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Cristian Zaccardo: “Ganar para tu país es algo que consiguen muy pocos”

Casi 400 partidos de Serie A a sus espaldas en equipos como el Bologna, aquel inolvidable Palermo que se paseaba por Europa, el Parma, el Milan y el Carpi. Una Bundesliga histórica en las filas del Wolfsburgo, junto a Andrea Barzagli, que sigue siendo el último campeonato alemán que no se terminaron llevando el Bayern de Múnich o el Borussia Dortmund. Y un verano de 2006 absolutamente inolvidable para toda Italia y en el que él fue uno de los 23 principales protagonistas que consiguieron otorgarle al país transalpino la gran alegría de las últimas décadas. Hablamos largo y tendido con Cristian Zaccardo sobre su carrera, sobre su dilatada experiencia en el Calcio, sobre el estado actual del fútbol italiano y la selección de Mancini y especialmente sobre el icónico y memorable triunfo de la Nazionale en el Mundial de 2006.

La primera pregunta es casi obligatoria. Es el sueño que todos hemos tenido cuando éramos pequeños y que, sin embargo, muy pocos futbolistas consiguen ver cumplido. Basta nombrar a los dos Ronaldo, Messi, Maldini, Baggio… ¿Qué se siente en el momento en el que se besa y se alza al cielo la Copa del Mundo?

Yo creo que en aquella noche de Berlín ni nosotros mismos nos dimos cuenta de lo que habíamos conseguido. Estaba tan impresionado que ni siquiera lloré esa noche, sin embargo, si hoy veo las imágenes me emociono. Cuanto más pasa el tiempo, más te das cuenta de que has llegado a lo más alto, pero quizá empezamos a comprender qué significaba aquel triunfo el día después, cuando llegamos a Roma y había un millón de personas en el Circo Massimo para recibirnos.

Te formaste en la cantera del Bologna y entrenabas ya con el primer equipo en la época en la que Roberto Baggio estaba en el club. ¿Qué sentías entrenando al lado del gran número diez?

Viviéndolo de cerca y con todo el respeto para el resto de grandes futbolistas italianos, y con varios de ellos he tenido la fortuna de ganar el Mundial, si tengo que decir quién ha sido el mejor jugador italiano que he visto debo nombrarlo a él. Esto fue en 1998, yo era muy joven, me daba vergüenza hablarle y casi me salía tratarle de usted. Años después, en cambio, me lo encontré en Formentera, justo después del Mundial. Yo estaba con un amigo y lo vimos como a treinta metros de distancia y mientras nos preguntábamos si íbamos a saludarlo o no, si se acordaría de mí o si me reconocería, fue él quien vino y me dio la enhorabuena. Que Roberto Baggio se acercase donde yo estaba y me felicitase era el mundo al revés. Eso te hace entender que es también un gran campeón también a nivel humano, algo que después pude comprobar, ya que coincidimos en un par de partidos de leyendas. Una persona excepcional y muy humilde.

Siendo ya un fijo en el Bologna, ganas el Europeo sub-21 e inmediatamente después te ficha el Palermo, donde vuelves a coincidir con Francesco Guidolin, y desde la temporada siguiente Marcello Lippi te incluye en sus convocatorias con la selección de forma permanente hasta el Mundial. ¿Dirías que ellos dos han sido los entrenadores más importantes de tu carrera?

Sí, totalmente. Todos me aportaron algo, pero al que más debo es a Guidolin. Me hizo debutar en Bolonia, lo tuve en Palermo y también en Parma. Con él hice mis mejores años. Llegué a marcar cinco goles en una misma temporada en dos ocasiones, una en el Palermo y otra en el Parma. Cuando hay confianza y una estima recíproca, al final se rinde mejor en el campo. Por otro lado, también le debo mucho a Lippi porque me dio la posibilidad, aunque era muy joven entonces, de jugar con la selección y conseguir el sueño del Mundial y solo puedo agradecérselo.

Poco antes del Mundial estalla el Calciopoli. Llegó incluso a haber pitos en los entrenamientos previos de la selección. Parece como si Italia sintiese la necesidad de estar rodeada de críticas y polémicas para sacar lo mejor de sí misma, como ya había ocurrido en 1982. ¿Habéis utilizado toda la controversia que había a vuestro alrededor para reforzar el grupo y el equipo?

Por como terminó todo, pienso que hasta nos benefició. Es cierto que algunos jugadores estaban en el centro de las críticas y de los pitos en aquellos momentos, pero éramos un grupo muy sólido, muy unido y fuimos capaces de aislarnos y de concentrarnos solamente en lo futbolístico. Además, Italia no estaba entre las favoritas, pero demostramos sobradamente que éramos un equipo con todas las letras y que estábamos por encima de todo lo extrafutbolístico.

