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Dar la vuelta a los estereotipos

Diego G. Argota @DiegoGArgota21 04-12-2018

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El partido en el que debutó como profesional, bien nos
valdría para resumir la carrera de Aleksandar Mitrovic (Yugoslavia, 1994).
Tenía 16 años y jugaba para el Teleoptik, un equipo satélite del Partizán, de
la Segunda División de su país. Mitro salió al campo en el descanso, marcó a 15
minutos del final y poco después veía la tarjeta roja. Debut, gol y expulsión,
su hattrick particular.

Y es que Mitrovic siempre se ha movido por un estereotipo de
chico malo que él solito se ha ganado. Si hay un balón dividido en el que dos
futbolistas caen al suelo y el serbio anda por allí, la culpa, a ojos del
árbitro, siempre será suya. Por eso, en su debut en Premier League, tardó siete
segundos en ser amonestado. Por eso, en su segundo partido vio la amarilla
cuando llevaba un minuto sobre el campo y por eso, en su cuarta aparición, vio
la roja a 16 minutos del inicio del partido.

Hoy, está en la lucha por el máximo goleador de la Premier
League, con 7 dianas, empatado con varios compañeros de posición y solo
superado por Aubameyang, Agüero, Kane y Sterling. Su Fulham vive un mal
momento, pero parece que con Ranieri las tornas pueden cambiar con él como
hombre clave. En lo particular le va muy bien pues, además, es el máximo
goleador de la UEFA Nations League, con seis dianas.

Sus orígenes nunca fueron sencillos en un país que vivía los
momentos más duros de la Guerra de los Balcanes. En 2005, con 11 años, sus
padres le llevaron a 120 kilómetros de su Smederevo natal para pasar una prueba
con el equipo de sus sueños: Partizán de Belgrado, donde se quedó hasta su
salto a las grandes ligas de Europa. A los 16 años se fogueó en Segunda con el
Teleoptik y a los 17 tiró la puerta abajo del primer equipo del Partizán,
desplazando incluso al entonces ídolo local, Scepovic, que se acabaría
marchando un año después. Ganó el título, le marcó al Estrella Roja y fue todo
lo que quiso ser.

Fruto de esa precocidad y del ambiente hostil que se vivía
en el país, la formación académica del serbio brilló por su ausencia. Se crio
en las calles, donde no dejaba de ser un renacuajo. Eso, unido a su falta de
físico por la simple evidencia de que jugaba con tipos que podían ser su padre,
le hizo tener que adaptarse para sobrevivir, en todos los sentidos.

Y entonces llegó el momento, con 18 años. “¿En qué equipo
sueñas con jugar?”, le preguntó Lazar Markovic, su compañero de equipo, en una
entrevista improvisada que servía de previa de pretemporada para los
aficionados en la televisión del club. Mitrovic, que entonces tenía el mundo
por montera, era el ídolo de una afición enfermiza por unos colores y se sentía
dueño del mundo, podía haber elegido cualquier equipo del mundo. Madrid,
Barcelona, Mánchester United o Bayern de Múnich, pero su respuesta fue
inesperada: “Newcastle United”. Dijo rotundo, sin pensar. Markovic, por cierto,
en el intercambio de papeles, se declaró al Liverpool. Y ambos acabarían
cumpliendo su sueño.

Su amor por el Newcastle se remonta a un día en la infancia
cuando vio jugar a Alan Shearer. Mitrovic asoció los goles y el negro y blanco
del Newcastle con el de su Partizán, vio a toda esa hinchada del Newcastle
viviendo de la pasión y se prometió llegar a jugar algún día en St. James Park.
Y lo consiguió. Pero entre medias, ganó una Liga con el Partizán, una Liga con
el Anderlecht, donde ganó el máximo goleador y una Eurocopa con Serbia Sub19,
donde fue elegido máximo goleador y mejor jugador del torneo.

Mitrovic, fan de los tatuajes, de los relojes, de irse de
compras, de practicar Kick Boxing y de la excentricidad, voló a Newcastle con
la camiseta del club ya puesta. No había podido esperar más. Estaba donde
siempre había querido estar, aunque poco antes también habría admitido sentir
admiración por el Borussia Dortmund y por Didier Drogba.

Adorado por Mourinho, venerado por los mejores entrenadores
del mundo, temido por los defensas más corpulentos, ¿Qué pasa con Mitrovic? A
sus 24 años, parece que su carrera solo da bandazos. Su temperamento es la
clave para entender por qué no está en uno de los grandes de Europa o, al
menos, triunfando donde quiere.

