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Crónica de una muerte anunciada

Adri Fernández @AdriiFdez 12-04-2018

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“Salid y
disfrutad”. Estas fueron las palabras que Johan Cruyff dijo a sus jugadores
antes de saltar al césped de Wembley en 1992. Desconocemos qué dijo Ernesto
Valverde a sus pupilos en el vestuario del Olímpico de Roma pero, desde luego,
el mensaje debió estar a años luz del que pronunció el maestro holandés. El
Barcelona ni salió, ni disfrutó ni hizo disfrutar. Tan solo sufrió e hizo
sufrir.

Hay
maneras y maneras de perder, pero es intolerable que el Barça caiga como un
equipo pequeño en un partido que se preveía como un mero trámite. Un Valverde
aún más conservador de lo que nos tiene acostumbrados, dejó la ambición
aparcada en Barcelona. El ‘txingurri’ dijo en rueda de prensa: “Según avanza el
partido siempre esperas que, cuando el rival arriesga tanto, te puedas plantar
en la portería con un pase largo”. A eso jugó el equipo: a verlas venir. A
excepción de los últimos cinco minutos. Demasiado tarde.

Todos
nos preguntamos lo mismo: ¿Por qué perdió el Barça? Difícil desentrañar una
respuesta entre tantos cabreos, maldiciones y desilusiones. Aun así, no se
trata de un hecho asilado, tan solo hay que ver la imagen que ha mostrado el equipo
en los últimos partidos –resultado al margen–. Soporífero encuentro ante el
Leganés que, por poco, cuesta un susto; excesivo premio en la ida ante la Roma,
salvados por Messi in extremis en el
Sánchez Pizjuán, pobre imagen en la segunda parte ante el Athletic Club –igual que
durante los 90 minutos ante Las Palmas o en la ida ante el Chelsea–, etcétera.
El pragmatismo siempre tiene sus riesgos.

La
sensación es que el equipo ha llegado fundido al tramo más decisivo de la
temporada. En el 2018 se han disputado 24 partidos: Piqué y Suárez han sido
titulares en 21 de ellos, Messi y Rakitic en 20, Sergi Roberto en 19, Ter
Stegen, Jordi Alba y Busquets en 18, Iniesta en 16 y Umtiti en 15. Las
rotaciones no entran en los planes de Valverde, y eso se acaba pagando caro.

Si algo está
claro es que no se trata de una flor de un día. Que los árboles no os impidan
ver el bosque.

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“Salid y
disfrutad”. Estas fueron las palabras que Johan Cruyff dijo a sus jugadores
antes de saltar al césped de Wembley en 1992. Desconocemos qué dijo Ernesto
Valverde a sus pupilos en el vestuario del Olímpico de Roma pero, desde luego,
el mensaje debió estar a años luz del que pronunció el maestro holandés. El
Barcelona ni salió, ni disfrutó ni hizo disfrutar. Tan solo sufrió e hizo
sufrir.

Hay
maneras y maneras de perder, pero es intolerable que el Barça caiga como un
equipo pequeño en un partido que se preveía como un mero trámite. Un Valverde
aún más conservador de lo que nos tiene acostumbrados, dejó la ambición
aparcada en Barcelona. El ‘txingurri’ dijo en rueda de prensa: “Según avanza el
partido siempre esperas que, cuando el rival arriesga tanto, te puedas plantar
en la portería con un pase largo”. A eso jugó el equipo: a verlas venir. A
excepción de los últimos cinco minutos. Demasiado tarde.

Todos
nos preguntamos lo mismo: ¿Por qué perdió el Barça? Difícil desentrañar una
respuesta entre tantos cabreos, maldiciones y desilusiones. Aun así, no se
trata de un hecho asilado, tan solo hay que ver la imagen que ha mostrado el equipo
en los últimos partidos –resultado al margen–. Soporífero encuentro ante el
Leganés que, por poco, cuesta un susto; excesivo premio en la ida ante la Roma,
salvados por Messi in extremis en el
Sánchez Pizjuán, pobre imagen en la segunda parte ante el Athletic Club –igual que
durante los 90 minutos ante Las Palmas o en la ida ante el Chelsea–, etcétera.
El pragmatismo siempre tiene sus riesgos.

La
sensación es que el equipo ha llegado fundido al tramo más decisivo de la
temporada. En el 2018 se han disputado 24 partidos: Piqué y Suárez han sido
titulares en 21 de ellos, Messi y Rakitic en 20, Sergi Roberto en 19, Ter
Stegen, Jordi Alba y Busquets en 18, Iniesta en 16 y Umtiti en 15. Las
rotaciones no entran en los planes de Valverde, y eso se acaba pagando caro.

Si algo está
claro es que no se trata de una flor de un día. Que los árboles no os impidan
ver el bosque.

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