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Cuando un Stoner de cinco años batió a las estrellas

Diego G. Argota @DiegoGArgota21 29-04-2018

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Casey
Stoner apenas estaba empezando a caminar cuando subió a una moto por primera
vez y supo que eso de ganar carreras le gustaba y le salía innato. Con 18 meses
tuvo su primera ‘lesión’, unas ampollas en las manos fruto del roce del freno y
el acelerador y con tres ya daba las primeras vueltas en alguna minimoto más
potente, propiedad de su hermana Kelly. Kelly Stoner, mayor que él, corría en el
estado de Queensland y rápido se convirtió en Campeona Sub9. El australiano,
que venía de una familia loca por las motos, había nacido para correr y pronto
decidió que quería hacer eso mismo que veía a su hermana domingo tras domingo: disfrutar
sobre dos ruedas. Entrenaban juntos, pero la diferencia de edad no impidió que
a los cuatro años, Casey estuviera ya cansado de derrotarla y su mayor objetivo
era entrenar contra su propia sombra. Mejorar en cada curva.

Con
cuatro años empezó a correr en la categoría Sub9 y al fin le llegó su primera
gran gran carrera en el dirt track que tanto gusta en Australia, esas carreras
sobre tierra donde la derrapada es la mejor arma. El primer mono que utilizó
era de su hermana. Su madre, entonces, quitó el bordado del nombre de ‘Kelly’ y
con un parche cosió cuidadosamente el nombre de ‘Casey’. Poco antes de aquello,
los Stoner habían decidido vender todo lo que tenían e irse a la aventura de
las carreras, el sueño de sus niños, viviendo en una caravana por todo el país.
Llegaron al Hatchers’s Club Day, un club de moteros donde niños de todas las
edades y adultos competían en un minicampeonato que se celebraba de manera
semanal en distintas categorías. Allí, Collin Stoner, el padre de la criatura,
encontró trabajo como cuidador del circuito y se quedaron durante un tiempo
viviendo dentro de él.

Por
eso, Casey podía practicar tanto como quisiera. Su primer contacto con el éxito
le llegó de la cercana tienda de Paul Feeney. Feeney, propietario de una
pequeña tienda de recambios y arreglos en los aledaños del circuito, era un
antiguo íntimo amigo de Mick Dohaan. Corría entonces el año 1991 y Mick aún no
había ganado ninguno de los cinco títulos de 500cc, pero en su haber ya tenía
la tercera plaza lograda en 1990 y el subcampeonato vigente. Feeney se
sorprendió cuando vio por primera vez encima de una moto al pequeño de los
Stoner. “Tienes un pequeño gran talento ahí”, le dijo a Collin, y rápidamente
acordó que le iba a ayudar con piezas y arreglos que de alguna manera
reflejaban un pequeño sistema de patrocinio.

Cuando
la temporada de motociclismo terminó y justo antes de que Stoner cumpliera seis
años, Hatcher’s acogió un evento único. Una carrera mano a mano entre Scott
Doohan y Aaron Slight. Entonces, Slight era el vigente campeón del Campeonato
de Superbikes Australiano (luego sería dos veces subcampeón del SBK y cuatro
veces tercero) y el mayor de los Doohan, que no acabó teniendo una carrera ni
siquiera cercana a la de su hermano Mick, había terminado en segunda posición
en dicho campeonato nacional. Ambos estaban jugueteando, adelantándose en cada
curva, deslizando y derrapando hasta el máximo para delirio de los fans.

Fue
entonces cuando el comisario del circuito permitió la entrada a la pista de un
joven de cinco años llamado Casey Stoner, que era ya una pequeña estrella local
y el chico sobre el que se ponían las miradas, y que iba a tener la oportunidad
como premio de participar en una nueva carrera con aquellos dos profesionales
que venían de ganar carreras con algunas de las motos más potentes del mundo.
Stoner corrió con ellos, les atacó en cada esquina como nunca antes lo había
hecho y se metió por cada escondrijo libre aprovechando que su moto, mucho más
pequeña y de menor cilindrada, cabía donde otras no. Nadie de los allí
presentes en la pequeña grada escondió el asombro por lo que estaban viendo.
Entre ellos, el propio Mick Doohan, que había acudido con su hermano para
charlar con viejos amigos, como Feeney. Pero aquello había dejado de ser un
juego porque un crío de apenas cinco años estaba sonrojando al ídolo y campeón
nacional y al subcampeón.

Después
de aquella exhibición, Scott Doohan se llevó a Stoner a un campus donde
aficionados japoneses vieron cómo había que hacer para derrapar con una moto de
dirt track. Y justo después, escribió una carta de recomendación a todos los
sponsors con los que tenía algún tipo de vinculación en los que hablaba de un
chico mágico, que apenas tenía recursos para correr y que necesitaba el apoyo
de las marcas para convertirse en el canguro más rápido de La Tierra.

El
resto de la historia es de sobra conocida. Stoner logró dos campeonatos de
MotoGP antes de retirarse con 27 años. Podría haber sido alguno más si no
hubiera estado fuertemente mermado por aquella intolerancia a la lactosa que le
mantuvo durante dos temporadas fuera de los circuitos durante grandes premios
suficientes como para dejar de ganar puntos que podrían haberle dado más
títulos y si su adiós al mundo del motor no hubiera sido tan prematuro. Lejos
de toda la vida mediática y muy disconforme con ciertas medidas y cambios
tomados en el Mundial, Casey dijo adiós. A día de hoy, Stoner sigue siendo el
único piloto en la historia en ser campeón a lomos de una Ducati en el Mundial
de MotoGP. 

