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Desaprovechando a Aaron Rodgers

Aaron Rodgers ganó su primera Super Bowl en febrero de 2011. Han pasado casi diez años desde entonces y ese sigue siendo el único campeonato del que puede presumir uno de los mejores quarterbacks de la historia. Lo peor de todo es la sensación de que su talento se ha tirado a la basura.

La dinastía que pudo ser y no fue

Rodgers tenía 27 años cuando lideró la conquista del cuarto Trofeo Vince Lombardi de la historia de los Green Bay Packers. Con sus mejores años de carrera aún por llegar, la afición quesera se frotaba las manos. El triunfo en Texas ante los Pittsburgh Steelers parecía el inicio de algo grande. El 15-1 con el que los Packers terminaron 2011 y el nombramiento a Rodgers como MVP de la NFL no hicieron más que confirmar que el hype estaba justificado.

En Wisconsin sólo se vislumbraba la Super Bowl XLVI en el horizonte. Pero antes había que jugar los Playoffs y ahí aparecieron los New York Giants de Eli Manning -cómo no- para despertar a los Packers del sueño en la ronda divisional. En 2012 y 2013 fueron los San Francisco 49ers quienes mandaron a casa a los Rodgers, Nelson, Matthews y compañía. Pero si hay una derrota en postemporada que todavía sigue doliendo en la parroquia packer, esa es la sufrida en el NFC Championship Game de 2014.

A falta de algo más de dos minutos para el final del partido, los Packers tenían en su mano (7-19) cargarse a los vigentes campeones de la Super Bowl, los Seattle Seahawks de Russell Wilson, Marshawn Lynch y la Legion of Boom. Los de Washington acabaron dándole la vuelta al partido y se impusieron en la prórroga. El tiempo extra también fue la tumba de los Packers en la ronda divisional de 2015 ante los Arizona Cardinals. Un partido en el que los queseros aguantaron porque Aaron Rodgers así lo quiso.

En 2016, los Packers fueron arrasados por los Atlanta Falcons en la final de conferencia, y en 2017 y 2018 ni siquiera entraron en Playoffs. Esa última campaña, la número cien de la historia de la franquicia, fue la que aireó todas las miserias acumuladas. 

Aaron Rodgers-Mike McCarthy, una relación complicada

A medida que los Packers terminaban sus temporadas antes de tiempo, Ted Thompson (mánager general) y Mike McCarthy (entrenador jefe) se convirtieron en el foco de las críticas de la afición y de la prensa. Thompson construyó al equipo campeón de 2010 apoyándose sobre todo en los Drafts: Aaron Rodgers, Greg Jennings, Jordy Nelson, B.J. Raji, Clay Matthews… todos ellos llegaron a Green Bay elegidos por él. TT fue también quien contrató a McCarthy como nuevo head coach en 2006.

La relación entre Rodgers y McCarthy nunca fue buena. Pero en el deporte ya se sabe: mientras se gane, lo que pase fuera del césped no tiene demasiada importancia. Hasta que se deja de ganar.

Tras la dolorosa derrota en Seattle hubo críticas por el planteamiento del técnico y la pésima gestión del reloj, y la eliminación en Glendale confirmó que había una excesiva dependencia en la magia del quarterback. Pero a fin de cuentas, eran derrotas en los Playoffs. Cuando estas llegaron en regular season, se acabó la tregua. En la tercera jornada de 2017, las cámaras cazaron al QB gritándole “puta estupidez de jugada”. La lesión de clavícula que sufrió Rodgers unas semanas después dejaron expuestas las carencias del equipo. Sin su estrella, los Packers se quedaron fuera de Playoffs por primera vez desde 2008.

En 2018, Rodgers estuvo sano toda la campaña, pero la dinámica del equipo fue mala y pasó lo que tarde o temprano iba a suceder: McCarthy, despedido. Los artículos sobre la relación Rodgers-McCarthy inundaron las webs. Que no era la mejor ya se sabía, pero lo sorprendente es su origen: el Draft de 2005. Según explicó Bleacher Report, AR12 nunca perdonó que el entonces coordinador ofensivo de los 49ers dijese que Alex Smith, el otro gran quarterback de ese Draft, era mejor que él.

