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Canales para un sueño

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 13-02-2019

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Una de las cosas extremadamente sencillas de pronosticar en este Betis es el jugador que más kilómetros realizará en el partido por parte verdiblanca si Sergio Canales está en el campo. El centrocampista cántabro –todas las veces que se recuerde que llegó a coste cero serán pocas– está siendo muchas cosas distintas para este Betis, pero todas ellas se explican y se desarrollan desde el excepcional tono físico al que ha conseguido llevar a su intrínseca clase, esa que siempre ha surgido a borbotones de su pierna zurda desde que era un crío, cuando parecía que podía quedarse corto de fuelle y piernas para sustituir el enorme despliegue que Fabián Ruiz llevaba a cabo el año pasado en el Benito Villamarín. Disciplina, sacrificio y estajanovismo. Lucidez, armonía y emoción.  Superación, arrojo y convicción. Belleza, técnica y talento. Canales está actuando como si se tratase de un bailarín del ballet ruso y al mismo tiempo de un corredor profesional de maratón. Después de superar tres roturas de cruzado, verlo jugar a este sublime nivel que de forma tan brillante conjuga fondo y calidad es francamente conmovedor.

Agredir y controlar. También enlazar. Avivar, templar, masticar la jugada. Canales está asumiendo, como decíamos, múltiples tareas a la vez en el sistema de Quique Setién: es el eslabón principal para la salida desde campo propio, el dueño del fundamental segundo escalón destinado a absorber la recepción de los primeros pases para la gestión posterior del cuero en la parcela ancha, pero también la pieza, aún más imprescindible, para aglutinar marcas, generar huecos, dinamitar espacios, avanzar metros, desbordar al rival, fabricar ocasiones y generar jugadas de gol en última instancia. Un mecanismo capaz por sí solo de generar ventajas atrayendo, soltando, regateando, filtrando, lanzando, desequilibrando, centrando o rematando.  La forma en la que el ex de la Real Sociedad está mezclando el control dominante que define a este Betis con un liderazgo inaudito en su época en San Sebastián para ofrecer un sinfín de soluciones acertadas a todo campo sin pisar nunca la zona de un compañero, habla a las claras de que es él y no otro el jugador más simbólico del conjunto verdiblanco en la presente temporada, el futbolista que más veces se echa el equipo a la espalda, el tipo que más se identifica y hasta mimetiza con la idea global y que mejor entiende y prepara la receta de su técnico de medio campo hacia delante.

El máximo goleador del equipo hasta el momento, el futbolista bético que mayor número de remates realiza por partido en La Liga, el que más cantidad de pases clave suma de la plantilla, el mejor regateador del conjunto verdiblanco en la Europa League… En resumen, el jugador más determinante del Betis con diferencia. Sergio Canales, de quien han partido seis de los doce tantos que han marcado los heliopolitanos en este año 2019 sin contar la prórroga ante el Espanyol, está sumando a todo lo anterior y a las sobresalientes aptitudes que ya conocíamos (entendimiento posicional, buen toque asociativo, cambios de orientación magníficos, un pie excelente para la pelota parada…), una protección del cuero en carrera de auténtica élite que le está permitiendo recorrer la línea de cal lateral de ambas bandas como si de un veinteañero extremo ambidiestro se tratara, llevando al equipo al último tercio individualmente, y también una capacidad para llegar al balcón del área e incluso al punto de penalti después de haberse generado al otro lado, a veces incluso por él mismo, la superioridad y el espacio necesarios para la entrada del carrilero y su posterior envío raso y trasero al punto de penalti que es la imagen representativa de tantos y tantos ataques verdiblancos, sobre todo cuando está Junior.