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Casey
Stoner apenas estaba empezando a caminar cuando subió a una moto por primera
vez y supo que eso de ganar carreras le gustaba y le salía innato. Con 18 meses
tuvo su primera ‘lesión’, unas ampollas en las manos fruto del roce del freno y
el acelerador y con tres ya daba las primeras vueltas en alguna minimoto más
potente, propiedad de su hermana Kelly. Kelly Stoner, mayor que él, corría en el
estado de Queensland y rápido se convirtió en Campeona Sub9. El australiano,
que venía de una familia loca por las motos, había nacido para correr y pronto
decidió que quería hacer eso mismo que veía a su hermana domingo tras domingo: disfrutar
sobre dos ruedas. Entrenaban juntos, pero la diferencia de edad no impidió que
a los cuatro años, Casey estuviera ya cansado de derrotarla y su mayor objetivo
era entrenar contra su propia sombra. Mejorar en cada curva.

Con
cuatro años empezó a correr en la categoría Sub9 y al fin le llegó su primera
gran gran carrera en el dirt track que tanto gusta en Australia, esas carreras
sobre tierra donde la derrapada es la mejor arma. El primer mono que utilizó
era de su hermana. Su madre, entonces, quitó el bordado del nombre de ‘Kelly’ y
con un parche cosió cuidadosamente el nombre de ‘Casey’. Poco antes de aquello,
los Stoner habían decidido vender todo lo que tenían e irse a la aventura de
las carreras, el sueño de sus niños, viviendo en una caravana por todo el país.
Llegaron al Hatchers’s Club Day, un club de moteros donde niños de todas las
edades y adultos competían en un minicampeonato que se celebraba de manera
semanal en distintas categorías. Allí, Collin Stoner, el padre de la criatura,
encontró trabajo como cuidador del circuito y se quedaron durante un tiempo
viviendo dentro de él.

Por
eso, Casey podía practicar tanto como quisiera. Su primer contacto con el éxito
le llegó de la cercana tienda de Paul Feeney. Feeney, propietario de una
pequeña tienda de recambios y arreglos en los aledaños del circuito, era un
antiguo íntimo amigo de Mick Dohaan. Corría entonces el año 1991 y Mick aún no
había ganado ninguno de los cinco títulos de 500cc, pero en su haber ya tenía
la tercera plaza lograda en 1990 y el subcampeonato vigente. Feeney se
sorprendió cuando vio por primera vez encima de una moto al pequeño de los
Stoner. “Tienes un pequeño gran talento ahí”, le dijo a Collin, y rápidamente
acordó que le iba a ayudar con piezas y arreglos que de alguna manera
reflejaban un pequeño sistema de patrocinio.

Cuando
la temporada de motociclismo terminó y justo antes de que Stoner cumpliera seis
años, Hatcher’s acogió un evento único. Una carrera mano a mano entre Scott
Doohan y Aaron Slight. Entonces, Slight era el vigente campeón del Campeonato
de Superbikes Australiano (luego sería dos veces subcampeón del SBK y cuatro
veces tercero) y el mayor de los Doohan, que no acabó teniendo una carrera ni
siquiera cercana a la de su hermano Mick, había terminado en segunda posición
en dicho campeonato nacional. Ambos estaban jugueteando, adelantándose en cada
curva, deslizando y derrapando hasta el máximo para delirio de los fans.

Fue
entonces cuando el comisario del circuito permitió la entrada a la pista de un
joven de cinco años llamado Casey Stoner, que era ya una pequeña estrella local
y el chico sobre el que se ponían las miradas, y que iba a tener la oportunidad
como premio de participar en una nueva carrera con aquellos dos profesionales
que venían de ganar carreras con algunas de las motos más potentes del mundo.
Stoner corrió con ellos, les atacó en cada esquina como nunca antes lo había
hecho y se metió por cada escondrijo libre aprovechando que su moto, mucho más
pequeña y de menor cilindrada, cabía donde otras no. Nadie de los allí
presentes en la pequeña grada escondió el asombro por lo que estaban viendo.
Entre ellos, el propio Mick Doohan, que había acudido con su hermano para
charlar con viejos amigos, como Feeney. Pero aquello había dejado de ser un
juego porque un crío de apenas cinco años estaba sonrojando al ídolo y campeón
nacional y al subcampeón.

Después
de aquella exhibición, Scott Doohan se llevó a Stoner a un campus donde
aficionados japoneses vieron cómo había que hacer para derrapar con una moto de
dirt track. Y justo después, escribió una carta de recomendación a todos los
sponsors con los que tenía algún tipo de vinculación en los que hablaba de un
chico mágico, que apenas tenía recursos para correr y que necesitaba el apoyo
de las marcas para convertirse en el canguro más rápido de La Tierra.

El
resto de la historia es de sobra conocida. Stoner logró dos campeonatos de
MotoGP antes de retirarse con 27 años. Podría haber sido alguno más si no
hubiera estado fuertemente mermado por aquella intolerancia a la lactosa que le
mantuvo durante dos temporadas fuera de los circuitos durante grandes premios
suficientes como para dejar de ganar puntos que podrían haberle dado más
títulos y si su adiós al mundo del motor no hubiera sido tan prematuro. Lejos
de toda la vida mediática y muy disconforme con ciertas medidas y cambios
tomados en el Mundial, Casey dijo adiós. A día de hoy, Stoner sigue siendo el
único piloto en la historia en ser campeón a lomos de una Ducati en el Mundial
de MotoGP. 

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