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Brotes verdes y malas hierbas

Ni el Atlético era favorito (ni campeón, como se ha llegado a apuntar desde las redacciones más prestigiosas) de LaLiga el viernes, ni ahora está sumido en una crisis por no dar un golpe encima de la mesa ante el eterno rival. Curiosamente, son los mismos que vociferaban lo primero los que ahora aclaman lo segundo. Y todo por 90 minutos. El Real Madrid fue mejor. Al Atlético le costó casi una hora entrar en un partido que los de Zidane se llevaron con merecimiento. Y, con todo, se acabó resolviendo por detalles. Un balón parado y un rebote de fortuna, toda la que no tuvo Lemar para acertar entre los tres palos una ocasión que era más difícil que fácil echar fuera o aquel remate de cabeza de Saúl que, con toda la portería libre, fue a parar a las manos de un Courtois bien colocado.

Simeone se equivocó con el planteamiento. Lo sabe, lo asume, hizo suyo el error inicial en la rueda de prensa posterior, sin echar balones fuera. Por eso cambió el dibujo, buscó soluciones y zarandeó el banquillo con tres sustituciones en el entretiempo. Todo lo que se le debe pedir a un entrenador, aunque a veces no funcione. Lo que es llamativamente increíble (o bueno, ya no tanto) es que quienes más apuntan al argentino como máximo responsable desde la negatividad (¡E incluso han llegado a pedir su cabeza!) son los mismos que aplaudieron su sonora decisión de dejar en el banquillo a Saúl y apostar por Herrera para tener el dominio del balón y jugar con un equipo ofensivo con Carrasco de carrilero largo en vez de Lodi. Son esos que ansían cualquier traspiés rojiblanco para cargar contra el argentino.

El Real Madrid aprovechó la vulnerabilidad de un Atlético que en el juego aéreo defensivo deja mucho que desear (sobre todo si no cuenta con Saúl y con Giménez) para adelantarse en el marcador cuando el Atlético aún no había salido al césped de Valdevebas. Héctor Herrera, que nunca ha sido un jugador de doble pivote, aunque esta temporada esté alternando buenas actuaciones con otras no tan afortunadas ahí, no fue suficiente para dominar un centro del campo en el que Modric, Kroos y Casemiro se impusieron al mexicano y a Koke, desbordados y nunca ayudados ni por Joao Felix, ni por Llorente, ni por Carrasco, ni por Suárez. El ex del Oporto ha hecho aguas cada vez que, jugando en esa demarcación, un equipo le ha querido disputar la pelota al Atlético y le ha presionado hasta los topes. Resbalones inoportunos, pérdidas de lentitud, error en la toma de decisiones…

Con un juego ofensivo nulo y un defensivo renqueante, Simeone movió el banquillo para buscar soluciones y las quiso encontrar en el 4-4-2 tan habitual suyo, prescindiendo de Herrera, Felipe y Carrasco para dar entrada a Correa, Lodi y Lemar. Lo de los brasileños es para hacérselo mirar y echarse a temblar. Lodi, que ha perdido el sitio, parece absolutamente fuera de lugar, como si este año donde debería demostrar que el pasado fue de adaptación se hubiera convertido en una travesía por el desierto. De sus dos primeros balones llegaron dos errores que pudieron costar dos goles. Felipe, por su parte, es un espejismo del central que fue el curso pasado y desde que el fútbol volvió tras el parón por la pandemia ha tenido muchas sombras y pocas luces, con errores de bulto (a destacar un par de penaltis poco inteligentes) que han costado puntos y disgustos.

Lemar le dio otro aire al ataque rojiblanco. Lemar le dio otro aire al ataque rojiblanco. No es una errata de texto. Es necesario usar la repetición para que el lector que no pudo ver el partido se lo crea. El francés, dos años y medio después de su fichaje, parece dispuesto a sumar para la causa y en un fútbol que busca ser más asociativo y con movilidad permanente por todo el campo está dejando detalles que se ven como la luz al final del túnel. ¿Y si acaba demostrando que si vale 70 millones? Error con todo a placer aparte, el galo fue la gran noticia del partido en clave atlética. Como Hermoso, asentado. Y como Savic, que sin llevar brazalete es uno de los capitanes del vestuario, sobre todo en ciertos partidos. Tampoco estuvo mal Oblak, que sacó la más difícil, un zurdazo de Benzema aun en la primera mitad.

