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Dawid Janczyk: El delantero que eclipsó a Lewandowski pero se perdió en el alcohol

En 2005, el Legia de Varsovia iba a fichar a dos jugadores juveniles que podían cambiar la historia del campeonato. Entonces, el equipo de la capital era el cuarto en cuanto a palmarés histórico, pero con el Górnik Zabrze y el Ruch Chorzów venidos a menos, la lucha por el cetro del país la tenía que pelear con un Wisla Cracovia que parecía intratable, que venía de ganar tres títulos seguidos y cinco de los últimos siete en juego. Robert Lewandowski, de 16 años y Dawid Janczyk, de 17, se iban a unir a las filas de un Legia que quería dar un golpe encima de la mesa. Lewandowski solo estuvo un año, Janczyk dos, pero con rendimientos totalmente diferentes y con una intrahistoria que nadie se creería a estas alturas de la película porque la calidad de Janczyk, un delantero del que la mayoría de los que lean esta historia jamás ha oído hablar, echó del equipo polaco al mismísimo Lewandowski.

El hoy jugador del Bayern Múnich, uno de los mejores delanteros de la última década, se pasó todo el año en el filial del club polaco, mientras que el hoy desconocido Janczyk fue miembro de pleno derecho de la primera plantilla y generalmente utilizado como revulsivo, acabando la temporada con seis goles y una asistencia en apenas 900 minutos jugados que sirvieron para que en la dirección deportiva tuvieran suficientemente claro que el bueno era Janczyk y que no tenía sentido alguno tener en la recámara un delantero un año más joven con sus mismas prestaciones, pero peor. Así, en esa 2005-2006 y gracias en parte a los goles de su nuevo niño maravilla, el Legia se hizo campeón de la Ekstraklasa, la Primera División de Polonia y el delantero se convirtió en una pequeña estrella (fue convocado con la absoluta, pero una lesión de rodilla le impidió debutar) y reclamo de los jóvenes. Tanto, que en 2006 su rostro fue la imagen de una campaña para la prevención del alcohol entre los adolescentes. El destino quiso obrar una de esas historias raras que tiene el fútbol. Lewandowski fue regalado al Znicz Pruszkow de la Tercera División y allí empezó a cambiar su vida. Porque hoy, con 34 años, Dawid Janczyk es un absoluto desconocido incluso para el fútbol polaco. Lleva más de cuatro años sin un equipo profesional. Lewandowski, con 33, no necesita presentación.

Pero es que Dawid Janczyk era realmente bueno. Metió 17 goles en tantos partidos con la selección Sub18 y Sub19 y se presentó en Canadá, en el Mundial Sub20 de 2007, como uno de los jugadores más atractivos para los ojeadores internacionales. El Chelsea, donde había estado haciendo una prueba en 2005, justo antes de firmar por el Legia, le tenía en su agenda porque a Mourinho (y a Avramovich) le había maravillado, aunque era el Liverpool quien más interés tenía en su fichaje y el Tottenham quien más cerca había estado de firmarle un año anterior, en 2006. Fue el Atlético de Madrid quien hizo la apuesta más alta, de 3’5 millones de euros, pero al Legia no le convencían las cuotas en las que se dividía el pago. Se lo rifaban. Antes de firmar por el propio Legia no solo el Chelsea había querido ficharle, sino que dos meses después de terminar su prueba con los Blue, fue el mismo Arsene Wenger quien llamó al jugador y le invitó a conocer las instalaciones del Arsenal. Su agenda estaba apretadísima porque también había recibido la misma misiva desde Lisboa, donde el Sporting se volvía loco por él.

