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David Silva, el hombre de los 21 trofeos

Raúl del Prado @RauldelPradoRod 08-04-2021

17 de agosto de 2003. España se enfrenta a la República de Corea en un partido del Campeonato del Mundo sub-17 en Lahti (Finlandia). Los coreanos se adelantan en el marcador en el minuto 44. Tras el descanso, el número 10 de la selección española, un chaval menudo, bajito, entra al terreno de juego. Un gol en propia puerta significa el 2-0 para el conjunto coreano. El partido se pone complicado para España. Ese número 10 marca de cabeza. El mismo número 10 aparece para rematar de zurda el balón que le dejó el delantero centro. Ese 10 define a la perfección, tras el gran pase de un compañero. España ganó 3-2 a la República de Corea con un ‘hat-trick’ de David Jiménez Silva.

Desde el banquillo, había estado toda la primera parte fijándose en los rivales, escudriñando los resquicios de aquel rocoso equipo coreano. Había estado leyendo el partido. Cuando le preguntaron cómo había sido hacer ese ‘hat-trick’, respondió que se había dado cuenta de que por las bandas iba a ser imposible, que había que encontrar los espacios por dentro entre los defensas. Así de fácil. Con 17 años no ganó su primer trofeo porque Brasil se hizo con la victoria frente a España en la final de aquel Mundial.

Advierto que a partir de ahora hay que ir leyendo y sumando a la vez. Porque David Jiménez Silva perdió en aquella final en Helsinki, pero después saboreó tanto las mieles del triunfo que se ha convertido en un coleccionista de títulos. El más reciente, la Copa del Rey con la Real Sociedad. A sus 35 años sigue siendo ese jugador que aporta su sello personal en cada partido, único y distinto al de los demás, especialmente valioso para el juego del equipo donostiarra. El primero fue en 2004, el campeonato de Europa sub-19 en Suiza, cuando tenía 18 años y ya comenzaba a destacar incluso siendo más pequeño -no sólo en estatura, también en edad- que sus compañeros.

Cuando aquel niño, por su físico lo más cercano al espíritu de la golosina, viajó de Canarias a Valencia, no fue que pasara la prueba. La hizo añicos. Tenía edad de cadete y lo pusieron a jugar con los del juvenil A, tres años mayores que él. Fue duro, porque además estaba lejos de su familia y de sus amigos. Pero todos le animaron para que aprovechara esa gran oportunidad. Todos ya veían lo que destacaba. Calidad en estado puro. De esos privilegiados que son capaces de hacer la última jugada, inventarse el pase de gol o pisar el área para definir tú mismo.

Silva no corría por el campo. Se deslizaba, flotaba. Era como si sus pies no tocaran la hierba mientras se desplazaba con el balón con esa mirada élfica que alcanza más allá de lo que otros pueden ver. Para que lleguen a denominarte el ‘Mago de Arguineguín’ tienes que saber olfatear los espacios por donde moverte en el escenario y visionar el punto justo donde hacer tus apariciones.

Fue lo que hizo en el minuto tres y medio de la final de la Copa del Rey de 2008. Aparecer como por arte de magia, deslizarse entre los defensas para recibir el espléndido envío de David Villa y con el guante de su zurda poner el balón para el remate de cabeza a gol de Mata. Aquel equipo en el que también estaban Baraja, Marchena, Raúl Albiol, Morientes, Arizmendi, Joaquín… ganó 3-1 al Getafe. Fue su primer título nacional y el único que conseguiría Silva con el Valencia.

El contador de trofeos no había hecho más que ponerse en marcha. Y ya no iba a parar. Seguro que cada uno recuerda dónde vio las finales más importantes en la historia de la selección española. Silva estaba allí, en las tres, a pie de césped. Uno de esos locos bajitos claves para el éxito de nuestro fútbol. En la Eurocopa de 2008, ante Alemania, jugó 66 minutos y cedió su puesto a Santi Cazorla. Memorable fue su actuación en la semifinal contra Rusia, en la que puso el broche de oro marcando el 3-0 a pase de Cesc Fábregas. Para Luis Aragonés, Silva fue el mejor del partido. Que no fue un partido de fútbol, fue una exhibición.

David Silva fue titular en la final de la Eurocopa 2008 – ImagoImages

En la Eurocopa de 2012 los locos bajitos estaban desatados. Xavi en corto para Iniesta. Iniesta en profundidad para Cesc Fábregas. Cesc se interna, se va y centra hacia atrás para la llegada de cabeza de Silva. Fue el primer gol de los cuatro que España le metió a Italia en la final en el Olímpico de Kiev. Otro partido para la historia.

