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Cavani, el culebrón del eterno deseado

Sin equipo y muriéndose de ganas por jugar en un Atleti necesitado de gol como el comer. El matrimonio entre Cavani y el club rojiblanco parece fácil, sencillo, condenado a entenderse desde el primer día, más incluso de amor que de conveniencia, pero lo cierto es que son años y años tratando de unir los caminos del charrúa y el del equipo de la capital sin éxito. El delantero es el último protagonista de un culebrón que no le es desconocido a la afición colchonera, bien acostumbrada a oír verano tras verano los mismos nombres de aquellos que casi, pero no.

Los más añejos recordarán el caso de Alessandro Nesta como uno de los más sonados. Considerado entonces uno de los mejores zagueros y presente hoy en numerosas listas totalmente subjetivas como uno de los mejores centrales de la historia, el italiano estuvo muy cerca de ser rojiblanco en el año 2000, justo en el curso que terminó con el Atlético en Segunda División. Una serie de favores entre agentes y la mediación de una empresa holandesa provocó que Nesta, Lazio y Atlético llegaran a un acuerdo, que se rompió cuando el club fue intervenido por la Hacienda pública y no pudo ejecutar el último de los pagos por el futbolista al congelar todas las operaciones venideras.

Curiosamente, dos futbolistas que también aparecen en esta lista, terminaron recalando en el club lazial poco después de estar a minutos de ser rojiblancos. Claudio López y Gaizka Mendieta eran un continuo dolor de cabeza cada vez que el Atlético se enfrentaba a los de Mestalla, por lo que, en un ejercicio de si no puedes vencer a tu rival, únete a él, el Atlético se lanzó a por ambos en distintas campañas. Particular fue el caso del argentino, que siempre pareció más cerca que lejos y que nunca terminó de ser colchonero.

De igual modo, los más jóvenes recordarán los culebrones de Quaresma y Rosicky. El portugués pudo ser del Atlético en demasiadas ocasiones, pero nunca se hizo. De hecho, según contó Radio Marca en su día y confirma Jorge Mendes en su autobiografía, cuando aún jugaban en el Sporting Portugal, el Atlético llegó a firmar de una tacada a Cristiano Ronaldo, Quaresma, Simao y Mario Jardel. Pero con el acuerdo cerrado y los contratos preparados, el Atlético se echó para atrás, igual que cancelaría las operaciones años más tarde por Quaresma cuando ya jugaba en el Oporto, o igual que tendría que descartar en dos ocasiones a Ronaldo Nazario, una vez cuando aún jugaba en el PSV y otra justo antes de recalar en el Real Madrid.

Cristiano Ronaldo estuvo muy cerca de jugar en el Atlético de Madrid,

Llamativo es el caso del checo Rosicky, que entonces militaba en las filas del Borussia Dortmund mientras su hermano, Jiri, lo hacía en el filial del Atlético de Madrid. El futbolista cogió un avión desde Alemania a Madrid para conocer las instalaciones del club, buscar domicilio junto a su hermano y prepararse para unirse a sus nuevos compañeros. Embarcó como nuevo jugador del Atlético y cuando aterrizó en la capital la historia había cambiado: “El Dortmund estaba impaciente por el dinero, quería unas garantías de pago que el Atleti no le daba y han firmado su venta con el Arsenal, pero mi hermano solo quería jugar en el Atleti”, declaraba Jiri a los pocos días.

No ha sido el único batacazo personal para algún futbolista, pues el Papu Gómez, quien ya estuviera a las órdenes de Simeone en Catania y San Lorenzo, se quedó a punto de vestir de rojiblanco en dos ocasiones. La primera, en 2012, cuando el fichaje parecía cerrado pero el Atlético no llegó a reforzar la plantilla. La segunda, en 2013, cuando Simeone lo pidió con insistencia y el presidente del Catania llegó incluso a afirmar que la venta estaba cerrada, para posteriormente traspasar al futbolista el fútbol ucraniano, que pagaba un poco más. Si me quedó alguna espinita marcada en mi carrera es no haber ido al Atlético. Encima, ese año ganaron la Liga y llegaron a la final de Champions. Yo lo veía y me quería morir”, contaba el protagonista.