Dawid Janczyk y José Mourinho en el Chelsea FC. (Dawid Janczyk)

El motivo por el que no se había quedado en el Chelsea, por cierto, es bastante curioso. “Ellos me querían, me habían ofrecido un contrato, pero en Polonia entonces sucedió algo que para nosotros fue una tragedia. Murió el Papa Juan Pablo II. Yo tenía 17 años y era muy religioso, me vi muy solo, joven, tenía que volver a casa”. Roman Avramovich le dio, el mismo día que se despedía, una nueva invitación formal para volver en 15 días, pasar pruebas físicas y firmar un contrato y realmente esperaba que ese chico que durante dos semanas había sido la sombra de Mateja Kezman regresara a sus filas. Nunca volvió y se acabó enrolando en la plantilla del Legia. Y en verano de 2007, en Canadá, en el que fue posiblemente el mejor Mundial juvenil de la historia, el polaco se salió. Allí estaban Agüero, Pato, Piqué, Mata, Willian, Gio Dos Santos, Banega, Arturo Vidal, Luis Suárez, Cavani o Di María, pero Janczyk no fue menos que ellos.

Un gol suyo en el último partido de fase de grupos sirvió para clasificar a su selección a las rondas finales. Antes, ya le había marcado otro a Estados Unidos y después pondría en jaque a la Argentina campeona cuando, a la media hora del cruce de octavos de final, batió a Sergio Romero. Era el primer gol que encajaba Argentina en el torneo y una genialidad de un ariete que estaba jugando solo, arriba, como un islote. Se movió entre líneas buscando la espalda de Fazio, le hizo un lío tanto a él como a Emiliano Insúa tirando un desmarque de dentro a fuera, recibió escorado en la esquina un pase aéreo y bajó el balón para batir cruzado sin siquiera mirar a portería a un Romero que solo encajaría dos goles en todo el torneo. Aquella actuación de solo contra el mundo hizo marcar todas las casillas a los ojeadores y Janczyk salió de Canadá con un contrato con el CSKA de Moscú bajo el brazo. El equipo ruso, que venía de ganar el triplete y tenía a dos delanteros jóvenes prometedores como Jo Alves y Wagner Love, fichaba al polaco por 4,2 millones de euros, convirtiéndole en el traspaso más caro de la historia de un jugador de Polonia. La oferta, además, se cerró a marchas forzadas justo antes de aquel partido contra Argentina. “Dawid iba a ganar el doble del sueldo medio que gana un jugador de Bundesliga de Alemania. Aparecieron con la oferta pronto porque dijeron que tenían miedo de que metiera dos goles contra Argentina y que apareciera un equipo más grande como el Inter de Milán y se lo quitara”, afirmaba su representante.

Janczyk acabó entrando en el equipo ideal de aquel Mundial y firmando por un conjunto que aspiraba a ser cada vez más importante en Champions League. Su primera temporada en el CSKA no fue idílica. Nada más llegar, se rompió la mano y se quedó varios meses fuera del equipo y, cuando volvió, la cruda realidad fue que era suplente. Jo Alves y Wagner Love eran inamovibles. Por detrás, jugaba el brasileño Dani Carvalho y en las bandas lo hacían otros jugadores ofensivos como Krasic y Zhirkov, además de un joven prometedor como Dzagoev. No tenía sitio y, encima, el CSKA no estaba dando la talla en Liga ni en Champions. Así, apenas le quedó disputar partidos de Copa y los últimos de un grupo de Europa donde ya estaban fuera. Un gol suyo, eso sí, le dio el único título de la temporada al club. Fue el encargado de lanzar el penalti decisivo en la tanda en la final de Copa ante el Amkar Perm y no se puso nervioso. No jugaba, pero todo el mundo en el club y en el país polaco sabía de su talento. Así, a finales de 2008, debutó con la absoluta de Polonia en un amistoso. Lo hizo como titular, bajo las órdenes de Leo Beenhakker, que era todo halagos cada vez que hablaba de su delantero en rueda de prensa.

