_Baloncesto

Boban Jankovic, un carácter que le llevó al adiós

Ya se han cumplido 23 años desde el accidente más espeluznante que se ha visto en una cancha de baloncesto. Era 28 de abril de 1993, y se estaba disputando la fase final de la liga de baloncesto de Grecia.

Panionios y Panathinaikos, dos clásicos del baloncesto heleno, disputaban una vibrante semifinal, como solo los griegos lo saben hacer. La lucha por la final estaba al rojo vivo con el equipo del PAO ganando de 6 puntos cuando Slobodan Jankovic, estrella del Panionios, pivotó hacia la canasta rival en busca de dos puntos recibiendo una clara falta de Myriounis que los colegiados decidieron transformar y pitar falta de Jankovic en ataque.

El carácter yugoslavo hirvió la sangre de Jankovic y su reacción ante la injusta quinta personal que le eliminaba del partido fue golpear el soporte acolchado de la canasta con la cabeza. Pero no hubo nada para amortiguar ese cabezazo, en vez de una esponja con la que recubrir el soporte de la canasta, había una fina tela que escondía una barra de acero.

Tal fue el golpe, que ‘Boban’ cayó inerte sobre el parqué con la cara llena de sangre, inmóvil. La vitalidad se paró, el cuerpo dejó de responderle y solo acertó a decir al médico del Panionios que lo atendía sobre la cancha que “no sentía ni las manos, ni las piernas”.

Una ambulancia lo llevó por Atenas hasta el hospital general donde se certificó los peores presagios, el golpe que se había dado le había fracturado la tercera vértebra cervical que le dejó postrado en una silla de ruedas. El diagnóstico contundente, paraplejía.

Ni siquiera este accidente de fatales consecuencias pudo con sus ganas de luchar. Boban se quedó a vivir en Atenas, donde fue operado varias veces más. Su carácter y afán le llevó a seguir vinculado al baloncesto donde dirigió al equipo regional ateniense del Olympia Petropuli y creó una sección de silla de ruedas.

Vlado recoge la eterna camiseta número 8 de su padre del Estrella Roja | Getty
Vlado recoge la eterna camiseta número 8 de su padre del Estrella Roja | Getty

Su hijo, Vladimir, tuvo un excelente mentor y guía, que le aconsejó en los peores momentos. Vladimir debutó en el baloncesto profesional con el Panionios, el mismo equipo que vería el último partido de su padre, y cosas de la vida, jugó para el Panathinaikos por tres temporadas, donde este mismo verano no le renovaron y firmó para el presente curso por el Valencia Basket de la Liga ACB.

Boban falleció hace diez años, en 2006, en un barco cuyo destino era la isla helena de Rodas y la última vez que se le vio en un pabellón fue en 2005 en la despedida de uno de sus grandes amigos, Sasha Djordjevic con quien le unía una gran amistad y que años más tarde entrenaría a su hijo Vlada en el PAO.

Imágeneswww.eleftherostypos.gr y www.sportklub.rs

 

 

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Ya se han cumplido 23 años desde el accidente más espeluznante que se ha visto en una cancha de baloncesto. Era 28 de abril de 1993, y se estaba disputando la fase final de la liga de baloncesto de Grecia.

Panionios y Panathinaikos, dos clásicos del baloncesto heleno, disputaban una vibrante semifinal, como solo los griegos lo saben hacer. La lucha por la final estaba al rojo vivo con el equipo del PAO ganando de 6 puntos cuando Slobodan Jankovic, estrella del Panionios, pivotó hacia la canasta rival en busca de dos puntos recibiendo una clara falta de Myriounis que los colegiados decidieron transformar y pitar falta de Jankovic en ataque.

El carácter yugoslavo hirvió la sangre de Jankovic y su reacción ante la injusta quinta personal que le eliminaba del partido fue golpear el soporte acolchado de la canasta con la cabeza. Pero no hubo nada para amortiguar ese cabezazo, en vez de una esponja con la que recubrir el soporte de la canasta, había una fina tela que escondía una barra de acero.

Tal fue el golpe, que ‘Boban’ cayó inerte sobre el parqué con la cara llena de sangre, inmóvil. La vitalidad se paró, el cuerpo dejó de responderle y solo acertó a decir al médico del Panionios que lo atendía sobre la cancha que “no sentía ni las manos, ni las piernas”.

Una ambulancia lo llevó por Atenas hasta el hospital general donde se certificó los peores presagios, el golpe que se había dado le había fracturado la tercera vértebra cervical que le dejó postrado en una silla de ruedas. El diagnóstico contundente, paraplejía.

Ni siquiera este accidente de fatales consecuencias pudo con sus ganas de luchar. Boban se quedó a vivir en Atenas, donde fue operado varias veces más. Su carácter y afán le llevó a seguir vinculado al baloncesto donde dirigió al equipo regional ateniense del Olympia Petropuli y creó una sección de silla de ruedas.

Vlado recoge la eterna camiseta número 8 de su padre del Estrella Roja | Getty
Vlado recoge la eterna camiseta número 8 de su padre del Estrella Roja | Getty

Su hijo, Vladimir, tuvo un excelente mentor y guía, que le aconsejó en los peores momentos. Vladimir debutó en el baloncesto profesional con el Panionios, el mismo equipo que vería el último partido de su padre, y cosas de la vida, jugó para el Panathinaikos por tres temporadas, donde este mismo verano no le renovaron y firmó para el presente curso por el Valencia Basket de la Liga ACB.

Boban falleció hace diez años, en 2006, en un barco cuyo destino era la isla helena de Rodas y la última vez que se le vio en un pabellón fue en 2005 en la despedida de uno de sus grandes amigos, Sasha Djordjevic con quien le unía una gran amistad y que años más tarde entrenaría a su hijo Vlada en el PAO.

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