_NBA

Cuando los Warriors no eran estos Warriors

César Martín @CesarMrtn 11-06-2018

etiquetas:

Los Golden State Warriors acaban de
ganar su segundo anillo consecutivo. El tercero en cuatro años y el sexto de su
historia. Estos Warriors (los de Steve Kerr, Stephen Curry, Klay Thompson,
Draymond Green, Kevin Durant y compañía) son uno de los mejores equipos de la
historia del baloncesto. Pero hubo un tiempo en el que los de la Bahía
navegaban por las profundidades de la NBA, y eso fue hace relativamente poco.

Entre finales de los noventa y
principios del siglo XXI, lo mejor que tenían los Warriors eran las
equipaciones. Tan triste como cierto. En 1997, Golden State siguió el ejemplo
de muchas otras franquicias (Rockets, Kings, 76ers) y rediseñaron su imagen
dándole un giro radical si la comparamos con la que habían tenido a lo largo de
su historia. El azul y el amarillo dejaron paso al azul marino y al naranja. Lo
dicho, unas camisetas preciosas. El equipo en sí, no tanto.

Los años post-Run TMC fueron muy
oscuros en Oakland. Durante mucho tiempo, los Warriors fueron una sucesión
continua de errores en los despachos, lo que se tradujo en muchas derrotas. Dave
Twardzik y Garry St. Jean protagonizaron sonoras pifias a la hora de elegir
prospectos en los Drafts. En 1996 eligieron a Todd Fuller por delante de
jugadores como Kobe Bryant, Steve Nash, Jermaine O’Neal o Peja Stojaković. Un
año más tarde prefirieron a Adonal Foyle en vez de Tracy McGrady. Pero también
tuvieron su buen ojo y en las temporadas 2001-02 y 2002-03 tuvieron a tres
jugadores que, viéndolo con perspectiva, ojalá hubieran madurado juntos: Antawn
Jamison, Gilbert Arenas y Jason Richardson. Este último maravilló a la NBA con
su capacidad para surcar los cielos, refrendada con dos títulos y un
subcampeonato del Concurso de Mates.

Cuando Jamison y Arenas pusieron
rumbo a Dallas y Washington D.C. respectivamente, J-Rich se quedó solo al mando
de una nave que acumulaba derrota tras derrota. Ni siquiera la llegada de todo un
All-Star como Baron Davis supuso una mejora en los resultados del equipo.
Necesitaban al guía de los años noventa, necesitaban a Don Nelson. Nellie
regresó a la Bahía en 2006, tras un año alejado de los banquillos. Con él a los
mandos, los Warriors protagonizaron una de sus temporadas más memorables.

En la campaña de 2007, Golden State
rompió su sequía de años sin entrar en Playoffs. La última vez que el Oracle
Arena había visto un partido de postemporada fue en 1994, cuando Chris Mullin, Latrell
Sprewell y Chris Webber eran las caras visibles de aquel equipo. Un gran mes de
abril permitió que Davis, Richardson, Al Harrington, Monta Ellis, Stephen
Jackson, Matt Barnes y compañía obtuviesen la última plaza de Playoffs del
Oeste.

Al ser octavos de su Conferencia, a
los Warriors les tocó bailar con la más fea: los Dallas Mavericks. Los texanos,
subcampeones el año anterior, venían de firmar la mejor campaña de su historia
(67-15) y contaban con el MVP, un tal Dirk Nowitzki. Pero eso no amedrentó a
los californianos. En el Game 1, en Dallas, los Warriors dieron un serio aviso
y vencieron 85-97. La serie viajó a la Bahía con el global empatado. Los
californianos se llevaron los dos partidos en un Oracle teñido de camisetas
amarillas con el lema “We believe” (“Creemos”). Estaban a una victoria de tumbar
al mejor equipo del año. Los Mavs salvaron primer matchball en Dallas, pero en
el Game 6 (otra vez en Oakland) esperaba una Dub Nation que convirtió su pabellón en una caldera.

Con un inolvidable 111-86, los Warriors
se convirtieron en el primer octavo que lograba eliminar al mejor equipo de la
Conferencia en una primera ronda a siete partidos. En las semis no pudieron con
los Utah Jazz de Deron Williams, Carlos Boozer, Mehmet Okur y Andrei Kirilenko,
pero para el recuerdo de esa serie quedará el mate de Baron Davis sobre el
alero ruso. La ilusión estaba por las nubes. Los Warriors se habían quitado la
fama de equipo perdedor a lo grande, y esperaban consolidarse en la temporada
de 2008. El bloque iba a ser prácticamente el mismo, pero en un movimiento
sorprendente, Jason Richardson fue traspasado a los Charlotte Bobcats a cambio de
Brandan Wright.

El inicio de la temporada fue de
0-6. Se acordarían en abril, porque a pesar de firmar su mejor año desde 1994
(48-34), los Warriors se quedaron fuera de Playoffs. Esta vez hicieron
historia, pero negativa: nunca un equipo se había quedado fuera de la fase
final de la liga habiendo ganado tantos partidos. Eso precipitó el fin de una
etapa, ya que ese verano Davis decidió firmar por los Clippers.

En Oakland iniciaron un nuevo
lustro de muchas derrotas. Pero durante ese periodo de tiempo se drafteó a
Stephen Curry, Klay Thompson y Draymond Green. La directiva había plantado la
semilla de un equipo de leyenda.