Ante la imposibilidad de tener minutos, el CSKA decidió cederle a Bélgica, al Lokeren. Y allí tendría sus últimos días de fútbol felices, marcando 14 goles en los 31 partidos que jugó entre enero y diciembre de 2009 pero, de manera inexplicable, a mitad de temporada cambió el club para ir a jugar al Germinal Beerschot de la misma Liga. Su buen hacer en los primeros seis meses con el Lokeren incluso le permitieron luchar por el pichichi, que se acabó llevando un joven delantero del Anderletch llamado Romelu Lukaku. En el Germinal Beerschot tuvo problemas con su entrenador, que le acusó de poco profesional y de estar pasado de peso. Allí, además, apareció publicitando una marca de vino, algo que llamó la atención porque tras de sí llevaba ya durante unos meses la sombra del alcoholismo, que poco después estallaría, y porque era totalmente contradictoria a esa campaña anti alcohol que había protagonizado poco antes. Ese fue el punto de inflexión para el CSKA, que durante esos tres años había confiado realmente en que Janczyk acabaría explotando, pero que no pasó por alto su problema de adicción y rápido se le quiso quitar de encima.

Dawid Janczyk. (Sportowy)

Una prueba en la Liga de Qatar y dos cesiones nuevas en Polonia y Ucrania fueron las últimas aventuras del delantero bajo el contrato del equipo de la capital rusa, que desapareció del mapa en 2013. Entre medias, entrenamientos con el Legia o partidos de exhibición en Irlanda con equipos de su Primera División, todo con el OK de un CSKA que quería tenerle de todo menos cerca y cuyo contrato acabó expirando al final en 2013, saliendo por la puerta de atrás, con el recuerdo de aquel crío que le había dado la Copa al club en 2008 pero que se había estrellado contra un muro más allá de eso. Desde 2011 hasta 2013 ni siquiera pisó Moscú, pese a que aún seguía siendo jugador del club.

Tras más de un año en paradero desconocido (se entrenaba con el equipo reserva del Legia, pero cuando estaba a punto de obtener un contrato con el primer equipo, recayó de su alcoholismo y fue internado en una clínica, donde solo duró unos días), el Pliast Giwize, de la máxima división de Polonia, le dio la alternativa. Apenas pudo jugar tres partidos de Liga, todos saliendo desde el banquillo, y un par de Copa, donde impresionó ante equipos de menor categoría. Sin más. Su rendimiento no era acorde al de un futbolista de la máxima división. Quizás porque su cabeza y su cuerpo no estaban bien. En esa época, una noche, los médicos del hospital psiquiátrico donde acababa de ingresar salvaron su vida en incontables ocasiones. Un coma etílico casi le lleva a la muerte y cuando los médicos le sacaron del colapso hasta en cinco ocasiones, Janczyk volvió a la vida encolerizado con un brote psicótico. Comenzó a gritar, a romper el mobiliario y a arrancarse las vías. Quería cometer una locura, gritaba en ruso, polaco e inglés, era un peligro para sí mismo y para otros pacientes y tuvieron que encadenarle y sedarle en una barandilla en mitad del pasillo. “Me dijeron que nunca habían visto nada así en esta unidad”.

Los entrenadores no podían lidiar con un jugador que parecía una transformación de aquel chico disciplinado y trabajador que con 17 y 18 años estaba asombrando al mundo. La fama prematura, los focos, el dinero y el alcohol habían acabado con los días futbolísticos de un Janczyk que no era más que un juguete roto con un ego desmedido para lo que había conseguido. Nada.