En la línea del Papu, tampoco llegó nunca Lautaro, hoy tan deseado por todos, pese a que su fichaje estaba cerrado por el importe de la cláusula y tanto los agentes del futbolista como el presidente de Racing habían confirmado la operación, que de pronto empezó a dar bandazos de un lado para otro, con Lautaro renovando, el Atlético siendo utilizado, todo el mundo queriendo sacar comisión y siendo finalmente vendido por casi el triple de lo que tenía acordado el Atleti al Inter de Milán. “Con el Atlético estaba todo hecho, pero no sé por qué, se rompió todo”, afirmaba el jugador.

A Riquelme lo pidió Bianchi como premisa para firmar, y cuando llegó se encontró que no le iban a fichar. En cambio, sí se lo firmaron a un Aguirre que lo desestimó porque nunca tenía encaje en su 4-4-2. Rakitic, cuando parecía estancado para el fútbol profesional, iba a firmar gratis por un Atlético que ya se había interesado en él muchos veranos antes, pero se acabó decantando por el Sevilla porque dos compañeros como Raúl González y Jurado le recomendaron no vestir de rojiblanco.

Y en esas está Cavani, que no es ni la primera, ni la segunda, ni la tercera vez que intenta fichar por el Atleti. El origen de la relación se remonta a sus primeros años en París, cuando el club contactó con el jugador con el que llegó a un acuerdo, confirmado en la televisión pública por el Profe Ortega, pero que nunca pudo acordar nada con el PSG. En palabras de su madre, Cavani se muere de ganas de ser entrenado por Simeone, un deseo siempre azuzado por la insistencia de Godín y que agradaría mucho a una afición que siempre ha visto con cierta ilusión la garra que representa al futbolista uruguayo.

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Sin equipo y muriéndose de ganas por jugar en un Atleti necesitado de gol como el comer. El matrimonio entre Cavani y el club rojiblanco parece fácil, sencillo, condenado a entenderse desde el primer día, más incluso de amor que de conveniencia, pero lo cierto es que son años y años tratando de unir los caminos del charrúa y el del equipo de la capital sin éxito. El delantero es el último protagonista de un culebrón que no le es desconocido a la afición colchonera, bien acostumbrada a oír verano tras verano los mismos nombres de aquellos que casi, pero no.

Los más añejos recordarán el caso de Alessandro Nesta como uno de los más sonados. Considerado entonces uno de los mejores zagueros y presente hoy en numerosas listas totalmente subjetivas como uno de los mejores centrales de la historia, el italiano estuvo muy cerca de ser rojiblanco en el año 2000, justo en el curso que terminó con el Atlético en Segunda División. Una serie de favores entre agentes y la mediación de una empresa holandesa provocó que Nesta, Lazio y Atlético llegaran a un acuerdo, que se rompió cuando el club fue intervenido por la Hacienda pública y no pudo ejecutar el último de los pagos por el futbolista al congelar todas las operaciones venideras.

Curiosamente, dos futbolistas que también aparecen en esta lista, terminaron recalando en el club lazial poco después de estar a minutos de ser rojiblancos. Claudio López y Gaizka Mendieta eran un continuo dolor de cabeza cada vez que el Atlético se enfrentaba a los de Mestalla, por lo que, en un ejercicio de si no puedes vencer a tu rival, únete a él, el Atlético se lanzó a por ambos en distintas campañas. Particular fue el caso del argentino, que siempre pareció más cerca que lejos y que nunca terminó de ser colchonero.

