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David Alaba, el chico para todo

Juanma Perera @juanmaHumilAfic 09-12-2020

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Bayern FC david alaba

No hay verano en los últimos años en el que no se haya especulado con la salida de David Alaba del Bayern, el club que le fue a buscar y le dio la oportunidad de debutar a nivel profesional. Sin embargo, el cuento ha cambiado y ahora parece que sí, que después de casi 13 años se estarían escribiendo las últimas páginas del exótico futbolista en el conjunto bávaro. ¿Exótico? Es austriaco. Bueno, en realidad, lo exótico es su entorno. David es nacido en Viena, su madre es una enfermera filipina que consiguió ganar un concurso de belleza y, su padre, un artista musical nigeriano que hizo carrera en el país del centro de Europa.

Habiendo nacido en la capital, cuenta una leyenda que David no fue descubierto por un ojeador del Austria Viena en un campo de fútbol. Ese descubrimiento no tuvo lugar, ni siquiera, en territorio austriaco, sino cerca del mar. Concretamente, en el mar que baña las costas de la parte oeste de Italia, el llamado Mar Tirreno. Allí, con 10 años, le vio este ojeador del conjunto blanquivioleta mientras jugaba con otros chavales y, al poco tiempo, Alaba ya estaba entrenando en la cantera de uno de los equipos más importantes de su país. Ahí empezaría la leyenda de un chaval que se convirtió en el futbolista más importante de su país casi ‘sin querer’. Pasó varios años en la cantera del Austria Viena, hasta que le llegó la oportunidad de su vida, la llamada del todopoderoso Bayern.

En el Bayern fue superando etapas hasta que, en 2010, le llegó su oportunidad, de la mano de Louis van Gaal. Fue convocado para el partido de la DFB Pokal frente al Greuther Fürth y esperó su oportunidad desde el banquillo. Aquel día fue el del debut de David Alaba con el primer equipo, pero no fue en la defensa. Entró sustituyendo a Tymoshchuk y colocándose en el centro del campo, junto a van Bommel. Su primera aportación no pudo ser más sonada. No había pasado ni un minuto desde su entrada al campo, con 2-2 en el marcador (el Fürth era equipo de 2.Bundesliga en aquella temporada) y le dio una asistencia a Franck Ribéry para marcar el tercer tanto. Finalmente, la eliminatoria la acabó ganando el conjunto muniqués por un contundente 6-2. Ahí quedaría el primer gran día de David Alaba defendiendo el escudo del Bayern con el primer equipo. Simbólico fue que esa asistencia fuera para Ribéry que, con los años, acabaría convirtiéndose en su mejor amigo dentro del equipo.

Debutó en el centro del campo, pero sus primeros partidos completos con los mayores fueron como lateral zurdo, una posición en la que comenzaría a hacerse habitual en el club, pero no en su selección. En su país debutó también en aquel 2009 como lateral, pero su rol cambió para ser un jugador del centro del campo, bien de interior, de mediocentro o, incluso, de mediapunta o extremo. Su cambio de chip era constante. El Alaba del Bayern desempeñaba unas funciones que no hacía en su selección. Pero claro, era un chico que valía para todo. Hasta para las jugadas a balón parado.

La temporada siguiente a su debut fue clave para entender por qué Alaba se acabó convirtiendo en una de las figuras de la última década en el conjunto bávaro y uno de los futbolistas más codiciados del continente. Comenzó la campaña 2010-11 en el equipo de 3.Liga, alternándolo con convocatorias de la primera plantilla, a la fase de grupos de la Champions, pero una lesión de tobillo le dejó fuera de los terrenos de juego un tiempo. Cuando volvió, tras jugar algunos minutos con la primera plantilla y más aún con el segundo equipo, el club tomó la decisión de cederle a un equipo de Primera División, para que fuera acostumbrándose a jugar a gran nivel. Para él había planes y debía probarse jugando habitualmente en un club de la máxima categoría.

Su destino fue el Hoffenheim de Luiz Gustavo, Rudy, Ibisevic… Un equipo que marchaba octavo y había perdido a su técnico, Ralf Rangnick, que años atrás había hecho realidad el milagro de ascender desde Regionalliga hasta Bundesliga. Pero cuando Alaba aterrizó en Sinsheim ya Rangnick no estaba y el culpable había sido el equipo de Múnich. Por decirlo de alguna manera, la salida de Rangnick fue provocada por la marcha de Luiz Gustavo en dirección al campeón sin su permiso. Este fichaje ‘a escondidas’ tuvo como consecuencia o como compensación, el préstamo del joven austriaco, que acabaría jugando todos los minutos de la segunda vuelta de la temporada. Incluso, la visita al Allianz, donde cayeron goleados por 4-0. Pero aquel resultado era lo de menos. Aunque el TSG finalizará aquella liga en el 11º puesto, con Marco Pezzaiuoli en el banquillo, lo importante era que David Alaba, un chaval de 18 años prestado por el Bayern lo había jugado todo, a gran nivel, en el centro del campo. Y que, además, había marcado un par de goles.