¿Es justo cargarle todas las culpas al entrenador? Greg Jennings fue contundente (“Rodgers no tiene más anillos por culpa de McCarthy”) e hizo una comparación con Bill Belichick. “Cuando teníamos ventaja en el marcador, McCarthy nos maniataba. Si perdíamos esa ventaja no era por culpa de la defensa, era por culpa de McCarthy. Mira los Patriots: si van ganando, siguen yendo a por todas. […] Lo que es seguro es que tienen al mejor entrenador”, dijo el ex jugador de los Packers en 2017. Sin pretenderlo, Tom Brady metió el dedo en la llaga: “Con el sistema ofensivo de los Patriots, (Rodgers) lanzaría para 7000 yardas”.

Jordan Love, sal a la herida

Vaya por delante que esto no es una crítica a Jordan Love. Ojalá que el de Utah State continúe con la estabilidad de la que gozan en Green Bay en el puesto de quarterback desde principios de los noventa. El problema es que su elección ha sido una sorpresa y no precisamente para bien.

Lo vivido en la noche del 23 de abril de 2020 recordó a lo que sucedió, curiosamente, un 23 de abril, pero de 2005. El día en el que los Packers se hicieron con Aaron Rodgers en el Draft. Al igual que la de Love hoy, la de Rodgers fue una elección sorprendente. Como ahora, en 2005 los Packers contaban con un quarterback titular legendario, veterano… y con un solo anillo en su palmarésBrett Favre. Evidentemente, a Favre no le hizo ninguna gracia que se emplease un pick de primera en un QB con vistas al futuro cuando él lo que quería eran armas de impacto inmediato para pelear por el anillo en la recta final de su carrera.

Es evidente que Aaron Rodgers no ha dado precisamente saltos de alegría en su casa con la elección de Jordan Love. Hace un par años, Favre declaró que Rodgers le había confesado que la veteranía le había hecho comprender el porqué de su enfado en aquel entonces. Ahora es el 12 quien ve cómo desde los despachos usan una elección de primera ronda en un quarterback cuando había otras necesidades más urgentes.

Getty Images

Las críticas de los aficionados a la directiva no son gratuitas. Hay un dato que respalda la opinión de que no se han hecho esfuerzos para rodear a Rodgers de talentos a su altura. Hasta Love, los Packers no empleaban un pick de primera ronda en un jugador de ataque desde, ni más ni menos, 2011. Y fue para un línea ofensivo, el tackle Derek Sherrod (cuatro años de carrera). Entre 2012 y 2019, las principales inversiones en los Drafts han sido en pass rushers, cornerbacks y safeties.

Nunca hay que descuidar la construcción de una defensa poderosa, aunque se tenga a uno de los mejores pasadores de la liga, por supuesto. Pero una cosa es eso y otra es fiarlo todo a intentar pescar el chollo de turno en los puestos de corredor y/o receptor en las rondas intermedias y bajas de los Drafts. Y es que en las oficinas del Lambeau llevan muchos años apostando a eso, con el riesgo que siempre supone.

Ni Ted Thompson antes ni Brian Gutekunst ahora han sido fans de sacar la chequera en la offseason. Por lo general, los agentes libres que han llegado a Green Bay han sido jugadores de clase media o veteranos cuyos mejores años ya no iban a volver. Los únicos fichajes de renombre en estos quince años han sido los de Charles Woodson (siete años por 52,7 millones de dólares en 2006) y Julius Peppers (tres años por 30 millones en 2014, ya con 34 años de edad). Poca ambición en la agencia libre, poca ambición en los traspasos y en realidad poca ambición en los Drafts, porque nunca se han atrevido a subir puestos para escoger a algún talento de los gordos. De ahí a que no se entienda que sí lo hayan hecho para seleccionar a un QB cuando la camada de WR era de las mejores de los últimos años.

