_Inglaterra

Carpe Diem

Uno de los momentos más invocados del archiconocido ‘Club de los Poetas Muertos’ se remonta a Robin Williams. El profesor, lleno de teorías desconocidas para sus homónimos, asustados por su bravura, decide sacar a alumnos de su clase y les lleva a un lugar ataviado de fotos antiguas. Mientras ellos observan esos pequeños recuerdos, antiguos y en blanco y negro, ya olvidados por el incesante paso del tiempo, les susurra: “Carpe Diem”. Los chicos, alucinados, se dan cuenta que cada momento se debe disfrutar y, sobre todo, aprender. Y los espectadores también. Años más tarde la locución llenaría estados de Whatsapp y de Instagram, pero eso no importa. Este Sheffield United, quinto en la tabla y lleno de británicos que les aseguraron que no tenían calidad para estar en Premier, se mira y alucina. Es ahora o nunca.

Chris Wilder, técnico de los Blades, también debe estar pellizcándose. En sus inicos se asemejaba que su carrera se conformaría por los insondables caminos de las catacumbas del balompié inglés. Un poquito de League 2 y de fútbol no profesional, pero nada más. Así se inició su carrera en los banquillos hasta llegar al United, club en el que llegó a jugar. Con dos ascensos en tres años, a sus 52 años, Wilder ha ido forjando la propia identidad de un cuadro que se conoce a las mil maravillas. Su 5-3-2, innegociable, tiene unos matices poco conocidos en el fútbol actual. Ante el contexto que se le planteaba en los campos añejos, y también complicados, de las últimas categorías del fútbol profesional, los Blades han otorgado a sus centrales un poder especial: que se unan al ataque. En encuentros en los que se un rival se te cierra atrás es complejo encontrar huecos. Es necesario abrir campo, jugar rápido y tener acierto de cara a puerta. Todo ello, con el añadido de defender tu propio arco, siempre atento a las vigilancias defensivas. Para ello, el Sheffield comenzó a procurar que los centrales de sus costados doblaran a los carrileros para crear situaciones de dos contra uno en banda. Una locura.

Le preguntes al defensor que le preguntes, siempre te contestará lo mismo: los jugadores más peligrosos y complejos de detener serán siempre los que provienen desde atrás, en carrera. Y de esa manera ataca el United. Siempre cuidando bien la pelota, trata de conservar el cuero cuando lo posee. Para ello, tiene centrocampistas de buen pie. Oliver Norwood, John Fleck y John Lundstram conforman un centro del campo que aúna trabajo y un gran desplazamiento en largo. Especialmente Norwood. El canterano del Manchester United se está erigiendo como uno de los mejores centrocampistas de este inicio de curso, promediando más de 40 pases por encuentro. Poca cosa. Por otro lado, su compañero en la sala de máquinas, Lundstram, entró en el club de los goleadores en todas las categorías: League 2, League 1, Championship y, ahora, Premier League. Catapultado desde la cuarta categoría, es el máximo artillero del equipo, empatado con Mousset.

A principios de temporada, era sencillo banalizarlos. Los fichajes no podían ilusionar a nadie, completando la plantilla con futbolistas de Championship. Tan solo llegaron de Premier League Mousset, engordado por este mercado digno de manicomio, y Phil Jagielka, gratis. El conjunto de la capital de Yorkshire conoce de qué va esto. Los buenos resultados no significan la salvación en noviembre. De hecho, en ataque sí que han sufrido las evidentes carencias que tienen por la falta de incorporaciones en verano. Sin embargo, están aprovechando cada gol. Este sistema les ha convertido en el equipo menos goleado de la Premier, solo por detrás del Leicester. En esa tesitura, mientras los periodistas alucinamos con los mapas de calor de sus centrales, en línea de fondo y área contraria, el United se encuentra echando un vistazo a las fotos de sus antiguos deportistas. Algunos ganaron la Liga y la FA Cup. Hoy, les piden que disfruten. Todo por aquellas noches a las que se enfrentaron a una pregunta muy temida por el futbolista que conforma esas categorías cercanas al semiprofesionalismo: ¿lo conseguiré algún día?

