_Italia

Demolition man

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 30-01-2019

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Nadie nunca antes en la historia de la Serie A había enlazado catorce goles marcados en ocho jornadas de liga consecutivas. A Duván Zapata le costó asimilar el método Gasperini a su llegada a Bérgamo el pasado verano, pero una vez lo ha hecho, y de qué manera, está relanzando su carrera a unos niveles insospechados, incluso para un delantero con el notable potencial que el colombiano, el mejor ariete cafetero actual, ya venía asomando desde sus primeros días en el Napoli de Rafa Benítez tras aterrizar en San Paolo en 2013 desde Estudiantes de La Plata. No es casualidad, por tanto, que solo anotase un gol hasta el mes de diciembre de la quincena de ellos que refleja su particular casillero en la actualidad.

Si Marco Giampaolo y la sociedad que este le brindó con otro atacante en un excepcional estado de forma como Fabio Quagliarella en su única campaña en la Sampdoria, ya le habían ayudado a entender más y mejor su relación con el juego colectivo, Gian Piero Gasperini lo ha convertido en estos meses a sus órdenes en un futbolista por lo menos el doble de bueno de lo que era a nivel de conceptos y de lectura de las situaciones. Anteriormente, Zapata era un prototipo de nueve muy limitado a su potente conducción a campo abierto y quizá excesivamente focalizado en extraer rédito de su potencia física también en el cuerpo a cuerpo, sin embargo, en la Atalanta su comprensión del juego ha pasado a ser muchísimo más global.

Alejado del carril central y de tener que bajar balones más frontales y acostado como punto de partida en la banda izquierda para estirar las defensas rivales y permitir a dos playmakers de la talla de Papu Gómez e Ilicic crear juego entre líneas, Duván ha refinado su tacto para las entregas y sus movimientos sin balón, constituyéndose en una solución permanente y no en un mero recurso directo mucho más aislado. Perfectamente integrado en los profundos y continuos movimientos de un equipo de tantísima vocación ofensiva y vertical como es la Dea, el ex de América de Cali se ha servido de esa mejora técnica y conceptual y de esa importancia ciertamente creativa en los clásicos e incisivos triángulos por bandas que son el sello distintivo de su entrenador, para convertirse asimismo en un rematador de área mucho más letal, en el goleador con mayúsculas que hasta ahora no había conseguido ser pese a intentarlo y desearlo.

En solo un semestre de competición con Gasperini, Duván Zapata ha doblado de un año a otro su volumen de remates dentro del área y no lo ha hecho precisamente por enfocarse a zonas muchos más concretas y acotadas, sino que lo ha logrado exclusivamente a través de un mejor juego en un sentido plenamente colectivo, ya que su eficacia rematadora entre los tres palos es incluso inferior a la del curso pasado en las filas de la Sampdoria, como también su cantidad de pases totales por encuentro, por debajo de 20 de media. En cambio, lo que sí ha aumentado es el número de pases clave que realiza por partido, de los 0.9 con Giampaolo a los 1.5 actuales, y por supuesto su influencia dentro de la estructura coral del equipo, multiplicada por mucho más aún.

Una mejora global de su arsenal de aptitudes y un cénit en su madurez como futbolista que alcanza el punto de ser uno de los delanteros más intimidantes que cualquier defensor del Calcio puede enfrentar dentro de la zona de gol hoy día. De hecho, Zapata es el nueve, junto a Milik y Quagliarella, que más goles ha marcado desde dentro del área pequeña y el cuarto futbolista, detrás de Cristiano Rolando, Immobile y Piatek, que más veces ha rematado en el área grande en lo que llevamos de temporada. Y todo ello activándose constantemente de fuera hacia dentro, partiendo desde el costado izquierdo y a veces desde zonas más cercanas a la medular que al punto de penalti para explotar así su carrera, pero sirviéndose al mismo tiempo y de forma muy inteligente del flujo de juego de los Gómez, Ilicic y Gosens y de los envíos cruzados del otro carrilero, Hateboer, desde el otro perfil.

No existe en la actualidad en Italia otro equipo y otro entrenador mejores que la Atalanta y Gasperini para que perfiles ofensivos con una clara determinación y esencia vertical evolucionen y mejoren su nivel, sus prestaciones y, en definitiva, su estatus y su futuro. Y Duván Zapata, a sus 27 años, es el mejor ejemplo posible, un delantero que, en apenas unos meses, ha pasado de ser un caballo desbocado, un perfil demasiado específico y encorsetado, a uno de los puntas más completos, punzantes, astutos, contundentes y temidos del Calcio. Tanto la titularidad en la selección colombiana, como el gran contrato de su carrera son ya dos puertas abiertas de par en par en el horizonte más cercano del caleño de una forma totalmente lógica y extremadamente merecida. Y más vale que nadie ose obstaculizar su camino e intenciones porque Duván Zapata, el Duván Zapata de Gasperini, este Duván Zapata, arrasa con todo a su paso como la bola de demolición que siempre fue, pero ahora en su versión más insaciable, refinada e inconformista posible.