Ya en Alemania, Totti y Del Piero se repartieron los minutos como había sucedido en 1970 con Mazzola y Rivera, por lo que los futbolistas más importantes acabaron siendo Buffon, Cannavaro y Pirlo, seguramente. ¿Era así también de puertas para adentro? ¿Cómo viviste la gestión de vestuario de Lippi y quiénes eran realmente los líderes de la selección en 2006?

Había muchos líderes porque había muchos futbolistas top que a nivel mental, humano, en el campo y fuera del campo tenían muchísimo carisma y personalidad. Puedo nombrar algunos: Buffon, Cannavaro, Gattuso… Lippi fue muy hábil en la gestión del vestuario, haciéndonos sentir a todos importantes. Fue un Mundial donde jugamos todos a excepción de los dos porteros suplentes, por lo que todos fuimos partícipes y útiles y cada uno pudo contribuir con su parte.

A nivel futbolístico como tal, ¿cuál fue el secreto, el ingrediente decisivo de aquella Italia?

Teníamos muchos atacantes de gran nivel, pero lo que nos permitió ganar fue la defensa. Solo recibimos dos goles en todo el campeonato. Además, Buffon y Cannavaro se disputaron el Balón de Oro al final del año, por lo que teníamos allí atrás a dos jugadores que realmente fueron los mejores de todo el Mundial.

En tu caso, comenzaste como titular contra Ghana y luego contra Estados Unidos tuvo lugar el episodio del gol en propia puerta, que casualmente fue el único tanto, sin contar el penalti de Zidane en la final, que Buffon encajó en todo el Mundial. ¿Lo viviste como una acción desafortunada sin más o algo así siempre te acaba influyendo un poco psicológicamente?

Jugué muy bien el primer partido y también el segundo, pero en el primer balón que fallé, llegó el gol en propia puerta. Era joven y con la presión propia de un Mundial sí que me quitó un poco de seguridad y de serenidad. Si no lo hubiese marcado, hubiese seguido jugando yo como titular y no hubiese entrado Fabio Grosso en el equipo, que luego se convertiría en el talismán de Italia. Así que debía suceder como sucedió. Evidentemente, no era el lugar más apropiado, pero ahora puedo reírme de todo aquello. Al final, ese gol en propia también forma parte de la historia.

¿A partir de qué momento os disteis cuenta de que podáis ganar?

El partido en el que más temí irnos a casa fue el de Australia. Fue el único en el que tuve ese temor, mientras que el momento en el que pensé que ese año ganaríamos nosotros la Copa fue justo después de la semifinal contra Alemania. Ganar de aquella forma, en su casa, en un estadio como el del Dortmund repleto de alemanes, en el encuentro más bonito del Mundial y en la prórroga, después de un partido tan equilibrado, nos dio autoestima, adrenalina y nos hizo entender que realmente éramos un equipo muy, muy fuerte.

¿Llegaste a ver el cabezazo de Zidane desde el banquillo? ¿Qué pensaste en aquel momento?

Ni nos dimos cuenta porque el balón estaba en el otro lado del campo. De lo que sí nos dimos cuenta es de que nosotros usamos y nos beneficiamos por primera vez del VAR (ríe). El cuarto árbitro tenía una televisión cerca de su posición y fue precisamente allí donde vio la imagen antes de avisar al árbitro y de que este le sacase la tarjeta roja a Zidane.

Y llegan los penaltis… Esa espera, esos minutos previos… He visto el partido repetido hace unos días y me he dado cuenta de que estuviste en todo momento al lado de Lippi mientras elegía los lanzadores.

En esas circunstancias, mientras Lippi elegía los lanzadores, casi todos habían escogido ya donde iban a tirar su penalti. Pirlo, por ejemplo, ya tenía claro que lo iba a tirar arriba y centrado.

Marca Grosso el último penalti y la Copa es finalmente vuestra. ¿Con quién te abrazaste en primer lugar? ¿Lo recuerdas?

Sí. Se formó un primer grupo en el centro del campo y enseguida otro, en el que estaba yo, que intentaba perseguir a Fabio Grosso, que iba a 200 kilómetros por hora directo a festejar hacia la zona de la tribuna en la que estaban nuestros familiares y allí nos abrazamos. Y después, pues fue una apoteosis, Oddo le cortó la melena a Camoranesi… estábamos todos eufóricos.

Después del Mundial llega Roberto Donadoni a la selección y solo juegas dos partidos más, en noviembre de 2006 y en octubre de 2007 a pesar de seguir siendo un titular fijo en el Palermo. ¿Por qué? ¿Tuviste alguna explicación por su parte?

