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David Moyes: nueva idea, mismo espíritu

No es necesario poseer un gran conocimiento en el tema para saber que David Moyes no ha acabado de envejecer bien. Y no me refiero a sus canas. Dios me libre. El escocés era uno de los técnicos más prometedores de Inglaterra, capaz de cuajar grandes resultados con el Everton: algo que solo podía llevarle a un puesto en un club todavía más grande. Sin embargo, tras una década de bandazos, el entrenador del West Ham se encuentra un poco más atrás de la casilla de salida. Con una diferencia: cada cumpleaños es un año menos en su carrera por alcanzar de nuevo el olimpo de los mejores clubes de Europa. Ya no suma, resta. Se le acaba el tiempo.

Quizás alguien pueda pensar que esto es exagerado, que Moyes está donde debe estar. No es así. El de Glasgow llegó a prometernos que era el elegido, el encargado de suceder a Alex Ferguson y a tocar metales con soberana frecuencia. Pero todo se torció hace tiempo. No hay una fecha clara, un despido definitivo o un día que el ocaso le golpeara sin avisar, pero incluso los hammers le apartaron de su proyecto pensando que él estaba bien para salvarse, pero que no daba para más. Ahí sigue enquistado, quizás por sus ideas y por su obsesión por los esquemas defensivos. Aunque todavía tiene cuerda. Y le volvieron a llamar.

Este curso, a sabiendas que el fútbol, inmisericorde, evoluciona contigo o sin ti, sin tiempo para mirar atrás, Moyes ha sumado a su catalogo la defensa de cinco, algo imposible hace una década. El buen hacer de Rafa Benítez en el Newcastle con su 5-4-1, “el sistema más defensivo posible” según Pep Guardiola, ha llevado a varios dirigentes a replantearse sus disposiciones en el verde. El de los hammers estaba acostumbrado a imponer un 4-4-1-1 o un 4-1-4-1 que requería el trabajo imperioso de todo el mundo: incluido los extremos. Y aquí es lo mismo. Porque más allá de que nos sentemos, saquemos la pizarra y os nombremos unos cuantos números de teléfono, el fondo sigue siendo el mismo: estar muy bien ordenado con el mayor número de jugadores creativos posible para cuando toque atacar.

David Moyes se ha unido a la moda que cada vez más conjuntos en Premier League están usando: la del 5-4-1. Es evidente que hay cuadros como Wolverhampton o Arsenal que, con presiones en campo contrario y con propósitos mucho más cercanos a tener el cuero más tiempo, aunque compartan números no juegan a lo mismo. El West Ham ha mejorado su mal inicio con un cambio de disposición que tiene una misma idea, pero mucho mejor resultado del que tenían hasta ahora: defender mejor. Que le pregunten a Aaron Cresswell, un lateral reconvertido a gran central, a Tomáš Souček y a Declan Rice, un doble pivote cada vez más seguro, o a Michail Antonio cómo se sienten. Además, el dispositivo permite al checo desplegarse con mucha más facilidad al ataque, una variante que suma eficiencia a los envites del West Ham. Souček es uno de esos pocos jugadores que puede acabar con porcentajes positivos en porfías de cabeza con centrales que van de cara al balón. Activarle a él, al Fellaini de su tiempo actual, puede mejorar a toda una plantilla que esta vez debe mirar hacia puestos europeos. Para que la carrera de sus futbolistas, y sobre todo la de su entrenador, dé otro giro de 180 grados.

Imagen de cabecera: CLIVE ROSE/POOL/AFP via Getty Images

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No es necesario poseer un gran conocimiento en el tema para saber que David Moyes no ha acabado de envejecer bien. Y no me refiero a sus canas. Dios me libre. El escocés era uno de los técnicos más prometedores de Inglaterra, capaz de cuajar grandes resultados con el Everton: algo que solo podía llevarle a un puesto en un club todavía más grande. Sin embargo, tras una década de bandazos, el entrenador del West Ham se encuentra un poco más atrás de la casilla de salida. Con una diferencia: cada cumpleaños es un año menos en su carrera por alcanzar de nuevo el olimpo de los mejores clubes de Europa. Ya no suma, resta. Se le acaba el tiempo.

Quizás alguien pueda pensar que esto es exagerado, que Moyes está donde debe estar. No es así. El de Glasgow llegó a prometernos que era el elegido, el encargado de suceder a Alex Ferguson y a tocar metales con soberana frecuencia. Pero todo se torció hace tiempo. No hay una fecha clara, un despido definitivo o un día que el ocaso le golpeara sin avisar, pero incluso los hammers le apartaron de su proyecto pensando que él estaba bien para salvarse, pero que no daba para más. Ahí sigue enquistado, quizás por sus ideas y por su obsesión por los esquemas defensivos. Aunque todavía tiene cuerda. Y le volvieron a llamar.

Este curso, a sabiendas que el fútbol, inmisericorde, evoluciona contigo o sin ti, sin tiempo para mirar atrás, Moyes ha sumado a su catalogo la defensa de cinco, algo imposible hace una década. El buen hacer de Rafa Benítez en el Newcastle con su 5-4-1, “el sistema más defensivo posible” según Pep Guardiola, ha llevado a varios dirigentes a replantearse sus disposiciones en el verde. El de los hammers estaba acostumbrado a imponer un 4-4-1-1 o un 4-1-4-1 que requería el trabajo imperioso de todo el mundo: incluido los extremos. Y aquí es lo mismo. Porque más allá de que nos sentemos, saquemos la pizarra y os nombremos unos cuantos números de teléfono, el fondo sigue siendo el mismo: estar muy bien ordenado con el mayor número de jugadores creativos posible para cuando toque atacar.

David Moyes se ha unido a la moda que cada vez más conjuntos en Premier League están usando: la del 5-4-1. Es evidente que hay cuadros como Wolverhampton o Arsenal que, con presiones en campo contrario y con propósitos mucho más cercanos a tener el cuero más tiempo, aunque compartan números no juegan a lo mismo. El West Ham ha mejorado su mal inicio con un cambio de disposición que tiene una misma idea, pero mucho mejor resultado del que tenían hasta ahora: defender mejor. Que le pregunten a Aaron Cresswell, un lateral reconvertido a gran central, a Tomáš Souček y a Declan Rice, un doble pivote cada vez más seguro, o a Michail Antonio cómo se sienten. Además, el dispositivo permite al checo desplegarse con mucha más facilidad al ataque, una variante que suma eficiencia a los envites del West Ham. Souček es uno de esos pocos jugadores que puede acabar con porcentajes positivos en porfías de cabeza con centrales que van de cara al balón. Activarle a él, al Fellaini de su tiempo actual, puede mejorar a toda una plantilla que esta vez debe mirar hacia puestos europeos. Para que la carrera de sus futbolistas, y sobre todo la de su entrenador, dé otro giro de 180 grados.

Imagen de cabecera: CLIVE ROSE/POOL/AFP via Getty Images

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