Y en estas llegó algo de alboroto que terminó de matar el partido y a la vez resucitarlo. Simeone retiró a Joao Félix, Carvajal marcó de rebote, el que entró por el portugués fue el ausente Saúl… Y el Atleti mejoró. Pocos entendieron la sustitución del luso, como tampoco se pudo comprender a simple vista la de Luis Suárez minutos después por Kondogbia. Curiosamente, el Atleti, sin sus dos atacantes estrella, jugó los mejores minutos. La casa por los cimientos y no por el tejado. Joao y Luis, inéditos en una hora, trotones por el campo, escondidos de la pelea, mostraron más entusiasmo, ganas y energía para enfurruñarse con el cambio pegando patadas y poniendo caritas que para ganar balones divididos.

Kondogbia y Saúl metieron músculo a un equipo que llevaba 70 minutos carente de él y aunque era tarde, era totalmente comprensible que se trataba de un partido para el que había que poner más intensidad que juego. El centroafricano cuajó sus mejores minutos desde que ha llegado y el canterano, criticado hasta la saciedad en las últimas semanas, se echó el equipo a las espaldas y tuvo en su cabeza volver a meter al equipo en el partido. 26 jornadas y 10 meses después, el Atlético ha perdido en LaLiga. Un mal partido. Un buen rival. Malas tomas de decisión y al final todo se decidió por detalles. Simeone se equivocó de inicio. Los jugadores no pusieron de su parte y el mejunje acabó con una dolorosa derrota, que deja señalados a un par de jugadores, que augura brotes verdes en otros, y que vuelve a sacar a flote las malas hierbas. Esas que nunca mueren.

Imagen de cabecera: OSCAR DEL POZO/AFP via Getty Images

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Ni el Atlético era favorito (ni campeón, como se ha llegado a apuntar desde las redacciones más prestigiosas) de LaLiga el viernes, ni ahora está sumido en una crisis por no dar un golpe encima de la mesa ante el eterno rival. Curiosamente, son los mismos que vociferaban lo primero los que ahora aclaman lo segundo. Y todo por 90 minutos. El Real Madrid fue mejor. Al Atlético le costó casi una hora entrar en un partido que los de Zidane se llevaron con merecimiento. Y, con todo, se acabó resolviendo por detalles. Un balón parado y un rebote de fortuna, toda la que no tuvo Lemar para acertar entre los tres palos una ocasión que era más difícil que fácil echar fuera o aquel remate de cabeza de Saúl que, con toda la portería libre, fue a parar a las manos de un Courtois bien colocado.

Simeone se equivocó con el planteamiento. Lo sabe, lo asume, hizo suyo el error inicial en la rueda de prensa posterior, sin echar balones fuera. Por eso cambió el dibujo, buscó soluciones y zarandeó el banquillo con tres sustituciones en el entretiempo. Todo lo que se le debe pedir a un entrenador, aunque a veces no funcione. Lo que es llamativamente increíble (o bueno, ya no tanto) es que quienes más apuntan al argentino como máximo responsable desde la negatividad (¡E incluso han llegado a pedir su cabeza!) son los mismos que aplaudieron su sonora decisión de dejar en el banquillo a Saúl y apostar por Herrera para tener el dominio del balón y jugar con un equipo ofensivo con Carrasco de carrilero largo en vez de Lodi. Son esos que ansían cualquier traspiés rojiblanco para cargar contra el argentino.