No hay término medio con el serbio, que pese a estar dos
años condenado al ostracismo por Rafa Benítez, nunca dijo una palabra más alta
que la otra. O hay ningún compañero que pueda decir una mala palabra de él. Son
su ímpetu, sus ganas de agradar y demostrar y su defensa de lo que cree suyo lo
que le llevan a hacer algunas de sus excentricidades. Como aquel día, con el Partizán,
en Europa League, cuando se volvió loco porque el portero del Nefchti, equipo
rival, un auténtico ídolo del Estrella Roja, hizo gestos a la hinchada del
Partizán, o al menos así lo creyó Mitro. Su comparación con Balotelli por ser
un bad boy y un jugador que no aprovecha sus características.

A lo largo de su carrera a nivel de clubes, Mitrovic ha
jugado 265 partidos, ha marcado 105 goles, ha visto 50 amarillas y ha sido
expulsado en seis ocasiones. El problema principal reside en que cuando
Mitrovic pierde los papeles, los pierde del todo. El cable se le cruza y las
sanciones no suelen quedar en un partido fuera de los terrenos de juego. Se ha
perdido 21 partidos por sanción.

En Newcastle dedujeron que el serbio no tenía sitio en el
equipo. Rafa Benítez, sabedor de su calidad, argumentó que contar con un perfil
como el suyo limitaba mucho el sistema de juego que él tenía en mente y en el
Fulham, donde había marcado 12 goles en 17 partidos en su cesión el año pasado
no dudaron. En el arranque de temporada, el delantero del Fulham lleva más
goles que todo el Newcastle junto.

Hoy Mitrovic es uno de los delanteros más peligrosos de la
Premier League y, como ha demostrado la UEFA Nations League, de Europa.
Posiblemente Ranieri le lleve un peldaño más en su fútbol y, si consigue
asentar la cabeza, ser uno de los delanteros más temibles desde un equipo
puntero. Solo tiene 24 años, y la cantidad de cosas ya contadas y vividas por
él no tienen mucho que decir frente a lo que está por escribir. Pese a su
juventud, está a solo una diana de entrar en el Top10 de máximos goleadores de
su selección y se antoja difícil que no acabe liderando una lista que se cierra
en 38 cuando él posee 23 y tiene una carrera entera por delante.

Está llamado a liderar una generación serbia (Campeona de
Europa Sub19 en 2013 y del Mundo Sub20 en 2015) que, si evoluciona como está
previsto, podría ser un temible rival a batir en la máxima categoría. Sergej
Milinkovic Savic, Zivkovic, Jovic, Veljkovic, Maksimovic, Gacinovic, Grujic,
Rajkovic o Gajic pueden dar ese salto de nivel que necesitan los Ivanovic,
Kolarov, Matic o Tadic a su lado. O lo amas o lo odias. Y yo con Mitrovic me
voy a la guerra.

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El partido en el que debutó como profesional, bien nos
valdría para resumir la carrera de Aleksandar Mitrovic (Yugoslavia, 1994).
Tenía 16 años y jugaba para el Teleoptik, un equipo satélite del Partizán, de
la Segunda División de su país. Mitro salió al campo en el descanso, marcó a 15
minutos del final y poco después veía la tarjeta roja. Debut, gol y expulsión,
su hattrick particular.

Y es que Mitrovic siempre se ha movido por un estereotipo de
chico malo que él solito se ha ganado. Si hay un balón dividido en el que dos
futbolistas caen al suelo y el serbio anda por allí, la culpa, a ojos del
árbitro, siempre será suya. Por eso, en su debut en Premier League, tardó siete
segundos en ser amonestado. Por eso, en su segundo partido vio la amarilla
cuando llevaba un minuto sobre el campo y por eso, en su cuarta aparición, vio
la roja a 16 minutos del inicio del partido.

Hoy, está en la lucha por el máximo goleador de la Premier
League, con 7 dianas, empatado con varios compañeros de posición y solo
superado por Aubameyang, Agüero, Kane y Sterling. Su Fulham vive un mal
momento, pero parece que con Ranieri las tornas pueden cambiar con él como
hombre clave. En lo particular le va muy bien pues, además, es el máximo
goleador de la UEFA Nations League, con seis dianas.

Sus orígenes nunca fueron sencillos en un país que vivía los
momentos más duros de la Guerra de los Balcanes. En 2005, con 11 años, sus
padres le llevaron a 120 kilómetros de su Smederevo natal para pasar una prueba
con el equipo de sus sueños: Partizán de Belgrado, donde se quedó hasta su
salto a las grandes ligas de Europa. A los 16 años se fogueó en Segunda con el
Teleoptik y a los 17 tiró la puerta abajo del primer equipo del Partizán,
desplazando incluso al entonces ídolo local, Scepovic, que se acabaría
marchando un año después. Ganó el título, le marcó al Estrella Roja y fue todo
lo que quiso ser.

Fruto de esa precocidad y del ambiente hostil que se vivía
en el país, la formación académica del serbio brilló por su ausencia. Se crio
en las calles, donde no dejaba de ser un renacuajo. Eso, unido a su falta de
físico por la simple evidencia de que jugaba con tipos que podían ser su padre,
le hizo tener que adaptarse para sobrevivir, en todos los sentidos.

