_Inglaterra

Bloqueo

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 02-03-2019

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Arsenal
y Newcastle quedaron en el Emirates Stadium de la misma guisa, idénticos,
dispuestos a seguir conduciendo por la carretera que marca sus objetivos, donde
van muy bien encaminados. Con dos esquemas muy similares, era tarea de los
futbolistas agitar un encuentro tremendamente estudiado por los dos mejores
teóricos del fútbol español: Unai Emery y Rafa Benítez.

Por
ello el Arsenal acumuló futbolistas de calidad, muy finos, como el propio Mesut
Ozil. Sin embargo, a pesar de la similitud de sus pintas, ambos conjuntos
tenían roles antagónicos en algunas demarcaciones, como los extremos. Uno de
ellos era el ex del Real Madrid, que suspira y necesita estar cerca del balón,
su mejor amigo. Por ello abandonó siempre el flanco derecho para pedirla
cortita y al pie, como buen 10, demandando una precisión superlativa para resquebrajar
la defensa de las urracas. O el muro de Rafael Benítez. Como ustedes prefieran
llamarlo. Solo un despiste o un rebote travieso, como en el primer gol, podía dividir
un duelo que de hecho nunca se deshizo, por el terco esfuerzo del conjunto del
norte de Inglaterra.

En
una liga en la que la táctica no es el fuerte de la mayoría de los conjuntos,
al Newcastle no se le caen los anillos a la hora de introducir a sus mejores
futbolistas en el bajísimo bloque que suele exponer en el verde. Sin embargo,
al contrario de los equipos de la zona baja, a los de Benítez el edredón les
tapa todo. Si se lo ponen por la cabeza nunca pasan frío en los pies. Su 5-4-1
ha reconvertido a extremos en carrileros e incluso a delanteros en interiores.
Matt Ritchie, uno de los máximos asistentes de la plantilla, se ha transformado
en la mano derecha de los 3 zagueros, preparado para apagar fuegos, achicar
agua o lo que se tercie. Nadie le puede pedir más.

El
trío defensivo local, en salida de balón, restó siempre jugadores en el centro
del campo, ya que los visitantes nunca quisieron apretar en la base de la
jugada. Por ello a los de Unai Emery les costó encontrar pasillos interiores
porque sus mediapuntas tenían unos apoyos pobrísimos y siempre estaban fijados
por Diamé y Hayden. Sin embargo, en la sala de máquinas estuvo un Ramsey muy
inteligente, más allá del propio fútbol que suele desprender sus botas. Marcó
el primero y trató de ser el enlace de un conjunto que no pudo encontrar a sus
atacantes. Y si eso sucede, él mismo puede ser la solución. Era el principio
del equipo. Y también el final.

En
el segundo acto el encuentro se encaminó por los mismos derroteros, con ambos
conjuntos deseando recibir alguna señal del otro, como si estuvieran esperando
un mensaje de alguien especial. Que nunca llega. Con el resultado a favor, el
Arsenal no se animó a introducir jugadores de ataque que pudieran intimidar un
sistema defensivo tan elaborado, rogando la inspiración de sus puntas de clase
mundial. En el Newcastle, por su parte, Almirón perseguía desesperado el cuero,
Rondón se enfrentaba a la soledad y Ayoze se enzarzaba al árbitro. Y ante tal
bloqueo ofensivo y seguridad defensiva solo podía pasar una cosa: que acabaran
recibiendo un gol con un despiste impropio de un equipo que, a pesar de no
estar salvado todavía, tiene un plan elaborado. Y en él tienen un mensaje muy
claro: la salvación. 

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Arsenal
y Newcastle quedaron en el Emirates Stadium de la misma guisa, idénticos,
dispuestos a seguir conduciendo por la carretera que marca sus objetivos, donde
van muy bien encaminados. Con dos esquemas muy similares, era tarea de los
futbolistas agitar un encuentro tremendamente estudiado por los dos mejores
teóricos del fútbol español: Unai Emery y Rafa Benítez.

Por
ello el Arsenal acumuló futbolistas de calidad, muy finos, como el propio Mesut
Ozil. Sin embargo, a pesar de la similitud de sus pintas, ambos conjuntos
tenían roles antagónicos en algunas demarcaciones, como los extremos. Uno de
ellos era el ex del Real Madrid, que suspira y necesita estar cerca del balón,
su mejor amigo. Por ello abandonó siempre el flanco derecho para pedirla
cortita y al pie, como buen 10, demandando una precisión superlativa para resquebrajar
la defensa de las urracas. O el muro de Rafael Benítez. Como ustedes prefieran
llamarlo. Solo un despiste o un rebote travieso, como en el primer gol, podía dividir
un duelo que de hecho nunca se deshizo, por el terco esfuerzo del conjunto del
norte de Inglaterra.

En
una liga en la que la táctica no es el fuerte de la mayoría de los conjuntos,
al Newcastle no se le caen los anillos a la hora de introducir a sus mejores
futbolistas en el bajísimo bloque que suele exponer en el verde. Sin embargo,
al contrario de los equipos de la zona baja, a los de Benítez el edredón les
tapa todo. Si se lo ponen por la cabeza nunca pasan frío en los pies. Su 5-4-1
ha reconvertido a extremos en carrileros e incluso a delanteros en interiores.
Matt Ritchie, uno de los máximos asistentes de la plantilla, se ha transformado
en la mano derecha de los 3 zagueros, preparado para apagar fuegos, achicar
agua o lo que se tercie. Nadie le puede pedir más.

El
trío defensivo local, en salida de balón, restó siempre jugadores en el centro
del campo, ya que los visitantes nunca quisieron apretar en la base de la
jugada. Por ello a los de Unai Emery les costó encontrar pasillos interiores
porque sus mediapuntas tenían unos apoyos pobrísimos y siempre estaban fijados
por Diamé y Hayden. Sin embargo, en la sala de máquinas estuvo un Ramsey muy
inteligente, más allá del propio fútbol que suele desprender sus botas. Marcó
el primero y trató de ser el enlace de un conjunto que no pudo encontrar a sus
atacantes. Y si eso sucede, él mismo puede ser la solución. Era el principio
del equipo. Y también el final.

En
el segundo acto el encuentro se encaminó por los mismos derroteros, con ambos
conjuntos deseando recibir alguna señal del otro, como si estuvieran esperando
un mensaje de alguien especial. Que nunca llega. Con el resultado a favor, el
Arsenal no se animó a introducir jugadores de ataque que pudieran intimidar un
sistema defensivo tan elaborado, rogando la inspiración de sus puntas de clase
mundial. En el Newcastle, por su parte, Almirón perseguía desesperado el cuero,
Rondón se enfrentaba a la soledad y Ayoze se enzarzaba al árbitro. Y ante tal
bloqueo ofensivo y seguridad defensiva solo podía pasar una cosa: que acabaran
recibiendo un gol con un despiste impropio de un equipo que, a pesar de no
estar salvado todavía, tiene un plan elaborado. Y en él tienen un mensaje muy
claro: la salvación. 

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Solo podía acabar así

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96
17-01-2022

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Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96
10-01-2022