El déjà vu será completo si Rodgers se comporta con Love del mismo modo que Favre lo hizo con él en su momento. Lo del maestro y el discípulo está muy bien en las pelis. En la NFL, sobre todo con los QB, el cuento es muy distinto. Love dijo que tenía muchas ganas de aprender de Rodgers, pero eso mismo fue lo que dijo el 12 en 2005… y en sus tres años como suplente aprendió de Favre a la fuerza, no porque éste le tutelase.

Una cuestión importante es si Love tendrá la suficiente paciencia para aguantar dos o tres años en la banda. Porque los Packers corren el riesgo de que les pase como a los Patriots con Jimmy GaroppoloJimmy G era el elegido por Belichick para heredar el puesto de Tom Brady. Había sido escogido en la segunda ronda del Draft de 2014, pero tres temporadas y media después, Brady seguía sin jubilarse. Al final los Pats tuvieron que elegir entre la leyenda o la promesa y se decantaron por la leyenda. Que no quepa duda de que en Green Bay van a vivir una situación similar.

Cuestionar a estas alturas de la película la grandeza de Aaron Rodgers es absurdo. Estamos hablando de uno de los mejores de la historia en su posición. Por eso da entre pena y rabia ver cómo a otros grandes como Tom Brady o Drew Brees sus equipos les dotan todos los años de armas con las que intentar asaltar el trono de la NFL estando ambos entrados en la cuarentena de edad, mientras que él tiene que conformarse con jugadores jóvenes que son melones sin abrir y encima ahora la gran apuesta es un QB.

En 2019, los Packers estuvieron a una victoria de jugar la Super Bowl. Motivo más que suficiente para ir a por todas en estos próximos cuatros años porque, recordamos, esa es la duración de la extensión de contrato que Aaron Rodgers y los Green Bay Packers firmaron en 2018 y que entra en vigor en 2020. Rodgers tenía la intención de cumplir su contrato hasta el final, pero Brian Gutekunst y Matt LaFleur (con el que el 12 parecía haber congeniado) parecen tener otros planes.

Si finalmente Rodgers se retira con sólo un anillo de campeón de la Super Bowl en sus dedos, sabrá a poco botín. Aunque siempre está la posibilidad de acabar como Peyton Manning y ganar el segundo campeonato en su última temporada… en otro equipo.

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Aaron Rodgers ganó su primera Super Bowl en febrero de 2011. Han pasado casi diez años desde entonces y ese sigue siendo el único campeonato del que puede presumir uno de los mejores quarterbacks de la historia. Lo peor de todo es la sensación de que su talento se ha tirado a la basura.

La dinastía que pudo ser y no fue

Rodgers tenía 27 años cuando lideró la conquista del cuarto Trofeo Vince Lombardi de la historia de los Green Bay Packers. Con sus mejores años de carrera aún por llegar, la afición quesera se frotaba las manos. El triunfo en Texas ante los Pittsburgh Steelers parecía el inicio de algo grande. El 15-1 con el que los Packers terminaron 2011 y el nombramiento a Rodgers como MVP de la NFL no hicieron más que confirmar que el hype estaba justificado.

En Wisconsin sólo se vislumbraba la Super Bowl XLVI en el horizonte. Pero antes había que jugar los Playoffs y ahí aparecieron los New York Giants de Eli Manning -cómo no- para despertar a los Packers del sueño en la ronda divisional. En 2012 y 2013 fueron los San Francisco 49ers quienes mandaron a casa a los Rodgers, Nelson, Matthews y compañía. Pero si hay una derrota en postemporada que todavía sigue doliendo en la parroquia packer, esa es la sufrida en el NFC Championship Game de 2014.

A falta de algo más de dos minutos para el final del partido, los Packers tenían en su mano (7-19) cargarse a los vigentes campeones de la Super Bowl, los Seattle Seahawks de Russell Wilson, Marshawn Lynch y la Legion of Boom. Los de Washington acabaron dándole la vuelta al partido y se impusieron en la prórroga. El tiempo extra también fue la tumba de los Packers en la ronda divisional de 2015 ante los Arizona Cardinals. Un partido en el que los queseros aguantaron porque Aaron Rodgers así lo quiso.

En 2016, los Packers fueron arrasados por los Atlanta Falcons en la final de conferencia, y en 2017 y 2018 ni siquiera entraron en Playoffs. Esa última campaña, la número cien de la historia de la franquicia, fue la que aireó todas las miserias acumuladas. 