Los fichajes de Lainez y Jesé van totalmente encaminados a sumar fuerzas con Canales a la hora de ganar metros y explotar espacios aún más cerca del área y así liberar un poco al canterano racinguista de tener que estar en todos los lados con ese gigantesco grado de responsabilidad que está haciendo trabajar de forma incansable a sus sobresalientes cerebro y piernas. Un motor que está funcionando a toda máquina y que se está mostrando bastante superior al de cualquiera, incluyendo un Giovanni Lo Celso con el que comparte el núcleo que define al Betis y que le sitúa, por tanto, como el primer cabecilla del Betis en el campo, el encargado principal de encontrar las opciones de profundidad más plausibles para hacer progresar al equipo hasta ellas o simplemente para ganar tiempo y metros lejos de los tres palos verdiblancos. Sin embargo, en ese sentido, aún está por ver qué tipo de rendimiento pueden dar tanto el mexicano como el canario en esta segunda mitad de la temporada y si pueden abrir nuevas sendas hacia la generación de peligro en los últimos metros que el Betis, además del propio Canales, tanto necesita para desatascar partidos, para adelantarse en ellos, para hacer florecer su pegada, para incluso poder dar un pasito atrás con marcador a favor, haciendo acopio de posesiones todavía más conservativas, pero disponiendo de una amenaza alternativa y efectiva para atacar la portería rival desde más lejos.

A falta del nueve específico, rematador contundente en el área y gran especialista en el juego de espaldas que el sistema pedía a gritos, el Betis necesita a Sergio Canales ahora más que nunca para mantener el tono competitivo en este momento de máxima exigencia dentro de la temporada por la calidad de los rivales, la tensión propia y duplicada de las eliminatorias coperas y la tremenda carga de partidos y su delicada gestión dentro de una plantilla que el cuerpo técnico verdiblanco ha hecho ver a los ojos de la gran mayoría mejor de lo que realmente es. Otra cosa muy diferente es el once tipo, que sí parece idóneo para asentarse como una realidad europea de La Liga española cada curso, pero que ha carecido de toda continuidad debido a las lesiones, que se resiente en el momento en el que dos de sus piezas faltan al mismo tiempo y que, para colmo, ha perdido recientemente a Cristian Tello, el único jugador hasta la fecha capaz de cambiar los partidos sobre la marcha y el único teórico suplente que venía aprovechando al máximo sus minutos como titular, más allá de un Joel Robles que está dejando actuaciones notables cada vez que le toca jugar.

Para los que nunca han buscado la cordura en el día a día verdiblanco, la locura de temporada de Canales es el principal motivo que podrá acallar su histerismo porque es lo que más ha acercado y acercará al Betis a la gloria deportiva durante esta campaña, dentro del obviamente fundamental engranaje colectivo. Para los que siempre han huido del histerismo en el día a día verdiblanco, Canales es el principal motivo para dejar de lado toda cordura por un momento y echarse en brazos de la locura más absoluta. De su locura. Si la campaña del Betis hasta el momento ya llevaba su nombre en letras mayúsculas y en negrita, ahora, cuando lo verdaderamente jugoso está en disputa en cada encuentro, cuando el Betis está a un solo partido de poder disputar una final en casa y vuelve a tener un ilusionante reto en Europa un lustro más tarde, la importancia de Canales es aún más crucial si cabe, ya no en cada partido, sino en cada lance de juego. Un Canales que es un ejemplo a seguir para el resto dentro de un Betis al que quizá le falten un par de piezas de calidad para sublimar su plan. “Pues que cambie de plan”, dirían algunos, como si para hacer algo aún mejor hubiese que dejar de lado todo lo bueno que ya se hace. Unas carencias, fruto de un todavía inexistente superior horizonte en términos de plantilla, que él se está encargando personalmente de compensar abajo, en el medio y también arriba.

“Sergio Canales está dando este nivel porque podía darlo. Ha necesitado tiempo y el contexto necesario para poder expresarse de esta manera sobre el césped. Y aún tiene capacidad para mejorar y progresar. Cada día va a más. Y otra cosa importantísima es la continuidad. El rendimiento continuo y permanente por parte de un futbolista, que es lo que yo más he valorado siempre”, declaró Quique Setién hace algunas semanas sobre su más preciado pupilo junto a Aïssa Mandi. “De los cientos y cientos de compañeros que tuve y de jugadores que he entrenado, Canales y Mandi son los que más diferencias han marcado con su capacidad receptiva y de mejora constante”. El futbolista santanderino tiene un manojo de llaves colgado de la correa del cinturón. Un llavero del que penden muchísimas llaves para las escasísimas puertas que se va a encontrar ante sí por parte de los rivales. De la continuidad del acierto que ha venido mostrando para encontrar la llave correcta dependerá que en este crucial mes de febrero esas puertas se abran de par a par o, en cambio, permanezcan cerradas a cal y canto. Los sueños de todos los aficionados verdiblancos, los más locos y los más cuerdos, están justo detrás de ellas.

