_Alemania

Claudio Pizarro cerró el círculo en Berlín

Juanma Perera @juanmaHumilAfic 19-02-2019

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No
hubo mejor lugar para que se superara un nuevo récord en la Bundesliga. El
Estadio Olímpico de Berlín fue testigo, el pasado 16 de febrero, de un récord
que probablemente se mantenga durante muchos años en el candelero y que,
casualmente, ha sido superado por jugadores de un mismo club, el Werder Bremen,
en los últimos 30 años. Y no hubo mejor sitio que el estadio del Hertha BSC por
una sencilla razón: allí se cerró el círculo de una carrera digna de un grande.
A partir de ahora, todo lo que venga será un regalo para “El Bombardero de los
Andes”, el señor Claudio Pizarro.

Cuando
finalice la actual temporada se cumplirán dos décadas de su llegada al fútbol
alemán. En el verano de 1999, el Werder Bremen anunciaba la contratación de un
chaval peruano que había ayudado al Alianza Lima a conquistar el Torneo
Clausura de dicho año. Aquel chaval había tenido apariciones en las categorías
inferiores de su selección y había llamado la atención del fútbol del viejo
continente, para acabar aterrizando en una de las grandes ligas, en un muy buen
equipo, a las órdenes de Thomas Schaaf. Su gran oportunidad le llegó el día 28
de agosto. Estaba en el banquillo y una lesión de Dieter Eilts provocó su
salida al campo cumplida la media hora de juego. Tuvo poco más de 60 minutos en
su estreno, pero esperó hasta el partido siguiente para dejar su primera
huella, marcando uno de los goles del Bremen en la manita que le endosaron al
Kaiserslautern de Otto Rehhagel, sorprendente campeón de la Bundesliga dos años
atrás, tras regresar a la máxima categoría. Ese fue su primer gol en la
competición alemana, pero lo que llegó días después fue más sorprendente aún. Con
solo 150 minutos de juego en la liga alemana, Pizarro y sus compañeros se
plantaban en Wolfsburgo, que no tenía, ni de lejos, un equipo tan importante
como el de los últimos tiempos y, sin despeinarse, vencieron por 2-7, siendo
Marco Bode y el joven peruano los grandes protagonistas, anotando cada uno un
hat-trick. 

En su
temporada de debut había dejado ya la marca de 10 goles y, la siguiente, solo
superado por el bosnio Sergej Barbarez y el danés Ebbe Sand, rozó el premio de
Máximo Goleador de la categoría, un título que, a pesar de su leyenda, se le ha
resistido. Exceptuando en tres años, en sus primeras 13 temporadas en Alemania
alcanzó o superó la cifra de 10 goles, siendo jugador del Bremen y también del
Bayern, el equipo con el que conquistó la gran mayoría de los títulos de su
carrera. Había intentado dar el paso a la Premier League, a las filas del
Chelsea, de la mano de José Mourinho, pero la nómina de delanteros de aquel
equipo era tremenda. Compartió vestuario con Andriy Shevchenko, Nicolás Anelka
y, sobre todo, con Didier Drogba. Se había marchado de Múnich a Londres y duró
poco tiempo, puesto que regresó a Alemania, a las filas del Werder Bremen, como
no, en calidad de cedido. Ese iba a ser el primero de los retornos de Pizarro a
“su ciudad” germana.

En
aquel año del retorno, El Conquistador, como también le han llamado a lo largo
de su carrera, tenía mucha competencia para llevarse el premio de Máximo
Goleador. Huntelaar, el Robert Lewandowski del sorprendente Dortmund de Klopp y
Mario Gómez. Claudio acabaría siendo el suplente de Robert en la que, creían,
sería sus últimos pasos en el fútbol a gran nivel, pero él se resistió a pensar
eso y luchó contra los tópicos, la edad y, sobre todo, contra la negatividad.
Después de ganar tres Bundesligas, su única Champions y el Mundial de Clubes,
Pizarro había asumido que, aunque ya no iba a ser el gran delantero que fue
antaño, estaba ahí para ser un suplente de lujo y, cuando se le necesitara,
hacer lo que mejor se le había dado, marcar goles. En 2015, sin haber cumplido
los 38 años, decidió volver a cambiar Múnich por Bremen. Volvía a cambiar sus
dos ciudades favoritas. El gran goleador se había convertido en un hombre de
equipo que, con la edad, no le quemaba asumir el papel de actor secundario.