Esa temporada, después del Mundial, hice mi mejor campaña en Serie A. Era un jugador más maduro, había adquirido más seguridad después de la victoria en Alemania y me encontraba muy bien física y mentalmente. Pensaba que después de dos años donde había estado siempre entre los convocados, merecía al menos una llamada o un mensaje para decirme que prefería a otros jugadores y que por ese motivo no me convocaba. Pero nadie me dijo nada y eso no me sentó bien, incluso me desahogué un poco con la prensa. Después Donadoni me convocó una vez más, aclaramos las cosas, pero de cara a la Eurocopa acabó apostando por otros futbolistas.

Centrándonos un poco en el fútbol de clubes, viviste en aquellos años temporadas realmente fantásticas en el Palermo, con futbolistas maravillosos, experiencias en Europa… ¿Cómo recuerdas aquella etapa de tu carrera y como ves la actual situación del club?

Al Palermo lo recuerdo siempre con cariño. Por allí pasaron jugadores muy importantes, cuando yo estaba y después. El club se convirtió en una realidad importante del Calcio y también en Europa. A nivel personal, el primer año y el tercero fueron los mejores. Ese tercer curso, con la Juve en Serie B y las sanciones de puntos, teníamos la posibilidad de clasificarnos para la Champions por primera vez. En diciembre éramos terceros, pero se lesionó de gravedad Amauri, que estaba en un nivel espectacular, y el único lamento y la única crítica que yo puedo hacer a Zamparini es que no fichó a un nueve adecuado para sustituirlo, nunca lo entenderé, y acabamos finalmente quintos en la tabla. Si hubiese invertido en un delantero que hiciese goles lo hubiésemos logrado porque éramos un muy buen equipo. Respecto a la situación actual del Palermo, están lejos de la parte alta en Serie C ahora mismo, sigo siempre sus partidos, estoy muy ligado al equipo y a los aficionados y espero que puedan volver muy pronto a Serie A.

Christian Zaccardo, en sus tiempos en el Palermo. (MARCELLO PATERNOSTRO/AFP via Getty Images)

En 2008, te compra el Wolfsburgo y ganas la Bundesliga junto a Barzagli y otro puñado de grandes futbolistas como Dzeko o Grafite. ¿Cuáles son las principales diferencias que encontraste entre el fútbol italiano y el alemán?

Fue una experiencia fantástica y que no pudo acabar mejor, ganando el título por delante del Bayern de Luca Toni. Con Magath me costó mucho al principio porque tenía una mentalidad muy diferente a la que yo traía de Italia y tardé un poco en adaptarme. La principal diferencia era que en Italia, también entre semana, se hacían muchos entrenamientos tácticos, mientras que en Alemania prácticamente no trabajábamos lo táctico, en cambio, nos mataba a trabajar a nivel físico y entrenábamos todos los días a mil. Nos vino de maravilla, pero era agotador. En Navidad, éramos novenos, pero en la segunda vuelta se notaba que estábamos físicamente por encima del resto. Y ahí está el resultado para demostrarnos que valió la pena todo el esfuerzo.

Tres temporadas y media en el Parma y después llegas a un Milan que había perdido casi todas sus estrellas. ¿Qué falló a nivel deportivo?

Entonces pensaba que me retiraría en el Parma, pero llegó esa llamada del Milan en enero. Me lo pensé y cuando me llamaron por segunda vez, aunque no quería dejar Parma, fue cuando me di cuenta de que ir a un club como el Milan era una posibilidad que no podía dejar pasar. Lamentablemente, acababan de irse muchos grandes futbolistas como Ibrahimovic, Thiago Silva, Inzaghi, Nesta, Gattuso, Zambrotta… y eso se notó. Cuando llegué, el Milan era octavo y acabamos el año en la tercera plaza, con una gran remontada, gracias en parte a los goles de Balotelli. Después, empezaron un poco los problemas. Echaron a Allegri, llegó Seedorf y más tarde Inzaghi. Ya no era el Milan de antes y se veía que había ciertas dificultades y empezó un periodo gris. Afortunadamente, ahora, de nuevo con Ibrahimovic, están cambiando las cosas.

Repasando un poco tus estadísticas he visto que solamente jugaste un partido de Champions en tu carrera. ¿Cambiarías la victoria en el Mundial por alguna otra cosa o aquella noche de Berlín vale una carrera entera?

No, no la cambiaría por nada del mundo. Lo ha dicho Dani Alves en una entrevista junto a Buffon, en la que afirmó que daría todos los títulos que ha ganado por tener una Copa del Mundo. El Mundial es lo máximo para un futbolista, más allá de premios individuales como el Balón de Oro u otros títulos a nivel de club. Ganar para tu país es algo que muy pocos consiguen en su vida.