Por eso, en 2016, casi diez años después de ponerse el mundo por montera, volvió a casa. Al Sandecja Nowy Sącz, donde se había formado desde que era alevín. El equipo centenario que le había dado la oportunidad de ser alguien y le había vendido por 6.000 euros al Legia Varsovia siendo un adolescente recibía en Segunda División al que era hijo pródigo de la ciudad con las esperanzas puestas en que sus días de fútbol aún tuvieran un último baile. No fue así. Pese a ser el ídolo local su nivel no era acorde a la categoría. Su estado físico tampoco acompañaba y el club tomó la decisión de no firmar una extensión de contrato. A su vuelta a la ciudad, había confirmado que por primera vez en siete años había estado sobrio y había superado su adicción al alcohol, pero volvió a recaer. Pasó casi dos años, entre 2016 y 2018, sin jugar al fútbol, escribiendo su autobiografía y en su lucha contra el alcohol. Su libro vio la luz en 2018 y tanto en él como en entrevistas posteriores ha revelado toda su historia. El alcohol destruyó mi vida. Si pudiera cambiar algo, sería no ir al CSKA. Yo odiaba beber, pero allí estaba solo, no tenía a nadie, no estaba jugando, no tenía otra cosa que hacer y había vodka por todos lados. No es que saliera de fiesta y bebiera. Es que compraba alcohol y me iba a mi apartamento a beber en pijama. Yo quería ir a España. Tenía ofertas del Atlético de Madrid, Sevilla y Betis, pero el Legia prefirió venderme al CSKA. Pienso cada día si habiendo ido a España hoy mi vida podría ser diferente. Quizás, en vez de contar en mis memorias cómo lucho contra el vodka, estaría contando qué bonito fue ser campeón de Europa League”.

En 2018, tras ese pequeño lapso de tiempo, el delantero polaco volvió a vestirse de corto. KTS Weszlo y Odra Wodzisław Śląski fueron los agraciados. Dos clubes amateur, de la quinta y la sexta división del fútbol polaco. Janczyck, que no tenía dinero (“no quiero ni pensar cuándo dinero he gastado en mi vida”, admite) trabajaba como conductor en la empresa que patrocinaba a los clubes y además hacía las veces de entrenador para las categorías inferiores. Del último le echaron a los pocos meses, tras faltar varios días a entrenar sin motivo aparente. Aquella aventura duró solo un año, antes de poner rumbo a Alemania, para enrolarse en las filas del FC Blaubeuren, un club de la octava categoría del fútbol teutón. Allí apenas duró dos meses y que sus peores días habían vuelto fueron evidentes cuando un usuario publicó en las redes sociales unas fotos suyas totalmente ebrio en la estación central de Varsovia.

Tras dos nuevos años de recaídas y de intentonas de volver al fútbol amateur sin éxito ni regularidad, Dawid Janczyk parece que estará perdido para siempre. Vive solo, separado de su mujer, que le echó de casa, y de sus hijas. Afirma que pasó un año totalmente sobrio y había para él los mejores augurios, pero hace solo unas semanas publicó en sus redes un vídeo totalmente borracho donde afirmaba que siempre sería alcohólico y que nada podría cambiarlo. Esta temporada ha comenzado jugando al fútbol en la séptima división de Polonia, en un club llamado Korona Wilkowice donde debutó anotando un doblete. Admite que quiere hacer todo lo posible por dejar de beber, que por eso escribió su libro llamado Mi Confesión. Que abrirse al mundo le ayudará a dejar la botella, pero que no es sencillo. Que es un enfermo.

Hubo una época en la que Lucjan Brychczy, la mayor leyenda del Legia de Varsovia (jugador con más partidos jugados, más goles marcados, más títulos conseguidos y que entrenó al club en cuatro etapas), calificó a Dawid Janczyk como el mayor talento de la historia del club. Fue la misma época en la que los grandes de la Premier League se peleaban por firmarle. El mismo periodo de tiempo en el que Robert Lewandowski tenía que buscarse la vida en equipos de cuarta y tercera división porque ese tal Janczyk era mucho mejor que él y le cerraba todas las puertas. Eran tiempos en los que los niños polacos soñaban con emular a aquel chico que con 17 años estaba ya jugando en la Primera División de Polonia y parecía no tener límites. Un periodo de tiempo, corto, donde Dawid Janczyk lo fue todo.