A
punto de cumplir dos décadas como futbolista profesional en Europa, las huellas
que dejará Claudio Pizarro han sido importantes. Hasta que Robert Lewandowski
quiera, el honor de ser el Máximo Goleador extranjero de la Bundesliga recae en
él y, si otro no lo evita, aunque para ello tienen que pasar algunos años,
mantendrá el récord de ser el jugador con más edad en marcar un gol en la liga
germana. ¿Dónde ocurrió eso y de qué manera? Se había cumplido el minuto 94 en
el último partido de la jornada del sábado, en el Estadio Olímpico de Berlín,
el campo que vio nacer la leyenda germana del delantero peruano allá por 1999.
Ganaban los locales. Pizarro había salido al campo a la hora de encuentro,
sustituyendo a una de las jóvenes promesas del conjunto de Bremen, Johannes
Eggestein. Debutó sustituyendo a un grande y, en esta ocasión, a uno de la
nueva generación. Los jugadores cambiaban, todos menos él. Una falta de Fabian
Lustenberger sobre el norteamericano Josh Sargent a pocos centímetros de la
media luna del área le dio la oportunidad al conjunto de Florian Kohfeldt de
intentar, al menos, rescatar un punto y, el jugador que cogió la
responsabilidad en ese momento no podía ser otro. Tras colocarse varios
jugadores del Bremen alrededor del balón para discutir la jugada, entre Pizarro
y Kruse decidieron que, finalmente, fuera el peruano el que lanzara. Había
muchos jugadores en la barrera, pero él lo tenía claro. Su disparo fue por bajo
y se coló entre las piernas de un jugador rival, despistando a Jarstein y consiguiendo
el empate con el que, finalmente, se cerró el partido.

En el
mismo lugar en el que Claudio Pizarro daba sus primeros pasos como futbolista
en una de las grandes ligas del viejo continente, El Bombardero de los Andes
hacía historia. Superaba a Mirko Votava como el futbolista con más edad en
marcar un gol en la competición, con 40 años y 136 días. Y, además, sumó un gol
más como Máximo Goleador Extranjero, puesto que, tarde o temprano, acabará
superando Robert Lewandowski, que tiene dos menos, aunque, de momento, el
placer de ocupar ese honor pertenece, únicamente, al peruano. Todo eso, con el
número cuatro a la espalda, algo que siempre duele ver en un delantero centro,
pero las circunstancias obligaban a ello.

Claudio
Pizarro cerró el círculo en Berlín, el círculo con el que pudo viajar de su
país a un nuevo continente, para hacerse un nombre en el complicado mundo del
fútbol. Y aún le queda tiempo para seguir ampliando su leyenda. Se encuentra en
su cuarta etapa en Bremen, tras pasar por el FC Köln y descender a la Segunda
División. Lo único malo que le queda fue el poder participar con su país en un
Mundial. La selección sudamericana pudo volver a una cita mundialista en Rusia,
pero finalmente el jugador del Bremen se perdió el torneo. No será la primera
ni la última gran estrella que se haya perdido el torneo, pero hubiera sido muy
romántico ver a Perú tres décadas después de su último gran torneo, capitaneado
por la gran figura del país en el fútbol en las últimas décadas. Finalmente,
fue Paolo Guerrero el encargado de ocupar ese papel.

La
gran carrera de Claudio Pizarro fue así, engordó su palmarés con el Bayern y su
leyenda con el Werder Bremen. Londres y Colonia fueron pequeños pasos en su
vida deportiva europea, pero su memoria tendrá solo dos colores, verde y rojo.

