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Derbi sevillano y europeo

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 06-11-2019

La preciosa Sevilla es ciclotímica. Es difícil prever cuándo explotará de júbilo o de rabia, de melancolía o de pasión. Sus dos equipos, enfrentados siempre, conviven en una urbe loca por un deporte que últimamente les ha proporcionado jaleo e ira a partes iguales. El Betis, durante toda su historia, se ha asemejado al doctor Jekyll; unos años luchando por puestos europeos y otros en versión Mr. Hyde, en Segunda. 

La temporada 04-05 aunó a dos conjuntos que disputaron hasta la última jornada un puesto por disputar la máxima competición continental. El 7 de mayo de 2005, los verdiblancos recibían al cuadro de Joaquín Caparrós en su feudo. Parecía imposible alcanzarles. Con cinco puntos de distancia a falta de 12 por jugar, muy mal se le tenía que dar al Sevilla para no jugar la Champions. O eso parecía.

Los de Lorenzo Serra Ferrer, mediante un gran gol de Oliveira, superaron a sus acérrimos rivales. Los del Sánchez Pizjuán, traumatizados por la derrota, no consiguieron rubricar unos resultados que parecían sellados. Las dos siguientes semanas, ante el Real Madrid y el Getafe, no pasaron del empate. Ambos pinchazos le otorgaron la oportunidad a los béticos de colocarse en cuarta posición además de seguir soñando con conseguir la Copa del Rey. El cuadro de Joaquín, Melli, Rivas, Juanito o Arzu, entre otros, visitaba Son Moix. Da igual cuándo lo afirmes o de cuándo hables, el estadio de Son Moix no es propicio para jugarse la vida.

Sus homónimos, por su parte, a un solo punto, rezaban por una buena nueva desde Baleares. Sin embargo, el Málaga, que no se jugaba nada, superó al Sevilla en su casa y les dejó sextos, en conmoción. El Betis, que se adelantó con gol de Assunçao, que no se arrugó ni se asustó nunca, acabó pidiendo la hora tras un tanto de Pereyra al final. Les valía el empate. Aquella celebración no podía postergarse. Iba a prolongarse unos días más tarde cuando ganaron la Copa a Osasuna. 

El año siguiente se enfrentaron en Champions a Liverpool y Chelsea en el mismo grupo; algo raro, digno de otra de estas historias de Instagram. El Sevilla, por su parte, veía como se gestaba un proyecto ganador que tendría réditos un año después, con Juande Ramos en el banquillo.

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La preciosa Sevilla es ciclotímica. Es difícil prever cuándo explotará de júbilo o de rabia, de melancolía o de pasión. Sus dos equipos, enfrentados siempre, conviven en una urbe loca por un deporte que últimamente les ha proporcionado jaleo e ira a partes iguales. El Betis, durante toda su historia, se ha asemejado al doctor Jekyll; unos años luchando por puestos europeos y otros en versión Mr. Hyde, en Segunda. 

La temporada 04-05 aunó a dos conjuntos que disputaron hasta la última jornada un puesto por disputar la máxima competición continental. El 7 de mayo de 2005, los verdiblancos recibían al cuadro de Joaquín Caparrós en su feudo. Parecía imposible alcanzarles. Con cinco puntos de distancia a falta de 12 por jugar, muy mal se le tenía que dar al Sevilla para no jugar la Champions. O eso parecía.

Los de Lorenzo Serra Ferrer, mediante un gran gol de Oliveira, superaron a sus acérrimos rivales. Los del Sánchez Pizjuán, traumatizados por la derrota, no consiguieron rubricar unos resultados que parecían sellados. Las dos siguientes semanas, ante el Real Madrid y el Getafe, no pasaron del empate. Ambos pinchazos le otorgaron la oportunidad a los béticos de colocarse en cuarta posición además de seguir soñando con conseguir la Copa del Rey. El cuadro de Joaquín, Melli, Rivas, Juanito o Arzu, entre otros, visitaba Son Moix. Da igual cuándo lo afirmes o de cuándo hables, el estadio de Son Moix no es propicio para jugarse la vida.

Sus homónimos, por su parte, a un solo punto, rezaban por una buena nueva desde Baleares. Sin embargo, el Málaga, que no se jugaba nada, superó al Sevilla en su casa y les dejó sextos, en conmoción. El Betis, que se adelantó con gol de Assunçao, que no se arrugó ni se asustó nunca, acabó pidiendo la hora tras un tanto de Pereyra al final. Les valía el empate. Aquella celebración no podía postergarse. Iba a prolongarse unos días más tarde cuando ganaron la Copa a Osasuna. 

El año siguiente se enfrentaron en Champions a Liverpool y Chelsea en el mismo grupo; algo raro, digno de otra de estas historias de Instagram. El Sevilla, por su parte, veía como se gestaba un proyecto ganador que tendría réditos un año después, con Juande Ramos en el banquillo.

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