Imagen de cabecera: Reuters

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En 2005, el Legia de Varsovia iba a fichar a dos jugadores juveniles que podían cambiar la historia del campeonato. Entonces, el equipo de la capital era el cuarto en cuanto a palmarés histórico, pero con el Górnik Zabrze y el Ruch Chorzów venidos a menos, la lucha por el cetro del país la tenía que pelear con un Wisla Cracovia que parecía intratable, que venía de ganar tres títulos seguidos y cinco de los últimos siete en juego. Robert Lewandowski, de 16 años y Dawid Janczyk, de 17, se iban a unir a las filas de un Legia que quería dar un golpe encima de la mesa. Lewandowski solo estuvo un año, Janczyk dos, pero con rendimientos totalmente diferentes y con una intrahistoria que nadie se creería a estas alturas de la película porque la calidad de Janczyk, un delantero del que la mayoría de los que lean esta historia jamás ha oído hablar, echó del equipo polaco al mismísimo Lewandowski.

El hoy jugador del Bayern Múnich, uno de los mejores delanteros de la última década, se pasó todo el año en el filial del club polaco, mientras que el hoy desconocido Janczyk fue miembro de pleno derecho de la primera plantilla y generalmente utilizado como revulsivo, acabando la temporada con seis goles y una asistencia en apenas 900 minutos jugados que sirvieron para que en la dirección deportiva tuvieran suficientemente claro que el bueno era Janczyk y que no tenía sentido alguno tener en la recámara un delantero un año más joven con sus mismas prestaciones, pero peor. Así, en esa 2005-2006 y gracias en parte a los goles de su nuevo niño maravilla, el Legia se hizo campeón de la Ekstraklasa, la Primera División de Polonia y el delantero se convirtió en una pequeña estrella (fue convocado con la absoluta, pero una lesión de rodilla le impidió debutar) y reclamo de los jóvenes. Tanto, que en 2006 su rostro fue la imagen de una campaña para la prevención del alcohol entre los adolescentes. El destino quiso obrar una de esas historias raras que tiene el fútbol. Lewandowski fue regalado al Znicz Pruszkow de la Tercera División y allí empezó a cambiar su vida. Porque hoy, con 34 años, Dawid Janczyk es un absoluto desconocido incluso para el fútbol polaco. Lleva más de cuatro años sin un equipo profesional. Lewandowski, con 33, no necesita presentación.

Pero es que Dawid Janczyk era realmente bueno. Metió 17 goles en tantos partidos con la selección Sub18 y Sub19 y se presentó en Canadá, en el Mundial Sub20 de 2007, como uno de los jugadores más atractivos para los ojeadores internacionales. El Chelsea, donde había estado haciendo una prueba en 2005, justo antes de firmar por el Legia, le tenía en su agenda porque a Mourinho (y a Avramovich) le había maravillado, aunque era el Liverpool quien más interés tenía en su fichaje y el Tottenham quien más cerca había estado de firmarle un año anterior, en 2006. Fue el Atlético de Madrid quien hizo la apuesta más alta, de 3’5 millones de euros, pero al Legia no le convencían las cuotas en las que se dividía el pago. Se lo rifaban. Antes de firmar por el propio Legia no solo el Chelsea había querido ficharle, sino que dos meses después de terminar su prueba con los Blue, fue el mismo Arsene Wenger quien llamó al jugador y le invitó a conocer las instalaciones del Arsenal. Su agenda estaba apretadísima porque también había recibido la misma misiva desde Lisboa, donde el Sporting se volvía loco por él.

