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De aficionado solitario a presidente de éxito

Diego G. Argota @DiegoGArgota21 16-04-2021

En febrero de 2012, el teléfono móvil de Tiago Rech comenzó a echar humo. “¿Eres tú?”, “Creo que te he visto en la tele”, “Dime que no estás solo de verdad”. Tenía 25 años y trabajaba como periodista. Hincha de Santa Cruz RS desde la infancia, gracias a la afición de su abuelo y su padre por un equipo tan modesto, Rech aprovechó que vivía entonces en el centro de Porto Alegre para acudir al partido que iba a enfrentar a su club contra el todopoderoso Gremio. Y allí, en el graderío reservado para los visitantes, se encontró solo. Sabía que no habría mucha gente porque el partido se jugaba tarde, pero… ¿Solo? Pelo alborotado, camiseta blanquinegra y auriculares enchufados, era el único asistente para animar a un equipo que acabaría perdiendo 4-1

Santa Cruz RS es un equipo modesto de la ciudad de Santa Cruz do Sul, de 130.000 habitantes, en el estado Rio Grande del Sur. Si uno ha nacido allí, lo más normal es que, si es aficionado al fútbol, se debata entre Inter o Gremio de Portoalegre, ciudad que está a algo menos de 150 kilómetros en un viaje por carretera. Esa fue también la tesitura en la que se encontró Rech cuando, en una época de madurez, tuvo que decantarse por un equipo de fútbol al que apoyar. Él solía ir con su padre y con su abuelo a ver los partidos del Santa Cruz, pero sentía simpatía también tanto por Gremio como por Inter. Pero cuando tuvo edad suficiente como para encontrar pasión y sentimentalismo en aquello de los 22 tipos detrás de un balón, su elección siempre fue Santa Cruz.

El equipo siempre ha sido algo más que modesto. Fundado a inicios del siglo pasado y con más de 100 años de historia, se ha batido el cobre siempre entre el fútbol amateur y el semiprofesional. Su competición está en torneos estatales y durante mucho tiempo disfrutó de partidos en el Campeonato Gaucho, la máxima división del torneo de su estado, un torneo que se ha disputado en 90 ediciones y que 74 de ellas se las han repartido Gremio e Inter, que desde los años 50 solo han dejado escapar tres títulos para otros equipos. Ganar el Campeonato Gaucho, para los modestos, supone la posibilidad de clasificar para las eliminatorias que dan acceso a la Serie D de Brasil, la cuarta división del país. Es decir, que haciendo una comparación con los clubes profesionales, Santa Cruz nunca ha pasado de algo que sería algo parecido a la quinta división del país. Esa era la situación del equipo en 2012, cuando la imagen de Tiago dio la vuelta al mundo.

Aquella instantánea le catapultó en el aspecto personal. Pero fue un momento inicial muy duro. Santa Cruz perdió la categoría y bajó al segundo nivel del fútbol estatal. El club le contactó y se reunió con el presidente para ser el jefe de prensa de la entidad. Pero, en equipos de estas características, se convirtió en un todo en uno. Rech hacía labores de seguridad, se reunía con los cuerpos del estado para cuadrar protocolos pre y post partido y tenía que estar en muchos sitios a la vez, incluidos los entrenamientos. La institución no carburaba. Por eso, en la 2014-2015 consiguió hacer las gestiones necesarias para presidir el club por primera vez. Lo hizo todo sobre la marcha. No tenía experiencia. “Siempre había sido un líder. Desde la escuela. Había presidido muchos proyectos, desde el colegio hasta la facultad, pero esto era diferente”. Se formó, tomó parte en cursos, pero lo hizo de manera simultánea. Se estaba preparando para un cargo que ya ostentaba. El club caminaba mal en lo deportivo. La afición dejó de acudir al estadio, los patrocinadores dejaron de invertir, la situación era horrible y estuvo a punto incluso de descender a la tercera categoría del fútbol estatal.