Aaron Rodgers-Mike McCarthy, una relación complicada

A medida que los Packers terminaban sus temporadas antes de tiempo, Ted Thompson (mánager general) y Mike McCarthy (entrenador jefe) se convirtieron en el foco de las críticas de la afición y de la prensa. Thompson construyó al equipo campeón de 2010 apoyándose sobre todo en los Drafts: Aaron Rodgers, Greg Jennings, Jordy Nelson, B.J. Raji, Clay Matthews… todos ellos llegaron a Green Bay elegidos por él. TT fue también quien contrató a McCarthy como nuevo head coach en 2006.

La relación entre Rodgers y McCarthy nunca fue buena. Pero en el deporte ya se sabe: mientras se gane, lo que pase fuera del césped no tiene demasiada importancia. Hasta que se deja de ganar.

Tras la dolorosa derrota en Seattle hubo críticas por el planteamiento del técnico y la pésima gestión del reloj, y la eliminación en Glendale confirmó que había una excesiva dependencia en la magia del quarterback. Pero a fin de cuentas, eran derrotas en los Playoffs. Cuando estas llegaron en regular season, se acabó la tregua. En la tercera jornada de 2017, las cámaras cazaron al QB gritándole “puta estupidez de jugada”. La lesión de clavícula que sufrió Rodgers unas semanas después dejaron expuestas las carencias del equipo. Sin su estrella, los Packers se quedaron fuera de Playoffs por primera vez desde 2008.

En 2018, Rodgers estuvo sano toda la campaña, pero la dinámica del equipo fue mala y pasó lo que tarde o temprano iba a suceder: McCarthy, despedido. Los artículos sobre la relación Rodgers-McCarthy inundaron las webs. Que no era la mejor ya se sabía, pero lo sorprendente es su origen: el Draft de 2005. Según explicó Bleacher Report, AR12 nunca perdonó que el entonces coordinador ofensivo de los 49ers dijese que Alex Smith, el otro gran quarterback de ese Draft, era mejor que él.

¿Es justo cargarle todas las culpas al entrenador? Greg Jennings fue contundente (“Rodgers no tiene más anillos por culpa de McCarthy”) e hizo una comparación con Bill Belichick. “Cuando teníamos ventaja en el marcador, McCarthy nos maniataba. Si perdíamos esa ventaja no era por culpa de la defensa, era por culpa de McCarthy. Mira los Patriots: si van ganando, siguen yendo a por todas. […] Lo que es seguro es que tienen al mejor entrenador”, dijo el ex jugador de los Packers en 2017. Sin pretenderlo, Tom Brady metió el dedo en la llaga: “Con el sistema ofensivo de los Patriots, (Rodgers) lanzaría para 7000 yardas”.

Jordan Love, sal a la herida

Vaya por delante que esto no es una crítica a Jordan Love. Ojalá que el de Utah State continúe con la estabilidad de la que gozan en Green Bay en el puesto de quarterback desde principios de los noventa. El problema es que su elección ha sido una sorpresa y no precisamente para bien.

Lo vivido en la noche del 23 de abril de 2020 recordó a lo que sucedió, curiosamente, un 23 de abril, pero de 2005. El día en el que los Packers se hicieron con Aaron Rodgers en el Draft. Al igual que la de Love hoy, la de Rodgers fue una elección sorprendente. Como ahora, en 2005 los Packers contaban con un quarterback titular legendario, veterano… y con un solo anillo en su palmarésBrett Favre. Evidentemente, a Favre no le hizo ninguna gracia que se emplease un pick de primera en un QB con vistas al futuro cuando él lo que quería eran armas de impacto inmediato para pelear por el anillo en la recta final de su carrera.

Es evidente que Aaron Rodgers no ha dado precisamente saltos de alegría en su casa con la elección de Jordan Love. Hace un par años, Favre declaró que Rodgers le había confesado que la veteranía le había hecho comprender el porqué de su enfado en aquel entonces. Ahora es el 12 quien ve cómo desde los despachos usan una elección de primera ronda en un quarterback cuando había otras necesidades más urgentes.