Dawid Janczyk y José Mourinho en el Chelsea FC. (Dawid Janczyk)

El motivo por el que no se había quedado en el Chelsea, por cierto, es bastante curioso. “Ellos me querían, me habían ofrecido un contrato, pero en Polonia entonces sucedió algo que para nosotros fue una tragedia. Murió el Papa Juan Pablo II. Yo tenía 17 años y era muy religioso, me vi muy solo, joven, tenía que volver a casa”. Roman Avramovich le dio, el mismo día que se despedía, una nueva invitación formal para volver en 15 días, pasar pruebas físicas y firmar un contrato y realmente esperaba que ese chico que durante dos semanas había sido la sombra de Mateja Kezman regresara a sus filas. Nunca volvió y se acabó enrolando en la plantilla del Legia. Y en verano de 2007, en Canadá, en el que fue posiblemente el mejor Mundial juvenil de la historia, el polaco se salió. Allí estaban Agüero, Pato, Piqué, Mata, Willian, Gio Dos Santos, Banega, Arturo Vidal, Luis Suárez, Cavani o Di María, pero Janczyk no fue menos que ellos.

Un gol suyo en el último partido de fase de grupos sirvió para clasificar a su selección a las rondas finales. Antes, ya le había marcado otro a Estados Unidos y después pondría en jaque a la Argentina campeona cuando, a la media hora del cruce de octavos de final, batió a Sergio Romero. Era el primer gol que encajaba Argentina en el torneo y una genialidad de un ariete que estaba jugando solo, arriba, como un islote. Se movió entre líneas buscando la espalda de Fazio, le hizo un lío tanto a él como a Emiliano Insúa tirando un desmarque de dentro a fuera, recibió escorado en la esquina un pase aéreo y bajó el balón para batir cruzado sin siquiera mirar a portería a un Romero que solo encajaría dos goles en todo el torneo. Aquella actuación de solo contra el mundo hizo marcar todas las casillas a los ojeadores y Janczyk salió de Canadá con un contrato con el CSKA de Moscú bajo el brazo. El equipo ruso, que venía de ganar el triplete y tenía a dos delanteros jóvenes prometedores como Jo Alves y Wagner Love, fichaba al polaco por 4,2 millones de euros, convirtiéndole en el traspaso más caro de la historia de un jugador de Polonia. La oferta, además, se cerró a marchas forzadas justo antes de aquel partido contra Argentina. “Dawid iba a ganar el doble del sueldo medio que gana un jugador de Bundesliga de Alemania. Aparecieron con la oferta pronto porque dijeron que tenían miedo de que metiera dos goles contra Argentina y que apareciera un equipo más grande como el Inter de Milán y se lo quitara”, afirmaba su representante.

Janczyk acabó entrando en el equipo ideal de aquel Mundial y firmando por un conjunto que aspiraba a ser cada vez más importante en Champions League. Su primera temporada en el CSKA no fue idílica. Nada más llegar, se rompió la mano y se quedó varios meses fuera del equipo y, cuando volvió, la cruda realidad fue que era suplente. Jo Alves y Wagner Love eran inamovibles. Por detrás, jugaba el brasileño Dani Carvalho y en las bandas lo hacían otros jugadores ofensivos como Krasic y Zhirkov, además de un joven prometedor como Dzagoev. No tenía sitio y, encima, el CSKA no estaba dando la talla en Liga ni en Champions. Así, apenas le quedó disputar partidos de Copa y los últimos de un grupo de Europa donde ya estaban fuera. Un gol suyo, eso sí, le dio el único título de la temporada al club. Fue el encargado de lanzar el penalti decisivo en la tanda en la final de Copa ante el Amkar Perm y no se puso nervioso. No jugaba, pero todo el mundo en el club y en el país polaco sabía de su talento. Así, a finales de 2008, debutó con la absoluta de Polonia en un amistoso. Lo hizo como titular, bajo las órdenes de Leo Beenhakker, que era todo halagos cada vez que hablaba de su delantero en rueda de prensa.

