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Un as bajo la manga

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 18-11-2019

Dani Olmo tardó algo más de una hora en pisar el césped del Carranza en su primer partido como parte de la selección española absoluta y apenas tres minutos en dejar su impronta con su primer gol. Una temprana demostración de las valiosas características y del sensacional brío ofensivo que está totalmente preparado para aportar al combinado de Robert Moreno desde ya y con los que aspira claramente a un puesto entre los 23 de ‘La Roja’ de cara a la inminente Eurocopa. El atacante del Dinamo de Zagreb debutó caído a banda izquierda, pero con libertad para pisar la media luna e insertarse en el área con desmarques de ruptura como el trazado para marcar su primera diana como internacional. El mismo contexto que también es su predilecto en Croacia, ya que le permite orientarse constantemente con su pierna buena hacia dentro y acumular una mayor participación. 

Dani Olmo es, sin embargo, un tipo de delantero que va mucho más allá de una delimitación posicional. Es muy dinámico, sabe salir indistintamente hacia ambos perfiles y también encontrar soluciones a alturas y en demarcaciones muy diferentes, ya sea como extremo izquierdo, pinchado en el costado derecho o ejerciendo como mediapunta al uso, como segundo delantero, o incluso como delantero centro o como un interior adelantado muy particular. Una polifuncionalidad, una adaptación y una amalgama de recursos que suponen un regalo en forma de alternativas y de soluciones para cualquier selección y para cualquier sistema, más aún cuando ya ha mostrado ser capaz de desarbolar estructuras defensivas desde cualquiera de esos roles.

De hecho, si hay una cualidad en su fútbol que destaque por encima del resto es el desequilibrio. En este sentido, su impacto en una competición como la Champions, en su primera participación y con un equipo tan lejano del nivel de los principales candidatos e insertado en un grupo muy difícil, está siendo consagratoria de su potencial y proyección. Ese rendimiento en la más absoluta élite lo cataloga como una de las mejores individualidades de la presente edición, que se dice pronto. El de Terrassa es el tercer jugador del torneo que más regates realiza por encuentro (4,3), solo por detrás de Messi (7) y Aouar (5,3), y ha dejado por el camino algunas actuaciones ‘neymarescas’ a través del dribbling, como los nueve regates completados de 13 intentos en el duelo ante la Atalanta, en el que volvió loco a todo el sistema defensivo de Gasperini con su talento para filtrar y filtrarse, para esconder la pelota y avanzar con ella, para ganar la espalda de la zaga y pisar el área de forma indetectable, porque su dimensión no se queda únicamente en el desborde, ni mucho menos.

El excanterano barcelonista es un generador constante de acciones de peligro a base de determinación. Es intuitivo, muy rápido de piernas, capaz de ejecutar todos sus gestos a una velocidad aún mayor y de devorar metros en conducción por los tres carriles. Además, ya acumula, como los grandes, muchas atenciones a su alrededor por el efecto que genera esa sobresaliente técnica desequilibrante que lo define, lo cual libera espacios para la maniobra colectiva por todo el frente ofensivo. Olmo no se queda en lo superficial de la jugada individual, sino que tiene sentido de equipo y motor para comprometerse en echar un cable hacia atrás cuando la situación lo requiere, sabe esperar y potenciar al lateral contiguo para enriquecer y profundizar el ataque de su equipo y, lo que es todavía más importante, cuenta con una enorme facilidad para ser productivo en el último tercio. De hecho, es un definidor certero, que ajusta muy bien sus remates cruzados a los palos, que lee con inteligencia la mayor parte de las situaciones cercanas al área y que enseguida se enfoca hacia la portería, reciba donde reciba el balón. Genera, provoca, gira, desordena, incide y finaliza.

Es precisamente en este último valioso aspecto de su esencia futbolística donde paradójicamente se encuentra su gran campo de mejora: en la capacidad para mezclar con mejor pulso esa aceleración, esa verticalidad y esa constante búsqueda de la jugada de peligro, con el hecho de asentar en mayor grado la posesión en campo rival o de buscar el reinicio del ataque para hacerlo llegar con mayores dosis de paciencia hacia esas otras zonas que su talento libera, en lugar de intentar superar obstáculos con tanta frecuencia por medio del último pase o del regate, es decir, por medio de la acción más difícil. Un comportamiento que le lleva a un porcentaje de acierto en el pase francamente mejorable, fruto de esa mentalidad de ver el fútbol hacia una única dirección: hacia adelante. Junto a una definición posicional aún en construcción, esta es la única característica de su juego que, poco matizada, podría frenar su implantación a medio plazo como titular de la selección, aunque ahora mismo sea básicamente consecuencia del ímpetu y la frescura de su excelente momento futbolístico y no de una ausencia preocupante de tacto asociativo.

