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Dak Prescott, año clave

César Martín @CesarMrtn 13-04-2018

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Que los Dallas Cowboys sean el Equipo
de América implica que, para bien o para mal, todo el mundo les tenga
presentes. Jugar en Arlington te coloca inmediatamente en el foco mediático,
con la presión que eso supone. Y si además eres el quarterback titular, más
todavía. Por eso es admirable el rendimiento de Dak Prescott en los dos años
que lleva al frente del ataque texano.

Prescott llegó a la NFL de la mano
de los Cowboys, quienes le eligieron con el pick 135 del Draft de 2016. La idea
del cuerpo técnico era que fuese suplente de Tony Romo, pero la enésima lesión
del 9 aupó a Dak a la titularidad… para no soltarla. El prospecto de la Universidad
de Mississippi State jugó los dieciséis partidos de la fase regular a un nivel
estratosférico. Quizá demasiado bueno, porque en las comparaciones con su
futuro segundo iba tener todas las de perder.

En 2016, Prescott completó el 67’8%
de los pases que intentó (311 de 459), pasó para 3667 yardas y 23 touchdowns
con sólo cuatro intercepciones. En ese sentido, Dak estableció unos cuantos
récords de la NFL para un novato. Además, los Cowboys firmaron un
extraordinario 13-3 de balance, empatando el mejor registro de la historia de
la franquicia. Por todo eso, fue elegido Rookie del Año y estuvo entre los
candidatos al MVP de la Temporada.

Con todo el hype creado, en 2017 se
esperaba un rendimiento al menos igual de bueno que en 2016. Y estadísticamente
hablando, sus números fueron similares… pero las sensaciones no. Dak firmó 308
de 490 en pases y lanzó 22 pases de TD, pero tuvo un peor porcentaje de pases
completados, más intercepciones y peor QB rating. Un bajón que puede explicarse
en la ausencia por sanción del mejor socio de Prescott en ataque: Ezekiel
Elliott. El RB fue suspendido seis partidos por la NFL por un caso de violencia
doméstica cuando Elliott todavía estaba en la universidad. Una baja polémica y
muy sensible para los Cowboys, que se quedaron fuera de Playoffs (9-7 de
balance).

2018 tiene que ser el año de
consolidación de Dak Prescott. El tercer año en la élite suele marcar el futuro
de los jugadores en la NFL. No sería la primera vez que un QB impresiona como
rookie y luego se va desinflando hasta convertirse en suplente eterno o, en el
peor de los casos, estar fuera de la liga. Más allá de lo que pueda pasar con
Dez Bryant (con el que Prescott no tiene mucha química), los Cowboys contarán
con todo su arsenal ofensivo si no sucede nada extraño.

La pelota está en el tejado de Dak.
Se jugará su futuro (no sólo deportivo) entre septiembre y diciembre. Porque en
una franquicia tan peculiar como son los Dallas Cowboys, Jerry Jones no tendrá
ningún problema en apostar por el primer quarterback que le parezca interesante
si cree que el 4 no ha rendido como se esperaba. Así es la NFL.

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Que los Dallas Cowboys sean el Equipo
de América implica que, para bien o para mal, todo el mundo les tenga
presentes. Jugar en Arlington te coloca inmediatamente en el foco mediático,
con la presión que eso supone. Y si además eres el quarterback titular, más
todavía. Por eso es admirable el rendimiento de Dak Prescott en los dos años
que lleva al frente del ataque texano.

Prescott llegó a la NFL de la mano
de los Cowboys, quienes le eligieron con el pick 135 del Draft de 2016. La idea
del cuerpo técnico era que fuese suplente de Tony Romo, pero la enésima lesión
del 9 aupó a Dak a la titularidad… para no soltarla. El prospecto de la Universidad
de Mississippi State jugó los dieciséis partidos de la fase regular a un nivel
estratosférico. Quizá demasiado bueno, porque en las comparaciones con su
futuro segundo iba tener todas las de perder.

En 2016, Prescott completó el 67’8%
de los pases que intentó (311 de 459), pasó para 3667 yardas y 23 touchdowns
con sólo cuatro intercepciones. En ese sentido, Dak estableció unos cuantos
récords de la NFL para un novato. Además, los Cowboys firmaron un
extraordinario 13-3 de balance, empatando el mejor registro de la historia de
la franquicia. Por todo eso, fue elegido Rookie del Año y estuvo entre los
candidatos al MVP de la Temporada.

Con todo el hype creado, en 2017 se
esperaba un rendimiento al menos igual de bueno que en 2016. Y estadísticamente
hablando, sus números fueron similares… pero las sensaciones no. Dak firmó 308
de 490 en pases y lanzó 22 pases de TD, pero tuvo un peor porcentaje de pases
completados, más intercepciones y peor QB rating. Un bajón que puede explicarse
en la ausencia por sanción del mejor socio de Prescott en ataque: Ezekiel
Elliott. El RB fue suspendido seis partidos por la NFL por un caso de violencia
doméstica cuando Elliott todavía estaba en la universidad. Una baja polémica y
muy sensible para los Cowboys, que se quedaron fuera de Playoffs (9-7 de
balance).

2018 tiene que ser el año de
consolidación de Dak Prescott. El tercer año en la élite suele marcar el futuro
de los jugadores en la NFL. No sería la primera vez que un QB impresiona como
rookie y luego se va desinflando hasta convertirse en suplente eterno o, en el
peor de los casos, estar fuera de la liga. Más allá de lo que pueda pasar con
Dez Bryant (con el que Prescott no tiene mucha química), los Cowboys contarán
con todo su arsenal ofensivo si no sucede nada extraño.

La pelota está en el tejado de Dak.
Se jugará su futuro (no sólo deportivo) entre septiembre y diciembre. Porque en
una franquicia tan peculiar como son los Dallas Cowboys, Jerry Jones no tendrá
ningún problema en apostar por el primer quarterback que le parezca interesante
si cree que el 4 no ha rendido como se esperaba. Así es la NFL.

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