Ahí, Tiago, viéndose incapaz de sacar a flote al club de su vida, decidió olvidar su cargo. En otras manos quizás saliera a flote. Se echó a un lado y volvió a su labor de aficionado, con un caos mental y en una situación económica malísima. Había puesto dinero de su bolsillo y se había arruinado. El gusanillo le volvió a picar tres años más tarde cuando, tras la peor temporada histórica del club, que no ganó ningún partido, descendió al Gaucho B, la tercera categoría del fútbol del estado. Algunos socios y directivos le reclamaron y regresó a su labor de presidente, con la experiencia previa y sabedor de que ahora el equipo ya no podía caer más bajo. Dos años de duro trabajo que dieron su recompensa cuando, en las pasadas navidades, el equipo ganó el primer título de su historia, la Copa Gaúcha, un trofeo que le ha dado la posibilidad de jugar la Copa de Brasil (donde el equipo cayó en Primera Ronda tras empatar sin goles antes Joinville, que se clasificó porque el empate da acceso a los visitantes), pero sobre todo de jugar la Recopa Gaúcha contra Gremio, un partido para el que aún no hay fecha por lo apretado del calendario del equipo de Porto Alegre, pero que deberá disputarse como sea en las próximas semanas. La inesperada eliminación de Gremio en Libertadores esta misma semana podría hacer que el partido se jugara de manera inminente y en el banquillo no estará Portaluppi, el mejor técnico del club de la historia, destituido por la debacle en el torneo principal.

Ahora, Tiago Rech tiene dos sueños más. El primero, evidentemente, hacer un gran papel en ese partido ante Gremio, casi 10 años después de aquel duelo contra el mismo rival que le catapultó a la fama. Aunque, probablemente, tampoco habrá público y él, como presidente, volverá a ser de los pocos santacruzistas en el estadio. El segundo, volver a ascender, división tras división, y devolver al equipo de su vida a la primera categoría del fútbol estatal. Y quién sabe luego qué más.


Imagen de cabecera: ImagoImages

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En febrero de 2012, el teléfono móvil de Tiago Rech comenzó a echar humo. “¿Eres tú?”, “Creo que te he visto en la tele”, “Dime que no estás solo de verdad”. Tenía 25 años y trabajaba como periodista. Hincha de Santa Cruz RS desde la infancia, gracias a la afición de su abuelo y su padre por un equipo tan modesto, Rech aprovechó que vivía entonces en el centro de Porto Alegre para acudir al partido que iba a enfrentar a su club contra el todopoderoso Gremio. Y allí, en el graderío reservado para los visitantes, se encontró solo. Sabía que no habría mucha gente porque el partido se jugaba tarde, pero… ¿Solo? Pelo alborotado, camiseta blanquinegra y auriculares enchufados, era el único asistente para animar a un equipo que acabaría perdiendo 4-1

Santa Cruz RS es un equipo modesto de la ciudad de Santa Cruz do Sul, de 130.000 habitantes, en el estado Rio Grande del Sur. Si uno ha nacido allí, lo más normal es que, si es aficionado al fútbol, se debata entre Inter o Gremio de Portoalegre, ciudad que está a algo menos de 150 kilómetros en un viaje por carretera. Esa fue también la tesitura en la que se encontró Rech cuando, en una época de madurez, tuvo que decantarse por un equipo de fútbol al que apoyar. Él solía ir con su padre y con su abuelo a ver los partidos del Santa Cruz, pero sentía simpatía también tanto por Gremio como por Inter. Pero cuando tuvo edad suficiente como para encontrar pasión y sentimentalismo en aquello de los 22 tipos detrás de un balón, su elección siempre fue Santa Cruz.