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No
hubo mejor lugar para que se superara un nuevo récord en la Bundesliga. El
Estadio Olímpico de Berlín fue testigo, el pasado 16 de febrero, de un récord
que probablemente se mantenga durante muchos años en el candelero y que,
casualmente, ha sido superado por jugadores de un mismo club, el Werder Bremen,
en los últimos 30 años. Y no hubo mejor sitio que el estadio del Hertha BSC por
una sencilla razón: allí se cerró el círculo de una carrera digna de un grande.
A partir de ahora, todo lo que venga será un regalo para “El Bombardero de los
Andes”, el señor Claudio Pizarro.

Cuando
finalice la actual temporada se cumplirán dos décadas de su llegada al fútbol
alemán. En el verano de 1999, el Werder Bremen anunciaba la contratación de un
chaval peruano que había ayudado al Alianza Lima a conquistar el Torneo
Clausura de dicho año. Aquel chaval había tenido apariciones en las categorías
inferiores de su selección y había llamado la atención del fútbol del viejo
continente, para acabar aterrizando en una de las grandes ligas, en un muy buen
equipo, a las órdenes de Thomas Schaaf. Su gran oportunidad le llegó el día 28
de agosto. Estaba en el banquillo y una lesión de Dieter Eilts provocó su
salida al campo cumplida la media hora de juego. Tuvo poco más de 60 minutos en
su estreno, pero esperó hasta el partido siguiente para dejar su primera
huella, marcando uno de los goles del Bremen en la manita que le endosaron al
Kaiserslautern de Otto Rehhagel, sorprendente campeón de la Bundesliga dos años
atrás, tras regresar a la máxima categoría. Ese fue su primer gol en la
competición alemana, pero lo que llegó días después fue más sorprendente aún. Con
solo 150 minutos de juego en la liga alemana, Pizarro y sus compañeros se
plantaban en Wolfsburgo, que no tenía, ni de lejos, un equipo tan importante
como el de los últimos tiempos y, sin despeinarse, vencieron por 2-7, siendo
Marco Bode y el joven peruano los grandes protagonistas, anotando cada uno un
hat-trick. 

En su
temporada de debut había dejado ya la marca de 10 goles y, la siguiente, solo
superado por el bosnio Sergej Barbarez y el danés Ebbe Sand, rozó el premio de
Máximo Goleador de la categoría, un título que, a pesar de su leyenda, se le ha
resistido. Exceptuando en tres años, en sus primeras 13 temporadas en Alemania
alcanzó o superó la cifra de 10 goles, siendo jugador del Bremen y también del
Bayern, el equipo con el que conquistó la gran mayoría de los títulos de su
carrera. Había intentado dar el paso a la Premier League, a las filas del
Chelsea, de la mano de José Mourinho, pero la nómina de delanteros de aquel
equipo era tremenda. Compartió vestuario con Andriy Shevchenko, Nicolás Anelka
y, sobre todo, con Didier Drogba. Se había marchado de Múnich a Londres y duró
poco tiempo, puesto que regresó a Alemania, a las filas del Werder Bremen, como
no, en calidad de cedido. Ese iba a ser el primero de los retornos de Pizarro a
“su ciudad” germana.

En
aquel año del retorno, El Conquistador, como también le han llamado a lo largo
de su carrera, tenía mucha competencia para llevarse el premio de Máximo
Goleador. Huntelaar, el Robert Lewandowski del sorprendente Dortmund de Klopp y
Mario Gómez. Claudio acabaría siendo el suplente de Robert en la que, creían,
sería sus últimos pasos en el fútbol a gran nivel, pero él se resistió a pensar
eso y luchó contra los tópicos, la edad y, sobre todo, contra la negatividad.
Después de ganar tres Bundesligas, su única Champions y el Mundial de Clubes,
Pizarro había asumido que, aunque ya no iba a ser el gran delantero que fue
antaño, estaba ahí para ser un suplente de lujo y, cuando se le necesitara,
hacer lo que mejor se le había dado, marcar goles. En 2015, sin haber cumplido
los 38 años, decidió volver a cambiar Múnich por Bremen. Volvía a cambiar sus
dos ciudades favoritas. El gran goleador se había convertido en un hombre de
equipo que, con la edad, no le quemaba asumir el papel de actor secundario.