Cambio de tema y te hago algunas preguntas un poco más rápidas, si te parece. ¿Quién ha sido el adversario más difícil al que tuviste que marcar en toda tu carrera?

Quizá Ibrahimovic porque ese físico de más de 1.90m, siendo tan fuerte e incisivo, era muy difícil de defender.

Has jugado con talentos enormes, de la talla de Beppe Signori, Cassano, Toni, Cavani, Miccoli, Dzeko, Vieri, Totti, Del Piero, Kaká… Entre los compañeros que has tenido, ¿quién dirías que ha sido el mejor?

Esta no es nada fácil… De Italia, diría Baggio, luego Totti y después Pirlo y Buffon. Entre los extranjeros, me quedaría con Kaká y Dzeko, seguramente.

¿Y quién era tu referente como lateral derecho cuando empezabas?

Mi ídolo era Cafú.

Por otro lado, ¿cómo acaba un futbolista con casi 400 partidos entre Serie A y Bundesliga jugando en Malta o San Marino y teniendo que buscar equipo a través de LinkedIn?

Después de 15 años jugando al más alto nivel, estaba en el Carpi y no tenía agente. La realidad era que la salvación era muy difícil, aunque luego tuvimos opciones hasta la última jornada, pero tenía 35 años, me sentía muy bien, jugaba habitualmente y sabiendo que podíamos descender y que yo quería seguir en la élite, en enero contraté a un agente italiano importante, el mismo de Giovinco (Andrea D’Amico, ndr), ya que me hubiese gustado ir a la MLS. Hice una buena temporada, era el capitán del Carpi, jugué 37 partidos en Serie A, sin embargo, este agente no me encontró equipo en todo el verano. Solo el Vicenza de Serie B y el 31 de agosto y no fue por un problema de salario porque hubiese aceptado ofertas a la baja en ese punto de mi carrera. Fui al Vicenza, este agente no me contactó nunca más, descendimos y en ese momento me dije, me voy a LinkedIn e intento buscarme equipo yo solo. Aún tenía ganas de jugar y de tener otra aventura en el extranjero y me llegaron muchas propuestas, sobre todo de equipos bastantes desconocidos. Elegí Malta primero y luego San Marino, aunque tuve ofertas de la liga de Canadá, por ejemplo, estuve incluso en Toronto, pero la familia prefería no mudarse tan lejos, así que fui a estos países por divertirme, por la pasión por el fútbol y por tener nuevas experiencias.

Hoy muchos de tus excompañeros del 2006 (Gattuso, Pirlo, Pippo Inzaghi) entrenan a grandes equipos de Serie A. ¿Cómo ves el estado actual del fútbol italiano? ¿Piensas que está volviendo poco a poco el nivel de los años ’90 o de los primeros 2000 cuando tú debutaste?

He visto un fútbol italiano que ha tenido dificultades estos últimos años, confirmándolo con la no clasificación al Mundial de 2018. También en Europa, donde un equipo italiano no gana desde hace diez años y donde sigue faltando un plus. Luego, afortunadamente, he visto una mejoría, sobre todo a raíz de la llegada de Cristiano Ronaldo. Su fichaje ha hecho que la Serie A recobrase atractivo y ha provocado que otros grandes futbolistas quieran venir a jugar en Italia, como Lukaku, por ejemplo. Así que, en este sentido, yo le daría las gracias a la Juventus y a Ronaldo.

En cuanto a la selección, ¿qué piensas sobre el nivel actual y la propuesta de Mancini? ¿Crees que Italia está ya en disposición de ganar desde la próxima Eurocopa o es pronto todavía?

Puedo solo felicitar a Mancini y la selección, ya que están ganando todos los partidos. Creo que están haciendo un trabajo maravilloso. Pienso que ahora mismo todos los italianos volvemos a tener confianza en la selección y, por tanto, podemos pensar seriamente que lucharemos para ganar la próxima Eurocopa. Aunque, en mi opinión, hay un equipo actualmente que parece inalcanzable y con un nivel superior a todos los demás, que es Francia. Lo bonito del fútbol es que no siempre gana el mejor e Italia ha vuelto y ahora es un equipo auténtico y competitivo.

Y te hago la última, Cristian. Ahora que te has retirado oficialmente, que ejerces como intermediario en el mercado de fichajes descubriendo jóvenes talentos, tienes el carné de entrenador y te has formado también como director deportivo, ¿qué sueños tiene alguien que ya ha ganado una Copa del Mundo? ¿Quedan aún sueños a la altura?

Lamentablemente no. No hay nada tan importante. Además, las experiencias más especiales son las que vives como futbolista. Después, siempre es agradable seguir ligado al fútbol porque al fin y al cabo es mi vida, pero lo más bonito se queda en los años que vives como jugador.