De igual modo, los más jóvenes recordarán los culebrones de Quaresma y Rosicky. El portugués pudo ser del Atlético en demasiadas ocasiones, pero nunca se hizo. De hecho, según contó Radio Marca en su día y confirma Jorge Mendes en su autobiografía, cuando aún jugaban en el Sporting Portugal, el Atlético llegó a firmar de una tacada a Cristiano Ronaldo, Quaresma, Simao y Mario Jardel. Pero con el acuerdo cerrado y los contratos preparados, el Atlético se echó para atrás, igual que cancelaría las operaciones años más tarde por Quaresma cuando ya jugaba en el Oporto, o igual que tendría que descartar en dos ocasiones a Ronaldo Nazario, una vez cuando aún jugaba en el PSV y otra justo antes de recalar en el Real Madrid.

Cristiano Ronaldo estuvo muy cerca de jugar en el Atlético de Madrid,

Llamativo es el caso del checo Rosicky, que entonces militaba en las filas del Borussia Dortmund mientras su hermano, Jiri, lo hacía en el filial del Atlético de Madrid. El futbolista cogió un avión desde Alemania a Madrid para conocer las instalaciones del club, buscar domicilio junto a su hermano y prepararse para unirse a sus nuevos compañeros. Embarcó como nuevo jugador del Atlético y cuando aterrizó en la capital la historia había cambiado: “El Dortmund estaba impaciente por el dinero, quería unas garantías de pago que el Atleti no le daba y han firmado su venta con el Arsenal, pero mi hermano solo quería jugar en el Atleti”, declaraba Jiri a los pocos días.

No ha sido el único batacazo personal para algún futbolista, pues el Papu Gómez, quien ya estuviera a las órdenes de Simeone en Catania y San Lorenzo, se quedó a punto de vestir de rojiblanco en dos ocasiones. La primera, en 2012, cuando el fichaje parecía cerrado pero el Atlético no llegó a reforzar la plantilla. La segunda, en 2013, cuando Simeone lo pidió con insistencia y el presidente del Catania llegó incluso a afirmar que la venta estaba cerrada, para posteriormente traspasar al futbolista el fútbol ucraniano, que pagaba un poco más. Si me quedó alguna espinita marcada en mi carrera es no haber ido al Atlético. Encima, ese año ganaron la Liga y llegaron a la final de Champions. Yo lo veía y me quería morir”, contaba el protagonista.

En la línea del Papu, tampoco llegó nunca Lautaro, hoy tan deseado por todos, pese a que su fichaje estaba cerrado por el importe de la cláusula y tanto los agentes del futbolista como el presidente de Racing habían confirmado la operación, que de pronto empezó a dar bandazos de un lado para otro, con Lautaro renovando, el Atlético siendo utilizado, todo el mundo queriendo sacar comisión y siendo finalmente vendido por casi el triple de lo que tenía acordado el Atleti al Inter de Milán. “Con el Atlético estaba todo hecho, pero no sé por qué, se rompió todo”, afirmaba el jugador.

A Riquelme lo pidió Bianchi como premisa para firmar, y cuando llegó se encontró que no le iban a fichar. En cambio, sí se lo firmaron a un Aguirre que lo desestimó porque nunca tenía encaje en su 4-4-2. Rakitic, cuando parecía estancado para el fútbol profesional, iba a firmar gratis por un Atlético que ya se había interesado en él muchos veranos antes, pero se acabó decantando por el Sevilla porque dos compañeros como Raúl González y Jurado le recomendaron no vestir de rojiblanco.

Y en esas está Cavani, que no es ni la primera, ni la segunda, ni la tercera vez que intenta fichar por el Atleti. El origen de la relación se remonta a sus primeros años en París, cuando el club contactó con el jugador con el que llegó a un acuerdo, confirmado en la televisión pública por el Profe Ortega, pero que nunca pudo acordar nada con el PSG. En palabras de su madre, Cavani se muere de ganas de ser entrenado por Simeone, un deseo siempre azuzado por la insistencia de Godín y que agradaría mucho a una afición que siempre ha visto con cierta ilusión la garra que representa al futbolista uruguayo.

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