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Nadie nunca antes en la historia de la Serie A había enlazado catorce goles marcados en ocho jornadas de liga consecutivas. A Duván Zapata le costó asimilar el método Gasperini a su llegada a Bérgamo el pasado verano, pero una vez lo ha hecho, y de qué manera, está relanzando su carrera a unos niveles insospechados, incluso para un delantero con el notable potencial que el colombiano, el mejor ariete cafetero actual, ya venía asomando desde sus primeros días en el Napoli de Rafa Benítez tras aterrizar en San Paolo en 2013 desde Estudiantes de La Plata. No es casualidad, por tanto, que solo anotase un gol hasta el mes de diciembre de la quincena de ellos que refleja su particular casillero en la actualidad.

Si Marco Giampaolo y la sociedad que este le brindó con otro atacante en un excepcional estado de forma como Fabio Quagliarella en su única campaña en la Sampdoria, ya le habían ayudado a entender más y mejor su relación con el juego colectivo, Gian Piero Gasperini lo ha convertido en estos meses a sus órdenes en un futbolista por lo menos el doble de bueno de lo que era a nivel de conceptos y de lectura de las situaciones. Anteriormente, Zapata era un prototipo de nueve muy limitado a su potente conducción a campo abierto y quizá excesivamente focalizado en extraer rédito de su potencia física también en el cuerpo a cuerpo, sin embargo, en la Atalanta su comprensión del juego ha pasado a ser muchísimo más global.

Alejado del carril central y de tener que bajar balones más frontales y acostado como punto de partida en la banda izquierda para estirar las defensas rivales y permitir a dos playmakers de la talla de Papu Gómez e Ilicic crear juego entre líneas, Duván ha refinado su tacto para las entregas y sus movimientos sin balón, constituyéndose en una solución permanente y no en un mero recurso directo mucho más aislado. Perfectamente integrado en los profundos y continuos movimientos de un equipo de tantísima vocación ofensiva y vertical como es la Dea, el ex de América de Cali se ha servido de esa mejora técnica y conceptual y de esa importancia ciertamente creativa en los clásicos e incisivos triángulos por bandas que son el sello distintivo de su entrenador, para convertirse asimismo en un rematador de área mucho más letal, en el goleador con mayúsculas que hasta ahora no había conseguido ser pese a intentarlo y desearlo.

En solo un semestre de competición con Gasperini, Duván Zapata ha doblado de un año a otro su volumen de remates dentro del área y no lo ha hecho precisamente por enfocarse a zonas muchos más concretas y acotadas, sino que lo ha logrado exclusivamente a través de un mejor juego en un sentido plenamente colectivo, ya que su eficacia rematadora entre los tres palos es incluso inferior a la del curso pasado en las filas de la Sampdoria, como también su cantidad de pases totales por encuentro, por debajo de 20 de media. En cambio, lo que sí ha aumentado es el número de pases clave que realiza por partido, de los 0.9 con Giampaolo a los 1.5 actuales, y por supuesto su influencia dentro de la estructura coral del equipo, multiplicada por mucho más aún.

Una mejora global de su arsenal de aptitudes y un cénit en su madurez como futbolista que alcanza el punto de ser uno de los delanteros más intimidantes que cualquier defensor del Calcio puede enfrentar dentro de la zona de gol hoy día. De hecho, Zapata es el nueve, junto a Milik y Quagliarella, que más goles ha marcado desde dentro del área pequeña y el cuarto futbolista, detrás de Cristiano Rolando, Immobile y Piatek, que más veces ha rematado en el área grande en lo que llevamos de temporada. Y todo ello activándose constantemente de fuera hacia dentro, partiendo desde el costado izquierdo y a veces desde zonas más cercanas a la medular que al punto de penalti para explotar así su carrera, pero sirviéndose al mismo tiempo y de forma muy inteligente del flujo de juego de los Gómez, Ilicic y Gosens y de los envíos cruzados del otro carrilero, Hateboer, desde el otro perfil.

No existe en la actualidad en Italia otro equipo y otro entrenador mejores que la Atalanta y Gasperini para que perfiles ofensivos con una clara determinación y esencia vertical evolucionen y mejoren su nivel, sus prestaciones y, en definitiva, su estatus y su futuro. Y Duván Zapata, a sus 27 años, es el mejor ejemplo posible, un delantero que, en apenas unos meses, ha pasado de ser un caballo desbocado, un perfil demasiado específico y encorsetado, a uno de los puntas más completos, punzantes, astutos, contundentes y temidos del Calcio. Tanto la titularidad en la selección colombiana, como el gran contrato de su carrera son ya dos puertas abiertas de par en par en el horizonte más cercano del caleño de una forma totalmente lógica y extremadamente merecida. Y más vale que nadie ose obstaculizar su camino e intenciones porque Duván Zapata, el Duván Zapata de Gasperini, este Duván Zapata, arrasa con todo a su paso como la bola de demolición que siempre fue, pero ahora en su versión más insaciable, refinada e inconformista posible.

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