Imagen de cabecera: Patrick HERTZOG/AFP via Getty Images

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Casi 400 partidos de Serie A a sus espaldas en equipos como el Bologna, aquel inolvidable Palermo que se paseaba por Europa, el Parma, el Milan y el Carpi. Una Bundesliga histórica en las filas del Wolfsburgo, junto a Andrea Barzagli, que sigue siendo el último campeonato alemán que no se terminaron llevando el Bayern de Múnich o el Borussia Dortmund. Y un verano de 2006 absolutamente inolvidable para toda Italia y en el que él fue uno de los 23 principales protagonistas que consiguieron otorgarle al país transalpino la gran alegría de las últimas décadas. Hablamos largo y tendido con Cristian Zaccardo sobre su carrera, sobre su dilatada experiencia en el Calcio, sobre el estado actual del fútbol italiano y la selección de Mancini y especialmente sobre el icónico y memorable triunfo de la Nazionale en el Mundial de 2006.

La primera pregunta es casi obligatoria. Es el sueño que todos hemos tenido cuando éramos pequeños y que, sin embargo, muy pocos futbolistas consiguen ver cumplido. Basta nombrar a los dos Ronaldo, Messi, Maldini, Baggio… ¿Qué se siente en el momento en el que se besa y se alza al cielo la Copa del Mundo?

Yo creo que en aquella noche de Berlín ni nosotros mismos nos dimos cuenta de lo que habíamos conseguido. Estaba tan impresionado que ni siquiera lloré esa noche, sin embargo, si hoy veo las imágenes me emociono. Cuanto más pasa el tiempo, más te das cuenta de que has llegado a lo más alto, pero quizá empezamos a comprender qué significaba aquel triunfo el día después, cuando llegamos a Roma y había un millón de personas en el Circo Massimo para recibirnos.

Te formaste en la cantera del Bologna y entrenabas ya con el primer equipo en la época en la que Roberto Baggio estaba en el club. ¿Qué sentías entrenando al lado del gran número diez?

Viviéndolo de cerca y con todo el respeto para el resto de grandes futbolistas italianos, y con varios de ellos he tenido la fortuna de ganar el Mundial, si tengo que decir quién ha sido el mejor jugador italiano que he visto debo nombrarlo a él. Esto fue en 1998, yo era muy joven, me daba vergüenza hablarle y casi me salía tratarle de usted. Años después, en cambio, me lo encontré en Formentera, justo después del Mundial. Yo estaba con un amigo y lo vimos como a treinta metros de distancia y mientras nos preguntábamos si íbamos a saludarlo o no, si se acordaría de mí o si me reconocería, fue él quien vino y me dio la enhorabuena. Que Roberto Baggio se acercase donde yo estaba y me felicitase era el mundo al revés. Eso te hace entender que es también un gran campeón también a nivel humano, algo que después pude comprobar, ya que coincidimos en un par de partidos de leyendas. Una persona excepcional y muy humilde.

Siendo ya un fijo en el Bologna, ganas el Europeo sub-21 e inmediatamente después te ficha el Palermo, donde vuelves a coincidir con Francesco Guidolin, y desde la temporada siguiente Marcello Lippi te incluye en sus convocatorias con la selección de forma permanente hasta el Mundial. ¿Dirías que ellos dos han sido los entrenadores más importantes de tu carrera?

Sí, totalmente. Todos me aportaron algo, pero al que más debo es a Guidolin. Me hizo debutar en Bolonia, lo tuve en Palermo y también en Parma. Con él hice mis mejores años. Llegué a marcar cinco goles en una misma temporada en dos ocasiones, una en el Palermo y otra en el Parma. Cuando hay confianza y una estima recíproca, al final se rinde mejor en el campo. Por otro lado, también le debo mucho a Lippi porque me dio la posibilidad, aunque era muy joven entonces, de jugar con la selección y conseguir el sueño del Mundial y solo puedo agradecérselo.

Poco antes del Mundial estalla el Calciopoli. Llegó incluso a haber pitos en los entrenamientos previos de la selección. Parece como si Italia sintiese la necesidad de estar rodeada de críticas y polémicas para sacar lo mejor de sí misma, como ya había ocurrido en 1982. ¿Habéis utilizado toda la controversia que había a vuestro alrededor para reforzar el grupo y el equipo?

Por como terminó todo, pienso que hasta nos benefició. Es cierto que algunos jugadores estaban en el centro de las críticas y de los pitos en aquellos momentos, pero éramos un grupo muy sólido, muy unido y fuimos capaces de aislarnos y de concentrarnos solamente en lo futbolístico. Además, Italia no estaba entre las favoritas, pero demostramos sobradamente que éramos un equipo con todas las letras y que estábamos por encima de todo lo extrafutbolístico.