Ante la imposibilidad de tener minutos, el CSKA decidió cederle a Bélgica, al Lokeren. Y allí tendría sus últimos días de fútbol felices, marcando 14 goles en los 31 partidos que jugó entre enero y diciembre de 2009 pero, de manera inexplicable, a mitad de temporada cambió el club para ir a jugar al Germinal Beerschot de la misma Liga. Su buen hacer en los primeros seis meses con el Lokeren incluso le permitieron luchar por el pichichi, que se acabó llevando un joven delantero del Anderletch llamado Romelu Lukaku. En el Germinal Beerschot tuvo problemas con su entrenador, que le acusó de poco profesional y de estar pasado de peso. Allí, además, apareció publicitando una marca de vino, algo que llamó la atención porque tras de sí llevaba ya durante unos meses la sombra del alcoholismo, que poco después estallaría, y porque era totalmente contradictoria a esa campaña anti alcohol que había protagonizado poco antes. Ese fue el punto de inflexión para el CSKA, que durante esos tres años había confiado realmente en que Janczyk acabaría explotando, pero que no pasó por alto su problema de adicción y rápido se le quiso quitar de encima.

Dawid Janczyk. (Sportowy)

Una prueba en la Liga de Qatar y dos cesiones nuevas en Polonia y Ucrania fueron las últimas aventuras del delantero bajo el contrato del equipo de la capital rusa, que desapareció del mapa en 2013. Entre medias, entrenamientos con el Legia o partidos de exhibición en Irlanda con equipos de su Primera División, todo con el OK de un CSKA que quería tenerle de todo menos cerca y cuyo contrato acabó expirando al final en 2013, saliendo por la puerta de atrás, con el recuerdo de aquel crío que le había dado la Copa al club en 2008 pero que se había estrellado contra un muro más allá de eso. Desde 2011 hasta 2013 ni siquiera pisó Moscú, pese a que aún seguía siendo jugador del club.

Tras más de un año en paradero desconocido (se entrenaba con el equipo reserva del Legia, pero cuando estaba a punto de obtener un contrato con el primer equipo, recayó de su alcoholismo y fue internado en una clínica, donde solo duró unos días), el Pliast Giwize, de la máxima división de Polonia, le dio la alternativa. Apenas pudo jugar tres partidos de Liga, todos saliendo desde el banquillo, y un par de Copa, donde impresionó ante equipos de menor categoría. Sin más. Su rendimiento no era acorde al de un futbolista de la máxima división. Quizás porque su cabeza y su cuerpo no estaban bien. En esa época, una noche, los médicos del hospital psiquiátrico donde acababa de ingresar salvaron su vida en incontables ocasiones. Un coma etílico casi le lleva a la muerte y cuando los médicos le sacaron del colapso hasta en cinco ocasiones, Janczyk volvió a la vida encolerizado con un brote psicótico. Comenzó a gritar, a romper el mobiliario y a arrancarse las vías. Quería cometer una locura, gritaba en ruso, polaco e inglés, era un peligro para sí mismo y para otros pacientes y tuvieron que encadenarle y sedarle en una barandilla en mitad del pasillo. “Me dijeron que nunca habían visto nada así en esta unidad”.

Los entrenadores no podían lidiar con un jugador que parecía una transformación de aquel chico disciplinado y trabajador que con 17 y 18 años estaba asombrando al mundo. La fama prematura, los focos, el dinero y el alcohol habían acabado con los días futbolísticos de un Janczyk que no era más que un juguete roto con un ego desmedido para lo que había conseguido. Nada.

