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Cinco finales

Diego G. Argota @DiegoGArgota21 27-04-2021

La noche del 25 de abril de 1903, unos locos apasionados del fútbol residentes en Madrid decidieron fundar una sucursal del Athletic en la capital española. En aquella madrugada nació el Atlético de Madrid, oficialmente venido al mundo el día siguiente. Esa misma noche, pero 118 años más tarde, el mismo Athletic destrozó las ilusiones de ese club con el que comparte sangre y puso algo más difícil el sueño de los colchoneros.

Decía Luis Aragonés, con cierta soltura y autoconvencimiento, que la liga de fútbol es un torneo que se acaba decidiendo a falta de 10 partidos. Quizás, como habitualmente se dice en el maratón, la carrera real empieza cuando un atleta pasa los 30 kilómetros y se adentra en el tramo final, coloquialmente conocido como el muro. Tiene su gracia y su lógica. No deja de ser una perogrullada. Es evidente que una liga se define en las últimas jornadas, como una carrera en sus últimos kilómetros o metros o un partido de baloncesto en el último cuarto y uno de tenis en los últimos juegos del set final. Simeone, cansado de la dichosa preguntita y comparación con Luis desde hace meses, hastiado por aquellos que le quisieron e hicieron virtualmente campeón en enero, subió la apuesta: “¿Luis dijo 10? Yo digo cinco.”

Y en ese tramo ha entrado el Atlético de Madrid. Son cinco partidos, cinco finales, y aún depende de sí mismo. En una posición que todo rojiblanco habría firmado en la pretemporada o en la jornada uno (incluso en la siete o la ocho), pero que escuece por cómo funcionaba el equipo hace tres meses y por cómo ha ido poco a poco perdiendo altura. Que el Atleti se iba más o menos a desplomar era tan evidente por el simple hecho de que sostener una primera vuelta inmaculada escapaba a los cánones de la realidad. Real Madrid y Barcelona siempre van a estar ahí, rondando los 90 puntos a final de cada temporada. O al menos uno de los dos. Volviendo al paralelismo con el atletismo, el Atleti se lanzó a un ritmo suicida que era imposible de mantener en los kilómetros finales. Ahora solo falta saber si, en esta recta final, aguantará el cuerpo a cuerpo o se verá rebasado por aquellos que han ido contemporizando y acaban recogiendo cadáveres.

El Atleti sigue líder, sí, pero el Barcelona tiene un partido menos. Con todo, haciendo pleno de victorias el Atleti es campeón. Una suerte que podría creerse asequible, o al menos accesible, en la primera vuelta, donde rellenó un cupo casi inmaculado, pero que se hace más complejo ahora, con la dinámica del equipo con altibajos, renqueante, y la moral por los suelos tras ser doblegado contra el Athletic casi al final de un partido donde pareció que el que se jugaba la Liga era el equipo de Marcelino y no el de Simeone.

Elche, Barcelona, Real Sociedad, Osasuna y Valladolid son los elegidos. Esas son las cinco finales. Esos son los cinco envites. Ese es el ramillete que decidirá el futuro de un Atlético, que puede tener un todo o nada. Ser campeón o incluso cuarto, en un torneo en el que el Sevilla se ha metido como candidato de última hora. ¿Cuántas veces en su historia ha llegado el Atlético con opciones de levantar el título en la jornada 34? Pocas. Toca disfrutar, sufrir y vivir ilusionado. Básicamente como siempre.

Primero tocará el Elche en la jornada 34. Exactamente igual que en la temporada 2013-2014, un partido a cara de perro donde los ilicitanos se jugaban el descenso y donde el Atlético sacó petróleo del balón parado en los minutos finales. El escenario será el mismo y con un Atlético ya muy asfixiado en el plano físico. Fue entonces, a cuatro jornadas de final, donde Simeone se creyó realmente con posibilidades de ganar aquel título, reforzado una semana más tarde con una victoria agónica en Mestalla. Y el Cholo, tan supersticioso, seguro que no tirará la toalla sabiendo de las coincidencias del calendario. Hay otra, por cierto, que dice que el Atlético siempre ha sido campeón de Liga cuando ha llegado siendo líder en la jornada 32 y 33, justo como ahora.

