_Femenino

Black Swan

Patricia Muñoz @patrims 02-05-2018

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Una pluma atraviesa el cargado aire de un pabellón lleno hasta la
bandera. Una y otra vez la pluma sobrevuela el rectángulo de juego. El
intercambio de golpes no cesa. Raquetas en alto, nervios a flor de piel. Punto
de partido. Punto de campeonato. Punto para hacer historia. Una dejada
exquisita, un error de la rival. El público se levanta, ruge, estalla en un
aplauso sincero y lleno de entusiasmo. 4.000 almas que gritan, al unísono, su
nombre. El de la autora de una hazaña sin precedentes. El de una tetracampeona
de Europa. El de la reina cisne, la jugadora que domina a la perfección el arte
de hacer bailar una pluma en el aire. La artífice de tal proeza no es otra que
Carolina Marín.

24 años. 4 Europeos. 2 Mundiales. 1 medalla de oro en los Juegos
Olímpicos (2016). Actual número 1 del mundo. No se puede pedir más. ¿O quizás
sí? Con Carolina Marín siempre hay algo más. Un partido más. Un título más. Una
medalla más. Una ilusión más. Resulta incluso complicado elegir los adjetivos
para describir la gesta de una deportista de este calibre, una pionera de esta
disciplina en nuestro país. Una deportista a la que más que la enhorabuena (que
también) se le debería dar las gracias. 

Gracias Carolina por tus éxitos. Gracias por el esfuerzo que pones
en cada entrenamiento, en cada punto, en cada partido. Gracias por hacernos
vibrar con este deporte y por regalarnos tanto momentos llenos de alegría y
emoción. Gracias por contagiarnos las ganas de seguir el bádminton. Gracias por
darle visibilidad a un deporte que, por desgracia, no cuenta con la cobertura
que se merece. Gracias por tu espíritu de lucha, tu fortaleza mental y tu
garra. Gracias por tu sacrificio, por hacernos creer que todo es posible y por frases
como “Puedo porque pienso que puedo”. ¡Gracias!

Quizás a veces nos ciegan las luces de los grandes estadios de
fútbol o los destellos de las supuestas grandiosas estrellas del llamado
deporte rey. Quizás, a veces, se nos olvida que hay vida más allá del fútbol.
Que hay deportistas dignos de admirar repartidos por todo el mundo que, por
desgracia (o, por qué no, por suerte) eligieron otro deporte en el que
destacar. Un deporte que le has permitido, como en el caso de Carolina Marín, saborear
la mieles del éxito.

Así lo hizo la onubense el pasado fin de semana ante su público.
En casa. En Huelva. Arropada por más de 4.000 personas dispuestas a dejarse la
garganta por animar a su paisana, su ídolo, el orgullo de su ciudad y, cómo no,
de nuestro país. Un campeonato europeo, el cuarto consecutivo, que le permite
convertirse en una leyenda viva del deporte español. Cuatro títulos, cuatro
coronas europeas consecutivas que elevan a la andaluza al Olimpo de los mejores
deportistas de la historia. Un póker de trofeos con los que supera la marca de
la danesa Camilla Martin quien, hasta la fecha, ostentaba el récord de
campeonatos europeos consecutivos (1996, 1998 y 2000).

Un sueño hecho realidad. Un sueño que, con 24 años, no ha hecho
más que empezar para este prodigio del bádminton. Un día para recordar. Un día en
el que, una vez más, nos dimos cuenta de que existen otros deportes. Otros
héroes. Otros deportistas con lo que también se nos ponen los pelos de punta.
Deportistas a los que deseamos animar y, por supuesto, de los que nos sentimos
orgullos. Gracias Carolina por tu arte. El arte de hacer bailar una pluma en el
aire.

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Una pluma atraviesa el cargado aire de un pabellón lleno hasta la
bandera. Una y otra vez la pluma sobrevuela el rectángulo de juego. El
intercambio de golpes no cesa. Raquetas en alto, nervios a flor de piel. Punto
de partido. Punto de campeonato. Punto para hacer historia. Una dejada
exquisita, un error de la rival. El público se levanta, ruge, estalla en un
aplauso sincero y lleno de entusiasmo. 4.000 almas que gritan, al unísono, su
nombre. El de la autora de una hazaña sin precedentes. El de una tetracampeona
de Europa. El de la reina cisne, la jugadora que domina a la perfección el arte
de hacer bailar una pluma en el aire. La artífice de tal proeza no es otra que
Carolina Marín.

24 años. 4 Europeos. 2 Mundiales. 1 medalla de oro en los Juegos
Olímpicos (2016). Actual número 1 del mundo. No se puede pedir más. ¿O quizás
sí? Con Carolina Marín siempre hay algo más. Un partido más. Un título más. Una
medalla más. Una ilusión más. Resulta incluso complicado elegir los adjetivos
para describir la gesta de una deportista de este calibre, una pionera de esta
disciplina en nuestro país. Una deportista a la que más que la enhorabuena (que
también) se le debería dar las gracias. 

Gracias Carolina por tus éxitos. Gracias por el esfuerzo que pones
en cada entrenamiento, en cada punto, en cada partido. Gracias por hacernos
vibrar con este deporte y por regalarnos tanto momentos llenos de alegría y
emoción. Gracias por contagiarnos las ganas de seguir el bádminton. Gracias por
darle visibilidad a un deporte que, por desgracia, no cuenta con la cobertura
que se merece. Gracias por tu espíritu de lucha, tu fortaleza mental y tu
garra. Gracias por tu sacrificio, por hacernos creer que todo es posible y por frases
como “Puedo porque pienso que puedo”. ¡Gracias!

Quizás a veces nos ciegan las luces de los grandes estadios de
fútbol o los destellos de las supuestas grandiosas estrellas del llamado
deporte rey. Quizás, a veces, se nos olvida que hay vida más allá del fútbol.
Que hay deportistas dignos de admirar repartidos por todo el mundo que, por
desgracia (o, por qué no, por suerte) eligieron otro deporte en el que
destacar. Un deporte que le has permitido, como en el caso de Carolina Marín, saborear
la mieles del éxito.

Así lo hizo la onubense el pasado fin de semana ante su público.
En casa. En Huelva. Arropada por más de 4.000 personas dispuestas a dejarse la
garganta por animar a su paisana, su ídolo, el orgullo de su ciudad y, cómo no,
de nuestro país. Un campeonato europeo, el cuarto consecutivo, que le permite
convertirse en una leyenda viva del deporte español. Cuatro títulos, cuatro
coronas europeas consecutivas que elevan a la andaluza al Olimpo de los mejores
deportistas de la historia. Un póker de trofeos con los que supera la marca de
la danesa Camilla Martin quien, hasta la fecha, ostentaba el récord de
campeonatos europeos consecutivos (1996, 1998 y 2000).

Un sueño hecho realidad. Un sueño que, con 24 años, no ha hecho
más que empezar para este prodigio del bádminton. Un día para recordar. Un día en
el que, una vez más, nos dimos cuenta de que existen otros deportes. Otros
héroes. Otros deportistas con lo que también se nos ponen los pelos de punta.
Deportistas a los que deseamos animar y, por supuesto, de los que nos sentimos
orgullos. Gracias Carolina por tu arte. El arte de hacer bailar una pluma en el
aire.

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