Ya en Alemania, Totti y Del Piero se repartieron los minutos como había sucedido en 1970 con Mazzola y Rivera, por lo que los futbolistas más importantes acabaron siendo Buffon, Cannavaro y Pirlo, seguramente. ¿Era así también de puertas para adentro? ¿Cómo viviste la gestión de vestuario de Lippi y quiénes eran realmente los líderes de la selección en 2006?

Había muchos líderes porque había muchos futbolistas top que a nivel mental, humano, en el campo y fuera del campo tenían muchísimo carisma y personalidad. Puedo nombrar algunos: Buffon, Cannavaro, Gattuso… Lippi fue muy hábil en la gestión del vestuario, haciéndonos sentir a todos importantes. Fue un Mundial donde jugamos todos a excepción de los dos porteros suplentes, por lo que todos fuimos partícipes y útiles y cada uno pudo contribuir con su parte.

A nivel futbolístico como tal, ¿cuál fue el secreto, el ingrediente decisivo de aquella Italia?

Teníamos muchos atacantes de gran nivel, pero lo que nos permitió ganar fue la defensa. Solo recibimos dos goles en todo el campeonato. Además, Buffon y Cannavaro se disputaron el Balón de Oro al final del año, por lo que teníamos allí atrás a dos jugadores que realmente fueron los mejores de todo el Mundial.

En tu caso, comenzaste como titular contra Ghana y luego contra Estados Unidos tuvo lugar el episodio del gol en propia puerta, que casualmente fue el único tanto, sin contar el penalti de Zidane en la final, que Buffon encajó en todo el Mundial. ¿Lo viviste como una acción desafortunada sin más o algo así siempre te acaba influyendo un poco psicológicamente?

Jugué muy bien el primer partido y también el segundo, pero en el primer balón que fallé, llegó el gol en propia puerta. Era joven y con la presión propia de un Mundial sí que me quitó un poco de seguridad y de serenidad. Si no lo hubiese marcado, hubiese seguido jugando yo como titular y no hubiese entrado Fabio Grosso en el equipo, que luego se convertiría en el talismán de Italia. Así que debía suceder como sucedió. Evidentemente, no era el lugar más apropiado, pero ahora puedo reírme de todo aquello. Al final, ese gol en propia también forma parte de la historia.

¿A partir de qué momento os disteis cuenta de que podáis ganar?

El partido en el que más temí irnos a casa fue el de Australia. Fue el único en el que tuve ese temor, mientras que el momento en el que pensé que ese año ganaríamos nosotros la Copa fue justo después de la semifinal contra Alemania. Ganar de aquella forma, en su casa, en un estadio como el del Dortmund repleto de alemanes, en el encuentro más bonito del Mundial y en la prórroga, después de un partido tan equilibrado, nos dio autoestima, adrenalina y nos hizo entender que realmente éramos un equipo muy, muy fuerte.

¿Llegaste a ver el cabezazo de Zidane desde el banquillo? ¿Qué pensaste en aquel momento?

Ni nos dimos cuenta porque el balón estaba en el otro lado del campo. De lo que sí nos dimos cuenta es de que nosotros usamos y nos beneficiamos por primera vez del VAR (ríe). El cuarto árbitro tenía una televisión cerca de su posición y fue precisamente allí donde vio la imagen antes de avisar al árbitro y de que este le sacase la tarjeta roja a Zidane.

Y llegan los penaltis… Esa espera, esos minutos previos… He visto el partido repetido hace unos días y me he dado cuenta de que estuviste en todo momento al lado de Lippi mientras elegía los lanzadores.

En esas circunstancias, mientras Lippi elegía los lanzadores, casi todos habían escogido ya donde iban a tirar su penalti. Pirlo, por ejemplo, ya tenía claro que lo iba a tirar arriba y centrado.

Marca Grosso el último penalti y la Copa es finalmente vuestra. ¿Con quién te abrazaste en primer lugar? ¿Lo recuerdas?

Sí. Se formó un primer grupo en el centro del campo y enseguida otro, en el que estaba yo, que intentaba perseguir a Fabio Grosso, que iba a 200 kilómetros por hora directo a festejar hacia la zona de la tribuna en la que estaban nuestros familiares y allí nos abrazamos. Y después, pues fue una apoteosis, Oddo le cortó la melena a Camoranesi… estábamos todos eufóricos.

Después del Mundial llega Roberto Donadoni a la selección y solo juegas dos partidos más, en noviembre de 2006 y en octubre de 2007 a pesar de seguir siendo un titular fijo en el Palermo. ¿Por qué? ¿Tuviste alguna explicación por su parte?