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Una de las cosas extremadamente sencillas de pronosticar en este Betis es el jugador que más kilómetros realizará en el partido por parte verdiblanca si Sergio Canales está en el campo. El centrocampista cántabro –todas las veces que se recuerde que llegó a coste cero serán pocas– está siendo muchas cosas distintas para este Betis, pero todas ellas se explican y se desarrollan desde el excepcional tono físico al que ha conseguido llevar a su intrínseca clase, esa que siempre ha surgido a borbotones de su pierna zurda desde que era un crío, cuando parecía que podía quedarse corto de fuelle y piernas para sustituir el enorme despliegue que Fabián Ruiz llevaba a cabo el año pasado en el Benito Villamarín. Disciplina, sacrificio y estajanovismo. Lucidez, armonía y emoción.  Superación, arrojo y convicción. Belleza, técnica y talento. Canales está actuando como si se tratase de un bailarín del ballet ruso y al mismo tiempo de un corredor profesional de maratón. Después de superar tres roturas de cruzado, verlo jugar a este sublime nivel que de forma tan brillante conjuga fondo y calidad es francamente conmovedor.

Agredir y controlar. También enlazar. Avivar, templar, masticar la jugada. Canales está asumiendo, como decíamos, múltiples tareas a la vez en el sistema de Quique Setién: es el eslabón principal para la salida desde campo propio, el dueño del fundamental segundo escalón destinado a absorber la recepción de los primeros pases para la gestión posterior del cuero en la parcela ancha, pero también la pieza, aún más imprescindible, para aglutinar marcas, generar huecos, dinamitar espacios, avanzar metros, desbordar al rival, fabricar ocasiones y generar jugadas de gol en última instancia. Un mecanismo capaz por sí solo de generar ventajas atrayendo, soltando, regateando, filtrando, lanzando, desequilibrando, centrando o rematando.  La forma en la que el ex de la Real Sociedad está mezclando el control dominante que define a este Betis con un liderazgo inaudito en su época en San Sebastián para ofrecer un sinfín de soluciones acertadas a todo campo sin pisar nunca la zona de un compañero, habla a las claras de que es él y no otro el jugador más simbólico del conjunto verdiblanco en la presente temporada, el futbolista que más veces se echa el equipo a la espalda, el tipo que más se identifica y hasta mimetiza con la idea global y que mejor entiende y prepara la receta de su técnico de medio campo hacia delante.

El máximo goleador del equipo hasta el momento, el futbolista bético que mayor número de remates realiza por partido en La Liga, el que más cantidad de pases clave suma de la plantilla, el mejor regateador del conjunto verdiblanco en la Europa League… En resumen, el jugador más determinante del Betis con diferencia. Sergio Canales, de quien han partido seis de los doce tantos que han marcado los heliopolitanos en este año 2019 sin contar la prórroga ante el Espanyol, está sumando a todo lo anterior y a las sobresalientes aptitudes que ya conocíamos (entendimiento posicional, buen toque asociativo, cambios de orientación magníficos, un pie excelente para la pelota parada…), una protección del cuero en carrera de auténtica élite que le está permitiendo recorrer la línea de cal lateral de ambas bandas como si de un veinteañero extremo ambidiestro se tratara, llevando al equipo al último tercio individualmente, y también una capacidad para llegar al balcón del área e incluso al punto de penalti después de haberse generado al otro lado, a veces incluso por él mismo, la superioridad y el espacio necesarios para la entrada del carrilero y su posterior envío raso y trasero al punto de penalti que es la imagen representativa de tantos y tantos ataques verdiblancos, sobre todo cuando está Junior.

Los fichajes de Lainez y Jesé van totalmente encaminados a sumar fuerzas con Canales a la hora de ganar metros y explotar espacios aún más cerca del área y así liberar un poco al canterano racinguista de tener que estar en todos los lados con ese gigantesco grado de responsabilidad que está haciendo trabajar de forma incansable a sus sobresalientes cerebro y piernas. Un motor que está funcionando a toda máquina y que se está mostrando bastante superior al de cualquiera, incluyendo un Giovanni Lo Celso con el que comparte el núcleo que define al Betis y que le sitúa, por tanto, como el primer cabecilla del Betis en el campo, el encargado principal de encontrar las opciones de profundidad más plausibles para hacer progresar al equipo hasta ellas o simplemente para ganar tiempo y metros lejos de los tres palos verdiblancos. Sin embargo, en ese sentido, aún está por ver qué tipo de rendimiento pueden dar tanto el mexicano como el canario en esta segunda mitad de la temporada y si pueden abrir nuevas sendas hacia la generación de peligro en los últimos metros que el Betis, además del propio Canales, tanto necesita para desatascar partidos, para adelantarse en ellos, para hacer florecer su pegada, para incluso poder dar un pasito atrás con marcador a favor, haciendo acopio de posesiones todavía más conservativas, pero disponiendo de una amenaza alternativa y efectiva para atacar la portería rival desde más lejos.