A
punto de cumplir dos décadas como futbolista profesional en Europa, las huellas
que dejará Claudio Pizarro han sido importantes. Hasta que Robert Lewandowski
quiera, el honor de ser el Máximo Goleador extranjero de la Bundesliga recae en
él y, si otro no lo evita, aunque para ello tienen que pasar algunos años,
mantendrá el récord de ser el jugador con más edad en marcar un gol en la liga
germana. ¿Dónde ocurrió eso y de qué manera? Se había cumplido el minuto 94 en
el último partido de la jornada del sábado, en el Estadio Olímpico de Berlín,
el campo que vio nacer la leyenda germana del delantero peruano allá por 1999.
Ganaban los locales. Pizarro había salido al campo a la hora de encuentro,
sustituyendo a una de las jóvenes promesas del conjunto de Bremen, Johannes
Eggestein. Debutó sustituyendo a un grande y, en esta ocasión, a uno de la
nueva generación. Los jugadores cambiaban, todos menos él. Una falta de Fabian
Lustenberger sobre el norteamericano Josh Sargent a pocos centímetros de la
media luna del área le dio la oportunidad al conjunto de Florian Kohfeldt de
intentar, al menos, rescatar un punto y, el jugador que cogió la
responsabilidad en ese momento no podía ser otro. Tras colocarse varios
jugadores del Bremen alrededor del balón para discutir la jugada, entre Pizarro
y Kruse decidieron que, finalmente, fuera el peruano el que lanzara. Había
muchos jugadores en la barrera, pero él lo tenía claro. Su disparo fue por bajo
y se coló entre las piernas de un jugador rival, despistando a Jarstein y consiguiendo
el empate con el que, finalmente, se cerró el partido.

En el
mismo lugar en el que Claudio Pizarro daba sus primeros pasos como futbolista
en una de las grandes ligas del viejo continente, El Bombardero de los Andes
hacía historia. Superaba a Mirko Votava como el futbolista con más edad en
marcar un gol en la competición, con 40 años y 136 días. Y, además, sumó un gol
más como Máximo Goleador Extranjero, puesto que, tarde o temprano, acabará
superando Robert Lewandowski, que tiene dos menos, aunque, de momento, el
placer de ocupar ese honor pertenece, únicamente, al peruano. Todo eso, con el
número cuatro a la espalda, algo que siempre duele ver en un delantero centro,
pero las circunstancias obligaban a ello.

Claudio
Pizarro cerró el círculo en Berlín, el círculo con el que pudo viajar de su
país a un nuevo continente, para hacerse un nombre en el complicado mundo del
fútbol. Y aún le queda tiempo para seguir ampliando su leyenda. Se encuentra en
su cuarta etapa en Bremen, tras pasar por el FC Köln y descender a la Segunda
División. Lo único malo que le queda fue el poder participar con su país en un
Mundial. La selección sudamericana pudo volver a una cita mundialista en Rusia,
pero finalmente el jugador del Bremen se perdió el torneo. No será la primera
ni la última gran estrella que se haya perdido el torneo, pero hubiera sido muy
romántico ver a Perú tres décadas después de su último gran torneo, capitaneado
por la gran figura del país en el fútbol en las últimas décadas. Finalmente,
fue Paolo Guerrero el encargado de ocupar ese papel.

La
gran carrera de Claudio Pizarro fue así, engordó su palmarés con el Bayern y su
leyenda con el Werder Bremen. Londres y Colonia fueron pequeños pasos en su
vida deportiva europea, pero su memoria tendrá solo dos colores, verde y rojo.

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