Por eso, en 2016, casi diez años después de ponerse el mundo por montera, volvió a casa. Al Sandecja Nowy Sącz, donde se había formado desde que era alevín. El equipo centenario que le había dado la oportunidad de ser alguien y le había vendido por 6.000 euros al Legia Varsovia siendo un adolescente recibía en Segunda División al que era hijo pródigo de la ciudad con las esperanzas puestas en que sus días de fútbol aún tuvieran un último baile. No fue así. Pese a ser el ídolo local su nivel no era acorde a la categoría. Su estado físico tampoco acompañaba y el club tomó la decisión de no firmar una extensión de contrato. A su vuelta a la ciudad, había confirmado que por primera vez en siete años había estado sobrio y había superado su adicción al alcohol, pero volvió a recaer. Pasó casi dos años, entre 2016 y 2018, sin jugar al fútbol, escribiendo su autobiografía y en su lucha contra el alcohol. Su libro vio la luz en 2018 y tanto en él como en entrevistas posteriores ha revelado toda su historia. El alcohol destruyó mi vida. Si pudiera cambiar algo, sería no ir al CSKA. Yo odiaba beber, pero allí estaba solo, no tenía a nadie, no estaba jugando, no tenía otra cosa que hacer y había vodka por todos lados. No es que saliera de fiesta y bebiera. Es que compraba alcohol y me iba a mi apartamento a beber en pijama. Yo quería ir a España. Tenía ofertas del Atlético de Madrid, Sevilla y Betis, pero el Legia prefirió venderme al CSKA. Pienso cada día si habiendo ido a España hoy mi vida podría ser diferente. Quizás, en vez de contar en mis memorias cómo lucho contra el vodka, estaría contando qué bonito fue ser campeón de Europa League”.

En 2018, tras ese pequeño lapso de tiempo, el delantero polaco volvió a vestirse de corto. KTS Weszlo y Odra Wodzisław Śląski fueron los agraciados. Dos clubes amateur, de la quinta y la sexta división del fútbol polaco. Janczyck, que no tenía dinero (“no quiero ni pensar cuándo dinero he gastado en mi vida”, admite) trabajaba como conductor en la empresa que patrocinaba a los clubes y además hacía las veces de entrenador para las categorías inferiores. Del último le echaron a los pocos meses, tras faltar varios días a entrenar sin motivo aparente. Aquella aventura duró solo un año, antes de poner rumbo a Alemania, para enrolarse en las filas del FC Blaubeuren, un club de la octava categoría del fútbol teutón. Allí apenas duró dos meses y que sus peores días habían vuelto fueron evidentes cuando un usuario publicó en las redes sociales unas fotos suyas totalmente ebrio en la estación central de Varsovia.

Tras dos nuevos años de recaídas y de intentonas de volver al fútbol amateur sin éxito ni regularidad, Dawid Janczyk parece que estará perdido para siempre. Vive solo, separado de su mujer, que le echó de casa, y de sus hijas. Afirma que pasó un año totalmente sobrio y había para él los mejores augurios, pero hace solo unas semanas publicó en sus redes un vídeo totalmente borracho donde afirmaba que siempre sería alcohólico y que nada podría cambiarlo. Esta temporada ha comenzado jugando al fútbol en la séptima división de Polonia, en un club llamado Korona Wilkowice donde debutó anotando un doblete. Admite que quiere hacer todo lo posible por dejar de beber, que por eso escribió su libro llamado Mi Confesión. Que abrirse al mundo le ayudará a dejar la botella, pero que no es sencillo. Que es un enfermo.

Hubo una época en la que Lucjan Brychczy, la mayor leyenda del Legia de Varsovia (jugador con más partidos jugados, más goles marcados, más títulos conseguidos y que entrenó al club en cuatro etapas), calificó a Dawid Janczyk como el mayor talento de la historia del club. Fue la misma época en la que los grandes de la Premier League se peleaban por firmarle. El mismo periodo de tiempo en el que Robert Lewandowski tenía que buscarse la vida en equipos de cuarta y tercera división porque ese tal Janczyk era mucho mejor que él y le cerraba todas las puertas. Eran tiempos en los que los niños polacos soñaban con emular a aquel chico que con 17 años estaba ya jugando en la Primera División de Polonia y parecía no tener límites. Un periodo de tiempo, corto, donde Dawid Janczyk lo fue todo.

Imagen de cabecera: Reuters

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