Pero el partido crucial será, sin duda alguna, el duelo ante el Barcelona de dentro de un par de jornadas. Ahí son casi seis puntos y no tres. Misma fecha en la que el Real Madrid y el Sevilla también se verán las caras. Y es que el Atleti de Simeone, incapaz de ganar nunca a los culé en Liga, resulta que venció en la ida (con un equipo mermado) a un Barcelona que ahora es una locomotora. Ahí estará Suárez, ansioso de demostrarle algo a su ex equipo, que no pudo salir al campo entonces por coronavirus, pero que ahora querrá enseñar que a él le ha picado otro virus, el del ex, también conocido como el del Guaje Villa.

Tiene el campeonato cierto paralelismo con aquel título liguero de Simeone. El Atlético muriendo contra el Levante, el Barcelona en clara ascensión y el Real Madrid como espectador neutral, aprovechándose que ambos se pueden dejar puntos en su duelo directo, pero perdiendo oportunidades dejándose victorias en partidos que debería ganar.

El camino, sin duda, pasa por hacer todo lo que no se hizo en Bilbao, donde el Atlético concedió 45 minutos a un Athletic que se juega entre poco y nada. Cuando lo quiso arreglar no era tarde, pero ya estaba en desventaja. Y generó, peleó y mereció el empate, que llegó en el enésimo saque de esquina, pero nunca pareció tener el control del partido por mucho que jugó 30 minutos bastante brillantes. El Athletic hizo de cada contragolpe un suplicio y recuperó una vida que parecía haber perdido en el último cuarto de hora para acabar llevándose los tres puntos en un remate de Íñigo Martínez. 

Este Atleti es frágil defensivamente (o al menos más débil de lo que acostumbras los equipos de Simeone), por mucho que tenga a Oblak como Zamora y apenas cuenta con tres o cuatro jugadores capaces de hacer gol. Más allá de Suárez, apenas cuenta con futbolistas acostumbrados a ganar, ese gen competitivo o ganador tan necesario para levantar trofeos. Muy lejos quedan ya los Godín, Filipe Luis, Tiago, Gabi o Diego Costa. Todo lo que pudo salir bien en la primera vuelta lo hizo, y todo lo que está pudiendo salir mal en la segunda, también. Ahora solo falta saber si podrá mantener el cuerpo erguido y sacar el pecho y meter la cabeza en este sprint final


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La noche del 25 de abril de 1903, unos locos apasionados del fútbol residentes en Madrid decidieron fundar una sucursal del Athletic en la capital española. En aquella madrugada nació el Atlético de Madrid, oficialmente venido al mundo el día siguiente. Esa misma noche, pero 118 años más tarde, el mismo Athletic destrozó las ilusiones de ese club con el que comparte sangre y puso algo más difícil el sueño de los colchoneros.

Decía Luis Aragonés, con cierta soltura y autoconvencimiento, que la liga de fútbol es un torneo que se acaba decidiendo a falta de 10 partidos. Quizás, como habitualmente se dice en el maratón, la carrera real empieza cuando un atleta pasa los 30 kilómetros y se adentra en el tramo final, coloquialmente conocido como el muro. Tiene su gracia y su lógica. No deja de ser una perogrullada. Es evidente que una liga se define en las últimas jornadas, como una carrera en sus últimos kilómetros o metros o un partido de baloncesto en el último cuarto y uno de tenis en los últimos juegos del set final. Simeone, cansado de la dichosa preguntita y comparación con Luis desde hace meses, hastiado por aquellos que le quisieron e hicieron virtualmente campeón en enero, subió la apuesta: “¿Luis dijo 10? Yo digo cinco.”

Y en ese tramo ha entrado el Atlético de Madrid. Son cinco partidos, cinco finales, y aún depende de sí mismo. En una posición que todo rojiblanco habría firmado en la pretemporada o en la jornada uno (incluso en la siete o la ocho), pero que escuece por cómo funcionaba el equipo hace tres meses y por cómo ha ido poco a poco perdiendo altura. Que el Atleti se iba más o menos a desplomar era tan evidente por el simple hecho de que sostener una primera vuelta inmaculada escapaba a los cánones de la realidad. Real Madrid y Barcelona siempre van a estar ahí, rondando los 90 puntos a final de cada temporada. O al menos uno de los dos. Volviendo al paralelismo con el atletismo, el Atleti se lanzó a un ritmo suicida que era imposible de mantener en los kilómetros finales. Ahora solo falta saber si, en esta recta final, aguantará el cuerpo a cuerpo o se verá rebasado por aquellos que han ido contemporizando y acaban recogiendo cadáveres.