Esa temporada, después del Mundial, hice mi mejor campaña en Serie A. Era un jugador más maduro, había adquirido más seguridad después de la victoria en Alemania y me encontraba muy bien física y mentalmente. Pensaba que después de dos años donde había estado siempre entre los convocados, merecía al menos una llamada o un mensaje para decirme que prefería a otros jugadores y que por ese motivo no me convocaba. Pero nadie me dijo nada y eso no me sentó bien, incluso me desahogué un poco con la prensa. Después Donadoni me convocó una vez más, aclaramos las cosas, pero de cara a la Eurocopa acabó apostando por otros futbolistas.

Centrándonos un poco en el fútbol de clubes, viviste en aquellos años temporadas realmente fantásticas en el Palermo, con futbolistas maravillosos, experiencias en Europa… ¿Cómo recuerdas aquella etapa de tu carrera y como ves la actual situación del club?

Al Palermo lo recuerdo siempre con cariño. Por allí pasaron jugadores muy importantes, cuando yo estaba y después. El club se convirtió en una realidad importante del Calcio y también en Europa. A nivel personal, el primer año y el tercero fueron los mejores. Ese tercer curso, con la Juve en Serie B y las sanciones de puntos, teníamos la posibilidad de clasificarnos para la Champions por primera vez. En diciembre éramos terceros, pero se lesionó de gravedad Amauri, que estaba en un nivel espectacular, y el único lamento y la única crítica que yo puedo hacer a Zamparini es que no fichó a un nueve adecuado para sustituirlo, nunca lo entenderé, y acabamos finalmente quintos en la tabla. Si hubiese invertido en un delantero que hiciese goles lo hubiésemos logrado porque éramos un muy buen equipo. Respecto a la situación actual del Palermo, están lejos de la parte alta en Serie C ahora mismo, sigo siempre sus partidos, estoy muy ligado al equipo y a los aficionados y espero que puedan volver muy pronto a Serie A.

Christian Zaccardo, en sus tiempos en el Palermo. (MARCELLO PATERNOSTRO/AFP via Getty Images)

En 2008, te compra el Wolfsburgo y ganas la Bundesliga junto a Barzagli y otro puñado de grandes futbolistas como Dzeko o Grafite. ¿Cuáles son las principales diferencias que encontraste entre el fútbol italiano y el alemán?

Fue una experiencia fantástica y que no pudo acabar mejor, ganando el título por delante del Bayern de Luca Toni. Con Magath me costó mucho al principio porque tenía una mentalidad muy diferente a la que yo traía de Italia y tardé un poco en adaptarme. La principal diferencia era que en Italia, también entre semana, se hacían muchos entrenamientos tácticos, mientras que en Alemania prácticamente no trabajábamos lo táctico, en cambio, nos mataba a trabajar a nivel físico y entrenábamos todos los días a mil. Nos vino de maravilla, pero era agotador. En Navidad, éramos novenos, pero en la segunda vuelta se notaba que estábamos físicamente por encima del resto. Y ahí está el resultado para demostrarnos que valió la pena todo el esfuerzo.

Tres temporadas y media en el Parma y después llegas a un Milan que había perdido casi todas sus estrellas. ¿Qué falló a nivel deportivo?

Entonces pensaba que me retiraría en el Parma, pero llegó esa llamada del Milan en enero. Me lo pensé y cuando me llamaron por segunda vez, aunque no quería dejar Parma, fue cuando me di cuenta de que ir a un club como el Milan era una posibilidad que no podía dejar pasar. Lamentablemente, acababan de irse muchos grandes futbolistas como Ibrahimovic, Thiago Silva, Inzaghi, Nesta, Gattuso, Zambrotta… y eso se notó. Cuando llegué, el Milan era octavo y acabamos el año en la tercera plaza, con una gran remontada, gracias en parte a los goles de Balotelli. Después, empezaron un poco los problemas. Echaron a Allegri, llegó Seedorf y más tarde Inzaghi. Ya no era el Milan de antes y se veía que había ciertas dificultades y empezó un periodo gris. Afortunadamente, ahora, de nuevo con Ibrahimovic, están cambiando las cosas.

Repasando un poco tus estadísticas he visto que solamente jugaste un partido de Champions en tu carrera. ¿Cambiarías la victoria en el Mundial por alguna otra cosa o aquella noche de Berlín vale una carrera entera?

No, no la cambiaría por nada del mundo. Lo ha dicho Dani Alves en una entrevista junto a Buffon, en la que afirmó que daría todos los títulos que ha ganado por tener una Copa del Mundo. El Mundial es lo máximo para un futbolista, más allá de premios individuales como el Balón de Oro u otros títulos a nivel de club. Ganar para tu país es algo que muy pocos consiguen en su vida.

Cambio de tema y te hago algunas preguntas un poco más rápidas, si te parece. ¿Quién ha sido el adversario más difícil al que tuviste que marcar en toda tu carrera?

