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Billy McNeill y Steve Chalmers, el Celtic está de luto

Jordi Cochran @cochran_4 02-05-2019

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Escocia

“Nunca mueren los que viven en los corazones que dejan atrás”
deben pensar todos los aficionados al conjunto católico por antonomasia de
Glasgow estos días. En menos de una semana han fallecido dos de los integrantes
del mejor Celtic de la historia, del que escribió de su puño y letra en los
libros del fútbol un adorable capítulo, cuando ganó la Copa de Europa en 1967.
Billy McNeill, el gran capitán, y Stevie Chalmers, el delantero que marcó el
gol de la victoria en esa final, murieron el pasado 22 y 29 de abril
respectivamente.

Esa final del 25 de mayo de 1967 en Lisboa. En ese momento
fue la primera vez que el catenaccio murió. El Inter de Milán, dirigido por
Helenio Herrera, sucumbió ante el Celtic de Jock Stein, que hizo una segunda
parte maravillosa, practicante de unos primeros indicios de fútbol total. Un
2-1 que todos los aficionados bhoys tienen grabado en la memoria, tanto por los
que lo vivieron como los que lo han escuchado recitar de sus padres y abuelos.
Es la primera y única Copa de Europa que tiene el Celtic en su palmarés, y
además tiene el honor de ser el primer club británico en ganarla.

Ese equipo mágico tenía una peculiaridad. Todos los jugadores
habían nacido en un radio de 20 km de distancia alrededor de Celtic Park. Todos
escoceses y que sentían el césped de Parkhead como el jardín de su casa.

Billy McNeill jugó 822 partidos con el conjunto católico.
Nadie más en la historia ha defendido tantas veces la zamarra verde y blanca.
El central titular del eje de la defensa, el líder, el gran capitán o el César
como lo apodaban los aficionados. Y no en referencia al militar romano Julio
César, sino porque McNeill era uno de los pocos jugadores del vestuario que
tenía un coche en propiedad y lo relacionaron con César Romero, el actor que
interpretó el personaje de Duke Santos que conducía un coche que se daba en la
fuga en la película Ocean’s Eleven, de 1960.

Lideró a un Celtic campeón de nueve ligas consecutivas, siete
copas, seis copas de la liga y, el bien más preciado, la Copa de Europa en
1967. Mítica es su foto que deben tener enmarcada en su habituación muchos
aficionados cuando levantó el trofeo de campeón en Lisboa. Además, cuando colgó
las botas, posteriormente también fue entrenador del Celtic. Dirigió al equipo
en 258 partidos en los que ganó cuatro ligas, tres copas y una copa de la liga.

Por otro lado, Stevie Chalmers anotó el gol más importante en
la historia del Celtic. Ese pase a la red, que supuso el 2-1 en la final de
Lisboa, fue como tocar el cielo con la yema de los dedos. Visitar el olimpo,
aunque sea solo por unos segundos. Chalmers fue otro de los futbolistas de ese
equipo que prácticamente dedicó toda su carrera en vestir la camiseta del club
católico de Glasgow. Jugó 406 partidos entre 1959 y 1971 y sus estadísticas
goleadoras son dignas de ser recordadas para siempre por los bhoys. Marcó 231
dianas, siendo así el cuarto máximo artillero en la historia del Celtic, solo
por detrás de Henrik Larsson (242), Bobby Lennox (277) y Jimmy McGrory (468).

Con éstas dos pérdidas, parte del escudo del Cetic se ha
quedado huérfano de referentes en vida. Dos leyendas que sus nombres perduraran
en Glasgow para siempre. 

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“Nunca mueren los que viven en los corazones que dejan atrás”
deben pensar todos los aficionados al conjunto católico por antonomasia de
Glasgow estos días. En menos de una semana han fallecido dos de los integrantes
del mejor Celtic de la historia, del que escribió de su puño y letra en los
libros del fútbol un adorable capítulo, cuando ganó la Copa de Europa en 1967.
Billy McNeill, el gran capitán, y Stevie Chalmers, el delantero que marcó el
gol de la victoria en esa final, murieron el pasado 22 y 29 de abril
respectivamente.

Esa final del 25 de mayo de 1967 en Lisboa. En ese momento
fue la primera vez que el catenaccio murió. El Inter de Milán, dirigido por
Helenio Herrera, sucumbió ante el Celtic de Jock Stein, que hizo una segunda
parte maravillosa, practicante de unos primeros indicios de fútbol total. Un
2-1 que todos los aficionados bhoys tienen grabado en la memoria, tanto por los
que lo vivieron como los que lo han escuchado recitar de sus padres y abuelos.
Es la primera y única Copa de Europa que tiene el Celtic en su palmarés, y
además tiene el honor de ser el primer club británico en ganarla.

Ese equipo mágico tenía una peculiaridad. Todos los jugadores
habían nacido en un radio de 20 km de distancia alrededor de Celtic Park. Todos
escoceses y que sentían el césped de Parkhead como el jardín de su casa.

Billy McNeill jugó 822 partidos con el conjunto católico.
Nadie más en la historia ha defendido tantas veces la zamarra verde y blanca.
El central titular del eje de la defensa, el líder, el gran capitán o el César
como lo apodaban los aficionados. Y no en referencia al militar romano Julio
César, sino porque McNeill era uno de los pocos jugadores del vestuario que
tenía un coche en propiedad y lo relacionaron con César Romero, el actor que
interpretó el personaje de Duke Santos que conducía un coche que se daba en la
fuga en la película Ocean’s Eleven, de 1960.

Lideró a un Celtic campeón de nueve ligas consecutivas, siete
copas, seis copas de la liga y, el bien más preciado, la Copa de Europa en
1967. Mítica es su foto que deben tener enmarcada en su habituación muchos
aficionados cuando levantó el trofeo de campeón en Lisboa. Además, cuando colgó
las botas, posteriormente también fue entrenador del Celtic. Dirigió al equipo
en 258 partidos en los que ganó cuatro ligas, tres copas y una copa de la liga.

Por otro lado, Stevie Chalmers anotó el gol más importante en
la historia del Celtic. Ese pase a la red, que supuso el 2-1 en la final de
Lisboa, fue como tocar el cielo con la yema de los dedos. Visitar el olimpo,
aunque sea solo por unos segundos. Chalmers fue otro de los futbolistas de ese
equipo que prácticamente dedicó toda su carrera en vestir la camiseta del club
católico de Glasgow. Jugó 406 partidos entre 1959 y 1971 y sus estadísticas
goleadoras son dignas de ser recordadas para siempre por los bhoys. Marcó 231
dianas, siendo así el cuarto máximo artillero en la historia del Celtic, solo
por detrás de Henrik Larsson (242), Bobby Lennox (277) y Jimmy McGrory (468).

Con éstas dos pérdidas, parte del escudo del Cetic se ha
quedado huérfano de referentes en vida. Dos leyendas que sus nombres perduraran
en Glasgow para siempre. 

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