Aunque ya había tenido minutos con el Bayern, la de aquella media temporada en Sinsheim fue su carta de presentación, la oportunidad que aprovechó para ser luego una de las piezas importantes de uno de los grandes del viejo continente. Y lo empezó a ser, poco a poco. La temporada siguiente tardó en ser fijo en las alineaciones, pero tenía minutos. En Champions fue titular indiscutible a partir de la tercera jornada, pero en semifinales, en el día clave, la posibilidad de ganar un título se volvió tristeza. Sí, el Bayern iba a jugar una final, pero ese día no estaría David Alaba sobre el campo, porque había visto una amarilla a los 5’ de la vuelta frente al Real Madrid. Más tristeza le dio aún, cuando el equipo falló en la tanda de penaltis, en el Allianz, en su casa, el título. Perderse aquella final ante el Chelsea fue doloroso, pero tardó un año en resarcirse, venciendo al Borussia Dortmund en la siguiente final, en una temporada que había empezado mal por una lesión.

Después de eso, su palmarés creció como crecía la sala de trofeos del todopoderoso Bayern Múnich. David Alaba acumula (a día de hoy) un total de 25 títulos con su club y antes de que acabe su contrato podría caer alguno más. El chaval austriaco se ha convertido en uno de los grandes jugadores de la década, compartiendo honor con gente como Thomas Müller, el único que queda en la plantilla de los que estaban cuando debutó. Y si en el Bayern era uno de muchos, para Austria era el rey. Nombrado Futbolista del Año de su país hasta en seis ocasiones, Alaba llegó a codearse con Leo Messi. Y no, no es una exageración. Junto al astro argentino, el polivalente futbolista del equipo bávaro fue varios años portada de un famoso juego junto al jugador del FC Barcelona. Aquella era la prueba definitiva de que no era un jugador del montón, sino que su ascenso a la élite le convirtió en la gran esperanza de un país con muchos buenos jugadores, pero falto de referentes desde hace muchos años. Y eso lo consiguió jugando en muchas posiciones diferentes, siempre a gran nivel. David Alaba era el ‘Chico para todo’, el ‘Chico de todos’.

Imagen de cabecera: Matt Childs/Pool via Getty Images

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No hay verano en los últimos años en el que no se haya especulado con la salida de David Alaba del Bayern, el club que le fue a buscar y le dio la oportunidad de debutar a nivel profesional. Sin embargo, el cuento ha cambiado y ahora parece que sí, que después de casi 13 años se estarían escribiendo las últimas páginas del exótico futbolista en el conjunto bávaro. ¿Exótico? Es austriaco. Bueno, en realidad, lo exótico es su entorno. David es nacido en Viena, su madre es una enfermera filipina que consiguió ganar un concurso de belleza y, su padre, un artista musical nigeriano que hizo carrera en el país del centro de Europa.

Habiendo nacido en la capital, cuenta una leyenda que David no fue descubierto por un ojeador del Austria Viena en un campo de fútbol. Ese descubrimiento no tuvo lugar, ni siquiera, en territorio austriaco, sino cerca del mar. Concretamente, en el mar que baña las costas de la parte oeste de Italia, el llamado Mar Tirreno. Allí, con 10 años, le vio este ojeador del conjunto blanquivioleta mientras jugaba con otros chavales y, al poco tiempo, Alaba ya estaba entrenando en la cantera de uno de los equipos más importantes de su país. Ahí empezaría la leyenda de un chaval que se convirtió en el futbolista más importante de su país casi ‘sin querer’. Pasó varios años en la cantera del Austria Viena, hasta que le llegó la oportunidad de su vida, la llamada del todopoderoso Bayern.

En el Bayern fue superando etapas hasta que, en 2010, le llegó su oportunidad, de la mano de Louis van Gaal. Fue convocado para el partido de la DFB Pokal frente al Greuther Fürth y esperó su oportunidad desde el banquillo. Aquel día fue el del debut de David Alaba con el primer equipo, pero no fue en la defensa. Entró sustituyendo a Tymoshchuk y colocándose en el centro del campo, junto a van Bommel. Su primera aportación no pudo ser más sonada. No había pasado ni un minuto desde su entrada al campo, con 2-2 en el marcador (el Fürth era equipo de 2.Bundesliga en aquella temporada) y le dio una asistencia a Franck Ribéry para marcar el tercer tanto. Finalmente, la eliminatoria la acabó ganando el conjunto muniqués por un contundente 6-2. Ahí quedaría el primer gran día de David Alaba defendiendo el escudo del Bayern con el primer equipo. Simbólico fue que esa asistencia fuera para Ribéry que, con los años, acabaría convirtiéndose en su mejor amigo dentro del equipo.