Sp_

siguenos en:

©2019 Copyright Sphera Sports | Derechos reservados

Los Golden State Warriors acaban de
ganar su segundo anillo consecutivo. El tercero en cuatro años y el sexto de su
historia. Estos Warriors (los de Steve Kerr, Stephen Curry, Klay Thompson,
Draymond Green, Kevin Durant y compañía) son uno de los mejores equipos de la
historia del baloncesto. Pero hubo un tiempo en el que los de la Bahía
navegaban por las profundidades de la NBA, y eso fue hace relativamente poco.

Entre finales de los noventa y
principios del siglo XXI, lo mejor que tenían los Warriors eran las
equipaciones. Tan triste como cierto. En 1997, Golden State siguió el ejemplo
de muchas otras franquicias (Rockets, Kings, 76ers) y rediseñaron su imagen
dándole un giro radical si la comparamos con la que habían tenido a lo largo de
su historia. El azul y el amarillo dejaron paso al azul marino y al naranja. Lo
dicho, unas camisetas preciosas. El equipo en sí, no tanto.

Los años post-Run TMC fueron muy
oscuros en Oakland. Durante mucho tiempo, los Warriors fueron una sucesión
continua de errores en los despachos, lo que se tradujo en muchas derrotas. Dave
Twardzik y Garry St. Jean protagonizaron sonoras pifias a la hora de elegir
prospectos en los Drafts. En 1996 eligieron a Todd Fuller por delante de
jugadores como Kobe Bryant, Steve Nash, Jermaine O’Neal o Peja Stojaković. Un
año más tarde prefirieron a Adonal Foyle en vez de Tracy McGrady. Pero también
tuvieron su buen ojo y en las temporadas 2001-02 y 2002-03 tuvieron a tres
jugadores que, viéndolo con perspectiva, ojalá hubieran madurado juntos: Antawn
Jamison, Gilbert Arenas y Jason Richardson. Este último maravilló a la NBA con
su capacidad para surcar los cielos, refrendada con dos títulos y un
subcampeonato del Concurso de Mates.

Cuando Jamison y Arenas pusieron
rumbo a Dallas y Washington D.C. respectivamente, J-Rich se quedó solo al mando
de una nave que acumulaba derrota tras derrota. Ni siquiera la llegada de todo un
All-Star como Baron Davis supuso una mejora en los resultados del equipo.
Necesitaban al guía de los años noventa, necesitaban a Don Nelson. Nellie
regresó a la Bahía en 2006, tras un año alejado de los banquillos. Con él a los
mandos, los Warriors protagonizaron una de sus temporadas más memorables.

En la campaña de 2007, Golden State
rompió su sequía de años sin entrar en Playoffs. La última vez que el Oracle
Arena había visto un partido de postemporada fue en 1994, cuando Chris Mullin, Latrell
Sprewell y Chris Webber eran las caras visibles de aquel equipo. Un gran mes de
abril permitió que Davis, Richardson, Al Harrington, Monta Ellis, Stephen
Jackson, Matt Barnes y compañía obtuviesen la última plaza de Playoffs del
Oeste.

Al ser octavos de su Conferencia, a
los Warriors les tocó bailar con la más fea: los Dallas Mavericks. Los texanos,
subcampeones el año anterior, venían de firmar la mejor campaña de su historia
(67-15) y contaban con el MVP, un tal Dirk Nowitzki. Pero eso no amedrentó a
los californianos. En el Game 1, en Dallas, los Warriors dieron un serio aviso
y vencieron 85-97. La serie viajó a la Bahía con el global empatado. Los
californianos se llevaron los dos partidos en un Oracle teñido de camisetas
amarillas con el lema “We believe” (“Creemos”). Estaban a una victoria de tumbar
al mejor equipo del año. Los Mavs salvaron primer matchball en Dallas, pero en
el Game 6 (otra vez en Oakland) esperaba una Dub Nation que convirtió su pabellón en una caldera.

Con un inolvidable 111-86, los Warriors
se convirtieron en el primer octavo que lograba eliminar al mejor equipo de la
Conferencia en una primera ronda a siete partidos. En las semis no pudieron con
los Utah Jazz de Deron Williams, Carlos Boozer, Mehmet Okur y Andrei Kirilenko,
pero para el recuerdo de esa serie quedará el mate de Baron Davis sobre el
alero ruso. La ilusión estaba por las nubes. Los Warriors se habían quitado la
fama de equipo perdedor a lo grande, y esperaban consolidarse en la temporada
de 2008. El bloque iba a ser prácticamente el mismo, pero en un movimiento
sorprendente, Jason Richardson fue traspasado a los Charlotte Bobcats a cambio de
Brandan Wright.

El inicio de la temporada fue de
0-6. Se acordarían en abril, porque a pesar de firmar su mejor año desde 1994
(48-34), los Warriors se quedaron fuera de Playoffs. Esta vez hicieron
historia, pero negativa: nunca un equipo se había quedado fuera de la fase
final de la liga habiendo ganado tantos partidos. Eso precipitó el fin de una
etapa, ya que ese verano Davis decidió firmar por los Clippers.

En Oakland iniciaron un nuevo
lustro de muchas derrotas. Pero durante ese periodo de tiempo se drafteó a
Stephen Curry, Klay Thompson y Draymond Green. La directiva había plantado la
semilla de un equipo de leyenda.

etiquetas:

_NBA

Curry, en el Olimpo del triple

Juan Díaz @JuandiRgz
15-12-2021