_La Liga

Bernabéu y Camp Nou, banquillos calientes

Lluís Bou @lluis7bou 02-06-2021

Carletto está de vuelta. La ceja más famosa del fútbol ha deshecho su camino para volver al banquillo del Real Madrid y, de paso, solucionar un problema que iba tomando más importancia en el despacho de Florentino Pérez. En el banquillo del Barcelona la incertidumbre planea sobre el Camp Nou, con un Koeman cuestionado y que no termina de convencer a Laporta pero sin serios candidatos para un posible relevo. No corren buenos tiempos en los banquillos de los dos transatlánticos de la Liga. Y ni sorprende.

Zidane sí, Zidane no. Y así toda la temporada. “Todos los días estoy fuera. Qué me estás diciendo. Me reivindico para que nos dejen trabajar. Me reivindico en eso. Tenéis que respetar un poco a esta gente que trabaja», decía un Zidane desesperado con la prensa tras una mala racha del equipo. El propio ZZ, ya tras haber anunciado su desvinculación total del Real Madrid, señaló también a la cúpula del club en una carta abierta que publicó en el Diario AS: “Me voy, pero no me tiro del barco y no estoy cansado de entrenar. Me voy porque siento que el club ya no me da la confianza que necesito, no me ofrece el apoyo para construir algo a medio o largo plazo”. Con su segunda salida del club se confirma un círculo vicioso que adopta los mismos patrones con los distintos entrenadores que pasan por la entidad, así como los que desfilan por la Ciudad Condal. Vamos a ello.



En Barcelona, las turbulencias han estado presentes de manera intermitente a lo largo de toda la temporada. Un inicio casi desastroso condenó a Ronald Koeman a ser el blanco de las críticas de todos, pero una vez llegados al 2021 los buenos resultados, acompañados de algunos partidos verdaderamente esperanzadores a nivel de juego, acallaron las voces. Después, lo que todas sabemos: derrotas en la gran mayoría de los partidos importantes y un final de Liga esperpéntico han vuelto a poner al técnico holandés en el punto de mira. Ya con tres fichajes realizados, la duda sigue sobre un banquillo que aún no sabe si seguirá con Koeman o conocerá a un nuevo inquilino.

Si echamos la vista un poco atrás, tenemos episodios similares para aburrir. Aventuras fugaces de entrenadores que pierden una serie de partidos y se ven en la calle, ya sea por despido o por invitación a abandonar el barco. El nivel de exigencia a nivel de resultados es abrumador, y la paciencia es mínima. Después de tres partidos malos, el invierno llega al Camp Nou y al Bernabéu. La prensa enciende la maquinaria y el poder mediático se transforma en un huracán que arrolla todo lo que encuentra a su paso. A diferencia de en Madrid y Barcelona, en el resto de Europa los niveles de presión sobre los banquillos son distintos y el crédito de cada uno no se agota tan rápido. En Liverpool, Klopp hace historia con rachas negativas pero cuenta con la confianza del club. En Manchester, Solskjaer o Guardiola han tenido dinámicas nefastas y siempre han sido respaldados. En Turín, el flojísimo nivel de una Juventus que venía de ganar nueve Serie A consecutivas y que se ha quedado a 13 puntos del liderato no ha sido impedimento para que Andrea Pirlo acabara la temporada en el Juventus Stadium.


Ronald Koeman sale de una reunión con la cúpula del FC Barcelona – ImagoImages

En el siglo XXI, el Real Madrid ha realizado ya hasta 18 cambios de entrenador; el FC Barcelona, por su parte, ha tenido 13 jefes distintos, tres desde que empezó el 2020. Tengo la sensación, no sé si estarán de acuerdo, que nos hemos acostumbrado a criticar por vicio, a juzgar por rutina y a exigir por derecho. Desde el estadio, el sofá o sin haber visto el partido anterior. Nada importa. Liderados por una prensa que lanza dardos desestabilizadores sin cesar, que juega con intereses y que llega a una gente que, por supuesto, cree lo que lee o escucha. 

Así, la historia se repite una y otra vez. Llega un entrenador; si gana los dos primeros partidos se le comparará con el mejor y si los pierde será algo parecido a Satanás. La prensa ejercerá su función y la opinión social se le pondrá en contra, hasta que ya sea tarde para recargar pilas, sentir respaldo y tener confianza. Más pronto que tarde acabará el ciclo y un nuevo entrenador llegará, con una mochila llena de ilusión y un destino difícilmente modificable que ya esperará a la vuelta de la esquina. ¿Se hubiesen ido Guardiola, Luis Enrique o Zidane, de haber sido tratados de otra manera? Lo dejaremos en duda. 

Para acabar, me quedo con el mensaje que Zinedine Zidane lanzó a la prensa deportiva en su adiós: 

“He hecho centenares de ruedas de prensa y por desgracia hemos hablado muy poco de fútbol y sé que vosotros también amáis al fútbol, que este deporte nos une. Sin embargo, sin pretender criticaros o daros lecciones, me hubiera gustado que las preguntas no fueran siempre dirigidas hacia la polémica, que hubiéramos charlado más a menudo de la pelota y ante todo de los jugadores, que son y siempre serán los más importantes de este juego. No olvidemos el fútbol, cuidemos el fútbol.”


