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Brendan Rodgers y el Celtic, una historia romántica sin un desenlace a la altura

Jordi Cochran @cochran_4 07-03-2019

etiquetas:

Escocia

Hay historias
que desde el principio parecen que serán una relación de amor idílica. Brendan
Rodgers llegó al Celtic en 2016. El técnico necesitaba encontrar un club como
el de Glasgow para demostrarse a sí mismo su valía después del paso por el
Liverpool, y el Celtic debía hallar alguien que evolucionase el club, que se
había estancado. Pero todo se torció, de repente, cuando hace unos días el
entrenador norirlandés escuchó los cantos de sirena de la Premier League y no
dudó en hacer las maletas e irse a mitad temporada al Leicester.

Entrenar a un
club grande, como es el Liverpool, es muy gratificante y al mismo tiempo muy
devastador. La presión de tener la obligación de ganar cada partido sí o sí,
sentir el peso de toda la historia del club y del aliento de la hinchada en el
pescuezo pasa factura. Todo se vino abajo cuando lo tenía prácticamente atado para
ganar la primera Premier League para el Liverpool e incomprensiblemente se le
escapó entre la yema de los dedos. La temporada siguiente Rodgers solo duró en
el cargo ocho partidos de liga. En octubre de 2015 la directiva del Liverpool
lo despidió.

En un escrito
del técnico a “The Coaches’ Voice” explicó que poco después del despido se fue
a Dubai y allí tuvo que ir al hospital. Los médicos concluyeron que sus
problemas de salud fueron por la tensión acumulada en el desenlace en Anfield.
“Necesitaba alejarme. Quería recobrar dos elementos cruciales: energía y
felicidad”.

Y al verano
siguiente Rodgers fichó por el Celtic. La conexión del técnico con el club y la
hinchada fue al instante. Rodgers es norirlandés republicano y, por
consiguiente, sabedor de la mística y grandeza del Celtic, que tiene sus
orígenes en la Irlanda católica y republicana. Al fin y al cabo, esos
intangibles que conectan y dan valor añadido en el fútbol.

Rodgers llegaba
al sitio adecuado para volver a sentir el triunfo y el Celtic necesitaba a
alguien que revitalizase el Club porque el año anterior, el último que Ronny
Deila dirigió al equipo, se dieron muestras de estancamiento. Ganaron la liga
con un juego poco vistoso, pero en la Europa League el conjunto de Glasgow
acabó último de su grupo y el Rangers, su acérrimo enemigo, que por entonces
estaba en segunda división, le venció en la semifinal de la Copa Escocesa.

Desde la
temporada 2016/2017 el camino de Rodgers en el Celtic ha estado lleno de
éxitos, aunque en el primer partido oficial del técnico norirlandés perdió
contra el Lincoln Red, equipo gibraltareño, en la ida de la primera
eliminatoria de la fase previa para acceder a la Champions League. Se
sobrepuso, y ese año disputó la máxima competición continental y ganó el
triplete de las competiciones domésticas (liga, copa y copa de la liga) sin
perder un solo partido. Invencibles en Escocia.

A la temporada
siguiente, ya con la filosofía de Brendan Rodgers bien implantada, volvió a
ganar el triplete de las competiciones domésticas, algo que no había sucedido
nunca en la historia del Celtic. La relación entre entrenador, club e hinchada
iba al unísono. Rodgers se estaba forjando un nombre que quedaría grabado en la
memoria de los aficionados y en la historia del conjunto católico.

Sin embargo, esa
áurea de grandeza, que con el paso de los años se iría mitificando, pudo llegar
a su fin esta temporada. Esta campaña, ya con la Copa de la Liga ganada,
líderes en la liga y en semifinales de la Copa, Rodgers decidió de un día para
el otro dejar el Celtic, y volver a la Premier League para hacerse cargo del
Leicester.

A Rodgers no se
le reprocha haberse ido del Celtic, ni mucho menos, lo que se le critica desde
un parte de la afición es haberlo abandonado a mitad de temporada, con dos
competiciones aún por diputarse, y recién eliminado de la Europa League. Sin un
rumor previo alguno, la hinchada se levantó por la mañana como un día normal y
por la tarde Rodgers hizo las maletas en un santiamén y se fue por la puerta de
atrás a dirigir al Leicester.

No esperó a que
concluyera la temporada, como si el Celtic fuera algo prescindible. No quiso
cerrar su exitosa etapa en el club escocés demostrando por tercera campaña
consecutiva su buena labor intentando levantar dos títulos más. Parte de la
hinchada no se lo tomó nada bien y se ha visto alguna pancarta con el mensaje,
por ejemplo, de: “Cambiaste la inmortalidad por mediocridad. Nunca serás un
‘Celt’”. Al fin y al cabo, Rodgers oyó los cantos de sirena de la Premier
League y prefirió irse a mitad de temporada a probar la aventura y no finalizar
su andadura en el Celtic de la mejor manera, forjando así una leyenda completa
en el conjunto de Glasgow. Porque las buenas historias deben tener un principio
y, sobre todo, un buen final.

