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Butler desencadenado

Juan Díaz @JuandiRgz 14-10-2020

¿Sabes cuando las personas presencian algo histórico y luego afirman que nunca se dieron cuenta de su importancia hasta que pasan años? Me explico. Todos los aficionados que presenciaron las Finales del 2001 terminaron con la sensación de que una nueva dinastía se forjaba en Los Ángeles, pero pocos pensaron que esa sería la última gran oportunidad de Allen Iverson, el héroe que había sido derrotado.

Esos partidos entre Sixers y Lakers, la inolvidable serie de Iverson y su inmortal Game 1, son ahora objeto de culto para los seguidores de la NBA. Incluso para mí, que no llegué a verlos en directo.

Estas últimas semanas Jimmy Butler me ha recordado al bueno de Iverson en 2001. Inflexible, desafiante, seguro de sí mismo hasta el punto de no rehusar los duelos físicos y verbales con todo un LeBron James. El mejor equipo ganó la serie al mejor de siete, como suele suceder en el baloncesto. Pero las desvergonzadas actuaciones de Butler en el tercer y quinto partido trascenderán del resultado y se instalarán en la historia de la NBA definiendo su lugar en el mausoleo baloncestístico como uno de esos jugadores que dignifica la derrota en el contexto de unas Finales.

Las exhibiciones de Butler no nos ha pillado por sorpresa a los que somos incondicionales. Él mismo recuerda cada poco tiempo que la NBA es esa liga en la que, en finales de partido ajustados, gana el equipo que tiene a Jimmy Buckets. Los Bucks lo sufrieron, los Celtics lo comprobaron y los Lakers no se hundieron, pero llegaron a estar heridos.

Cuando el balón quema, Butler saca su mood de Django Desencadenado y decide el partido a ambos lados de la pista. Es uno de esos jugadores que saca lo mejor de sí mismo en el tramo final. Un devoto de los últimos cuartos. Su evolución a medida que avanzaba la temporada es digna de estudio.

La derrota ha sacudido a Butler. Todavía no sabemos si el seísmo será tan duro como fue el de Iverson, que jamás tuvo la oportunidad de volver a disputar unas Finales. Sin embargo, Butler ya ha dejado constancia de que tiene el carácter que define a los ganadores. Sin ir más lejos, un día después de perder el sexto y definitivo partido, ya circulaba en las redes sociales una fotografía del propio Jimmy entrenando en el gimnasio.

Nada superará la ofrenda que LeBron y los Lakers han brindado a Kobe con el título de esta temporada. Pero Butler, a su manera, ha confeccionado uno de los homenajes más leales jamás vistos a la “mamba mentality”.

Imagen de cabecera: Douglas P. DeFelice/Getty Images

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¿Sabes cuando las personas presencian algo histórico y luego afirman que nunca se dieron cuenta de su importancia hasta que pasan años? Me explico. Todos los aficionados que presenciaron las Finales del 2001 terminaron con la sensación de que una nueva dinastía se forjaba en Los Ángeles, pero pocos pensaron que esa sería la última gran oportunidad de Allen Iverson, el héroe que había sido derrotado.

Esos partidos entre Sixers y Lakers, la inolvidable serie de Iverson y su inmortal Game 1, son ahora objeto de culto para los seguidores de la NBA. Incluso para mí, que no llegué a verlos en directo.

Estas últimas semanas Jimmy Butler me ha recordado al bueno de Iverson en 2001. Inflexible, desafiante, seguro de sí mismo hasta el punto de no rehusar los duelos físicos y verbales con todo un LeBron James. El mejor equipo ganó la serie al mejor de siete, como suele suceder en el baloncesto. Pero las desvergonzadas actuaciones de Butler en el tercer y quinto partido trascenderán del resultado y se instalarán en la historia de la NBA definiendo su lugar en el mausoleo baloncestístico como uno de esos jugadores que dignifica la derrota en el contexto de unas Finales.

Las exhibiciones de Butler no nos ha pillado por sorpresa a los que somos incondicionales. Él mismo recuerda cada poco tiempo que la NBA es esa liga en la que, en finales de partido ajustados, gana el equipo que tiene a Jimmy Buckets. Los Bucks lo sufrieron, los Celtics lo comprobaron y los Lakers no se hundieron, pero llegaron a estar heridos.

Cuando el balón quema, Butler saca su mood de Django Desencadenado y decide el partido a ambos lados de la pista. Es uno de esos jugadores que saca lo mejor de sí mismo en el tramo final. Un devoto de los últimos cuartos. Su evolución a medida que avanzaba la temporada es digna de estudio.

La derrota ha sacudido a Butler. Todavía no sabemos si el seísmo será tan duro como fue el de Iverson, que jamás tuvo la oportunidad de volver a disputar unas Finales. Sin embargo, Butler ya ha dejado constancia de que tiene el carácter que define a los ganadores. Sin ir más lejos, un día después de perder el sexto y definitivo partido, ya circulaba en las redes sociales una fotografía del propio Jimmy entrenando en el gimnasio.

Nada superará la ofrenda que LeBron y los Lakers han brindado a Kobe con el título de esta temporada. Pero Butler, a su manera, ha confeccionado uno de los homenajes más leales jamás vistos a la “mamba mentality”.

Imagen de cabecera: Douglas P. DeFelice/Getty Images

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Curry, en el Olimpo del triple

Juan Díaz @JuandiRgz
15-12-2021