En la final de Sudáfrica en 2010, Silva estaría mordiéndose las uñas hasta los bordes viendo desde el banquillo el rudo juego de los holandeses, antes de proclamarse campeón del mundo. Ha jugado 125 partidos como internacional. 31 asistencias y 35 goles, el cuarto máximo goleador en la historia de la selección española, sólo superado por Fernando Torres (38), Raúl (44) y Villa (59).

Aquel año de 2010 fichó por el Manchester City e inició una década prodigiosa. La cuenta de títulos se dispara. El primero con los ‘citizens’, la FA Cup de 2011. Un 1-0 frente al Stoke City, con Silva de titular en la media punta, una posición desde la que se convirtió en rey de las asistencias en Inglaterra. La temporada pasada se despidió como capitán del equipo que ahora dirige Pep Guardiola, después de haber atesorado 14 trofeos: 4 Premier League, 2 FA Cup, 5 Copas de la Liga y 3 Community Shield.

Sí, ya sé que estáis pensando que las cuentas no salen. Que son 20 títulos y en el titular pone “David Silva, el hombre de los 21 trofeos”. Falta uno.

Año 2005. David Jiménez Silva, jugador de la SD Eibar, fue galardonado por su acción de echar el balón fuera de banda cuando tenía una clara ocasión de gol, al haber quedado un defensa tendido en el suelo, lesionado tras un choque. El gesto de Silva tuvo lugar en el minuto 92, con el resultado de 1-1, en el partido Lleida-Eibar correspondiente a la jornada 35 de Liga de Segunda División. El Eibar entonces estaba clasificado en los primeros puestos del campeonato.

Silva recibió el trofeo Pedro Zaballa, máxima distinción a la acción más deportiva de la temporada. Pocos se acuerdan de este trofeo y quizá sea de los más importantes, por lo que dice de la clase y la categoría de futbolista que es Silva. Así que ahí lo tenéis. Con el reciente título de Copa con la Real Sociedad son 21, los mismos que los de su dorsal. Casi nada y se dice pronto. David Silva, el hombre de los 21 trofeos.


Imagen de cabecera: ImagoImages

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17 de agosto de 2003. España se enfrenta a la República de Corea en un partido del Campeonato del Mundo sub-17 en Lahti (Finlandia). Los coreanos se adelantan en el marcador en el minuto 44. Tras el descanso, el número 10 de la selección española, un chaval menudo, bajito, entra al terreno de juego. Un gol en propia puerta significa el 2-0 para el conjunto coreano. El partido se pone complicado para España. Ese número 10 marca de cabeza. El mismo número 10 aparece para rematar de zurda el balón que le dejó el delantero centro. Ese 10 define a la perfección, tras el gran pase de un compañero. España ganó 3-2 a la República de Corea con un ‘hat-trick’ de David Jiménez Silva.

Desde el banquillo, había estado toda la primera parte fijándose en los rivales, escudriñando los resquicios de aquel rocoso equipo coreano. Había estado leyendo el partido. Cuando le preguntaron cómo había sido hacer ese ‘hat-trick’, respondió que se había dado cuenta de que por las bandas iba a ser imposible, que había que encontrar los espacios por dentro entre los defensas. Así de fácil. Con 17 años no ganó su primer trofeo porque Brasil se hizo con la victoria frente a España en la final de aquel Mundial.

Advierto que a partir de ahora hay que ir leyendo y sumando a la vez. Porque David Jiménez Silva perdió en aquella final en Helsinki, pero después saboreó tanto las mieles del triunfo que se ha convertido en un coleccionista de títulos. El más reciente, la Copa del Rey con la Real Sociedad. A sus 35 años sigue siendo ese jugador que aporta su sello personal en cada partido, único y distinto al de los demás, especialmente valioso para el juego del equipo donostiarra. El primero fue en 2004, el campeonato de Europa sub-19 en Suiza, cuando tenía 18 años y ya comenzaba a destacar incluso siendo más pequeño -no sólo en estatura, también en edad- que sus compañeros.