Imagen de cabecera: ImagoImages

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Carletto está de vuelta. La ceja más famosa del fútbol ha deshecho su camino para volver al banquillo del Real Madrid y, de paso, solucionar un problema que iba tomando más importancia en el despacho de Florentino Pérez. En el banquillo del Barcelona la incertidumbre planea sobre el Camp Nou, con un Koeman cuestionado y que no termina de convencer a Laporta pero sin serios candidatos para un posible relevo. No corren buenos tiempos en los banquillos de los dos transatlánticos de la Liga. Y ni sorprende.

Zidane sí, Zidane no. Y así toda la temporada. “Todos los días estoy fuera. Qué me estás diciendo. Me reivindico para que nos dejen trabajar. Me reivindico en eso. Tenéis que respetar un poco a esta gente que trabaja», decía un Zidane desesperado con la prensa tras una mala racha del equipo. El propio ZZ, ya tras haber anunciado su desvinculación total del Real Madrid, señaló también a la cúpula del club en una carta abierta que publicó en el Diario AS: “Me voy, pero no me tiro del barco y no estoy cansado de entrenar. Me voy porque siento que el club ya no me da la confianza que necesito, no me ofrece el apoyo para construir algo a medio o largo plazo”. Con su segunda salida del club se confirma un círculo vicioso que adopta los mismos patrones con los distintos entrenadores que pasan por la entidad, así como los que desfilan por la Ciudad Condal. Vamos a ello.



En Barcelona, las turbulencias han estado presentes de manera intermitente a lo largo de toda la temporada. Un inicio casi desastroso condenó a Ronald Koeman a ser el blanco de las críticas de todos, pero una vez llegados al 2021 los buenos resultados, acompañados de algunos partidos verdaderamente esperanzadores a nivel de juego, acallaron las voces. Después, lo que todas sabemos: derrotas en la gran mayoría de los partidos importantes y un final de Liga esperpéntico han vuelto a poner al técnico holandés en el punto de mira. Ya con tres fichajes realizados, la duda sigue sobre un banquillo que aún no sabe si seguirá con Koeman o conocerá a un nuevo inquilino.

Si echamos la vista un poco atrás, tenemos episodios similares para aburrir. Aventuras fugaces de entrenadores que pierden una serie de partidos y se ven en la calle, ya sea por despido o por invitación a abandonar el barco. El nivel de exigencia a nivel de resultados es abrumador, y la paciencia es mínima. Después de tres partidos malos, el invierno llega al Camp Nou y al Bernabéu. La prensa enciende la maquinaria y el poder mediático se transforma en un huracán que arrolla todo lo que encuentra a su paso. A diferencia de en Madrid y Barcelona, en el resto de Europa los niveles de presión sobre los banquillos son distintos y el crédito de cada uno no se agota tan rápido. En Liverpool, Klopp hace historia con rachas negativas pero cuenta con la confianza del club. En Manchester, Solskjaer o Guardiola han tenido dinámicas nefastas y siempre han sido respaldados. En Turín, el flojísimo nivel de una Juventus que venía de ganar nueve Serie A consecutivas y que se ha quedado a 13 puntos del liderato no ha sido impedimento para que Andrea Pirlo acabara la temporada en el Juventus Stadium.


Ronald Koeman sale de una reunión con la cúpula del FC Barcelona – ImagoImages

En el siglo XXI, el Real Madrid ha realizado ya hasta 18 cambios de entrenador; el FC Barcelona, por su parte, ha tenido 13 jefes distintos, tres desde que empezó el 2020. Tengo la sensación, no sé si estarán de acuerdo, que nos hemos acostumbrado a criticar por vicio, a juzgar por rutina y a exigir por derecho. Desde el estadio, el sofá o sin haber visto el partido anterior. Nada importa. Liderados por una prensa que lanza dardos desestabilizadores sin cesar, que juega con intereses y que llega a una gente que, por supuesto, cree lo que lee o escucha. 

Así, la historia se repite una y otra vez. Llega un entrenador; si gana los dos primeros partidos se le comparará con el mejor y si los pierde será algo parecido a Satanás. La prensa ejercerá su función y la opinión social se le pondrá en contra, hasta que ya sea tarde para recargar pilas, sentir respaldo y tener confianza. Más pronto que tarde acabará el ciclo y un nuevo entrenador llegará, con una mochila llena de ilusión y un destino difícilmente modificable que ya esperará a la vuelta de la esquina. ¿Se hubiesen ido Guardiola, Luis Enrique o Zidane, de haber sido tratados de otra manera? Lo dejaremos en duda. 

Para acabar, me quedo con el mensaje que Zinedine Zidane lanzó a la prensa deportiva en su adiós: 

“He hecho centenares de ruedas de prensa y por desgracia hemos hablado muy poco de fútbol y sé que vosotros también amáis al fútbol, que este deporte nos une. Sin embargo, sin pretender criticaros o daros lecciones, me hubiera gustado que las preguntas no fueran siempre dirigidas hacia la polémica, que hubiéramos charlado más a menudo de la pelota y ante todo de los jugadores, que son y siempre serán los más importantes de este juego. No olvidemos el fútbol, cuidemos el fútbol.”


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