El Real Madrid aprovechó la vulnerabilidad de un Atlético que en el juego aéreo defensivo deja mucho que desear (sobre todo si no cuenta con Saúl y con Giménez) para adelantarse en el marcador cuando el Atlético aún no había salido al césped de Valdevebas. Héctor Herrera, que nunca ha sido un jugador de doble pivote, aunque esta temporada esté alternando buenas actuaciones con otras no tan afortunadas ahí, no fue suficiente para dominar un centro del campo en el que Modric, Kroos y Casemiro se impusieron al mexicano y a Koke, desbordados y nunca ayudados ni por Joao Felix, ni por Llorente, ni por Carrasco, ni por Suárez. El ex del Oporto ha hecho aguas cada vez que, jugando en esa demarcación, un equipo le ha querido disputar la pelota al Atlético y le ha presionado hasta los topes. Resbalones inoportunos, pérdidas de lentitud, error en la toma de decisiones…

Con un juego ofensivo nulo y un defensivo renqueante, Simeone movió el banquillo para buscar soluciones y las quiso encontrar en el 4-4-2 tan habitual suyo, prescindiendo de Herrera, Felipe y Carrasco para dar entrada a Correa, Lodi y Lemar. Lo de los brasileños es para hacérselo mirar y echarse a temblar. Lodi, que ha perdido el sitio, parece absolutamente fuera de lugar, como si este año donde debería demostrar que el pasado fue de adaptación se hubiera convertido en una travesía por el desierto. De sus dos primeros balones llegaron dos errores que pudieron costar dos goles. Felipe, por su parte, es un espejismo del central que fue el curso pasado y desde que el fútbol volvió tras el parón por la pandemia ha tenido muchas sombras y pocas luces, con errores de bulto (a destacar un par de penaltis poco inteligentes) que han costado puntos y disgustos.

Lemar le dio otro aire al ataque rojiblanco. Lemar le dio otro aire al ataque rojiblanco. No es una errata de texto. Es necesario usar la repetición para que el lector que no pudo ver el partido se lo crea. El francés, dos años y medio después de su fichaje, parece dispuesto a sumar para la causa y en un fútbol que busca ser más asociativo y con movilidad permanente por todo el campo está dejando detalles que se ven como la luz al final del túnel. ¿Y si acaba demostrando que si vale 70 millones? Error con todo a placer aparte, el galo fue la gran noticia del partido en clave atlética. Como Hermoso, asentado. Y como Savic, que sin llevar brazalete es uno de los capitanes del vestuario, sobre todo en ciertos partidos. Tampoco estuvo mal Oblak, que sacó la más difícil, un zurdazo de Benzema aun en la primera mitad.

Y en estas llegó algo de alboroto que terminó de matar el partido y a la vez resucitarlo. Simeone retiró a Joao Félix, Carvajal marcó de rebote, el que entró por el portugués fue el ausente Saúl… Y el Atleti mejoró. Pocos entendieron la sustitución del luso, como tampoco se pudo comprender a simple vista la de Luis Suárez minutos después por Kondogbia. Curiosamente, el Atleti, sin sus dos atacantes estrella, jugó los mejores minutos. La casa por los cimientos y no por el tejado. Joao y Luis, inéditos en una hora, trotones por el campo, escondidos de la pelea, mostraron más entusiasmo, ganas y energía para enfurruñarse con el cambio pegando patadas y poniendo caritas que para ganar balones divididos.

Kondogbia y Saúl metieron músculo a un equipo que llevaba 70 minutos carente de él y aunque era tarde, era totalmente comprensible que se trataba de un partido para el que había que poner más intensidad que juego. El centroafricano cuajó sus mejores minutos desde que ha llegado y el canterano, criticado hasta la saciedad en las últimas semanas, se echó el equipo a las espaldas y tuvo en su cabeza volver a meter al equipo en el partido. 26 jornadas y 10 meses después, el Atlético ha perdido en LaLiga. Un mal partido. Un buen rival. Malas tomas de decisión y al final todo se decidió por detalles. Simeone se equivocó de inicio. Los jugadores no pusieron de su parte y el mejunje acabó con una dolorosa derrota, que deja señalados a un par de jugadores, que augura brotes verdes en otros, y que vuelve a sacar a flote las malas hierbas. Esas que nunca mueren.

Imagen de cabecera: OSCAR DEL POZO/AFP via Getty Images

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¿Y cómo les ha ido a los cedidos?

Diego G. Argota @DiegoGArgota21
31-05-2022