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Corazón de León

David Orenes @david_lrl 06-03-2020

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Yuri Berchiche

Hubo un tiempo en el que el Athletic levantaba Copas como el que las bebe en un bar cualquiera. Historia del torneo hasta el punto de conquistar las dos primeras ediciones, ganar cuatro consecutivas entre 1930 y 1933 o ser el más laureado durante décadas. 23 trofeos adornan sus vitrinas, más que el Real Madrid (19) y mucho más que el Atlético, ya lejos (10). 

Pero tanta gloria ha quedado demasiado anclada en el pasado. Aquellas Copas son casi todas en blanco y negro, todas de un tiempo que es difícil que vuelva. Por entonces, el Athletic era uno de los mejores equipos del país y rivalizaba seriamente con Barça y Madrid. Contaba con algunos de los mejores futbolistas de Europa y rara vez se desprendía de ellos. Hoy, el mundo de las cláusulas y el libre mercado europeo (a raíz de la ley Bosman de 1995) penaliza gravemente a un club con limitaciones evidentes.

Un seguidor del Athletic con 35 años o menos nunca ha visto al Athletic ganar una Copa del Rey. La última vez fue en 1984, precisamente ante un Barça que le atormentaría los años siguientes, superándole en el palmarés y en cualquier final que se le pusiera delante. Pero aquel 5 de mayo en un Bernabéu a rebosar (más de cien mil espectadores, con proporción de 4 a 1 para los rojiblancos) la victoria fue para los leones, que ganaron 1-0 con gol de Endika a los 14 minutos. La solidez defensiva del equipo de Javier Clemente resultó decisiva, anulando a cracks como Schuster o el propio Diego Armando Maradona, que jugó su último partido como azulgrana con un final bochornoso, liándose a patadas en un tángana descomunal y provocando una conmoción cerebral a Miguel Sola. Los tres meses de sanción fueron el empuje definitivo para marcharse al Napoli.

Aquel fue un título muy especial para el Athletic, que llevaba sin ganar la Copa 11 años, desde que venció al Castellón (2-0) en el Vicente Calderón. Derrotó a un Barça que se había proclamado campeón de Liga sumando 17 de los últimos 18 puntos y que contaba con futbolistas de primera talla mundial. Sin embargo, pocos podían imaginar que sería el último que verían sus ojos más de tres décadas después. Los de Clemente volvieron a disputar la final un año después, otra vez en el Bernabéu, pero esta vez cayeron ante el Atlético de Hugo Sánchez, que firmó doblete (2-1). 

Tuvo que pasar la friolera de 24 años para vivir otra final, esta vez ante el poderoso e histórico Barça de Pep Guardiola que se alzó con el sextete. El 4-1 fue incontestable, y refleja más que nunca la situación de un equipo varios escalones por debajo de los grandes. Y es que el jugador más importante de los leones en aquella Copa fue un Gaizka Toquero más aplaudido por su garra que por sus cualidades futbolísticas. El Athletic disputó dos finales más en 2012 y 2015, ambas de nuevo ante el Barça y con mismo resultado: la derrota (3-0 y 3-1). El Athletic nunca tuvo oportunidad de meter mano a los azulgrana, y aunque no cumplió el sueño de ver salir la gabarra, se desquitó ese último año en la Supercopa de España, con un resultado espectacular ante el equipo culé en la ida (4-0, hat-trick de Aduriz) y un meritorio 1-1 en el Camp Nou.

Aquel Athletic, sin embargo, ha tenido que reinventarse. Como lleva haciendo toda la vida, vaya. Laporte se fue al City, otros se retiraron (Gurpegui, Iraizoz) y otros, con la edad y las lesiones, bajaron su nivel (Susaeta o el propio Aduriz). Casi toca fondo hace dos temporadas con Eduardo Berizzo, que fue destituido en diciembre dejando al club en puestos de descenso. También dolió la marcha de Kepa al Chelsea, convirtiéndose en la salida más cara de su historia. Pero la llegada de Garitano y el subidón de jugadores clave como Iñaki Williams, Muniain o Raúl García, amén del buen rendimiento de fichajes como Yuri, Iñigo Martínez o  Ander Capa (y la explosión de Unai Simón, que ha hecho olvidar al internacional español a la velocidad del rayo) le han cambiado la cara a un Athletic rejuvenecido hasta en los despachos.

Por eso, y pese a la difícil situación en Liga este curso (cuatro derrotas consecutivas le alejaron de los puestos europeos) la ilusión es máxima en Bilbao gracias a su torneo fetiche. El Athletic se ha plantado en la final de una Copa muy loca, en la que ha vivido más emociones que ningún otro equipo. Sufrió para ganar al Elche en una polémica tanda de penaltis. Derrotó también en el punto fatídico a un Tenerife con uno más durante 90 minutos forzando los once metros con un gol de Yuri en el 118. Venció al Barça,su bestia negra, con un gol en propia de Busquets en el último suspiro. Y ha derrotado en semifinales a un Granada que tenía todas las de ganar tras anotar el 2-0 en el 76’. Yuri, de nuevo héroe, dio la clasificación cinco minutos después con un golazo de bandera.

El Athletic jugará su final número 38 de Copa del Rey ante una Real Sociedad que probablemente se vista de favorito por fútbol y sensaciones. Pero en un torneo como este, a veces vale más el corazón que la cabeza. Y de lo primero el león tiene más que de sobra. Se avecina un derbi vasco por todo lo alto en la Cartuja, con el sueño de un título que se resiste desde hace demasiado tiempo. La Gabarra espera su llamada.

