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Con Zidane, pero sin Cristiano

Juanfran Moreno @juanfranMM93 18-03-2019

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El técnico francés debe enseñar al Real Madrid a vivir y jugar sin Cristiano, algo que hasta ahora no consiguieron ni Lopetegui ni Solari

Uno puede llegar a la conclusión de que la vuelta de Zinedine Zidane al Real Madrid va a terminar con todos los problemas que ha presentado el conjunto blanco esta temporada. Craso error.  El técnico francés puede diagnosticar la enfermedad, atisbar una posible cura, pero difícilmente encontrar un remedio inmediato a todos los males que presenta el conjunto blanco.

Ante el Celta, al Real Madrid se le vieron defectos que no se van a marchar de la noche a la mañana. Zidane puede coser la herida, pero cicatrizar tardará su tiempo. Además, para ello va a necesitar puntos que hoy en día no tiene a su disposición.

El punto más débil del conjunto blanco es que es un equipo plano. Previsible. Intenta hallar el camino, pero se acaba perdiendo en un juego lento, sin chispa y que permite al rival ordenarse con facilidad.

Solo ha habido un futbolista que ha permitido al conjunto de Chamartín volverse más imprevisible. Vinicius Junior. El jugador que genera, pero no define. Una definición que puede terminar siendo temporal, pero que a día responde a la realidad aunque su intención no sea ni mucho menos la de menospreciar al brasileño. Generar con 18 años en el Real Madrid no está al alcance de casi nadie. Recuerden a todos los futbolistas de este planeta con esa edad (Cristiano y Messi no entran), solo Mbappé puede presumir de una irrupción similar.

“Pero el Real Madrid el año pasado también era previsible en muchos encuentros”, podrían afirmar algunos seguidores del conjunto blanco o del planeta fútbol en general. Correcto. Pero hay algo reseñable: el Real Madrid era previsible en su forma, pero no en su fondo. El conjunto blanco atacaba por los costados con Carvajal y Marcelo como principales argumentos ofensivos. Cuando los dos laterales colgaban el balón esperaba uno de los mejores rematadores de la historia.

Cristiano Ronaldo ya no está y el Real Madrid sigue jugando durante muchas fases de sus encuentros como si todavía estuviera. Sobre todo cuando no está Vinicius. Porque Benzema no se impone en el área y sí fuera de ella y Gareth Bale tiene gol, pero llegar a las cifras del portugués es una tarea utópica para cualquiera de los mortales (Messi no lo es).

Por ello, el regreso de Zinedine Zidane se puede interpretar de manera muy positiva, pero con pies de plomo. Es uno de los mejores técnicos del planeta y un gestor de vestuario excelso. Argumentos sobran para defender que su vuelta era lo mejor que le podía pasar al Real Madrid. El técnico francés debe conseguir que el conjunto blanco comience a jugar como lo haría sin Cristiano. Para ello, deberá acudir al mercado y encontrar piezas en fase ofensiva que le añadan más punch ofensivo. Mientras tanto, Vinicius debe seguir creciendo y Marco Asensio volviendo a ser lo que aparentó ser.

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El técnico francés debe enseñar al Real Madrid a vivir y jugar sin Cristiano, algo que hasta ahora no consiguieron ni Lopetegui ni Solari

Uno puede llegar a la conclusión de que la vuelta de Zinedine Zidane al Real Madrid va a terminar con todos los problemas que ha presentado el conjunto blanco esta temporada. Craso error.  El técnico francés puede diagnosticar la enfermedad, atisbar una posible cura, pero difícilmente encontrar un remedio inmediato a todos los males que presenta el conjunto blanco.

Ante el Celta, al Real Madrid se le vieron defectos que no se van a marchar de la noche a la mañana. Zidane puede coser la herida, pero cicatrizar tardará su tiempo. Además, para ello va a necesitar puntos que hoy en día no tiene a su disposición.

El punto más débil del conjunto blanco es que es un equipo plano. Previsible. Intenta hallar el camino, pero se acaba perdiendo en un juego lento, sin chispa y que permite al rival ordenarse con facilidad.

Solo ha habido un futbolista que ha permitido al conjunto de Chamartín volverse más imprevisible. Vinicius Junior. El jugador que genera, pero no define. Una definición que puede terminar siendo temporal, pero que a día responde a la realidad aunque su intención no sea ni mucho menos la de menospreciar al brasileño. Generar con 18 años en el Real Madrid no está al alcance de casi nadie. Recuerden a todos los futbolistas de este planeta con esa edad (Cristiano y Messi no entran), solo Mbappé puede presumir de una irrupción similar.

“Pero el Real Madrid el año pasado también era previsible en muchos encuentros”, podrían afirmar algunos seguidores del conjunto blanco o del planeta fútbol en general. Correcto. Pero hay algo reseñable: el Real Madrid era previsible en su forma, pero no en su fondo. El conjunto blanco atacaba por los costados con Carvajal y Marcelo como principales argumentos ofensivos. Cuando los dos laterales colgaban el balón esperaba uno de los mejores rematadores de la historia.

Cristiano Ronaldo ya no está y el Real Madrid sigue jugando durante muchas fases de sus encuentros como si todavía estuviera. Sobre todo cuando no está Vinicius. Porque Benzema no se impone en el área y sí fuera de ella y Gareth Bale tiene gol, pero llegar a las cifras del portugués es una tarea utópica para cualquiera de los mortales (Messi no lo es).

Por ello, el regreso de Zinedine Zidane se puede interpretar de manera muy positiva, pero con pies de plomo. Es uno de los mejores técnicos del planeta y un gestor de vestuario excelso. Argumentos sobran para defender que su vuelta era lo mejor que le podía pasar al Real Madrid. El técnico francés debe conseguir que el conjunto blanco comience a jugar como lo haría sin Cristiano. Para ello, deberá acudir al mercado y encontrar piezas en fase ofensiva que le añadan más punch ofensivo. Mientras tanto, Vinicius debe seguir creciendo y Marco Asensio volviendo a ser lo que aparentó ser.

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