Debutó en el centro del campo, pero sus primeros partidos completos con los mayores fueron como lateral zurdo, una posición en la que comenzaría a hacerse habitual en el club, pero no en su selección. En su país debutó también en aquel 2009 como lateral, pero su rol cambió para ser un jugador del centro del campo, bien de interior, de mediocentro o, incluso, de mediapunta o extremo. Su cambio de chip era constante. El Alaba del Bayern desempeñaba unas funciones que no hacía en su selección. Pero claro, era un chico que valía para todo. Hasta para las jugadas a balón parado.

La temporada siguiente a su debut fue clave para entender por qué Alaba se acabó convirtiendo en una de las figuras de la última década en el conjunto bávaro y uno de los futbolistas más codiciados del continente. Comenzó la campaña 2010-11 en el equipo de 3.Liga, alternándolo con convocatorias de la primera plantilla, a la fase de grupos de la Champions, pero una lesión de tobillo le dejó fuera de los terrenos de juego un tiempo. Cuando volvió, tras jugar algunos minutos con la primera plantilla y más aún con el segundo equipo, el club tomó la decisión de cederle a un equipo de Primera División, para que fuera acostumbrándose a jugar a gran nivel. Para él había planes y debía probarse jugando habitualmente en un club de la máxima categoría.

Su destino fue el Hoffenheim de Luiz Gustavo, Rudy, Ibisevic… Un equipo que marchaba octavo y había perdido a su técnico, Ralf Rangnick, que años atrás había hecho realidad el milagro de ascender desde Regionalliga hasta Bundesliga. Pero cuando Alaba aterrizó en Sinsheim ya Rangnick no estaba y el culpable había sido el equipo de Múnich. Por decirlo de alguna manera, la salida de Rangnick fue provocada por la marcha de Luiz Gustavo en dirección al campeón sin su permiso. Este fichaje ‘a escondidas’ tuvo como consecuencia o como compensación, el préstamo del joven austriaco, que acabaría jugando todos los minutos de la segunda vuelta de la temporada. Incluso, la visita al Allianz, donde cayeron goleados por 4-0. Pero aquel resultado era lo de menos. Aunque el TSG finalizará aquella liga en el 11º puesto, con Marco Pezzaiuoli en el banquillo, lo importante era que David Alaba, un chaval de 18 años prestado por el Bayern lo había jugado todo, a gran nivel, en el centro del campo. Y que, además, había marcado un par de goles.

Aunque ya había tenido minutos con el Bayern, la de aquella media temporada en Sinsheim fue su carta de presentación, la oportunidad que aprovechó para ser luego una de las piezas importantes de uno de los grandes del viejo continente. Y lo empezó a ser, poco a poco. La temporada siguiente tardó en ser fijo en las alineaciones, pero tenía minutos. En Champions fue titular indiscutible a partir de la tercera jornada, pero en semifinales, en el día clave, la posibilidad de ganar un título se volvió tristeza. Sí, el Bayern iba a jugar una final, pero ese día no estaría David Alaba sobre el campo, porque había visto una amarilla a los 5’ de la vuelta frente al Real Madrid. Más tristeza le dio aún, cuando el equipo falló en la tanda de penaltis, en el Allianz, en su casa, el título. Perderse aquella final ante el Chelsea fue doloroso, pero tardó un año en resarcirse, venciendo al Borussia Dortmund en la siguiente final, en una temporada que había empezado mal por una lesión.

Después de eso, su palmarés creció como crecía la sala de trofeos del todopoderoso Bayern Múnich. David Alaba acumula (a día de hoy) un total de 25 títulos con su club y antes de que acabe su contrato podría caer alguno más. El chaval austriaco se ha convertido en uno de los grandes jugadores de la década, compartiendo honor con gente como Thomas Müller, el único que queda en la plantilla de los que estaban cuando debutó. Y si en el Bayern era uno de muchos, para Austria era el rey. Nombrado Futbolista del Año de su país hasta en seis ocasiones, Alaba llegó a codearse con Leo Messi. Y no, no es una exageración. Junto al astro argentino, el polivalente futbolista del equipo bávaro fue varios años portada de un famoso juego junto al jugador del FC Barcelona. Aquella era la prueba definitiva de que no era un jugador del montón, sino que su ascenso a la élite le convirtió en la gran esperanza de un país con muchos buenos jugadores, pero falto de referentes desde hace muchos años. Y eso lo consiguió jugando en muchas posiciones diferentes, siempre a gran nivel. David Alaba era el ‘Chico para todo’, el ‘Chico de todos’.

Imagen de cabecera: Matt Childs/Pool via Getty Images

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