A falta del nueve específico, rematador contundente en el área y gran especialista en el juego de espaldas que el sistema pedía a gritos, el Betis necesita a Sergio Canales ahora más que nunca para mantener el tono competitivo en este momento de máxima exigencia dentro de la temporada por la calidad de los rivales, la tensión propia y duplicada de las eliminatorias coperas y la tremenda carga de partidos y su delicada gestión dentro de una plantilla que el cuerpo técnico verdiblanco ha hecho ver a los ojos de la gran mayoría mejor de lo que realmente es. Otra cosa muy diferente es el once tipo, que sí parece idóneo para asentarse como una realidad europea de La Liga española cada curso, pero que ha carecido de toda continuidad debido a las lesiones, que se resiente en el momento en el que dos de sus piezas faltan al mismo tiempo y que, para colmo, ha perdido recientemente a Cristian Tello, el único jugador hasta la fecha capaz de cambiar los partidos sobre la marcha y el único teórico suplente que venía aprovechando al máximo sus minutos como titular, más allá de un Joel Robles que está dejando actuaciones notables cada vez que le toca jugar.

Para los que nunca han buscado la cordura en el día a día verdiblanco, la locura de temporada de Canales es el principal motivo que podrá acallar su histerismo porque es lo que más ha acercado y acercará al Betis a la gloria deportiva durante esta campaña, dentro del obviamente fundamental engranaje colectivo. Para los que siempre han huido del histerismo en el día a día verdiblanco, Canales es el principal motivo para dejar de lado toda cordura por un momento y echarse en brazos de la locura más absoluta. De su locura. Si la campaña del Betis hasta el momento ya llevaba su nombre en letras mayúsculas y en negrita, ahora, cuando lo verdaderamente jugoso está en disputa en cada encuentro, cuando el Betis está a un solo partido de poder disputar una final en casa y vuelve a tener un ilusionante reto en Europa un lustro más tarde, la importancia de Canales es aún más crucial si cabe, ya no en cada partido, sino en cada lance de juego. Un Canales que es un ejemplo a seguir para el resto dentro de un Betis al que quizá le falten un par de piezas de calidad para sublimar su plan. “Pues que cambie de plan”, dirían algunos, como si para hacer algo aún mejor hubiese que dejar de lado todo lo bueno que ya se hace. Unas carencias, fruto de un todavía inexistente superior horizonte en términos de plantilla, que él se está encargando personalmente de compensar abajo, en el medio y también arriba.

“Sergio Canales está dando este nivel porque podía darlo. Ha necesitado tiempo y el contexto necesario para poder expresarse de esta manera sobre el césped. Y aún tiene capacidad para mejorar y progresar. Cada día va a más. Y otra cosa importantísima es la continuidad. El rendimiento continuo y permanente por parte de un futbolista, que es lo que yo más he valorado siempre”, declaró Quique Setién hace algunas semanas sobre su más preciado pupilo junto a Aïssa Mandi. “De los cientos y cientos de compañeros que tuve y de jugadores que he entrenado, Canales y Mandi son los que más diferencias han marcado con su capacidad receptiva y de mejora constante”. El futbolista santanderino tiene un manojo de llaves colgado de la correa del cinturón. Un llavero del que penden muchísimas llaves para las escasísimas puertas que se va a encontrar ante sí por parte de los rivales. De la continuidad del acierto que ha venido mostrando para encontrar la llave correcta dependerá que en este crucial mes de febrero esas puertas se abran de par a par o, en cambio, permanezcan cerradas a cal y canto. Los sueños de todos los aficionados verdiblancos, los más locos y los más cuerdos, están justo detrás de ellas.

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