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Uno de los momentos más invocados del archiconocido ‘Club de los Poetas Muertos’ se remonta a Robin Williams. El profesor, lleno de teorías desconocidas para sus homónimos, asustados por su bravura, decide sacar a alumnos de su clase y les lleva a un lugar ataviado de fotos antiguas. Mientras ellos observan esos pequeños recuerdos, antiguos y en blanco y negro, ya olvidados por el incesante paso del tiempo, les susurra: “Carpe Diem”. Los chicos, alucinados, se dan cuenta que cada momento se debe disfrutar y, sobre todo, aprender. Y los espectadores también. Años más tarde la locución llenaría estados de Whatsapp y de Instagram, pero eso no importa. Este Sheffield United, quinto en la tabla y lleno de británicos que les aseguraron que no tenían calidad para estar en Premier, se mira y alucina. Es ahora o nunca.

Chris Wilder, técnico de los Blades, también debe estar pellizcándose. En sus inicos se asemejaba que su carrera se conformaría por los insondables caminos de las catacumbas del balompié inglés. Un poquito de League 2 y de fútbol no profesional, pero nada más. Así se inició su carrera en los banquillos hasta llegar al United, club en el que llegó a jugar. Con dos ascensos en tres años, a sus 52 años, Wilder ha ido forjando la propia identidad de un cuadro que se conoce a las mil maravillas. Su 5-3-2, innegociable, tiene unos matices poco conocidos en el fútbol actual. Ante el contexto que se le planteaba en los campos añejos, y también complicados, de las últimas categorías del fútbol profesional, los Blades han otorgado a sus centrales un poder especial: que se unan al ataque. En encuentros en los que se un rival se te cierra atrás es complejo encontrar huecos. Es necesario abrir campo, jugar rápido y tener acierto de cara a puerta. Todo ello, con el añadido de defender tu propio arco, siempre atento a las vigilancias defensivas. Para ello, el Sheffield comenzó a procurar que los centrales de sus costados doblaran a los carrileros para crear situaciones de dos contra uno en banda. Una locura.

Le preguntes al defensor que le preguntes, siempre te contestará lo mismo: los jugadores más peligrosos y complejos de detener serán siempre los que provienen desde atrás, en carrera. Y de esa manera ataca el United. Siempre cuidando bien la pelota, trata de conservar el cuero cuando lo posee. Para ello, tiene centrocampistas de buen pie. Oliver Norwood, John Fleck y John Lundstram conforman un centro del campo que aúna trabajo y un gran desplazamiento en largo. Especialmente Norwood. El canterano del Manchester United se está erigiendo como uno de los mejores centrocampistas de este inicio de curso, promediando más de 40 pases por encuentro. Poca cosa. Por otro lado, su compañero en la sala de máquinas, Lundstram, entró en el club de los goleadores en todas las categorías: League 2, League 1, Championship y, ahora, Premier League. Catapultado desde la cuarta categoría, es el máximo artillero del equipo, empatado con Mousset.

A principios de temporada, era sencillo banalizarlos. Los fichajes no podían ilusionar a nadie, completando la plantilla con futbolistas de Championship. Tan solo llegaron de Premier League Mousset, engordado por este mercado digno de manicomio, y Phil Jagielka, gratis. El conjunto de la capital de Yorkshire conoce de qué va esto. Los buenos resultados no significan la salvación en noviembre. De hecho, en ataque sí que han sufrido las evidentes carencias que tienen por la falta de incorporaciones en verano. Sin embargo, están aprovechando cada gol. Este sistema les ha convertido en el equipo menos goleado de la Premier, solo por detrás del Leicester. En esa tesitura, mientras los periodistas alucinamos con los mapas de calor de sus centrales, en línea de fondo y área contraria, el United se encuentra echando un vistazo a las fotos de sus antiguos deportistas. Algunos ganaron la Liga y la FA Cup. Hoy, les piden que disfruten. Todo por aquellas noches a las que se enfrentaron a una pregunta muy temida por el futbolista que conforma esas categorías cercanas al semiprofesionalismo: ¿lo conseguiré algún día?

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