Quizá Ibrahimovic porque ese físico de más de 1.90m, siendo tan fuerte e incisivo, era muy difícil de defender.

Has jugado con talentos enormes, de la talla de Beppe Signori, Cassano, Toni, Cavani, Miccoli, Dzeko, Vieri, Totti, Del Piero, Kaká… Entre los compañeros que has tenido, ¿quién dirías que ha sido el mejor?

Esta no es nada fácil… De Italia, diría Baggio, luego Totti y después Pirlo y Buffon. Entre los extranjeros, me quedaría con Kaká y Dzeko, seguramente.

¿Y quién era tu referente como lateral derecho cuando empezabas?

Mi ídolo era Cafú.

Por otro lado, ¿cómo acaba un futbolista con casi 400 partidos entre Serie A y Bundesliga jugando en Malta o San Marino y teniendo que buscar equipo a través de LinkedIn?

Después de 15 años jugando al más alto nivel, estaba en el Carpi y no tenía agente. La realidad era que la salvación era muy difícil, aunque luego tuvimos opciones hasta la última jornada, pero tenía 35 años, me sentía muy bien, jugaba habitualmente y sabiendo que podíamos descender y que yo quería seguir en la élite, en enero contraté a un agente italiano importante, el mismo de Giovinco (Andrea D’Amico, ndr), ya que me hubiese gustado ir a la MLS. Hice una buena temporada, era el capitán del Carpi, jugué 37 partidos en Serie A, sin embargo, este agente no me encontró equipo en todo el verano. Solo el Vicenza de Serie B y el 31 de agosto y no fue por un problema de salario porque hubiese aceptado ofertas a la baja en ese punto de mi carrera. Fui al Vicenza, este agente no me contactó nunca más, descendimos y en ese momento me dije, me voy a LinkedIn e intento buscarme equipo yo solo. Aún tenía ganas de jugar y de tener otra aventura en el extranjero y me llegaron muchas propuestas, sobre todo de equipos bastantes desconocidos. Elegí Malta primero y luego San Marino, aunque tuve ofertas de la liga de Canadá, por ejemplo, estuve incluso en Toronto, pero la familia prefería no mudarse tan lejos, así que fui a estos países por divertirme, por la pasión por el fútbol y por tener nuevas experiencias.

Hoy muchos de tus excompañeros del 2006 (Gattuso, Pirlo, Pippo Inzaghi) entrenan a grandes equipos de Serie A. ¿Cómo ves el estado actual del fútbol italiano? ¿Piensas que está volviendo poco a poco el nivel de los años ’90 o de los primeros 2000 cuando tú debutaste?

He visto un fútbol italiano que ha tenido dificultades estos últimos años, confirmándolo con la no clasificación al Mundial de 2018. También en Europa, donde un equipo italiano no gana desde hace diez años y donde sigue faltando un plus. Luego, afortunadamente, he visto una mejoría, sobre todo a raíz de la llegada de Cristiano Ronaldo. Su fichaje ha hecho que la Serie A recobrase atractivo y ha provocado que otros grandes futbolistas quieran venir a jugar en Italia, como Lukaku, por ejemplo. Así que, en este sentido, yo le daría las gracias a la Juventus y a Ronaldo.

En cuanto a la selección, ¿qué piensas sobre el nivel actual y la propuesta de Mancini? ¿Crees que Italia está ya en disposición de ganar desde la próxima Eurocopa o es pronto todavía?

Puedo solo felicitar a Mancini y la selección, ya que están ganando todos los partidos. Creo que están haciendo un trabajo maravilloso. Pienso que ahora mismo todos los italianos volvemos a tener confianza en la selección y, por tanto, podemos pensar seriamente que lucharemos para ganar la próxima Eurocopa. Aunque, en mi opinión, hay un equipo actualmente que parece inalcanzable y con un nivel superior a todos los demás, que es Francia. Lo bonito del fútbol es que no siempre gana el mejor e Italia ha vuelto y ahora es un equipo auténtico y competitivo.

Y te hago la última, Cristian. Ahora que te has retirado oficialmente, que ejerces como intermediario en el mercado de fichajes descubriendo jóvenes talentos, tienes el carné de entrenador y te has formado también como director deportivo, ¿qué sueños tiene alguien que ya ha ganado una Copa del Mundo? ¿Quedan aún sueños a la altura?

Lamentablemente no. No hay nada tan importante. Además, las experiencias más especiales son las que vives como futbolista. Después, siempre es agradable seguir ligado al fútbol porque al fin y al cabo es mi vida, pero lo más bonito se queda en los años que vives como jugador.

Imagen de cabecera: Patrick HERTZOG/AFP via Getty Images

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