_Real Madrid

Cambio de estilos

Diego G. Argota @DiegoGArgota21 19-09-2022

Llegó el Atleti necesitado al derbi más caldeado de las últimas temporadas ante un Real Madrid autoritario que parece ir con otra gasolina en este inicio de campaña. Los de Simeone, heridos desde el inicio (y desde hace semanas) por las ausencias de sus dos mejores centrales, ante un equipo de Ancelotti que está demostrando no tener la temida Benzemadependencia. Y el duelo no pudo estar más igualado, hasta que las individualidades, o mejor dicho, los errores individuales, decantaron la balanza en favor del equipo visitante. Esta vez bastó con un par de desbarajustes. El Atleti, irreconocible, llevó el peso del partido en el inicio, pero sufrió atrás. El Real Madrid, como ya viene siendo habitual en muchos partidos con Ancelotti, esperó agazapado (o en bloque bajo que se dice ahora) para pillar a contrapié a un Atleti que ha demostrado dispararse en el pie semana tras semana.

La figura previa al partido fue la de Vinicius por todo lo surgido alrededor durante la semana y en el partido estuvo más bien discreto, siendo silbado en cada acción que tocó el balón. Curiosamente, el brasileño, sobre el que se decía iba a ser fuertemente atacado por los rojiblancos, fue el futbolista sobre el césped que más faltas cometió y se marchó del campo sin amarilla pese a que, además de la reiteración de sus acciones, el colegiado le tuvo que llamar la atención en varias ocasiones tanto por desplazamientos de balón para perder tiempo como por simulación de dos agresiones que no existieron. Vini, como ya había asegurado, bailó cuando marcó Rodrygo. Y en el Metropolitano, como había augurado Koke, se lio. Es decir, que la gente le silbó, se enfadó con él y le cayó alguna que otra peineta. Lo que sucede en cada campo del mundo con gol rival y sin necesidad de baile, vamos. Si alguien entendió otra cosa de las palabras de Koke, es que nunca vio bailar a Ronaldo, Ronaldinho, Neymar, Bebeto, Romario, Marcelo, Eto’o, Catanha, Griezmann o el propio Koke. 

Los de Simeone se cimentaron en la figura de un Griezmann que fue novedad por su primera titularidad en la temporada y un De Paul que parece crecerse en los partidos de máxima tensión. Los de Ancelotti, en la suficiencia de un centro del campo fuerte y poblado, una defensa seria y sin agujeros, y dos balas arriba acompañadas del físico de un Valverde que está de dulce. Los disparos, lejanos, los puso el Atlético. De hecho, realizó ocho, la mayor cifra del equipo en toda la temporada en una primera mitad, por solo tres del rival. El Madrid, agazapado, aprovechó dos desbarajustes para sentenciar el partido y sus únicas ocasiones fueron las de los dos goles. Suficiente. En la foto del primero, para no variar, apareció Felipe. En la del segundo, fiel a su cita, al brasileño le acompañó Llorente. 

Rodrygo aprovechó que el central rojiblanco perdió la marca y buscó despejar un balón de manera acrobática (imposible contactar con él una vez le había perdido la cara) para fusilar a un Oblak que no había tenido que intervenir hasta entonces. En la segunda acción definitiva, un pase filtrado ante los errores en la marca de Llorente y Felipe dejó a Vinicius solo contra Oblak. El brasileño estrelló el balón en la madera y Valverde, que acompañaba la jugada por el otro costado, vio cómo le llegaba clara la ocasión de marcar prácticamente a puerta vacía. Dos balas, dos goles. El Madrid más eficiente, el Atleti más herido.

En la segunda parte Simeone trató de cambiar. Modificó el esquema pero no los jugadores. Ancelotti fue continuista y el partido siguió casi por los mismos derroteros, o incluso fue mejor para los blancos. Porque el Atleti no mostró diente y el Madrid se acomodó en el resultado. Los colchoneros no pudieron tratar de desarbolar la defensa del líder de LaLiga hasta que a falta de 20 minutos salió un Correa voluntarioso que no se entiende cómo está jugando menos de lo que merece. Mientras, Joao Félix ponía la imagen negativa cuando, tras un nuevo partido discretísimo, salía del campo y se iba al vestuario enfadado (luego volvió a salir, reclamado por el cuerpo técnico, que le terminó poniendo hielo en la pierna). Con Correa el Atleti abrió más el campo, subió líneas y encontró espacios. El argentino le dio frescura a un ataque encallado al que se sumó Mario Hermoso que acabó siendo protagonista. Para bien, y para mal. Porque el central recortó distancias a un ratito del final y cinco minutos después estaba en la ducha

Entre tanganas, faltas e interrupciones, el Atleti no pudo crear demasiado cuando en las instancias finales sí había arrinconado al Real Madrid. Los de Ancelotti ponen ocho puntos de por medio con los rojiblancos cuando estamos aún en septiembre, una distancia considerable para estas alturas de año que dejan muy tocado a un Atleti irreconocible que no se encuentra a sí mismo. Y lo peor, para los de Simeone, es que anoche no jugó mal. No fue inferior. Pero el Atleti, por paradójico que sea, ha dejado de ser un equipo defensivamente solvente y ahora es uno muy vulnerable. 