Getty Images

Las críticas de los aficionados a la directiva no son gratuitas. Hay un dato que respalda la opinión de que no se han hecho esfuerzos para rodear a Rodgers de talentos a su altura. Hasta Love, los Packers no empleaban un pick de primera ronda en un jugador de ataque desde, ni más ni menos, 2011. Y fue para un línea ofensivo, el tackle Derek Sherrod (cuatro años de carrera). Entre 2012 y 2019, las principales inversiones en los Drafts han sido en pass rushers, cornerbacks y safeties.

Nunca hay que descuidar la construcción de una defensa poderosa, aunque se tenga a uno de los mejores pasadores de la liga, por supuesto. Pero una cosa es eso y otra es fiarlo todo a intentar pescar el chollo de turno en los puestos de corredor y/o receptor en las rondas intermedias y bajas de los Drafts. Y es que en las oficinas del Lambeau llevan muchos años apostando a eso, con el riesgo que siempre supone.

Ni Ted Thompson antes ni Brian Gutekunst ahora han sido fans de sacar la chequera en la offseason. Por lo general, los agentes libres que han llegado a Green Bay han sido jugadores de clase media o veteranos cuyos mejores años ya no iban a volver. Los únicos fichajes de renombre en estos quince años han sido los de Charles Woodson (siete años por 52,7 millones de dólares en 2006) y Julius Peppers (tres años por 30 millones en 2014, ya con 34 años de edad). Poca ambición en la agencia libre, poca ambición en los traspasos y en realidad poca ambición en los Drafts, porque nunca se han atrevido a subir puestos para escoger a algún talento de los gordos. De ahí a que no se entienda que sí lo hayan hecho para seleccionar a un QB cuando la camada de WR era de las mejores de los últimos años.

El déjà vu será completo si Rodgers se comporta con Love del mismo modo que Favre lo hizo con él en su momento. Lo del maestro y el discípulo está muy bien en las pelis. En la NFL, sobre todo con los QB, el cuento es muy distinto. Love dijo que tenía muchas ganas de aprender de Rodgers, pero eso mismo fue lo que dijo el 12 en 2005… y en sus tres años como suplente aprendió de Favre a la fuerza, no porque éste le tutelase.

Una cuestión importante es si Love tendrá la suficiente paciencia para aguantar dos o tres años en la banda. Porque los Packers corren el riesgo de que les pase como a los Patriots con Jimmy GaroppoloJimmy G era el elegido por Belichick para heredar el puesto de Tom Brady. Había sido escogido en la segunda ronda del Draft de 2014, pero tres temporadas y media después, Brady seguía sin jubilarse. Al final los Pats tuvieron que elegir entre la leyenda o la promesa y se decantaron por la leyenda. Que no quepa duda de que en Green Bay van a vivir una situación similar.

Cuestionar a estas alturas de la película la grandeza de Aaron Rodgers es absurdo. Estamos hablando de uno de los mejores de la historia en su posición. Por eso da entre pena y rabia ver cómo a otros grandes como Tom Brady o Drew Brees sus equipos les dotan todos los años de armas con las que intentar asaltar el trono de la NFL estando ambos entrados en la cuarentena de edad, mientras que él tiene que conformarse con jugadores jóvenes que son melones sin abrir y encima ahora la gran apuesta es un QB.

En 2019, los Packers estuvieron a una victoria de jugar la Super Bowl. Motivo más que suficiente para ir a por todas en estos próximos cuatros años porque, recordamos, esa es la duración de la extensión de contrato que Aaron Rodgers y los Green Bay Packers firmaron en 2018 y que entra en vigor en 2020. Rodgers tenía la intención de cumplir su contrato hasta el final, pero Brian Gutekunst y Matt LaFleur (con el que el 12 parecía haber congeniado) parecen tener otros planes.

Si finalmente Rodgers se retira con sólo un anillo de campeón de la Super Bowl en sus dedos, sabrá a poco botín. Aunque siempre está la posibilidad de acabar como Peyton Manning y ganar el segundo campeonato en su última temporada… en otro equipo.

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