Cuando aquel niño, por su físico lo más cercano al espíritu de la golosina, viajó de Canarias a Valencia, no fue que pasara la prueba. La hizo añicos. Tenía edad de cadete y lo pusieron a jugar con los del juvenil A, tres años mayores que él. Fue duro, porque además estaba lejos de su familia y de sus amigos. Pero todos le animaron para que aprovechara esa gran oportunidad. Todos ya veían lo que destacaba. Calidad en estado puro. De esos privilegiados que son capaces de hacer la última jugada, inventarse el pase de gol o pisar el área para definir tú mismo.

Silva no corría por el campo. Se deslizaba, flotaba. Era como si sus pies no tocaran la hierba mientras se desplazaba con el balón con esa mirada élfica que alcanza más allá de lo que otros pueden ver. Para que lleguen a denominarte el ‘Mago de Arguineguín’ tienes que saber olfatear los espacios por donde moverte en el escenario y visionar el punto justo donde hacer tus apariciones.

Fue lo que hizo en el minuto tres y medio de la final de la Copa del Rey de 2008. Aparecer como por arte de magia, deslizarse entre los defensas para recibir el espléndido envío de David Villa y con el guante de su zurda poner el balón para el remate de cabeza a gol de Mata. Aquel equipo en el que también estaban Baraja, Marchena, Raúl Albiol, Morientes, Arizmendi, Joaquín… ganó 3-1 al Getafe. Fue su primer título nacional y el único que conseguiría Silva con el Valencia.

El contador de trofeos no había hecho más que ponerse en marcha. Y ya no iba a parar. Seguro que cada uno recuerda dónde vio las finales más importantes en la historia de la selección española. Silva estaba allí, en las tres, a pie de césped. Uno de esos locos bajitos claves para el éxito de nuestro fútbol. En la Eurocopa de 2008, ante Alemania, jugó 66 minutos y cedió su puesto a Santi Cazorla. Memorable fue su actuación en la semifinal contra Rusia, en la que puso el broche de oro marcando el 3-0 a pase de Cesc Fábregas. Para Luis Aragonés, Silva fue el mejor del partido. Que no fue un partido de fútbol, fue una exhibición.

David Silva fue titular en la final de la Eurocopa 2008 – ImagoImages

En la Eurocopa de 2012 los locos bajitos estaban desatados. Xavi en corto para Iniesta. Iniesta en profundidad para Cesc Fábregas. Cesc se interna, se va y centra hacia atrás para la llegada de cabeza de Silva. Fue el primer gol de los cuatro que España le metió a Italia en la final en el Olímpico de Kiev. Otro partido para la historia.

En la final de Sudáfrica en 2010, Silva estaría mordiéndose las uñas hasta los bordes viendo desde el banquillo el rudo juego de los holandeses, antes de proclamarse campeón del mundo. Ha jugado 125 partidos como internacional. 31 asistencias y 35 goles, el cuarto máximo goleador en la historia de la selección española, sólo superado por Fernando Torres (38), Raúl (44) y Villa (59).

Aquel año de 2010 fichó por el Manchester City e inició una década prodigiosa. La cuenta de títulos se dispara. El primero con los ‘citizens’, la FA Cup de 2011. Un 1-0 frente al Stoke City, con Silva de titular en la media punta, una posición desde la que se convirtió en rey de las asistencias en Inglaterra. La temporada pasada se despidió como capitán del equipo que ahora dirige Pep Guardiola, después de haber atesorado 14 trofeos: 4 Premier League, 2 FA Cup, 5 Copas de la Liga y 3 Community Shield.

Sí, ya sé que estáis pensando que las cuentas no salen. Que son 20 títulos y en el titular pone “David Silva, el hombre de los 21 trofeos”. Falta uno.

Año 2005. David Jiménez Silva, jugador de la SD Eibar, fue galardonado por su acción de echar el balón fuera de banda cuando tenía una clara ocasión de gol, al haber quedado un defensa tendido en el suelo, lesionado tras un choque. El gesto de Silva tuvo lugar en el minuto 92, con el resultado de 1-1, en el partido Lleida-Eibar correspondiente a la jornada 35 de Liga de Segunda División. El Eibar entonces estaba clasificado en los primeros puestos del campeonato.

Silva recibió el trofeo Pedro Zaballa, máxima distinción a la acción más deportiva de la temporada. Pocos se acuerdan de este trofeo y quizá sea de los más importantes, por lo que dice de la clase y la categoría de futbolista que es Silva. Así que ahí lo tenéis. Con el reciente título de Copa con la Real Sociedad son 21, los mismos que los de su dorsal. Casi nada y se dice pronto. David Silva, el hombre de los 21 trofeos.


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