Por calidad y por nombres, Robert Moreno tiene en el núcleo de sus convocatorias una baza obviamente ganadora a la que seguramente le está faltando asentar una base más amplia, más sólida y más continuista que permita a la selección y al seleccionador cimentar el castillo de naipes con firmeza para elevar las expectativas definitivamente, pero con la presencia de Dani Olmo también contaría con un as bajo la manga para cambiar el escenario desde el banquillo. En este contexto, que seguramente es el que ahora mismo le compete por jerarquía y también por nivel, Dani Olmo tiene todos los atributos para ejercer de revulsivo, para erigirse en la próxima Eurocopa en una de esas piezas tan preciadas que cambian las cosas cuando saltan al campo con el partido en marcha y que son capaces de imprimir ritmos altos y aportar desborde y desequilibro ante las defensas ya fatigadas de los rivales por el paso y el peso de los minutos en la última media hora de los encuentros.

Tiene la motivación de haber alcanzado la absoluta, las ganas de crecer y pelear por un lugar como titular, de dar el salto definitivo que lo asiente en la élite y que lo conduzca a firmar por un gran club europeo, de dejar su sello por primera vez en un gran torneo de selecciones absolutas, de decir bien alto y bien claro que el impacto de su talento no se reduce a la liga croata y al Dinamo de Zagreb… Y una última cosa seguramente muy importante para su presente y también para su futuro como futbolista: tiene la personalidad de quien ha ejercido ya como líder de la selección sub-21 y de quien lo ejerce cada día en el Dinamo. Ese carácter necesario para imponer su fútbol también en la selección absoluta desde el mismo momento de su llegada a ella. Ya sea como extremo por cualquiera de las dos bandas o como acompañante de un nueve siendo mediapunta o segundo delantero, Dani Olmo es un futbolista que España necesita tanto para agitar la coctelera cuando el plan principal se espese y los espacios se reduzcan, como para decantar definitivamente un marcador a favor cuando las líneas rivales se ensanchen. El as bajo la manga de ‘La Roja’ de cara la Eurocopa 2020 puede haber llegado ya desde Zagreb. Quién nos lo iba a decir.

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Dani Olmo tardó algo más de una hora en pisar el césped del Carranza en su primer partido como parte de la selección española absoluta y apenas tres minutos en dejar su impronta con su primer gol. Una temprana demostración de las valiosas características y del sensacional brío ofensivo que está totalmente preparado para aportar al combinado de Robert Moreno desde ya y con los que aspira claramente a un puesto entre los 23 de ‘La Roja’ de cara a la inminente Eurocopa. El atacante del Dinamo de Zagreb debutó caído a banda izquierda, pero con libertad para pisar la media luna e insertarse en el área con desmarques de ruptura como el trazado para marcar su primera diana como internacional. El mismo contexto que también es su predilecto en Croacia, ya que le permite orientarse constantemente con su pierna buena hacia dentro y acumular una mayor participación. 

Dani Olmo es, sin embargo, un tipo de delantero que va mucho más allá de una delimitación posicional. Es muy dinámico, sabe salir indistintamente hacia ambos perfiles y también encontrar soluciones a alturas y en demarcaciones muy diferentes, ya sea como extremo izquierdo, pinchado en el costado derecho o ejerciendo como mediapunta al uso, como segundo delantero, o incluso como delantero centro o como un interior adelantado muy particular. Una polifuncionalidad, una adaptación y una amalgama de recursos que suponen un regalo en forma de alternativas y de soluciones para cualquier selección y para cualquier sistema, más aún cuando ya ha mostrado ser capaz de desarbolar estructuras defensivas desde cualquiera de esos roles.

De hecho, si hay una cualidad en su fútbol que destaque por encima del resto es el desequilibrio. En este sentido, su impacto en una competición como la Champions, en su primera participación y con un equipo tan lejano del nivel de los principales candidatos e insertado en un grupo muy difícil, está siendo consagratoria de su potencial y proyección. Ese rendimiento en la más absoluta élite lo cataloga como una de las mejores individualidades de la presente edición, que se dice pronto. El de Terrassa es el tercer jugador del torneo que más regates realiza por encuentro (4,3), solo por detrás de Messi (7) y Aouar (5,3), y ha dejado por el camino algunas actuaciones ‘neymarescas’ a través del dribbling, como los nueve regates completados de 13 intentos en el duelo ante la Atalanta, en el que volvió loco a todo el sistema defensivo de Gasperini con su talento para filtrar y filtrarse, para esconder la pelota y avanzar con ella, para ganar la espalda de la zaga y pisar el área de forma indetectable, porque su dimensión no se queda únicamente en el desborde, ni mucho menos.

