unas pocas semanas para darse golpes en el pecho. Pero que les quiten lo bailado. Sobre todo, si en Maracaná levantan su primera Copa América desde 2007. 

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En Brasil cada día importa menos la liga nacional. Ante la ingente cantidad de partidos europeos que se lanzan al mundo día tras día, ataviados entre luces de colores que auguran que esto es lo único bueno que hay, cuesta imaginar al aficionado brasileño viendo su liga nacional. El balompié verdeamarelho se pierde en una enorme cantidad de torneos que esconden elementos malolientes. Más de una vez el futbolista carioca se ha plantado ante la federación. Allí, a veces, parece que no saben ya lo que están disputando. En uno de esos conjuntos, en el Gremio, habita Éverton, que hoy, a horas del partido más importante de su vida, habita con todos aquellos jugadores que se marcharon siendo niños. Él ya tiene 23. No le importa.

Su descaro ha sido su seña de identidad desde la lesión de Neymar, la puerta que se le abrió para disputar la Copa América. Cuajó buenos encuentros de preparación haciendo gala de su insolencia y de una virtud que perece en el balompié: el regate. Los futbolistas con esa habilidad están llamados a dominar el futuro de este deporte. Aquellos que no se esconden, que encaran, que amenazan y que atemorizan a colectivos que precisamente juegan con esa arma: el miedo, tendrán siempre llamadas de otros técnicos. Su soltura le sirvió para ser un revulsivo al inicio, cuando Richarlison y David Neres ocupaban los flancos. Sin embargo, las paperas del primero y el flojo nivel del segundo le han hecho a Tite preguntarse lo siguiente: ¿y si ponemos a este tío?

El esquema de la canarinha le viene que ni pintado. Aquellos pitos del inicio de competición, cuando Brasil vencía sin convencer, tienen un disuasorio sencillo y práctico, llamado victoria. Tite impregna a sus equipos la colonia del pragmatismo. Es barata y se nota en el olor que no es ostentosa, pero da temple y convicción a Brasil, cada día más cómoda en ese contexto. El seleccionador ya no se pasa con sus dosis antes de salir a los encuentros, como hacía en Corinthians, donde llegaba a ser objeto de mofa por su fundamentalismo. Su 4-2-3-1, que se convierte en 4-4-1-1 en defensa, tiene unos matices que muchas veces dibujan los propios actores del verde. Dentro de su improvisación, Philippe Coutinho cae mucho a banda de Éverton para no colisionar con Roberto Firmino, que viene siempre a recibir. Por ello el perfil del futbolista del Gremio es tan necesario. Si se le llenan las botas de cal es buena señal. No ocupará zonas de influencia de ningún compañero y allí, en las mejores condiciones, podrá hacer la jugada que más le gusta. 

Aunque su duelo frente Argentina no fue el mejor -fue sustituido al descanso- sus características le colocan en la mente de Tite, del que ya no se pueden reír tanto. Fue ultraofensivo en cuartos de final, ante Paraguay, cuando su combinado no rompía la tela de araña guaraní. Pase lo que pase, su futuro parece lejos de casa. El aficionado del balompié doméstico en Brasil tiene, en principio, unas pocas semanas para darse golpes en el pecho. Pero que les quiten lo bailado. Sobre todo, si en Maracaná levantan su primera Copa América desde 2007. 

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Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96
08-07-2019