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Hubo un tiempo en el que el Athletic levantaba Copas como el que las bebe en un bar cualquiera. Historia del torneo hasta el punto de conquistar las dos primeras ediciones, ganar cuatro consecutivas entre 1930 y 1933 o ser el más laureado durante décadas. 23 trofeos adornan sus vitrinas, más que el Real Madrid (19) y mucho más que el Atlético, ya lejos (10). 

Pero tanta gloria ha quedado demasiado anclada en el pasado. Aquellas Copas son casi todas en blanco y negro, todas de un tiempo que es difícil que vuelva. Por entonces, el Athletic era uno de los mejores equipos del país y rivalizaba seriamente con Barça y Madrid. Contaba con algunos de los mejores futbolistas de Europa y rara vez se desprendía de ellos. Hoy, el mundo de las cláusulas y el libre mercado europeo (a raíz de la ley Bosman de 1995) penaliza gravemente a un club con limitaciones evidentes.

Un seguidor del Athletic con 35 años o menos nunca ha visto al Athletic ganar una Copa del Rey. La última vez fue en 1984, precisamente ante un Barça que le atormentaría los años siguientes, superándole en el palmarés y en cualquier final que se le pusiera delante. Pero aquel 5 de mayo en un Bernabéu a rebosar (más de cien mil espectadores, con proporción de 4 a 1 para los rojiblancos) la victoria fue para los leones, que ganaron 1-0 con gol de Endika a los 14 minutos. La solidez defensiva del equipo de Javier Clemente resultó decisiva, anulando a cracks como Schuster o el propio Diego Armando Maradona, que jugó su último partido como azulgrana con un final bochornoso, liándose a patadas en un tángana descomunal y provocando una conmoción cerebral a Miguel Sola. Los tres meses de sanción fueron el empuje definitivo para marcharse al Napoli.

Aquel fue un título muy especial para el Athletic, que llevaba sin ganar la Copa 11 años, desde que venció al Castellón (2-0) en el Vicente Calderón. Derrotó a un Barça que se había proclamado campeón de Liga sumando 17 de los últimos 18 puntos y que contaba con futbolistas de primera talla mundial. Sin embargo, pocos podían imaginar que sería el último que verían sus ojos más de tres décadas después. Los de Clemente volvieron a disputar la final un año después, otra vez en el Bernabéu, pero esta vez cayeron ante el Atlético de Hugo Sánchez, que firmó doblete (2-1). 

Tuvo que pasar la friolera de 24 años para vivir otra final, esta vez ante el poderoso e histórico Barça de Pep Guardiola que se alzó con el sextete. El 4-1 fue incontestable, y refleja más que nunca la situación de un equipo varios escalones por debajo de los grandes. Y es que el jugador más importante de los leones en aquella Copa fue un Gaizka Toquero más aplaudido por su garra que por sus cualidades futbolísticas. El Athletic disputó dos finales más en 2012 y 2015, ambas de nuevo ante el Barça y con mismo resultado: la derrota (3-0 y 3-1). El Athletic nunca tuvo oportunidad de meter mano a los azulgrana, y aunque no cumplió el sueño de ver salir la gabarra, se desquitó ese último año en la Supercopa de España, con un resultado espectacular ante el equipo culé en la ida (4-0, hat-trick de Aduriz) y un meritorio 1-1 en el Camp Nou.

Aquel Athletic, sin embargo, ha tenido que reinventarse. Como lleva haciendo toda la vida, vaya. Laporte se fue al City, otros se retiraron (Gurpegui, Iraizoz) y otros, con la edad y las lesiones, bajaron su nivel (Susaeta o el propio Aduriz). Casi toca fondo hace dos temporadas con Eduardo Berizzo, que fue destituido en diciembre dejando al club en puestos de descenso. También dolió la marcha de Kepa al Chelsea, convirtiéndose en la salida más cara de su historia. Pero la llegada de Garitano y el subidón de jugadores clave como Iñaki Williams, Muniain o Raúl García, amén del buen rendimiento de fichajes como Yuri, Iñigo Martínez o  Ander Capa (y la explosión de Unai Simón, que ha hecho olvidar al internacional español a la velocidad del rayo) le han cambiado la cara a un Athletic rejuvenecido hasta en los despachos.

Por eso, y pese a la difícil situación en Liga este curso (cuatro derrotas consecutivas le alejaron de los puestos europeos) la ilusión es máxima en Bilbao gracias a su torneo fetiche. El Athletic se ha plantado en la final de una Copa muy loca, en la que ha vivido más emociones que ningún otro equipo. Sufrió para ganar al Elche en una polémica tanda de penaltis. Derrotó también en el punto fatídico a un Tenerife con uno más durante 90 minutos forzando los once metros con un gol de Yuri en el 118. Venció al Barça,su bestia negra, con un gol en propia de Busquets en el último suspiro. Y ha derrotado en semifinales a un Granada que tenía todas las de ganar tras anotar el 2-0 en el 76’. Yuri, de nuevo héroe, dio la clasificación cinco minutos después con un golazo de bandera.

El Athletic jugará su final número 38 de Copa del Rey ante una Real Sociedad que probablemente se vista de favorito por fútbol y sensaciones. Pero en un torneo como este, a veces vale más el corazón que la cabeza. Y de lo primero el león tiene más que de sobra. Se avecina un derbi vasco por todo lo alto en la Cartuja, con el sueño de un título que se resiste desde hace demasiado tiempo. La Gabarra espera su llamada.

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