Y entonces llegó el momento, con 18 años. “¿En qué equipo
sueñas con jugar?”, le preguntó Lazar Markovic, su compañero de equipo, en una
entrevista improvisada que servía de previa de pretemporada para los
aficionados en la televisión del club. Mitrovic, que entonces tenía el mundo
por montera, era el ídolo de una afición enfermiza por unos colores y se sentía
dueño del mundo, podía haber elegido cualquier equipo del mundo. Madrid,
Barcelona, Mánchester United o Bayern de Múnich, pero su respuesta fue
inesperada: “Newcastle United”. Dijo rotundo, sin pensar. Markovic, por cierto,
en el intercambio de papeles, se declaró al Liverpool. Y ambos acabarían
cumpliendo su sueño.

Su amor por el Newcastle se remonta a un día en la infancia
cuando vio jugar a Alan Shearer. Mitrovic asoció los goles y el negro y blanco
del Newcastle con el de su Partizán, vio a toda esa hinchada del Newcastle
viviendo de la pasión y se prometió llegar a jugar algún día en St. James Park.
Y lo consiguió. Pero entre medias, ganó una Liga con el Partizán, una Liga con
el Anderlecht, donde ganó el máximo goleador y una Eurocopa con Serbia Sub19,
donde fue elegido máximo goleador y mejor jugador del torneo.

Mitrovic, fan de los tatuajes, de los relojes, de irse de
compras, de practicar Kick Boxing y de la excentricidad, voló a Newcastle con
la camiseta del club ya puesta. No había podido esperar más. Estaba donde
siempre había querido estar, aunque poco antes también habría admitido sentir
admiración por el Borussia Dortmund y por Didier Drogba.

Adorado por Mourinho, venerado por los mejores entrenadores
del mundo, temido por los defensas más corpulentos, ¿Qué pasa con Mitrovic? A
sus 24 años, parece que su carrera solo da bandazos. Su temperamento es la
clave para entender por qué no está en uno de los grandes de Europa o, al
menos, triunfando donde quiere.

No hay término medio con el serbio, que pese a estar dos
años condenado al ostracismo por Rafa Benítez, nunca dijo una palabra más alta
que la otra. O hay ningún compañero que pueda decir una mala palabra de él. Son
su ímpetu, sus ganas de agradar y demostrar y su defensa de lo que cree suyo lo
que le llevan a hacer algunas de sus excentricidades. Como aquel día, con el Partizán,
en Europa League, cuando se volvió loco porque el portero del Nefchti, equipo
rival, un auténtico ídolo del Estrella Roja, hizo gestos a la hinchada del
Partizán, o al menos así lo creyó Mitro. Su comparación con Balotelli por ser
un bad boy y un jugador que no aprovecha sus características.

A lo largo de su carrera a nivel de clubes, Mitrovic ha
jugado 265 partidos, ha marcado 105 goles, ha visto 50 amarillas y ha sido
expulsado en seis ocasiones. El problema principal reside en que cuando
Mitrovic pierde los papeles, los pierde del todo. El cable se le cruza y las
sanciones no suelen quedar en un partido fuera de los terrenos de juego. Se ha
perdido 21 partidos por sanción.

En Newcastle dedujeron que el serbio no tenía sitio en el
equipo. Rafa Benítez, sabedor de su calidad, argumentó que contar con un perfil
como el suyo limitaba mucho el sistema de juego que él tenía en mente y en el
Fulham, donde había marcado 12 goles en 17 partidos en su cesión el año pasado
no dudaron. En el arranque de temporada, el delantero del Fulham lleva más
goles que todo el Newcastle junto.

Hoy Mitrovic es uno de los delanteros más peligrosos de la
Premier League y, como ha demostrado la UEFA Nations League, de Europa.
Posiblemente Ranieri le lleve un peldaño más en su fútbol y, si consigue
asentar la cabeza, ser uno de los delanteros más temibles desde un equipo
puntero. Solo tiene 24 años, y la cantidad de cosas ya contadas y vividas por
él no tienen mucho que decir frente a lo que está por escribir. Pese a su
juventud, está a solo una diana de entrar en el Top10 de máximos goleadores de
su selección y se antoja difícil que no acabe liderando una lista que se cierra
en 38 cuando él posee 23 y tiene una carrera entera por delante.

Está llamado a liderar una generación serbia (Campeona de
Europa Sub19 en 2013 y del Mundo Sub20 en 2015) que, si evoluciona como está
previsto, podría ser un temible rival a batir en la máxima categoría. Sergej
Milinkovic Savic, Zivkovic, Jovic, Veljkovic, Maksimovic, Gacinovic, Grujic,
Rajkovic o Gajic pueden dar ese salto de nivel que necesitan los Ivanovic,
Kolarov, Matic o Tadic a su lado. O lo amas o lo odias. Y yo con Mitrovic me
voy a la guerra.

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