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Dark side

Héctor Ruiz @HectorRuizPardo 10-11-2020

Me levanto leyendo que Sergio González ha vuelto a completar otra vuelta al planeta. La primera vez que lo vi (de la segunda hablaremos otro día) temblé como lo que era, un imberbe culminando un stage de verano. Vino a apadrinarnos un tipo con gafas, sencillo, en chándal. Lejos de la extravagancia pero muy cerca del fútbol primoroso del continente. Ahí me di cuenta de algo que considero importante: hablar para las élites no te convierte en élite, te convierte en siervo.

Esto va de como ser del Espanyol sin serlo. Mis padres tuvieron a bien probarme con los mejores y a pesar de que mi cabeza iba más rápida que mi metabolismo, les estaré eternamente agradecido. Hospitalet de l’Infant siempre quedará en mi vida tatuado como el lugar donde conocí el dark side de Barcelona. Nido de reclutas con ciertas habilidades futbolísticas asistiendo a una escuela de vida. Lugar donde un mequetrefe empezó a desmitificar los clichés del barrio.

Allí un balón perdido en un rondo no era mofa, era cuestión de actitud. Una pared mal tirada te quitaba el beneficio de la duda. Un uno contra uno fallado te obligaba a unas flexiones. El Test de Cooper era la final del mundial. La idea no era hacer amigos, pero los hacías. Para un tipo más dotado por el balón que por el físico aquello fue la gran cura de humildad. El fútbol estaba cambiando, y lo que decían en la calle era mentira.

En el Espanyol te enseñan a ganar. Desde todas las perspectivas. No dejan una arista sin pulir. El que se deja ir un poco sólo lo hace una vez. Pasas a la sala del espíritu del tiempo y un mes vale por diez años de enseñanzas. Por eso, los que creen burlar la ignorancia y se vencen a los estereotipos aún tienen margen.

Les recomiendo lo más reciente para entender: 50 sombras de Vicente Moreno. Empieza como miniserie y termina en libro. Se trata de cómo reeducar a los perdidos, de cómo volver a lo básico de un club que inocula el gen de la victoria. Controlar las emociones en los 90 minutos, ejercer de fusta y domar a los rivales y las responsabilidades. Lo sucedido no es un paso atrás, es una vuelta a los orígenes.

Eso es lo que vi en la cara de Sergio hace 20 años. Así me enseñaron cómo es ser del Espanyol sin serlo.

Imagen de cabecera: Laurence Griffiths/Getty Images

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Me levanto leyendo que Sergio González ha vuelto a completar otra vuelta al planeta. La primera vez que lo vi (de la segunda hablaremos otro día) temblé como lo que era, un imberbe culminando un stage de verano. Vino a apadrinarnos un tipo con gafas, sencillo, en chándal. Lejos de la extravagancia pero muy cerca del fútbol primoroso del continente. Ahí me di cuenta de algo que considero importante: hablar para las élites no te convierte en élite, te convierte en siervo.

Esto va de como ser del Espanyol sin serlo. Mis padres tuvieron a bien probarme con los mejores y a pesar de que mi cabeza iba más rápida que mi metabolismo, les estaré eternamente agradecido. Hospitalet de l’Infant siempre quedará en mi vida tatuado como el lugar donde conocí el dark side de Barcelona. Nido de reclutas con ciertas habilidades futbolísticas asistiendo a una escuela de vida. Lugar donde un mequetrefe empezó a desmitificar los clichés del barrio.

Allí un balón perdido en un rondo no era mofa, era cuestión de actitud. Una pared mal tirada te quitaba el beneficio de la duda. Un uno contra uno fallado te obligaba a unas flexiones. El Test de Cooper era la final del mundial. La idea no era hacer amigos, pero los hacías. Para un tipo más dotado por el balón que por el físico aquello fue la gran cura de humildad. El fútbol estaba cambiando, y lo que decían en la calle era mentira.

En el Espanyol te enseñan a ganar. Desde todas las perspectivas. No dejan una arista sin pulir. El que se deja ir un poco sólo lo hace una vez. Pasas a la sala del espíritu del tiempo y un mes vale por diez años de enseñanzas. Por eso, los que creen burlar la ignorancia y se vencen a los estereotipos aún tienen margen.

Les recomiendo lo más reciente para entender: 50 sombras de Vicente Moreno. Empieza como miniserie y termina en libro. Se trata de cómo reeducar a los perdidos, de cómo volver a lo básico de un club que inocula el gen de la victoria. Controlar las emociones en los 90 minutos, ejercer de fusta y domar a los rivales y las responsabilidades. Lo sucedido no es un paso atrás, es una vuelta a los orígenes.

Eso es lo que vi en la cara de Sergio hace 20 años. Así me enseñaron cómo es ser del Espanyol sin serlo.

Imagen de cabecera: Laurence Griffiths/Getty Images

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