El excanterano barcelonista es un generador constante de acciones de peligro a base de determinación. Es intuitivo, muy rápido de piernas, capaz de ejecutar todos sus gestos a una velocidad aún mayor y de devorar metros en conducción por los tres carriles. Además, ya acumula, como los grandes, muchas atenciones a su alrededor por el efecto que genera esa sobresaliente técnica desequilibrante que lo define, lo cual libera espacios para la maniobra colectiva por todo el frente ofensivo. Olmo no se queda en lo superficial de la jugada individual, sino que tiene sentido de equipo y motor para comprometerse en echar un cable hacia atrás cuando la situación lo requiere, sabe esperar y potenciar al lateral contiguo para enriquecer y profundizar el ataque de su equipo y, lo que es todavía más importante, cuenta con una enorme facilidad para ser productivo en el último tercio. De hecho, es un definidor certero, que ajusta muy bien sus remates cruzados a los palos, que lee con inteligencia la mayor parte de las situaciones cercanas al área y que enseguida se enfoca hacia la portería, reciba donde reciba el balón. Genera, provoca, gira, desordena, incide y finaliza.

Es precisamente en este último valioso aspecto de su esencia futbolística donde paradójicamente se encuentra su gran campo de mejora: en la capacidad para mezclar con mejor pulso esa aceleración, esa verticalidad y esa constante búsqueda de la jugada de peligro, con el hecho de asentar en mayor grado la posesión en campo rival o de buscar el reinicio del ataque para hacerlo llegar con mayores dosis de paciencia hacia esas otras zonas que su talento libera, en lugar de intentar superar obstáculos con tanta frecuencia por medio del último pase o del regate, es decir, por medio de la acción más difícil. Un comportamiento que le lleva a un porcentaje de acierto en el pase francamente mejorable, fruto de esa mentalidad de ver el fútbol hacia una única dirección: hacia adelante. Junto a una definición posicional aún en construcción, esta es la única característica de su juego que, poco matizada, podría frenar su implantación a medio plazo como titular de la selección, aunque ahora mismo sea básicamente consecuencia del ímpetu y la frescura de su excelente momento futbolístico y no de una ausencia preocupante de tacto asociativo.

Por calidad y por nombres, Robert Moreno tiene en el núcleo de sus convocatorias una baza obviamente ganadora a la que seguramente le está faltando asentar una base más amplia, más sólida y más continuista que permita a la selección y al seleccionador cimentar el castillo de naipes con firmeza para elevar las expectativas definitivamente, pero con la presencia de Dani Olmo también contaría con un as bajo la manga para cambiar el escenario desde el banquillo. En este contexto, que seguramente es el que ahora mismo le compete por jerarquía y también por nivel, Dani Olmo tiene todos los atributos para ejercer de revulsivo, para erigirse en la próxima Eurocopa en una de esas piezas tan preciadas que cambian las cosas cuando saltan al campo con el partido en marcha y que son capaces de imprimir ritmos altos y aportar desborde y desequilibro ante las defensas ya fatigadas de los rivales por el paso y el peso de los minutos en la última media hora de los encuentros.

Tiene la motivación de haber alcanzado la absoluta, las ganas de crecer y pelear por un lugar como titular, de dar el salto definitivo que lo asiente en la élite y que lo conduzca a firmar por un gran club europeo, de dejar su sello por primera vez en un gran torneo de selecciones absolutas, de decir bien alto y bien claro que el impacto de su talento no se reduce a la liga croata y al Dinamo de Zagreb… Y una última cosa seguramente muy importante para su presente y también para su futuro como futbolista: tiene la personalidad de quien ha ejercido ya como líder de la selección sub-21 y de quien lo ejerce cada día en el Dinamo. Ese carácter necesario para imponer su fútbol también en la selección absoluta desde el mismo momento de su llegada a ella. Ya sea como extremo por cualquiera de las dos bandas o como acompañante de un nueve siendo mediapunta o segundo delantero, Dani Olmo es un futbolista que España necesita tanto para agitar la coctelera cuando el plan principal se espese y los espacios se reduzcan, como para decantar definitivamente un marcador a favor cuando las líneas rivales se ensanchen. El as bajo la manga de ‘La Roja’ de cara la Eurocopa 2020 puede haber llegado ya desde Zagreb. Quién nos lo iba a decir.

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Amarilla es

David Orenes @david_lrl
18-11-2019

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Un as bajo la manga

Joel Sierra @_JoeLSierra_
18-11-2019