El equipo siempre ha sido algo más que modesto. Fundado a inicios del siglo pasado y con más de 100 años de historia, se ha batido el cobre siempre entre el fútbol amateur y el semiprofesional. Su competición está en torneos estatales y durante mucho tiempo disfrutó de partidos en el Campeonato Gaucho, la máxima división del torneo de su estado, un torneo que se ha disputado en 90 ediciones y que 74 de ellas se las han repartido Gremio e Inter, que desde los años 50 solo han dejado escapar tres títulos para otros equipos. Ganar el Campeonato Gaucho, para los modestos, supone la posibilidad de clasificar para las eliminatorias que dan acceso a la Serie D de Brasil, la cuarta división del país. Es decir, que haciendo una comparación con los clubes profesionales, Santa Cruz nunca ha pasado de algo que sería algo parecido a la quinta división del país. Esa era la situación del equipo en 2012, cuando la imagen de Tiago dio la vuelta al mundo.

Aquella instantánea le catapultó en el aspecto personal. Pero fue un momento inicial muy duro. Santa Cruz perdió la categoría y bajó al segundo nivel del fútbol estatal. El club le contactó y se reunió con el presidente para ser el jefe de prensa de la entidad. Pero, en equipos de estas características, se convirtió en un todo en uno. Rech hacía labores de seguridad, se reunía con los cuerpos del estado para cuadrar protocolos pre y post partido y tenía que estar en muchos sitios a la vez, incluidos los entrenamientos. La institución no carburaba. Por eso, en la 2014-2015 consiguió hacer las gestiones necesarias para presidir el club por primera vez. Lo hizo todo sobre la marcha. No tenía experiencia. “Siempre había sido un líder. Desde la escuela. Había presidido muchos proyectos, desde el colegio hasta la facultad, pero esto era diferente”. Se formó, tomó parte en cursos, pero lo hizo de manera simultánea. Se estaba preparando para un cargo que ya ostentaba. El club caminaba mal en lo deportivo. La afición dejó de acudir al estadio, los patrocinadores dejaron de invertir, la situación era horrible y estuvo a punto incluso de descender a la tercera categoría del fútbol estatal.

Ahí, Tiago, viéndose incapaz de sacar a flote al club de su vida, decidió olvidar su cargo. En otras manos quizás saliera a flote. Se echó a un lado y volvió a su labor de aficionado, con un caos mental y en una situación económica malísima. Había puesto dinero de su bolsillo y se había arruinado. El gusanillo le volvió a picar tres años más tarde cuando, tras la peor temporada histórica del club, que no ganó ningún partido, descendió al Gaucho B, la tercera categoría del fútbol del estado. Algunos socios y directivos le reclamaron y regresó a su labor de presidente, con la experiencia previa y sabedor de que ahora el equipo ya no podía caer más bajo. Dos años de duro trabajo que dieron su recompensa cuando, en las pasadas navidades, el equipo ganó el primer título de su historia, la Copa Gaúcha, un trofeo que le ha dado la posibilidad de jugar la Copa de Brasil (donde el equipo cayó en Primera Ronda tras empatar sin goles antes Joinville, que se clasificó porque el empate da acceso a los visitantes), pero sobre todo de jugar la Recopa Gaúcha contra Gremio, un partido para el que aún no hay fecha por lo apretado del calendario del equipo de Porto Alegre, pero que deberá disputarse como sea en las próximas semanas. La inesperada eliminación de Gremio en Libertadores esta misma semana podría hacer que el partido se jugara de manera inminente y en el banquillo no estará Portaluppi, el mejor técnico del club de la historia, destituido por la debacle en el torneo principal.

Ahora, Tiago Rech tiene dos sueños más. El primero, evidentemente, hacer un gran papel en ese partido ante Gremio, casi 10 años después de aquel duelo contra el mismo rival que le catapultó a la fama. Aunque, probablemente, tampoco habrá público y él, como presidente, volverá a ser de los pocos santacruzistas en el estadio. El segundo, volver a ascender, división tras división, y devolver al equipo de su vida a la primera categoría del fútbol estatal. Y quién sabe luego qué más.


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