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Cambios constantes

Hay algunas cosas, por mucho que estemos acostumbrados a que ocurran una y otra vez, que nos cuestan comprender. Una de ellas es lo de los banquillos en la Premier League: un día estás en el Aston Villa y, literalmente, una semana después fichas por el Norwich City. Los jugadores tienen sus ventanas de fichajes, pero los técnicos tienen libertad para ir de un lado al otro: es como si Homer Simpson quisiera ser el nuevo protagonista de Padre de Familia. No tendría ningún sentido, pero viendo las infinitas ganas de los directores de liarla nunca podremos decir nunca. Queda aquí escrito.

Dean Smith es uno de los protagonistas de la semana. Su cambio de bando, tras el doloroso despido del club de su vida, muestra una tendencia añeja en las grandes entidades del balompié inglés. La realidad es que esta situación choca frontalmente con esa eterna idea de los managers en las islas: los que se llenan la boca de palabras rimbombantes, muy campanudos. Proyecto, idea o plan son los términos más comunes. Días después han cambiado de despacho para repetir los mismos vocablos. Los que lo estamos viendo desde lejos nos estamos perdiendo algo.

Owen Coyle, en sus tiempos en el Bolton. (Getty Images)

Una de las historias más extrañas fue la de Marco Silva: este no había sido despedido del club en el que estaba. El portugués volaba con su Watford en las primeras semanas de competición. El Everton, tras echar a Ronald Koeman, llamó a su puerta para firmarlo. El luso estaba loco por la música de Goodison Park. El final fue dramático: los londinenses empezaron a perder encuentros y acabaron dándole el finiquito a Silva, asegurando que lo de los toffees le había descentrado. Los de Liverpool, hartos de esperarlo, firmaron al ínclito Sam Allardyce. Al acabar ese mismo curso el sueño de ambos se cumplió. Algo es algo.

Otro ejemplo muy loco fue el de Owen Coyle. El escocés consiguió su objetivo a mitad de curso tras presionar sin cesar a la directiva del Burnley para dejar que se marchara. En aquel momento era un entrenador muy cotizado en Inglaterra y la llamada del Bolton parecía muy jugosa. Las cosas cambian muy rápido. Dos años más tarde descendió con los trotters al Championship. En el caso actual, el de Dean Smith, ha sido un despido la consecuencia por la que los cromos cambiaran. El mayor problema es que una entidad puede desestabilizar a otra tocando a una de las figuras más importantes en plena vorágine de encuentros. Habrá casos más locos que el de Smith.

Imagen de cabecera: @NorwichCityFC

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Hay algunas cosas, por mucho que estemos acostumbrados a que ocurran una y otra vez, que nos cuestan comprender. Una de ellas es lo de los banquillos en la Premier League: un día estás en el Aston Villa y, literalmente, una semana después fichas por el Norwich City. Los jugadores tienen sus ventanas de fichajes, pero los técnicos tienen libertad para ir de un lado al otro: es como si Homer Simpson quisiera ser el nuevo protagonista de Padre de Familia. No tendría ningún sentido, pero viendo las infinitas ganas de los directores de liarla nunca podremos decir nunca. Queda aquí escrito.

Dean Smith es uno de los protagonistas de la semana. Su cambio de bando, tras el doloroso despido del club de su vida, muestra una tendencia añeja en las grandes entidades del balompié inglés. La realidad es que esta situación choca frontalmente con esa eterna idea de los managers en las islas: los que se llenan la boca de palabras rimbombantes, muy campanudos. Proyecto, idea o plan son los términos más comunes. Días después han cambiado de despacho para repetir los mismos vocablos. Los que lo estamos viendo desde lejos nos estamos perdiendo algo.

Owen Coyle, en sus tiempos en el Bolton. (Getty Images)

Una de las historias más extrañas fue la de Marco Silva: este no había sido despedido del club en el que estaba. El portugués volaba con su Watford en las primeras semanas de competición. El Everton, tras echar a Ronald Koeman, llamó a su puerta para firmarlo. El luso estaba loco por la música de Goodison Park. El final fue dramático: los londinenses empezaron a perder encuentros y acabaron dándole el finiquito a Silva, asegurando que lo de los toffees le había descentrado. Los de Liverpool, hartos de esperarlo, firmaron al ínclito Sam Allardyce. Al acabar ese mismo curso el sueño de ambos se cumplió. Algo es algo.

Otro ejemplo muy loco fue el de Owen Coyle. El escocés consiguió su objetivo a mitad de curso tras presionar sin cesar a la directiva del Burnley para dejar que se marchara. En aquel momento era un entrenador muy cotizado en Inglaterra y la llamada del Bolton parecía muy jugosa. Las cosas cambian muy rápido. Dos años más tarde descendió con los trotters al Championship. En el caso actual, el de Dean Smith, ha sido un despido la consecuencia por la que los cromos cambiaran. El mayor problema es que una entidad puede desestabilizar a otra tocando a una de las figuras más importantes en plena vorágine de encuentros. Habrá casos más locos que el de Smith.

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