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Hay historias
que desde el principio parecen que serán una relación de amor idílica. Brendan
Rodgers llegó al Celtic en 2016. El técnico necesitaba encontrar un club como
el de Glasgow para demostrarse a sí mismo su valía después del paso por el
Liverpool, y el Celtic debía hallar alguien que evolucionase el club, que se
había estancado. Pero todo se torció, de repente, cuando hace unos días el
entrenador norirlandés escuchó los cantos de sirena de la Premier League y no
dudó en hacer las maletas e irse a mitad temporada al Leicester.

Entrenar a un
club grande, como es el Liverpool, es muy gratificante y al mismo tiempo muy
devastador. La presión de tener la obligación de ganar cada partido sí o sí,
sentir el peso de toda la historia del club y del aliento de la hinchada en el
pescuezo pasa factura. Todo se vino abajo cuando lo tenía prácticamente atado para
ganar la primera Premier League para el Liverpool e incomprensiblemente se le
escapó entre la yema de los dedos. La temporada siguiente Rodgers solo duró en
el cargo ocho partidos de liga. En octubre de 2015 la directiva del Liverpool
lo despidió.

En un escrito
del técnico a “The Coaches’ Voice” explicó que poco después del despido se fue
a Dubai y allí tuvo que ir al hospital. Los médicos concluyeron que sus
problemas de salud fueron por la tensión acumulada en el desenlace en Anfield.
“Necesitaba alejarme. Quería recobrar dos elementos cruciales: energía y
felicidad”.

Y al verano
siguiente Rodgers fichó por el Celtic. La conexión del técnico con el club y la
hinchada fue al instante. Rodgers es norirlandés republicano y, por
consiguiente, sabedor de la mística y grandeza del Celtic, que tiene sus
orígenes en la Irlanda católica y republicana. Al fin y al cabo, esos
intangibles que conectan y dan valor añadido en el fútbol.

Rodgers llegaba
al sitio adecuado para volver a sentir el triunfo y el Celtic necesitaba a
alguien que revitalizase el Club porque el año anterior, el último que Ronny
Deila dirigió al equipo, se dieron muestras de estancamiento. Ganaron la liga
con un juego poco vistoso, pero en la Europa League el conjunto de Glasgow
acabó último de su grupo y el Rangers, su acérrimo enemigo, que por entonces
estaba en segunda división, le venció en la semifinal de la Copa Escocesa.

Desde la
temporada 2016/2017 el camino de Rodgers en el Celtic ha estado lleno de
éxitos, aunque en el primer partido oficial del técnico norirlandés perdió
contra el Lincoln Red, equipo gibraltareño, en la ida de la primera
eliminatoria de la fase previa para acceder a la Champions League. Se
sobrepuso, y ese año disputó la máxima competición continental y ganó el
triplete de las competiciones domésticas (liga, copa y copa de la liga) sin
perder un solo partido. Invencibles en Escocia.

A la temporada
siguiente, ya con la filosofía de Brendan Rodgers bien implantada, volvió a
ganar el triplete de las competiciones domésticas, algo que no había sucedido
nunca en la historia del Celtic. La relación entre entrenador, club e hinchada
iba al unísono. Rodgers se estaba forjando un nombre que quedaría grabado en la
memoria de los aficionados y en la historia del conjunto católico.

Sin embargo, esa
áurea de grandeza, que con el paso de los años se iría mitificando, pudo llegar
a su fin esta temporada. Esta campaña, ya con la Copa de la Liga ganada,
líderes en la liga y en semifinales de la Copa, Rodgers decidió de un día para
el otro dejar el Celtic, y volver a la Premier League para hacerse cargo del
Leicester.

A Rodgers no se
le reprocha haberse ido del Celtic, ni mucho menos, lo que se le critica desde
un parte de la afición es haberlo abandonado a mitad de temporada, con dos
competiciones aún por diputarse, y recién eliminado de la Europa League. Sin un
rumor previo alguno, la hinchada se levantó por la mañana como un día normal y
por la tarde Rodgers hizo las maletas en un santiamén y se fue por la puerta de
atrás a dirigir al Leicester.

No esperó a que
concluyera la temporada, como si el Celtic fuera algo prescindible. No quiso
cerrar su exitosa etapa en el club escocés demostrando por tercera campaña
consecutiva su buena labor intentando levantar dos títulos más. Parte de la
hinchada no se lo tomó nada bien y se ha visto alguna pancarta con el mensaje,
por ejemplo, de: “Cambiaste la inmortalidad por mediocridad. Nunca serás un
‘Celt’”. Al fin y al cabo, Rodgers oyó los cantos de sirena de la Premier
League y prefirió irse a mitad de temporada a probar la aventura y no finalizar
su andadura en el Celtic de la mejor manera, forjando así una leyenda completa
en el conjunto de Glasgow. Porque las buenas historias deben tener un principio
y, sobre todo, un buen final.

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