Imagen de cabecera: Antonio Villalba

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Llegó el Atleti necesitado al derbi más caldeado de las últimas temporadas ante un Real Madrid autoritario que parece ir con otra gasolina en este inicio de campaña. Los de Simeone, heridos desde el inicio (y desde hace semanas) por las ausencias de sus dos mejores centrales, ante un equipo de Ancelotti que está demostrando no tener la temida Benzemadependencia. Y el duelo no pudo estar más igualado, hasta que las individualidades, o mejor dicho, los errores individuales, decantaron la balanza en favor del equipo visitante. Esta vez bastó con un par de desbarajustes. El Atleti, irreconocible, llevó el peso del partido en el inicio, pero sufrió atrás. El Real Madrid, como ya viene siendo habitual en muchos partidos con Ancelotti, esperó agazapado (o en bloque bajo que se dice ahora) para pillar a contrapié a un Atleti que ha demostrado dispararse en el pie semana tras semana.

La figura previa al partido fue la de Vinicius por todo lo surgido alrededor durante la semana y en el partido estuvo más bien discreto, siendo silbado en cada acción que tocó el balón. Curiosamente, el brasileño, sobre el que se decía iba a ser fuertemente atacado por los rojiblancos, fue el futbolista sobre el césped que más faltas cometió y se marchó del campo sin amarilla pese a que, además de la reiteración de sus acciones, el colegiado le tuvo que llamar la atención en varias ocasiones tanto por desplazamientos de balón para perder tiempo como por simulación de dos agresiones que no existieron. Vini, como ya había asegurado, bailó cuando marcó Rodrygo. Y en el Metropolitano, como había augurado Koke, se lio. Es decir, que la gente le silbó, se enfadó con él y le cayó alguna que otra peineta. Lo que sucede en cada campo del mundo con gol rival y sin necesidad de baile, vamos. Si alguien entendió otra cosa de las palabras de Koke, es que nunca vio bailar a Ronaldo, Ronaldinho, Neymar, Bebeto, Romario, Marcelo, Eto’o, Catanha, Griezmann o el propio Koke. 

Los de Simeone se cimentaron en la figura de un Griezmann que fue novedad por su primera titularidad en la temporada y un De Paul que parece crecerse en los partidos de máxima tensión. Los de Ancelotti, en la suficiencia de un centro del campo fuerte y poblado, una defensa seria y sin agujeros, y dos balas arriba acompañadas del físico de un Valverde que está de dulce. Los disparos, lejanos, los puso el Atlético. De hecho, realizó ocho, la mayor cifra del equipo en toda la temporada en una primera mitad, por solo tres del rival. El Madrid, agazapado, aprovechó dos desbarajustes para sentenciar el partido y sus únicas ocasiones fueron las de los dos goles. Suficiente. En la foto del primero, para no variar, apareció Felipe. En la del segundo, fiel a su cita, al brasileño le acompañó Llorente. 

Rodrygo aprovechó que el central rojiblanco perdió la marca y buscó despejar un balón de manera acrobática (imposible contactar con él una vez le había perdido la cara) para fusilar a un Oblak que no había tenido que intervenir hasta entonces. En la segunda acción definitiva, un pase filtrado ante los errores en la marca de Llorente y Felipe dejó a Vinicius solo contra Oblak. El brasileño estrelló el balón en la madera y Valverde, que acompañaba la jugada por el otro costado, vio cómo le llegaba clara la ocasión de marcar prácticamente a puerta vacía. Dos balas, dos goles. El Madrid más eficiente, el Atleti más herido.

En la segunda parte Simeone trató de cambiar. Modificó el esquema pero no los jugadores. Ancelotti fue continuista y el partido siguió casi por los mismos derroteros, o incluso fue mejor para los blancos. Porque el Atleti no mostró diente y el Madrid se acomodó en el resultado. Los colchoneros no pudieron tratar de desarbolar la defensa del líder de LaLiga hasta que a falta de 20 minutos salió un Correa voluntarioso que no se entiende cómo está jugando menos de lo que merece. Mientras, Joao Félix ponía la imagen negativa cuando, tras un nuevo partido discretísimo, salía del campo y se iba al vestuario enfadado (luego volvió a salir, reclamado por el cuerpo técnico, que le terminó poniendo hielo en la pierna). Con Correa el Atleti abrió más el campo, subió líneas y encontró espacios. El argentino le dio frescura a un ataque encallado al que se sumó Mario Hermoso que acabó siendo protagonista. Para bien, y para mal. Porque el central recortó distancias a un ratito del final y cinco minutos después estaba en la ducha

Entre tanganas, faltas e interrupciones, el Atleti no pudo crear demasiado cuando en las instancias finales sí había arrinconado al Real Madrid. Los de Ancelotti ponen ocho puntos de por medio con los rojiblancos cuando estamos aún en septiembre, una distancia considerable para estas alturas de año que dejan muy tocado a un Atleti irreconocible que no se encuentra a sí mismo. Y lo peor, para los de Simeone, es que anoche no jugó mal. No fue inferior. Pero el Atleti, por paradójico que sea, ha dejado de ser un equipo defensivamente solvente y ahora es uno muy vulnerable. 

Imagen de cabecera: Antonio Villalba

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