El Atleti sigue líder, sí, pero el Barcelona tiene un partido menos. Con todo, haciendo pleno de victorias el Atleti es campeón. Una suerte que podría creerse asequible, o al menos accesible, en la primera vuelta, donde rellenó un cupo casi inmaculado, pero que se hace más complejo ahora, con la dinámica del equipo con altibajos, renqueante, y la moral por los suelos tras ser doblegado contra el Athletic casi al final de un partido donde pareció que el que se jugaba la Liga era el equipo de Marcelino y no el de Simeone.

Elche, Barcelona, Real Sociedad, Osasuna y Valladolid son los elegidos. Esas son las cinco finales. Esos son los cinco envites. Ese es el ramillete que decidirá el futuro de un Atlético, que puede tener un todo o nada. Ser campeón o incluso cuarto, en un torneo en el que el Sevilla se ha metido como candidato de última hora. ¿Cuántas veces en su historia ha llegado el Atlético con opciones de levantar el título en la jornada 34? Pocas. Toca disfrutar, sufrir y vivir ilusionado. Básicamente como siempre.

Primero tocará el Elche en la jornada 34. Exactamente igual que en la temporada 2013-2014, un partido a cara de perro donde los ilicitanos se jugaban el descenso y donde el Atlético sacó petróleo del balón parado en los minutos finales. El escenario será el mismo y con un Atlético ya muy asfixiado en el plano físico. Fue entonces, a cuatro jornadas de final, donde Simeone se creyó realmente con posibilidades de ganar aquel título, reforzado una semana más tarde con una victoria agónica en Mestalla. Y el Cholo, tan supersticioso, seguro que no tirará la toalla sabiendo de las coincidencias del calendario. Hay otra, por cierto, que dice que el Atlético siempre ha sido campeón de Liga cuando ha llegado siendo líder en la jornada 32 y 33, justo como ahora.

Pero el partido crucial será, sin duda alguna, el duelo ante el Barcelona de dentro de un par de jornadas. Ahí son casi seis puntos y no tres. Misma fecha en la que el Real Madrid y el Sevilla también se verán las caras. Y es que el Atleti de Simeone, incapaz de ganar nunca a los culé en Liga, resulta que venció en la ida (con un equipo mermado) a un Barcelona que ahora es una locomotora. Ahí estará Suárez, ansioso de demostrarle algo a su ex equipo, que no pudo salir al campo entonces por coronavirus, pero que ahora querrá enseñar que a él le ha picado otro virus, el del ex, también conocido como el del Guaje Villa.

Tiene el campeonato cierto paralelismo con aquel título liguero de Simeone. El Atlético muriendo contra el Levante, el Barcelona en clara ascensión y el Real Madrid como espectador neutral, aprovechándose que ambos se pueden dejar puntos en su duelo directo, pero perdiendo oportunidades dejándose victorias en partidos que debería ganar.

El camino, sin duda, pasa por hacer todo lo que no se hizo en Bilbao, donde el Atlético concedió 45 minutos a un Athletic que se juega entre poco y nada. Cuando lo quiso arreglar no era tarde, pero ya estaba en desventaja. Y generó, peleó y mereció el empate, que llegó en el enésimo saque de esquina, pero nunca pareció tener el control del partido por mucho que jugó 30 minutos bastante brillantes. El Athletic hizo de cada contragolpe un suplicio y recuperó una vida que parecía haber perdido en el último cuarto de hora para acabar llevándose los tres puntos en un remate de Íñigo Martínez. 

Este Atleti es frágil defensivamente (o al menos más débil de lo que acostumbras los equipos de Simeone), por mucho que tenga a Oblak como Zamora y apenas cuenta con tres o cuatro jugadores capaces de hacer gol. Más allá de Suárez, apenas cuenta con futbolistas acostumbrados a ganar, ese gen competitivo o ganador tan necesario para levantar trofeos. Muy lejos quedan ya los Godín, Filipe Luis, Tiago, Gabi o Diego Costa. Todo lo que pudo salir bien en la primera vuelta lo hizo, y todo lo que está pudiendo salir mal en la segunda, también. Ahora solo falta saber si podrá mantener el cuerpo erguido y sacar el pecho y meter la cabeza en este sprint final


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